martes, 13 de agosto de 2019

¿Por qué López?


Han salido varias notas a lo largo de los años en este blog y también he escrito sobre Bodegas López en las redes sociales más de una vez. Quienes han seguido esos posteos sabrán que los apoyé siempre y los últimos vinos catados de la bodega me llevaron a reflexionar nuevamente.
Soy amigo de la diversidad, un caprichoso bebedor que un día quiere beber sin más vueltas y otras veces busca olisquear la copa y disfrutar de los aromas de las largas crianzas. Alguien que a veces busca lo divertido de las nuevas voces y otras veces la tranquilidad de los clásicos (la analogía musical no es casual). Por eso siempre le di un sí gigante a López. Representan un paradigma distinto, un paradigma que los expertos no dejan de exaltar y que el consumidor reconoce desde siempre en la mesa familiar. Como escribió Patricio Tapia en su última Descorchados, “se trata de una forma de ver el vino, una mirada de vieja escuela que (…) no solo aplaudimos, sino que admiramos”.
En una cata, Eduardo López nos dijo: "Nosotros nos quedamos con un estilo tradicional, con los toneles grandes, etc. Lo hacemos por convicción y porque nos fijamos seguir así y debemos mantenerlo. Buscamos el estilo de vinos bebibles, para acompañar comidas (...) nos quedamos con el mercado de las bodegas tradicionales, peleando contracorriente. Veinte años después de la aparición del nuevo estilo, hacemos el balance y los números dicen que hicimos buen negocio. Por eso moriremos con las botas puestas. (...) Fue una decisión tomada, no ocurrió por inacción. Podemos decir que hoy somos lo distinto". Épico.
Este año tuve la oportunidad de volver a probar todos sus vinos, en parte en su degustación anual “López de punta a punta” y en parte en casa, más tranquilo. Pude notar que varios vinos han cobrado un aire nuevo, una “refrescadita” que no les sienta nada mal. Para muestra, los clásicos tintos Chateau Vieux 2013 y Rincón Famoso 2016, con mayor carga de fruta y concentración sin perder su estilo de crianza en grandes toneles. Una clara muestra de cómo podés adaptarte al paladar del consumidor sin perder el alma en ello.


Los grandes toneles de roble de entre 5000 y 20000 litros, unas joyas de bosques que ya no existen como cuando fueron elaborados, marcan más su presencia en la línea Montchenot y en algunos varietales como el Casona López Cabernet Sauvignon 2014. Pero su magia reside en la capacidad de lograr fusionarse armónicamente con el vino, redondearlo y lograr algo que hoy es muy raro de encontrar.
Con los blancos pude ratificar algo que ya venía observando, la búsqueda de un estilo cada vez más fresco y frutal. De las nuevas cosechas recomiendo el Montchenot Blanco 2017, un 100% Chenin directo y herbal; el Chateau Vieux Blanco 2018, un Chardonnay agradable y expresivo; o el Casona López Chardonnay 2018, donde se busca respetar la expresión varietal sumando uvas de Tupungato.
Una vez más, ¿por qué López? Porque representa otra forma de concebir el vino, pero que para nada está peleada con el gusto del consumidor actual. Hoy que rescatamos formas ancestrales, que celebramos la diversidad, que volvemos los ojos sobre tierras olvidadas y uvas que no notábamos, el llamado “estilo López” está tan vivo como siempre y con un sentido nuevo.




miércoles, 31 de julio de 2019

Mariana Onofri o como poner el alma en los vinos

La leyenda se repite con variantes a lo largo de las épocas y las latitudes. Griegos, celtas y hasta pueblos nativos de América del Norte tenían la creencia de que nuestras almas eran más “grandes” y por distintos motivos fuimos divididos y separados. Aunque sea un capricho o la sabiduría de los dioses, los seres humanos nos empecinamos en buscar eternamente nuestra otra parte.
La idea de encontrar a alguien que nos complemente pareciera obsesionarnos. En Francia, las mujeres solteras clavan agujas en los pies de Saint Guénolé o Sant Winwaleo a la espera de que el santo cumpla con el milagro de conseguirles su alma gemela y así liberarlo de esta “tortura”; Felisberto Hernández imaginó que las almas de los gordos podían encarnar en múltiples cuerpos y eso explicaría muchas cosas; otros creen que las almas gemelas no son iguales, sino muy diferentes, justamente porque buscan complementarse; personalmente siempre creí que la bebida puede ser una buena forma de encontrar nuestra alma gemela, o al menos pasar un buen rato con quienes no lo son.
Quienes conocen de almas gemelas y vinos son Mariana Onofri y Adán Giangiulio, los componentes principales del proyecto Onofri Wines. Mariana es sommelier y directora de vinos en The Vines y Adán es viticultor. En pareja desde hace varios años, empezaron hace relativamente poco a elaborar sus propios vinos. Algunas uvas provienen de The Vines y otras de Gral. Lavalle, al norte de la ciudad de Mendoza. Lavalle es una de las regiones más productivas de Mendoza, pero más destinada a producir vinos de volumen. Sin embargo, el proyecto de Mariana y Adán apuntó a revalorizar esa zona y esos vinos con una cuidada elaboración y trabajo del viñedo.

Mariana Onofri y Adán Giangiulio junto a sus vinos

En su constante búsqueda, hace dos años injertaron la variedad Carignan, una desconocida en nuestro país, sobre el pie de plantas de más de 40 años. El Informe Anual de Superficie 2018 del INV canta 12,8 hectáreas de Carignan y mi memoria (con la ayuda de Google) no me permitió ir más allá de dos etiquetas en el mercado local. Es una uva muy conocida en Francia, Chile y España donde se la conoce como Cariñena y se estima que es su origen.
Según Jancis Robinson, “Carignan es una curiosa uva tinta que provoca fuertes reacciones en quienes la conocen. Sin embargo, a pesar del hecho de que era la variedad de vid más común plantada en Francia, hasta que Merlot la superó a fines del siglo XX, la mayoría de los bebedores de vino nunca han oído hablar de ella”. La variedad tiene fama de ser difícil, por su tendencia a dar vinos tánicos, alta producción y ser sensible a la podredumbre. Que la hayan injertado en Lavalle es interesante, porque es una uva que gusta de climas cálidos y secos, por eso fue la estrella de los viticultores franceses en Argelia. Hoy que cada vez buscamos más las alturas y las latitudes más australes para plantar, pensar en el futuro de estas zonas es una jugada estratégica.

Parrales en Lavalle

Increíblemente al primer año de injertado la vid dio suficientes frutos como para producir unos 2000 litros que se fermentaron en bines y luego reposaron 12 meses en barricas usadas desde 2013 para que el impacto de la madera sea poco. En diálogo con Mariana me confió que los vinos de la cosecha 2019 están mejor gracias a que la planta se va afianzando cada vez más. “Hacemos los vinos lo más naturalmente posible, sin maquillajes”, dice Onofri y agrega que no buscan el estilo de gran concentración de Chile o de ciertas zonas de Francia y España, sino que prefieren cosechar temprano y realizar extracciones breves para ganar fluidez y ese estilo ameno que caracteriza sus vinos.
El Alma Gemela Carignan 2018 es un vino que se bebe fácilmente y creo que es su gran mérito. Mientras lo tomaba notaba detalles que iban y volvían, como cierta rusticidad o sabores ahumados, pero lo que más llamaba la atención era cómo el nivel de líquido en la botella bajaba. ¡Y para qué está el vino, si no es para beberlo!
Con todo, es un vino que va a ir creciendo porque tiene buena acidez y taninos. Los que lo han probado anteriormente coinciden en este detalle y personalmente voy a guardar una botella para descorchar en el verano. Ni que decir que estoy ansioso por probar el 2019.
Afortunadamente la escena del vino argentino está viviendo un momento lleno de innovación, de pequeños productores que revitalizan zonas, que prueban con variedades no tradicionales y técnicas de baja intervención, que arriesgan con estilos nuevos y viticultura sustentable. Se alejan de aquel estilo fotocopiado del que rezongaba Miguel Brascó hace 20 años y eso es lo lindo: la posibilidad de que podamos corrernos del paradigma, porque como con los buenos vinos nuestra alma gemela no viene a sumarse a nuestra zona de confort sino a hacernos ver las cosas de otra manera


Para leer más sobre este proyecto, algunas notas de blogueros amigos:


domingo, 21 de julio de 2019

#AmigosDelBolsillo: 4 vinos por menos de $300


Para acompañar esta semana del Día del Amigo, los Argentina Wine Bloggers decidimos repetir nuestra movida conjunta “Amigos del bolsillo” donde recomendamos etiquetas que disfrutamos sin desembolsar grandes sumas de dinero. Aunque hablábamos de U$S 10 como tope, preferí publicar en el rango de hasta $300 y mostrando variedad de estilos, zonas y tipos de vino.


Un blanco fresco
La Puerta Alta Torrontés 2018. Cuando los riojanos se ponen las pilas te pueden sacar los mejores Torrontés del país cómodos. Para los que gustan de nuestra cepa blanca más emblemática está La Puerta, una bodega que siempre ofrece buenos producto a precios ideales. Este vino abunda en frutas cítricas y notas de flores blancas como el azahar. Se lo siente equilibrado, agradable pero con carácter y un buen final. Es un vino muy versátil a la hora de comer (no me vengas con que los blancos son solo para piletear en verano), nosotros lo acompañamos con un pollo a las finas hierbas y un puré champ. $259


Viejas zonas, nuevos vinos
Astor’s Malbec 2018. Las uvas de este vino provienen de Alto Chapanay, departamento de San Martín, una de las zonas de mayor tradición y productividad del país, de la mano de Garvaglia Winery. Anteriormente hablé de los vinos de esta bodega (aquí y aquí), pero este tinto joven no estaba en su portfolio aún. “Es un segmento que no habíamos exploramos todavía, pero nos está yendo muy bien en Paraguay y Brazil. Pronto estará en Buenos Aires también”, me confió Sebastián Garavaglia. Se trata de un Malbec (apenas cortado con algo de Merlot) de estilo joven, sin madera: pura fruta y un estilo que invita a beber copa tras copa. $200


Malbec de Primera Zona
Cordero con piel de lobo Malbec 2018. Este Malbec proviene de viñedos de la llamada Primera Zona, la más tradicional de Mendoza: Perdriel, Luján de Cuyo y Barrancas. Es moderno, pero a la vez con esa sensación old school que le aporta la fruta madura de la zona y el breve contacto con madera que tiene una parte del vino. Si hay que caracterizarlo en breves palabras diría que es un vino de trago fácil, por lo menos en la cena familiar lo terminamos sin darnos cuenta. $260


Dulces burbujas para brindar
Deseado: cerramos esta cata imaginaria, con uno de los espumosos dulces mejor conocidos y exitosos del país. Elaborado en una sola fermentación con 100% Torrontés patagónico, conserva unos 65 gramos de azúcar por litro para el deleite de los dulceros y la acidez del nuestro sur que la equilibra. En casa es uno de esos pedidos recurrentes para el brindis y las “lady’s nights”, donde un par de botellas pueden volar fácilmente con sushi. $300

Las recomendaciones del resto de los AWB:
Argentina y sus Vinos
CazaVinos
El Vino del Mes
El Ángel del Vino

lunes, 24 de junio de 2019

Historia del Negroni: 100 años no son nada


Los cocteles clásicos de vieja escuela son inmortales y suelen combinar ingredientes simples, pero pulidos por el paso del tiempo para terminar logrando la perfección. Tienen un halo mágico y son también los que los habitués de las barras más han probado. Por eso no es raro encontrar en las redes sociales debates sobre, por ejemplo, el Martini perfecto o qué bartender hace el mejor Old Fashioned. Son cocteles con pocos ingredientes, pero donde el consumidor se pone quisquilloso hasta el punto del snobismo.
En los últimos años se dio en nuestro país un resurgimiento de la coctelería que, cruzada por la restricción de las importaciones, se apoyó mucho en los bitters y vermouths. Los tragos de la vieja escuela se vieron beneficiados y el Negroni volvió con brillo propio y como santo y seña de muchos bares.
Aparentemente el coctel fue creado en 1919 a pedido del dudoso Conde Camillo Negroni. Este hombre, habitué del Caffe Casoni tenía como trago favorito el Americano (una parte de Campari, una parte de vermouth rojo y un toque de soda), pero estaba buscando una versión más fuerte. El barman Fosco Scarselli fue quien tomó la posta y bajo las direcciones del Conde reemplazó la soda por gin. El detalle final se lo dio con una rodaja de naranja en vez del típico limón del Americano. Y nació uno de los grandes clásicos.
El Negroni gustó tanto que se popularizó rápidamente y para que se den una idea de lo que hablo, la familia fundó la Negroni Antica Distilleria en Treviso, Italia, y produjo una versión lista para consumir de la bebida, vendida como Antico Negroni 1919. Con la fama llegó la controversia (siempre pasa) y los descendientes del General Conde Pascal Olivier de Negroni pusieron en duda la versión florentina al decir que su antepasado había inventado el cóctel en 1857 en Senegal.
Dejando de lado el debate sobre su origen, para la Asociación Internacional de Bartenders el perfecto Negroni se prepara mezclando partes iguales de gin, vermouth rojo y Campari. Para ser más precisos, 30 mililitros de cada uno y adornando el vaso con una rodaja de naranja. Se sirve en un vaso corto, conocido mundialmente como vaso Old Fashioned, otro clásico del que vamos a hablar próximamente. Finalmente, dos recomendaciones: primero, está bueno tener refrescadas las bebidas para que no se derrita pronto el hielo y quede aguado (un Negroni no debería quedar aguado); segundo, usar ingredientes de calidad.
Si llegan ir a Florencia busquen el Caffè Roberto Cavalli, sobre la Via de Tornabuoni, y tómense allí un Negroni. Aunque ha cambiado el nombre, sigue siendo el lugar de nacimiento del coctel y esa es parte de la magia. Si te asalta la duda de porqué es tan perfecto algo tan simple, deberías recordar las palabras de Orson Welles: “los bitters son excelentes para tu hígado, el gin el malo es para ti. Pero se balancean entre sí”.



martes, 4 de junio de 2019

Las Perdices sale a explorar


El año pasado, la reconocida Viña Las Perdices lanzó una nueva línea de vinos bajo el nombre Exploración con la intención de adentrarse en nuevas zonas vitivinícolas. Fiel a su estilo inquieto y constantemente a la busca de nuevas variedades, arriesgaron a una línea premium subida a la tendencia de los microterroir de la que ya hablábamos en una nota anterior.
Realmente estas exploraciones son dignas de aplaudir por varias razones. Por un lado así se muestra la diversidad que tiene nuestro país. Contamos con zonas gloriosas y otras invisibilizadas detrás un blend, a la vez que pequeños sectores con grandísimo potencial terminan en vinos genéricos porque esos viñateros deben vender la uva a quién quiera comprarla. Y ni hablar de los sitios que no tienen un nombre prestigioso y que si no fuera por esta búsqueda seguirían siendo ignotos.
Por otra parte estas búsquedas muestran el respeto del enólogo y de la bodega por el lugar de origen. Decir Valle de Uco ya no nos alcanza a los consumidores inquietos y, cualquiera sea la región, generalizar bajo un amplio paraguas no le hace justicia a aquellas zonas que aportan buena cantidad de uva de alta calidad.
Finalmente, contra eso de “dejar que el terruño se exprese” o la baja intervención, creo que estas nuevas búsquedas requieren un trabajo a conciencia del equipo técnico de las bodegas. Llegar a demostrar qué es Gualtallary, Molinos o Chapadmalal requiere una experiencia acumulada de años de labor, observación, prueba y error. Porque cosechar en San Juan a principios del año no es lo mismo que esperar hasta marzo; ralear una vid, regar por goteo o usar un clon determinado también influye en el producto final; entonces, lograr la “expresión” de un lugar es también una búsqueda.
El año pasado Viña Las Perdices decidió salir de su zona de confort e ir más allá de los límites de Agrelo. Reconocer, potenciar e investigar nuevas zonas y estilos es un poco su búsqueda, por ahora centrada en un blanco y el consabido Malbec, pero ya se rumorean nuevas cepas.
“En el comienzo vimos que habían productores, o pequeños minifundios, que estaban un poco relegados porque le entregaban las uvas a las grandes bodegas y tenían algunos inconvenientes para el cobro, manejo y traslado de la uva. Entonces vimos una muy buena posibilidad de contactarlos y ofrecerles recibir la uva en la zona. Así fue que decidimos alquilar una bodega en el centro de La Consulta, donde logramos optimizar toda la logística del proceso, es decir: cosecha y trasporte. Estos pequeños minifundios tienden a desaparecer porque les cuesta mucho competir con los grandes viñedos o con producciones más eficientes. Son viñedos que tienen varios años, la calidad es inigualable, son muy equilibrados y era interesante empezar a vinificar esa uva”, afirma el Ing. Fernando Losilla, quien está a cargo de la parte enológica de este proyecto.


Afortunadamente pude probar los vinos en varias oportunidades y así tener una mirada más completa de ellos. En el más de medio año que tienen en la calle han ido evolucionando y transformándose de forma muy satisfactoria.
Si empezamos por el blanco, debemos decir que la exploración salió de los límites nacionales. El Exploración Casablanca Sauvignon Blanc 2018 surgió de las ganas de la bodega de traer uno de los prestigiosos Sauvignon Blanc chilenos a nuestro país. Lamentablemente en 2016 por el clima y en 2017 por la cantidad de producción no pudo ser posible, pero en 2018 todas las condiciones se dieron y parece que el acuerdo con el productor trasandino se sostendrá con los años. Estamos ante un blanco que se aleja un poco del consabido estilo de Casablanca, yendo en este caso más para los aromas a espárragos, hoja de tomate y piedra mojada. Se lo siente redondo, algo untuoso y con una acidez moderada que le da balance. Lo probamos con sushi y la salsa de soja despertó un poco la acidez del vino, cosa que no jodió para nada; también con una entrada de pulpo y espárragos en Anchoíta y el maridaje fue una cosa increíble.


Los tintos lanzados en esta oportunidad tienen una crianza de 12 meses en barricas francesas y americanas de primer y segundo uso, fiel al estilo de la bodega, pero sin querer perder la expresión de fruta característica de los lugares elegidos. Exploración Paraje Altamira Malbec 2016 muestra lo indómito de la zona, con un vino austero, lineal, mineral y de cuerpo medio. La fruta roja se mantiene al frente y hay toques florales y hasta de jarilla. Lo probamos con carnes rojas y va bien; en una segunda oportunidad arriesgamos un sushi dada su acidez vibrante y realmente nos sorprendió.
Del Altamira también está en góndolas la añada 2017 (parece que la 2016 voló) y hay que señalar que se lo nota un poco más redondeado, con menos austeridad. Ese es más para las carnes rojas, por ejemplo.


En un lugar más amigable se encuentra el Exploración La Consulta Malbec 2017. Cómo dije en Malbec World Day, es el estilo que me enamoró cuando empecé a interiorizarme en el mundo del vino: violetas, frutos rojos maduros, toques de crianza. De esos vinos que llenan la boca con taninos redondeados y amables. Es claramente el más “Las Perdices” de los tres y con un buen asado la rompe.

Me ha gustado mucho la línea Exploración y espero con ansias cuáles serán las próximas búsquedas. Creo que son una interesante apuesta para sorprender en una cena en casa, porque ninguno de los tres pasará desapercibido. Y, al margen de los vinos, me gusta que una bodega se corra de su zona de confort y explore (lo que sea), porque en esas exploraciones hay mucho de aprendizaje. Y es divertido.



viernes, 19 de abril de 2019

Trivento Gaudeo: el disfrute de conocer el terruño

El Premio Nobel de Medicina Albert Szent-Györgyi dijo alguna vez que “investigar es ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar lo que nadie más ha pensado”, o sea develar lo que está al alcance de todos, pero pasa desapercibido ante nuestra mirada. En el vertiginoso mundo de la enología argentina y su incansable búsqueda por mostrar nuestro potencial y diversidad, en los últimos años surgió la tendencia de sacar líneas de vinos que exploren terruños (o microterruños) y que se ajusta bastante a lo expresado por Szent-Györgyi. “Antes en el Valle de Uco se cosechaba todo junto, como una sola cosa” prácticamente al ritmo de la logística, asegura Germán Di Césare, enólogo de Trivento que ahora se suma a estas exploraciones con la nueva línea Gaudeo.


Hace días nomás, pude probar los tres Malbec de Valle de Uco que actualmente integran la línea Gaudeo. Su nombre hace referencia a la palabra latina Gaudere, que significa alegrarse, disfrutar, gustar. “Nosotros disfrutamos recorrer y aprender de los lugares que recorremos”, dice el enólogo Germán Di Césare quien explica que a diferencia de lo que sucedía antes, se busca cosechar en el momento justo de cada lugar. Si bien, por ahora son solo tres vinos, nos anticiparon que la exploración de zonas se profundizará en un futuro cercano, mientras que hoy se explora en terruños bien conocidos por Trivento. La idea es buscar que hablen más las zonas que los varietales.


El primer vino que catamos fue el Trivento Gaudeo Paraje Altamira 2015, un tinto elegante y con una agradable textura al paladar. Sus aromas son expresivos y algo maduros, donde prevalece la fruta negra, las aceitunas negras, el tabaco y lo floral. Se lo siente fresco y vivaz con una textura que es su identidad y que perdura en la boca. Una muy agradable expresión de Altamira.
Con el Trivento Gaudeo Tupungato 2015 llegamos a las alturas de Gualtallary, una zona que tiene fue registrada como marca y no puede usarse (sí, cualquiera). Es un vino más tímido y austero que el de Altamira, donde predomina la fruta y las notas de crianza. La acidez, la mineralidad y lo jugoso es lo que el enólogo quiere rescatar de esta zona a 1300 msnm. Con todo, creo que es una visión sosegada, aunque nada despreciable, de Gualtallary y Germán aseguró que busca que las nuevas añadas sean más jugadas.
La escalada en alturas llegó a su punto máximo con el Trivento Gaudeo Tunuyán 2015, proveniente de San Pablo, a 1450 msnm. Este vino es la austeridad misma, con acidez y estructuras marcadas. Hay mucha concentración, típica de las pieles gruesas que se consiguen en San Pablo. Da la impresión de provenir de un lugar más salvaje, con una frutita que aparece luego de un rato en copa. “Es un vino tensionado”, cierra Di Césare.
Los tres vinos me gustaron mucho y están a un mismo nivel. En el día de la cata me incliné más por el de Tunuyán, una aplanadora, aunque a la hora del refill y pensando en acompañar algo para comer opté por Paraje Altamira. En ese sentido me parecen tres zonas con tres estilos diferentes y que pueden pensarse para ocasiones y consumidores diversos. Puestos uno junto a otro, sé cuál le gustará al que prefiera vinos complejos, cuál al que prefiera la acidez y cuál al que quiere algo más extremo. Hay vino para todos los paladares, esa es la gracia de nuestros terruños.

Germán Di Césare


miércoles, 17 de abril de 2019

Infografía: Malbec

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