martes, 16 de agosto de 2016

Vinos y temperatura


¿Por qué es importante cuidar la temperatura a la que servimos nuestros vinos?
Simplemente porque una temperatura adecuada nos permitirá disfrutar mejor todo lo que una copa tiene para ofrecernos. Si nuestro vino se calienta o se enfría demasiado perderá muchas de sus características. Es como con el helado, muy frío se pone duro y muy caliente se derrite.
En un vino demasiado caliente el alcohol y el azúcar se sienten más; en uno demasiado frío, los aromas no se desarrollan y su sabor tampoco se percibe claramente porque nuestras papilas casi se congelan. Por eso, si estamos ante un vino de baja calidad lo mejor es tomarlo frío, pero ante un vino Premium o más, ponerle hielo o sacarlo directo de la heladera significa matar todo lo que tiene de diferencial para ofrecernos.

¿Cuáles son las temperaturas recomendadas para servir un vino?
Espumosos: 6-9° C
Blancos jóvenes (pensados para consumir en el año, de cuerpo liviano): 9-10° C
Blancos de guarda (con crianza en barricas, de gran cuerpo): 10-12° C
Rosados: 7-10° C
Tintos jóvenes: 14-16° C
Tintos de guarda: 16-18° C
Vinos de cosecha tardía: 7-11° C

¿Todos los vinos siguen esas reglas?
No, no todos los vinos cumplen a rajatabla esas escalas de temperatura. El Pinot Noir debería andar por los valores más bajos, unos 14-15°, y el Malbec encuentra su mejor expresión a los 16°. Pero también los hay que se expresan mejor un grado más o uno menos.

¿Cómo mantener la temperatura de los vinos?
Poder poner tus vinos sobre la mesa a temperatura correcta no es muy difícil. Lo mejor es una cava, sino contas con una, un ratito en la heladera para los tintos y unas horas para los blancos y espumosos va muy bien. También podés recurrir a la frappera con hielo para bajar la temperatura (si le agregás sal al hielo vas a ver como la temperatura baja más rápido!). Pero a la hora de la comida, o al aire libre o junto a la parrilla, la temperatura sube y la cosa empieza a complicarse. Ni pensemos si te cortan la luz. La frappera junto a la mesa es una buena opción y queda lindo, sino también podes tener en el freezer unos cubitos plásticos o metálicos de hielo que se venden para bajar la temperatura y que no se agüe el vino, una aberración para algunos, pero lo importante es disfrutar y no le hacemos nada malo a nuestra bebida.

¿Cómo saber si el vino esta a la temperatura ideal?
Probando. Un conocedor se hace con la teoría y la práctica (lo más lindo de esto). Poco a poco iremos entendiendo nuestros vinos y cómo los apreciamos mejor. Una clave es prestar atención a cómo va cambiando nuestro vino a medida que baja la botella y gana temperatura. Seguramente tendremos uno al principio y otro muy diferente al final.

¿A la hora de conservarlos?
Ya que estamos hablando de temperaturas debemos recordar que la conservación es un factor importante a la hora de guardar nuestros vinos. 14° es el valor ideal, algo fácil de lograr con una cava eléctrica y bastante más difícil si los guardamos en la cocina o el ropero. Tampoco desesperes, tus vinos no se van a estropear tan rápido, pero no hay que jugársela con larguísimas guardas si en casa la temperatura ambiente sobrepasa los 22° con facilidad.


Nota publicada originalmente en Pausa Magazine


viernes, 12 de agosto de 2016

Hablemos de Malbec


El Malbec, como muchísimas otras cepas, tiene origen francés. Según quienes investigaron su historia, en Europa recibió hasta un millar de nombres dependiendo de la zona de cultivo, pero el más famoso fue el de Côt, en Cahors. Tuvo su mayor auge entre los siglos XII y XIV cuando los reyes y papas lo elegían para engalanar sus mesas y su exportación representaba el 50% de los vinos que salían del puerto de Bordeaux. Entre el surgimiento de nuevas zonas, la epidemia de filoxera (una plaga que se comió la mayoría de los viñedos europeos) del siglo XIX y la gigantesca helada de 1956 el Malbec venía en picada y cedía su terreno a otras cepas más valoradas. Su futuro era oscuro como los vinos que dan sus uvas hasta que en los 90 reapareció ante el mundo de la mano de los vinos argentinos y reescribió la historia. Sin embargo, en nuestro país su camino había empezado bastante antes. El 17 de abril de 1853 Domingo F. Sarmiento presentó una propuesta para ampliar y diversificar la industria vitivinícola nacional junto al agrónomo francés Michel Aimé Pouget.De la mano de Pouget se introdujeron cepas francesas y se enseñaron métodos científicos para la producción y cuidado de la uva. Entre las cepas introducidas hubo una que se adaptó mejor que otras y que mostraba bondades sobresalientes entre los viñedos. Sí, era el Malbec o “uva francesa” como le decían en aquella época.
Actualmente es la uva más plantada de nuestro país y fue la que nos catapultó a todas las vidrieras del mundo. Son muy pocas las bodegas que no tienen plantado algo de Malbec y es absolutamente imposible ir a un supermercado/vinoteca/restaurante y no encontrar varias etiquetas del varietal.¿Por qué? Porque es gentil, agradable, comprador; porque va de diez con las carnes; porque mostró ser muy versátil a la hora de buscar otros estilos; porque es explosión de color, aromas y sabor. El color del Malbec tiende a ser de un profundo rojo-violáceo, por ello en la Edad Media se lo conocía como el “vino negro de Cahors”.Sus aromas son claramente frutados, dependiendo de la vinificación nos recordarán a los frutos rojos maduros o algunos frutos negros: ciruelas, moras y hasta arándanos y frambuesas pueden presentarse en nuestra copa. Pero no se queda allí, nuestra cepa de bandera también sabe mostrar interesantes notas de especias y la belleza de las flores cuando no se lo cultiva demasiado maduro.
Por lo general, el Malbec es un vino suave, un poquito dulce y de textura aterciopelada al paladar. Todo eso lo vuelve tan seductor y fácil de beber. Su adaptación a todos los suelos del país ha abierto el abanico a decenas de versiones que superan este espacio y que prometo comentar en otra nota. El Malbec no es argentino, pero es nuestro. No es argentino porque es un varietal de origen francés, pero es nuestro porque es nuestro estilo y nuestro terruño el que cautivó a los consumidores y luego a la crítica.

5 Malbec recomendados

Para darse un gusto: DV Catena Malbec Nicasia Vineyard 2007.Una de las grandes añadas de una de las bodegas que mejor maneja el Malbec. Toda una gama de frutos del bosque dicen presente y acompañan un vino con un balance increíble en boca. Difícil de explicarlo sin una copa en la mano.

Para sorprenderse: Synthesis Sophenia Malbec 2011. Un vino fresco, apabullantemente floral y complejo.La buena acidez es una marca de agua de los viñedos de Gualtallarylo que lo hace apto para una buena guarda (si uno vence la ansiedad de abrirlo)

Para lucirse: Tinto Negro Finca La Escuela Malbec 2012. Un vino que enamora por igual a quien recién empieza el camino del vino como a los conocedores. Toda la elegancia que brinda el terruño de Altamira en su botella. Por ser un vino que sacó 94 puntos Parker tiene un muy buen precio.

Para ir sobre seguro: Altos las Hormigas Clásico 2014. Nada mejor que volver a los viejos conocidos para pisar sobre terreno firme entre tanto mar de vinos. Alto las Hormigas Clásico es cumplidor, consistente año a año y una buena referencia a la hora de pensar en Malbec.

Para todos los días: Alma Mora Malbec 2015. Un vino fácil de conseguir en cualquier góndola y de muy buena relación precio/calidad. Lo que mejor lo define es “carnoso”, como que se mastica, con unos taninos dulces y un final acorde al rango de precios.



Nota publicada originalmente en Pausa Magazine

martes, 9 de agosto de 2016

O Fournier vuelve al ataque


“Hoy está lleno de topillos haciendo pozos y del agua nadie habla. Influye mucho más y me parece más importante que las piedras”, así arranca la degustación con José Luis Ortega Gil-Fournier y ya nos damos cuenta de que el español será directo y sin versos, con la seguridad de quien tiene muy en claro lo que piensa. Encima en unos minutos salía su vuelo y el apuro hacía parecer sus palabras aún más filosas.
Mientras nos servían el primer vino nos contaba que O Fournier tiene 286 hectáreas en San Carlos, Valle de Uco, específicamente en un lugar peculiarmente frío conocido como El Cepillo. De estas hectáreas tienen implantadas unas 100 principalmente con Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec, Syrah y Sauvignon blanc, más algunas variedades en etapa de experimentación como Viognier, Petit Verdot y Gewürztraminer. Como buenos españoles, el énfasis está en el Tempranillo y los que amamos esta cepa no podríamos estar más agradecidos.  En especial ahora que están lanzándose nuevamente con fuerza en el mercado interno luego de un período de poca visibilidad.
Empezamos catando el B Crux Blend 2011, un corte que en esta añada está compuesto por un 40% Tempranillo, 40% Malbec, 10% Merlot y 10% Syrah. En la copa se percibe claramente el Tempranillo, acompañado de notas herbales y fruta roja. Un vino jugoso, con taninos pequeños, buena acidez y cuerpo medio. “De los que más me gustan por calidad/precio”, cerrará Ortega Fournier y tengo que coincidir.


Blend contra blend, qué mejor que comparar el B Crux con su hermanito mayor, el Alfa Crux Blend 2007. Acá tenemos un 65% de Tempranillo, 25% de Malbec y 15% de Cabernet Sauvignon y después de casi 10 años el vino está increíble, lo que habla de la longevidad que alcanzan los vinos de O Fournier. Es un vino que conserva una buena estructura, pero con frescura y elegancia. Los Alfa Crux pasan unos 20 meses en barricas nuevas y, si bien se siente, no tapa todo lo que tiene para expresar el vino. “Creemos que la madera debe acompañar a la fruta” nos explican mientras termino la copa de uno de los vinos que más me gustaron en esa velada en Lo de Joaquín Alberdi.
Los nombres de los vinos provienen de las estrellas de la constelación de la Cruz del Sur (Crux), por eso también la particular forma de las etiquetas. El pájaro que aparece es un Choique o Ñandú de Darwin, típico de los climas fríos de nuestro país. En ese sentido hay una interesante convivencia de idiosincracias: las variedades usadas, la forma de plantarlas en vaso (sistema de conducción de los viñedos muy conocido en el Viejo Mundo), incluso el estilo de vinos, los acerca mucho a la forma de trabajar en España, sin embargo el espíritu, la impronta y la estética argentina está presente. Un buen ejemplo es el Alfa Crux Malbec 2011, donde las notas de la crianza acompañan toda la fruta roja que puede transmitir el Malbec. En boca tiene un punch particular, es jugoso, elegante y sabroso.
El vino ícono de la bodega es el que lleva su nombre y su composición siempre varía porque eligen para elaborarlo las mejores uvas. En este caso probamos el O Fournier Malbec 2008, el primer 100% Malbec que eligieron para esta línea. Sus aromas despliegan una gran paleta que contiene chocolate, higo, fruta negra, especias y podríamos seguir… Al beberlo no se queda atrás, es un vino ampuloso y a la vez elegante, largo y fresco. Un Malbec de los importantes, con alto precio también.


Cerramos la noche con una novedad que va a enloquecer a todos los burbujeros cuando se empiece a ver en el mercado: Alfa Crux Sparkling Wine o Alfa Crux Cuvée, como figura en el reporte de Tim Atkin. Está elaborado bajo el método champenoise con un 80% de Chardonnay y 20% de Pinot Noir. Sin lugar a dudas, uno de los mejores espumosos que probé en el año con una nariz muy perfumada de frutas tropicales, una burbuja fina que llena la boca y un gran balance.
Cuando ya creíamos todo finalizado apareció algo más de las profundidades de JA! Y probamos el B Crux Sauvignon Blanc 2014, un blanco que siempre se me escapa y no puedo probar. Esta vez pude catar tranquilo este vino sin madera, pero que queda 9 meses sobre sus lías, como un espumoso. Tiene aromas muy seductores, cítricos, algo de durazno y ruda. En boca se siente un gran balance y acidez, con largo y untuoso final de boca.
Siempre me gustaron los vinos de O Fournier. Se pueden consumir tranquilamente hoy o guardar por muchos años.  He participado de hermosas verticales de estos vinos. La mano de José Mario Spisso, su enólogo, para crear un estilo y lograr vinos argentinos de guarda se nota con cada añada y ahora se suma ese espumoso que la va a romper.


Otras miradas sobre esta degustación:
Degustación de O Fournier en JA! - Argentina y sus vinos
O. Fournier en JA! - Nicolás Orsini Blog




sábado, 6 de agosto de 2016

Diversidad 2016


Un poco a esta altura del año se me da por la futurología. Algo así como una Ludovica Squirru del vino, pero varón y sin signos del zodiaco. O sea, nada que ver, pero con ganas de pensar que cosas pasarán en el año que empieza.
Las condiciones económicas de los últimos años y un mercado, si bien pequeño, cada vez más sofisticado y que exigía novedad tras novedad llevaron a una diversidad en la góndola nunca vista en el mercado nacional. Aparecieron varietales que nunca habíamos visto en etiquetas locales o que aparecían de forma muy esporádica como Trousseau, Garnacha o Grenache, Caladoc, Ancellota, Touriga Nacional, Semillon o Riesling.
Modas aparte, también se diversificaron las formas de vinificación que se sumaron a las más tradicionales y confiables ampliando el abanico de estilos: huevos y piletas de cemento, maceración carbónica, blancos de uvas tintas, cosechas tempranas y el uso más responsable (¿) de la madera.
Un juego matemático podría llevarnos a una serie amplísima y multiplicamos las líneas precedentes con la gran expansión y búsqueda de nuevos terruños. Alturas extremas en busca del frío salteño o mendocino, la aparición de zonas no tradicionales como Buenos Aires y La Pampa con vinos de calidad, el crecimiento de los productores de Tucumán, el esperanzador Valle del Pedernal en San Juan y un largo etcétera que todavía está en desarrollo.
¿Qué nos espera para 2016? Todo eso mucho más profundizado. Se vienen nuevos varietales como el Nebbiolo, Monastrell, cepas italianas poco conocidas en el país y otros varietales más tradicionales en zonas donde nunca los hubo. No se extrañen del desembarco de Cabernet Franc salteño, Torrontés de zonas frías de Mendoza y PetitVerdot y Chenin que antes se destinaban a cortes y ahora aparecerán como varietales. La lista es larga y circula bastante off the record por eso no puedo arriesgarles nombres ni especificar mucho más.
No quiero entrar aquí en discusiones de hasta dónde llegan las Indicaciones Geográficas o si son necesarias, pero es inevitable que se siga el proceso de demarcación y la exploración de nuevos lugares. Eso es lo lindo del Nuevo Mundo, todo está haciéndose y todo es posible.
Cada una de estas novedades moviliza a los enófilos. Literalmente debemos correr a buscar cada nueva etiqueta porque las partidas suelen ser muy pequeñas y comercializarse en vinotecas muy específicas. Las redes sociales son cada vez más una aliada indispensable de los locos del vino, esos que queremos probarlo todo. Y a veces no nos da la billetera, porque muchas de estas novedades tienen precios inversamente proporcionales a la cantidad de botellas (alguien dirá directamente proporcionales, pero esa discusión la dejamos para otra vez). Ahí es cuando debemos abrir los ojos como consumidores, por lo general la escasez se cobra cara y no todo lo nuevo es bueno. Entendámonos, porque un vino sea de partida limitada y un varietal raro no quiere decir que sea bueno. Podrá gustarnos y hasta ser interesante de probar, pero no todo es de calidad o armónico. No aplaudamos cualquier transgresión por bajar la guardia.
Debemos esperar un 2016 repleto de novedades de bodegas pequeñas y grandes. Diversidad, diversidad y más diversidad. Espero que podamos tener el tiempo, el dinero y el hígado para enfrentar el desafío de todo lo que se viene. Pero hay algo seguro: será divertido.


Nota publicada originalmente en Pausa Magazine



miércoles, 3 de agosto de 2016

Recorrida a fondo en Bodega Toneles

Foto gentileza Bodega Toneles

Hace 100 años el acceso a Mendoza se hacía por una ruta que era un antiguo resabio de los caminos virreinales llamado Carril Nacional. El camino era un paso obligado para todos los que entraban a la ciudad por el lado este y allí podía observarse parte de la incipiente industria mendocina, grandes casonas y varias bodegas. Una de las que más llamaba la atención era la bodega Armando Hermanos que a través de sus ventanales permitía ver en el interior unos grandes toneles. Con los años pasó a ser conocida simplemente como “la bodega de los toneles”.
Terminó corriendo la suerte de muchas grandes bodegas de antaño hasta que cerró. En venta, esperaba la demolición o el milagro. A decir verdad, estaba más cerca de la demolición dado que se ubica en un punto estratégico de la ciudad de Mendoza.
En 2002, justo ochenta años después de inaugurada, la bodega de Armando Hermanos cambió de dueños. Los nuevos propietarios eran la familia Millán, conocidos empresarios mendocinos, que no se pudieron resistir al encantó de los detalles art nouveau de la antigua bodega. La decisión de restaurarla no era fácil, se necesitaría mucho dinero y sobre todo las ganas de recuperar esa pieza de la historia del vino argentino. Finalmente, pusieron manos a la obra y fundaron su propia bodega, bautizándola Toneles.
Después de una remodelación profunda más que una simple bodega para hacer vinos es una “bodega multiespacios” ya que cuenta con restaurante, salas de degustación, shop, salones de eventos y un montón de ideas que continuamente surgen de las cabezas de José Millán y sus hijas. En cuanto a vinos, elaboran 3 líneas bastante completas: Tonel, Mosquita Muerta y Fuego Blanco. Algunos son más clásicos, otros más extremos, pero ninguno te dejará indiferente.

Pablo Bassin en la sala de barricas

“Yo creo que el vino es como una pintura y cada vino es un color para componer el cuadro final” me dijo de entrada el enólogo Pablo Bassin para ilustrar su filosofía de trabajo. Le gusta vinificar distintas cepas, de distintas maneras y en variopintos recipientes para tener más elementos para hacer el corte final de sus vinos. En la bodega abundan las piletas de hormigón, tanques de acero inoxidable, barricas, toneles, cubas, huevos de concreto y hasta tinajas de barro. “Yo prefiero pintar mi vino con muchos colores”, remata y ahora entiendo esas complejas fichas técnicas.
Junto a Marisel y Melisa Millán compartimos un almuerzo en Abrasado, el restaurante de la bodega, donde me mostraron su visión del negocio y Pablo Bassin nos guió en la cata de los vinos. Antes de pasar a ellos, el restaurante merece un párrafo aparte. Lo componen detalles de calidad por todos lados y distintos espacios que buscan la privacidad o diferentes experiencias gastronómicas. Algo que resalta para los ojos (y paladares) de todos es la vitrina de carnes maduradas con indicación de trazabilidad de cada corte, algo que los pone en un lugar único de la restauración mendocina. Un menú cuidado y de primer nivel acompañan estas carnes por lo que no es raro verlo lleno.

Algunas postales de Abrasado

Nuestro recorrido por los vinos de Toneles empezó por lo blancos. El Perro Callejero Blend de Sauvignon Blanc 2015 proviene de distintos viñedos de Valle de Uco y se muestra bien fresco y liviano. Un Sauvignon Blanc apto para todo público y gastronómico. “Esa es la búsqueda de Perro Callejero” me dirá Marisel Millán, vinos directos, frescos, pensando en la comida, pero con personalidad.
Luego pasamos a los Fuego Blanco, provenientes del Valle de Pedernal en San Juan. Es el lugar que se viene, al que todos están mirando y pensando en la posibilidad de la alta gama sanjuanina. Las condiciones enológicas del Valle de Pedernal son ideales: mucha amplitud térmica, un clima frío, buena maduración, salubridad general y agua, algo que puede ser un problema serio en Mendoza. Ya había probado los Fuego Blanco a finales de 2015, seis meses después los encontré más equilibrados y armónicos. El Fuego Blanco Sauvignon Blanc 2015, expresivo, lineal, vertical; y el Fuego Blanco Chardonnay 2015, más complejo, pero con acidez que le da un carácter único.
El cierre de los blancos vino dado por el Mosquita Muerta Blend de Blancas 2014. Está compuesto en un 80% por Chardonnay (mitad de Los Árboles y mitad de Gualtallary), 10% Viognier, 5% Moscatel de Alejandría y 5% de Sauvignon Blanc. En la ficha técnica se explica su vinificación de la siguiente manera: “El Chardonnay de Gualtallary, se elaboró con método hiperoxidativo durante toda la etapa de desborre, luego se fermentó durante 23 días a 14°C, logrando de esta manera un vino mucho más estable en el tiempo y una mayor complejidad aromática. El 40 % del chardonnay de Los Arboles se fermentó en barricas de roble francés tostado intenso a 15° C durante 20 días, donde se mantuvo durante 8 meses sobre lías, de esta forma se logra mayor untuosidad en boca y sutiles aromas a tostado. El resto de los varietales se elaboraron por método reductivo, y se utilizaron en el corte para incorporar aromas orales y cítricos, incrementando el abanico de aromas presentes en este vino.” Faltará agregar la combinación de huevos de cemento, piletas y distintas maderas. ¿Se acuerdan de la paleta del pintor? Mi impresión fue la de un corte complejo, con un gran equilibrio. Lo tiene todo sin exagerar, untuosidad, acidez, fruta. Gran balance general y potencial en este vino.


Mientras esperábamos la llegada de los tintos y nuestro T-Bone, no podía dejar de mencionar lo bien hecho que está el rescate de la bodega original. Se mantuvo la estética de la belle epoque de la industria, resaltando detalles, rescatando lo atemporal y modernizando lo que se debía. Por ejemplo, la antigua casa de los propietarios hoy es Abrasado y conserva sus pisos de madera original. Por algo en 2008 Toneles fue declarada “Patrimonio Cultural” de la provincia de Mendoza por los trabajos de refuncionalización, remodelación y puesta en valor.
La ronda de tintos empezó con el Perro Callejero Blend de Malbec 2014, un corte de Malbecs de Luján de Cuyo y Valle de Uco y una contacto con madera de 6 meses. El resultado es un vino juvenil, dinámico y con cierta complejidad de aromas. Como esos perros callejeros despiertos, bichos, inquietos y con personalidad. La línea de Perro Callejero se completa con dos blancos más y algunos proyectos que están dando vueltas, pero que no puedo contarles hasta que salgan.
La línea superior de Mosquita Muerta está compuesta por tres vinos que no pude dejar de puntuar sobre los 93 puntos: Pispi, Sapo de otro Pozo y Mosquita Muerta. Los nombres inspirados en la cultura popular son muy originales, igual que las etiquetas, y eso también suma a la hora de la compra.
Pispi Blend de Tintas 2013 es un complejo corte de Malbec, Petit Verdot, Bonarda, Cabernet Franc y Merlot de distintas procedencias y con distintas técnicas de fermentación en cada uno. Lo interesante de la forma de trabajar de Pablo Basin es que es muy transparente a la hora de comunicarlo y también de beberlo, porque toda esa complejidad está en la copa y se puede percibir si nos concentramos. Un vino para paladares curiosos que gustan detenerse y descubrir las múltiples capas de un vino.
El Sapo de otro Pozo Blend de Tintas 2013 toma su nombre de la sensación que tenían los miembros de la familia Millán cuando entraron en la industria. Como no provienen del palo vitivinícola muchas veces sintieron que les hacían notar eso, que no pertenecían. Pero lo bien que lo están haciendo. En este caso estamos ante un assemblage con mayoría Malbec y pequeños aportes de Cabernet Franc y Syrah. Ese 80% de Malbec lo hace muy bebible y se transforma en una de esas botellas que se terminan antes de que nos demos cuenta.
El cierre lo hicimos con el Mosquita Muerta Blend de Tintas 2013 donde todas las uvas provienen de distintas zonas del Valle de Uco y es el vino que más tiempo pasa en barricas: el 60% se cría durante 16 meses en barricas nuevas de roble francés. En los anteriores vinos comentados el porcentaje de crianza en barricas es bastante bajo y con tendencia a ser de segundo o tercer uso, ya que la filosofía de la bodega es intentar minimizar el impacto de la madera en sus etiquetas. Para este corte se eligió un 50% de Malbec, 20% de Cabernet Franc, 20% de Cabernet Sauvignon y 10% de Merlot logrando la gran complejidad de aromas a que nos tienen acostumbrados en Toneles. Siendo un vino moderno, es el más clásico, pero también el que tiene la mayor selección de uvas y estructura final. Sin querer hacer futurología, podremos disfrutarlo por largos años.
En conclusión, sus vinos son hoy una compra inteligente. Tienen una relación precio/calidad muy buena y también un amplio abanico de propuestas. Podemos jugar con los extremos de Fuego Blanco, con los simpáticos Perro Callejero o con la complejidad de los Mosquita Muerta. 
No son solo etiquetas bonitas, hay un sólido (líquido) contenido que las acompaña.



miércoles, 27 de julio de 2016

6 vinos, 6 estilos

Antes de que pases a leer el cuerpo de la nota, te aclaro que el título es una gran mentira, pero me pareció una manera bonita de englobar una seguidilla de vinos que vengo probando. Es mentira, porque ninguna categoría es absoluta ni existen los estilos tan marcados, cada vino podría entrar en más de un grupo. También es mentira porque hay más de seis vinos. Lo que no es mentira es que bajo cada título busco reflejar rasgos salientes y que distintos tipos de consumidores puedan identificarse con ellos.
Ahora que ya le saqué la gracia a la nota, te invito a leerla y comparar con tus impresiones.


Estilo 1: Drinkability +
Don Manuel Villafañe Gran Reserva 2011. Es un blend de uvas de Perdriel: 48% Malbec, 30% Cabernet Sauvignon y 22% Cabernet Franc con una crianza de 16 meses en barricas de roble francés nuevas y 11 meses en botella antes de salir al mercado. Un vino muy prolijo y dócil, que se bebe fácil. No buscará impresionarte con la fruta, el color y todo ese golpe de efecto sino con la elegancia de la crianza y la estiba en la bodega.  Para beber tranquilos.



Estilo 2: Orgulloso roble
Beviam Reserva Cabernet Sauvignon 2012. Este vino de Cavas del 23 tiene una crianza en piletas con duelas de roble francés durante 18 meses y una estiba en botella de al menos 6 meses.  Este largo añejamiento le confiere aromas particulares, estructura y suavidad. El roble le da un carácter especial que acompaña a la fruta roja con detalles de cuero, chocolate y madera. En boca se perciben sus taninos, aunque redondeados, lo que da un paso agradable y un buen final.
Beviam Reserva Malbec 2013. El Malbec por su parte también está elaborado con  uvas que provienen de Valle de Uco y tiene una crianza en piletas con duelas de roble francés durante 12 meses y una estiba en botella de al menos 6 meses. Un Malbec con la fruta roja al frente, acompañada de claras notas de madera y especias. Vino robusto, pero no pesado. Intenso y de largo final.
En ambos casos, la crianza les conferirá una larga y lenta evolución en botella.


Estilo 3: El Ícono
Domaine Bousquet Ameri 2011. ¿Un vino ícono tiene que costar una fortuna? A los de Domaine Bousquet parece que eso los tiene sin cuidado y recientemente lanzaron Ameri, un blend de 65% Malbec, 20% Cabernet Sauvignon, 10% Syrah y 5% Merlot, todo de Gualtallary con una crianza de 16 meses en barricas francesas de 400 litros. Sus aromas tienen una variada gama que recuerda a la fruta negra y roja madura, humo, violetas y algo de pimientos. Al beberlo se siente bastante fresco, pero sobre todo elegante, con taninos finos y un final terroso y largo. Un detalle divino es la textura que sentimos en la lengua y que lo vuelve un vino versátil para maridar.



Estilo 4: La búsqueda del Terroir
Chakana Estate Selection Malbec 2014. Parece que Altamira es el terroir de moda y Chakana es un referente de la zona que cada vez más se concentra en mostrar todo el potencial de la zona. Aquí te vas a encontrar con un vino que abunda en frutos rojos y muestra el terroir con esas notas balsámicas que caracterizan a Altamira en cuanto a aromas. Pero el terruño no es solo aromas sino la buena acidez, lo fácil de beber, y esa agradable textura como de tiza.
Los críticos Tim Atkin y Patricio Tapia, de perfiles diferentes, coincidieron en otorgarle 93 puntos. Sin querer compararme con ellos, a ciegas le puse el mismo puntaje.



Estilo 5: Para festejos patrios
Tapiz Bicentenario 2010. Este vino fue elaborado para festejar el Bicentenario de 2010, pero pude tomarlo para el Bicentenario de la Independencia este año y vaya que sorprendió. Está compuesto en un 60% con Malbec de Agrelo y Ugarteche (mal llamado Alto Agrelo), 30% Bonarda de Ugarteche y 10% Torrontés del Valle de Famatina, La Rioja. Así buscaron integrar las cepas más emblemáticas de nuestro país en un vino alegórico.
El vino guarda el estilo de Tapiz, con la fruta madura al frente y gran concentración. Sus aromas tienen mucha complejidad y acompañan a la fruta con notas florales, tostadas y de café. En boca se siente intenso, con buena estructura y taninos marcados. Se nota el Malbec de Agrelo claramente y algo de las notas dulces del Bonarda mientras que el Torrontés aporta acidez. Para guardar y seguir descorchando en otras fiestas patrias.



Estilo 6: Malbec de la hostia
Vaglio Temple Malbec 2014. Este vino de José Lovaglio proviene de la zona noreste del Valle de Uco, conocida como Anchoris. Los viñedos de donde se extrae la uva tienen entre 70 y 80 años y están cultivados al estilo francés, en espalderos bajos. Claramente es mi estilo de Malbec, de esos que muestran infinidad de capas y es muchos vinos en uno. Se abre lentamente en la copa y estalla en una gran paleta de aromas: fruta negra, flores, notas tostadas y humo de tabaco. En la boca se lo percibe bien frutado, con un gran balance y sedosidad. Está para tomar ahora, pero dejaría uno olvidado en la cava y enloquecería en un par de años con su evolución.
Acompañó muy bien un jamón de cerdo con hinojos al horno e, incluso, unos chocolates en rama como postre.


lunes, 18 de julio de 2016

#ElVinoEnVinotecas Tiempo de Sabores


Alguna vez pensé en tener una vinoteca, algo que a muchos amantes del vino se les cruza por la cabeza. Desistí de la idea porque lejos de todo el romanticismo que pueda tener la idea, el negocio no es fácil. Las vinotecas vivieron tiempos mejores. Los supermercados tienen cada vez más oferta, en Mercado Libre conseguimos importantes descuentos sobre el precio sugerido, algunas bodegas hacen venta directa con ofertas interesantes y siempre suele llegar algún mail ofreciéndonos vinos a precios ridículos.
Sin embargo, los que estamos en esto sabemos que la vinoteca ofrece algo que difícilmente encontremos en esos canales de venta. Y hacia allí fuimos los Blogueros en su Tinto, a bancar la vinoteca de barrio, la que nos ofrece una copa y nos brinda su atención personalizada. Mi elección cayó sobre Tiempo de Sabores, que está por la zona de Villa Devoto y Villa Real, en el oeste de la Ciudad de Buenos Aires.
Conocí la vinoteca hacia fines de 2012 y fue por curioso, porque estaban haciendo su propia feria, algo bastante raro unos años atrás. Por la iniciativa que estamos llevando adelante con otros bloggers me volví a poner en contacto con la pareja que lleva las riendas del lugar desde hace 8 años: Gonzalo y Jimena.  Tuve que posponer un poco la nota porque estaban por inaugurar un nuevo local y era la oportunidad perfecta para conocerlo.
Tiempo de Sabores empezó como un proyecto familiar que buscaba colocar al por menor productos que ya vendían al mayoreo. Con el tiempo fue creciendo y se afianzaron en la zona de Beiró y Lope de Vega.  El 7 de junio de este año inauguraron una nueva sucursal en el corazón de Devoto y quedé impactado. El nuevo lugar es una preciosidad, una antigua casa reciclada con gran oferta de vinos y delicatessen, además de un bar y espacio para tomar un café o almorzar.


Jime sabe por dónde va el negocio: “Sobreviven los que tienen buena atención al público, atención personalizada” y, con seguridad, remata que el “consumidor de Devoto es exigente, busca presentación, calidad, precio”.
La parte de la vinoteca tiene un muy amplio surtido de etiquetas. Desde las tradicionales hasta las innovadoras, pasando por una muy buena selección de espirituosas y Champagne. Son conscientes de que el público va cambiando y notan que hoy “se están vendiendo más las etiquetas no tradicionales”.
En esta nueva sucursal se está apostando fuerte al aspecto gastronómico, principalmente todo aquello que pueda acompañar una copa de vino, un trago o un vermouth: tapas, finger food y algunas hamburguesas. Por la zona donde está ubicada, la sucursal anterior tiene un ritmo más frenético de gente que va y viene y se detiene poco. Esta es más tranquila, la zona tiene otro ritmo, más barrial, que incluso corta al mediodía.
Su apuesta es ambiciosa, no quieren que sea sólo una vinoteca.  Están preparando para la primavera un patio de tapas y cócteles con barricas como mesas. Sin embargo, ya se puede ir a disfrutar de un trago a la noche. El bartender es Juan Pablo Cano y quien hizo la carta el afamado Luis Redondo. Junto a estos magos de la barra apuestan por la vuelta del “vermú de la tarde”, que el público después de salir del trabajo pase a tomarse un vermouth con una picadita antes de llegar a casa.
Cuando hablaba con Jime y Gonza sobre por qué el vino en vinotecas quedo muy claro cuál es su enfoque: atención personalizada, oferta gastronómica y que la vinoteca no sea solo un despacho de bebidas, sino un espacio de reunión, un lugar para pasar un grato momento.


Datos:
Sucursal Beiró: Av. Francisco Beiró 5325, Villa Real. 4566-1990
Sucursal Plaza Arenales: Asunción 4026, Villa Devoto. 4501-3090
Twitter: @tiempodsabores
Feria de vinos: septiembre