viernes, 31 de enero de 2020

Entendiendo el Oporto


Antes de meterme seriamente en el mundo del vino, pensaba que el Oporto era una bebida alcohólica que solo servía para humedecer las tortas y algún otro uso gastronómico. Cuando empecé a leer un poco más descubrí su origen portugués, su historia y me hice un poco de lío con todos los estilos que hay. ¿Cuál es la diferencia entre Tawny, Ruby, Vintage y el largo etcétera que podemos encontrar en una botella? Nada que un poco de estudio no pueda resolver y así entender qué tenemos en la copa y por qué pagamos tanto (o tan poco) por él.
Dicho sencillamente el Oporto es un vino fortificado, es decir un vino al que se le ha agregado un aguardiente antes de que lleguen a fermentar todos sus azúcares. De esta manera se obtiene un vino más dulce, por el azúcar no fermentado, y con mayor graduación alcohólica. Por lo general se lo consume como vino de postre, pero también puede utilizarse como entrada cuando son jóvenes. Maridan muy bien con quesos (Stilton, según la tradición británica), frutas o postres dulces o un buen tabaco.
Su origen se remonta a 1678 cuando Inglaterra y Francia entran en guerra. Los ingleses siempre fueron ávidos consumidores de vino francés, pero por el conflicto no llegaban a sus puertos. Decidieron recurrir entonces a los vinos de Portugal, un viejo aliado. En la zona del Alto Douro, a unos 70 kilómetros de la ciudad de Oporto, había una gran producción de vinos que raramente cruzaban las fronteras. Con el fin de adaptarlos al gusto británico, y para que aguantaran el largo viaje, los portugueses agregaron aguardiente (algunas fuentes hablan de Brandy) y así nacía el más icónico de sus vinhos.


Poco a poco se fue regularizando la elaboración de los Oportos y actualmente no se permite cualquier uva ni cualquier aguardiente en su elaboración. Las uvas blancas permitidas son Malvasia Fina, Codega, Gouveio, Donzelihnpo y Rabigato; y las tintas Touriga Nacional, Touriga Francesa, Tinta Roiz y Tinta Amarela. Sin embargo lo que define los diversos estilos de Oporto es la crianza en barricas o pipas, por lo general de 550 litros y ya usadas. Veamos los estilos que podemos encontrar en nuestras etiquetas:

Blanco: al igual que los Rosados, son los menos afamados, pero admiten una gran variedad en cuanto a su envejecimiento y dulzor.

Ruby: es el estilo más joven y producido, sin crianza en madera. Su nombre se debe al color rojo rubí que adquiere al ser guardado en tanques de concreto o acero inoxidable para evitar la oxidación del vino. Son para beber jóvenes porque no mejoran con la guarda.

Tawny: su traducción sería “leonado” y hace referencia al color amarronado que adquiere con los años. Aquí la crianza en barrica es fundamental y puede llegar hasta los 40 años. Si la etiqueta no dice nada se asume que tiene un mínimo de 3 años en barricas. Los Reserva salen al mercado con 5 o 7 años. Si estamos ante un Tawny con “indicación de edad”, o sea 10, 20, 30 o 40 años estamos ante un blend de añadas y ese número es el promedio de las añadas que lo componen. Es decir, se mezclan vinos muy viejos con otros más jóvenes y así combinar complejidad con frescura.

Colheita: no es otra cosa que un Tawny compuesto de una sola cosecha, o colheita. Se los suele envejecer en botella, donde logran marcada elegancia.

Garrafeira: un estilo tradicional que cada vez es más raro, al punto de casi haber desaparecido. Se trata de un Tawny pasado a damajuanas y guardado allí por décadas. El crítico Luis Gutiérrez asegura que “la longevidad de estos vinos es pasmosa. El alto contenido alcohólico y el azúcar residual sin duda ayudan”.

LBV o Late Bottled Vintage: es un estilo más moderno, surgido hacia la década del 60 y de creciente popularidad. Consiste en criar el Oporto entre 4 y 6 años en toneles más grandes, logrando así una oxidación más lenta.

Crusted: otro estilo casi desaparecido. Consiste en una mezcla de Vintages, luego añejada en barricas y botella. Como se lo embotella sin filtrar se genera una borra o “costra” en el fondo y de allí viene su nombre.

Vintage: son los Portos más famosos y de categoría superior. Se hacen con las mejores uvas y solo en añadas excepcionales, no tienen muchos años de crianza en madera pero sí necesitan guardarse al menos una década para estar listos para beber. Estamos hablando de vinos muy escasos, pero que dan renombre a las bodegas productoras. Por eso son muy cuidadosos en “declarar” una añada como excepcional, aunque algunas colheitas tienen consenso generalizado y son muy buscadas como la 1966, 1977, 1983, 1994, 2000, 2007 y 2011.
Cuando no hay más de cierto Vintage o no se llegó a la calidad, el plan b es ir por los Single Quinta Vintage. Estos siguen el mismo procedimiento que los Vintage, pero en vez de ser de diferentes fincas son solo de una. Algo así como un Single Vineyard, pero en un estilo de vino que se precia de poner lo mejor de varios viñedos.

A nuestro país no llega mucho, pero podemos encontrar de los buenos como Sandeman, Ramos Pinto o Ferreira, cada uno con sus diferentes estilos. De los nacionales, lo mejor es ir por los Malamado, cuyo nombre significa “Malbec A LA MAnera De Oporto”.




sábado, 25 de enero de 2020

Finca Flichman presentó su línea de vinos importados

No sé a vos, pero a mí la gente que se la juega me cae bien. Me gusta escribir sobre el tipo que se fue a plantar al medio de la montaña o sobre aquel al que todos le dijeron que no y hoy triunfa. En ocasiones son luchas monumentales de esas a las que nadie se atreve y, en otros casos, más pequeñas, aunque igualmente valorables.
Finca Flichman, perteneciente al grupo de origen portugués Sogrape, se la jugó recientemente importando una selección de los vinos del grupo a nuestro país. Con un dólar prácticamente indomable (o al menos alto), con retenciones en contra y un mercado local que parece contraerse, decidieron jugársela con vinos para un nicho muy pequeño de entusiastas enófilos.
En 1991 Finca Flichman fue la primera bodega fuera de Portugal que adquirió el grupo Sogrape. Algo que luego complementó con otras en Nueva Zelanda, España y Chile hasta convertirse en uno de los grupos vitivinícolas más admirados y exitosos. En nuestro país, la bodega local está buscando afianzarse en el sector Premium del mercado con algunos retoques enológicos, de marketing, el relanzamiento de su línea Dedicado y la llegada de estos importados.


Los vinos
Una de las bodegas que más me entusiasmó que estuviera presente en esta selección que llega a nuestro país es Framingham. Es de esas bodegas modernas, llenas de actitud rockera, pero con algunas de la vides más antiguas de Marlborough, Nueva Zelanda. Están certificados como bodega sustentable y trabajan con muchas microvinificaciones para lograr vinos con el perfil deseado. El Nobody’s Hero Sauvignon Blanc 2017 no es la excepción y se elabora a partir de la microvinificación de cinco viñedos de Wairau Valley que aportan diferentes atributos. Estamos ante un Sauvignon Blanc intenso de aromas y sabor, donde predomina el pomelo, las notas herbales y un gustito a frutas tropicales. Cuando quiero probar un Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda, este es el perfil que se me viene inmediatamente. De esos blancos que impactan y enamoran.
El otro blanco que llega es un clásico de la D. O. Rías Baixas, Galicia: Santiago Ruíz. Santiago es conocido como el Padre del Albariño porque hacia la década del 80 mejoró las técnicas de vinificación para transformar un vino local en uno de clase mundial. Férreo defensor de las variedades autóctonas de O Rosal elabora este blanco compuesto en un 76% de Albariño, 11% de Loureiro, 5% de Treixadura, 4% de Godello y 4% de Caiño Blanco. Es de esos blancos que incialmente se muestra sencillo, pero con los minutos se abre y muestra un abanico de aromas a manzano, damasco, hierbas. Se lo siente con bastante volumen, cítrico y hasta con cierta delicadeza, aunque no creo que sea su búsqueda. Es la segunda vez que lo pruebo (la primera en 2013) y nuevamente logró cautivarme. Un vino que no necesita golpes de efecto.
España todavía tenía más para mostrar de la mano de Bodegas LAN, acrónimo de Logroño, Álava y Navarra, las tres provincias que forman parte de la D.O.Ca. Rioja. El grupo está trayendo dos vinos de la bodega: LAN Crianza 2016 y LAN Gran Reserva 2010, ambos elaborados con mayoría de Tempranillo y un pequeño porcentaje de Mazuelo. El Crianza tiene una guarda de 14 meses en barricas mixtas y el Gran Reserva de 24 meses, tal como indica la D.O.Ca. Rioja. Sorprendentemente se corren bastante del perfil de Rioja con la madera al frente y muestran más su lado frutado. Los dos tintos se van abriendo lentamente y mostrando capas de aromas, aunque en el Crianza estos son más simples y el Gran Reserva hace honor a su casta.
La otra pata latinoamericana del grupo está en Chile, representado por Viña Los Boldos, en el Valle de Cachapoal. Es una de las bodegas más antiguas de Chile (1850) y cuenta con más de 250 hectáreas de manejo sustentable. Desde 2016 la enología está a cargo de Víctor Arce Gatica y la consultoría del terroir a cargo del afamado Pedro Parra. Si bien la bodega tiene una veintena de etiquetas para seducir su variado público, a nuestro país está llegando el Chateau Los Boldos Gran Reserva Carménère 2017, uno de sus vinos top. Sus aromas son complejos donde abundan las especias y la fruta madura. Se lo siente intenso, con textura, unos taninos marcados y un cuerpo que le da cierta redondez. Sorprendió a más de uno en la mesa y junto a los españoles, les auguramos un largo potencial de guarda.


Para cerrar esta cata, probamos la gloria de Portugal y caballo de batalla del grupo, los Oportos de Sandeman. La casa Sandeman fue fundada en Londres en 1790 por George Sandeman, un joven escocés de Perth. En aquellas remotas épocas donde los vinos generosos eran una moda y una necesidad impuesta por los largos traslados, este joven decidió invertir 300 libras que le había prestado su padre para comercializar vinos de Oporto y de Jerez. Más de 220 años después, se compran un promedio de 21 botellas de Sandeman por minuto en 75 mercados.
Dicho sencillamente el Oporto es un vino fortificado, es decir un vino al que se le ha agregado un aguardiente antes de que lleguen a fermentar todos sus azúcares. De esta manera se obtiene un vino más dulce, por el azúcar no fermentado, y con mayor graduación alcohólica. Por lo general se lo consume como vino de postre, pero también puede utilizarse como entrada cuando son jóvenes. Maridan muy bien con quesos (Stilton, según la tradición británica), frutas o postres dulces o un buen tabaco.
En esta ocasión probamos Sandeman Porto Ruby (sin crianza en barricas, pero guardado entre 2 y 5 años en la bodega), Sandeman Porto Late Blottled Vintage 2014 (crianza de 4 años en grandes barricas llamados balseiros), Sandeman Porto Tawny 10 Years (crianza de entre 9 y 12 años en barricas para lograr un carácter de “10 años”) y Sandeman Porto Tawny 20 Years (blend de vinos de entre 15 y 40 años para lograr el carácter buscado). Este tipo de vinos es una maravilla llena de cultura y sabor. Un micromundo que no deja de sorprenderme y que con cada copa me obliga a detenerme para paladear cada sabor y captar cada aroma. No exagero si digo que entre las maravillas que puede ofrecernos el mundo del vino, el Oporto está muy arriba en el ranking. Su balance entre dulzor, oxidación y crianza se disfrutan por sí solos o invitan a maridajes que muy pocos vinos se animan a ofrecer.


Si bien son vinos bastante onerosos, especialmente los últimos comentados, creo que son una grata experiencia para aquellos que puedan pagarlos y una iniciativa digna de reconocimiento. Nos abren el paladar a nuevos horizontes y diversidades más allá de lo que estamos acostumbrados.



También escribió sobre esta presentación el blog amigo Ángel y Vino: aquí y aquí

PS: en la próxima nota haré un breve comentario sobre los vinos de Porto para entender claramente de qué hablamos






sábado, 11 de enero de 2020

El Cuevero Manija


Hay veces en que uno necesita escribir rápido sobre lo que acaba de probar.  Tal vez como una forma de capturar el entusiasmo o congelar el recuerdo del placer generado.  En todo caso, no es algo que suela pasarme, pero hoy es distinto.  Probé El Cuevero Manija y tengo que contarte qué es.
Anteriormente escribí sobre quién es Musu, un vinotequero apasionado que más que vender quiere evangelizar sobre el mundo del vino.  Siempre al margen de las bodegas tradicionales, su vinoteca a puertas cerradas es un lugar de peregrinación obligado para quienes buscan "todo lo otro".  La Cueva, como la conocemos todos, se convirtió en el lugar de referencia de una comunidad entusiasta de enófilos que orgullosamente nos hacemos llamar "cueveros" en las redes sociales.
El año pasado, al inquieto Musu se le ocurrió la idea de tener un vino propio.  Pero fiel a sus principios, lo tenían que elegir los cueveros.  Varios pequeños productores enviaron muestras con los vinos disponibles para embotellar una partida especial y rápidamente se armaron los grupos de cata que votarían democráticamente.  Afortunadamente pude estar en uno de esos paneles donde probamos 15 muestras con la mayor rigurosidad y celo posible.  
Hubo de todo, algunos vinos más terminados que otros, algunos realmente jugados y unos pocos cuyo precio final sería altísimo.  Dos de ellos destacaron por mucho sobre el resto, aunque la muestra 9 quedó como la elegida por todos.
El vino en cuestión era un blend 80% Merlot y 20% Cabernet Sauvignon elaborado por Finca Ambrosía en huevos de concreto.  Esta finca tiene un largo historial de uvas de prestigio provenientes de Gualtallary, una de las regiones top del Valle de Uco.  En el Cuevero Manija se siente ese origen en las texturas que ofrece en boca y esa fruta "nítida", como le gusta llamarla a Musu, de frutos negros.  Por eso la etiqueta dice, sin errarle, "Gualta al palo".  En resumidas cuentas, es un vino rico, de sabor marcado, con aromas simples pero intensos y con sutilezas que se sienten al beberlo y cuyo mayor logro está ahí, en la bebibilidad.


Uno de los detalles que más me gustaron fue la etiqueta de @DiegolanDibujos.  Las típica montañas de fondo, son reemplazadas por los edificios de clase media de Caballito o cualquier lugar de Buenos Aires.  Bajo ellos dos multitudes, habitual en los dibujos futboleros del artista, que representan dos tendencias del mundo del vino argentino: el #TeamMaderita y el #TeamPiedrita.  Los primeros prefieren los vinos más maduros, con crianza en barricas y son representados en la etiqueta por un castor.  Los segundos, prefieren los vinos de zonas límites, con mayor acidez y crianza en recipientes porosos, representados por La Mole.  Ambos grupos llevan sus banderas y una barrica o un huevo de concreto.  Lo lindo del caso es que ambos grupos confluyen hacia una botella de vino, porque el vino une y la Cueva de Musu, todavía más.

Para contactarse con Fernando Musu:
Twitter: @VinotecaMRWines
Instagram: @mr.wines

PS: hablé de dos vinos elegidos en el panel de cata.  Ese segundo, elaborado por Cristian Moor, saldrá el año que viene como El Gran Cuevero.  Habrá que estar atentos, porque sino se lo pierden.



miércoles, 8 de enero de 2020

Vinarquía: balance 2019


Como siempre he hecho en este blog, ha llegado la hora de hacer un balance para arrancar el nuevo año con algunas cosas en claro.
Afortunadamente, luego de un 2018 muy flojo para escribir pude revertir la tendencia a la baja y meter, como mínimo, dos notas por mes. Aunque todavía estoy lejos de la cantidad que me gustaría que sean, este año hubo 30 posteos y volvimos al promedio de visitas del 2017.
Sigo apostando a que mi blog se nutra de notas propias. No creo en aquella máxima de que menos es más, pero tampoco voy a caer en la trampa de rellenar mi blog con comunicados de prensa, amén de algún rejunte de noticias interesantes cada tanto. Así que prefiero ponerle más ganas a menos notas y que el lector juzgue.

Las más leídas

A continuación les dejo el listado de las notas más leídas publicadas este año. Lamentablemente las de diciembre no tienen la suerte de las publicadas a principio de año que con más tiempo suman más visitas, pero así son los rankings de injustos.



¿Y este año?

2020 está lleno de deseos por los que luchar para que se hagan realidad, como publicar más y darle forma a los proyectos de libro que dan vueltas desde hace años en mi cabeza, ¡no puedo contarles más!

¡Qué sea un gran año!




martes, 31 de diciembre de 2019

##AWBdescorcha 9 recomendados entre $350 y $1200 para el 31 (y otros tantos brindis)

Los Argentina Wine Bloggers no queríamos terminar el año sin algunos recomendados para brindar en las Fiestas. Uno a uno los blogueros argentinos fuimos tirando nuestros elegidos y casi sobre la campana llegó el turno de los míos. No creo que tengas tiempo de correr a la vinoteca, pero un diciembre cargado de albañiles, responsabilidades y otras excusas me hicieron llegar un poco tarde. Igualmente, las recomendaciones valen para todo el año 😉


Opción 1 (vinos $350 a $500)
Blanco: Goyenechea Centenerario Sauvignon Blanc 2018 ($360)
Si hay algo que buscamos en los blancos jóvenes es tipicidad, vivacidad y fruta. El Sauvignon Blanc de la línea Centenario de Goyenechea conjuga todo eso con un muy buen precio y disponibilidad. Está un poco más arriba que sus entry level y el salto de calidad es notorio. Para la pileta y los platos livianos de un verano que promete ser sofocante.

Tinto: Chakana Estate Malbec Orgánico de Finca los Cedros 2018 ($450)
Esta fue una de las grandes sorpresas que me llevé en 2019. Chakana es una bodega que sigo de cerca y está sacando unos tintos tremendos, sumando al diferencial de lo orgánico y la sensación de lugar, lo rico. En este caso Altamira gana presencia en cada copa y se expresa en texturas, sabor a uva y unos aromas cautivantes. Tiene suficiente personalidad para plantársele a cualquier tinto de este precio.

Burbujas: Deseado Extra Brut ($463)
El espumoso Deseado debe ser una de las etiquetas más vendidas de Argentina, posicionado fuertemente entre las burbujas dulces. Sin embargo, hace muy poco Familia Schroeder lanzó su nueva versión Extra Brut con solo 10,9 gramos de azúcar por litro, muy lejos del estilo de su antecesor. Como todos los espumosos de la bodega, tiene burbujas y sensaciones agradables, más la frescura de la fruta patagónica. Para sorprender a quienes ya conocen la etiqueta y a aquellos que prefieren los vinos más secos.


Opción 2 (vinos de $500 a $1000)
Blanco: Norton Altura White Blend 2018 ($858)
Desde que David Bonomi llegó a Norton, la bodega no para de sorprenderme con sus novedades y un cambio de estilo que la modernizó sin perder su identindad. En este caso, estamos ante un corte blanco 50% Sauvignon Blanc, 30% Semillón y 20% Grüner Veltliner de viñedos a más de 1300 metros en el Valle de Uco sin más crianza que la botella misma. Sus aromas tienden a lo cítrico y destaca por combinar frescura, volumen y persistencia. Un gran blanco que promete ganar también con la guarda.

Tinto: Develado Syrah-Garnacha 2019 ($600)
Este año, la joven bodega Solo Contigo Wines se corrió de su estilo de Malbecs con crianza para lanzar unos novedosos blends sin madera. El Syrah-Garnacha es una cofermentación de estas dos cepas, logrando una explosión de fruta en la copa con las complejidades del Syrah.
Toda la tomabilidad y expresión de fruta que logra Los Chacayes en un tinto para paladares cansados que buscan salirse de lo habitual.

Burbujas: Osadía de Crear Brut Nature ($826)
Osadía de Crear es el reconocido restaurante que fundó Ana Lovaglio Balbo en Susana Balbo Wines en 2013 y que cuenta con la asesoría del prestigioso chef Hernán Giponni. Además de los vinos de la bodega, el restó ofrece algunas etiquetas especiales que solo se consiguen allí o en su flamante tienda online. El primer vino que sacaron fue el Osadía de Crear Brut Nature, un delicado espumoso 100% Pinot Noir, lleno de aromas de frutos rojos, buena burbuja y largo final. Su poca cantidad de azúcar añadido lo vuelve perfecto para los dulces de fin de año sin empalagarnos.


Opción 3 (vinos de más de $1000)
Blanco: Benmarco Sin Límites Gualtallary Chardonnay ($1000)
Edgardo del Pópolo está haciendo historia grande con sus vinos y la línea Benmarco de Susana Balbo Wines. No solo tiene la buena mano necesaria, sino también un conocimiento de cada rincón del extremo Gualtallary. El primer blanco de la familia Benmarco fue, sin dudas, uno de los grandes vinos del año: filoso, pero con cuerpo; mineral, pero con fruta; extremo, pero apto para todo público. Para beber y guardar un par de botellas.

Tinto: Anaia Gran Cabernet Sauvignon 2016 ($1000)
Ando complicado con los Cabernets, de ser mis favoritos pasé al “o me gustan mucho o muy poco”. Por eso puedo decir que esta novedad del año debe ser el que más me gustó: complejo y de tanino amable. Perfecto para el asado por su estructura, pero suficientemente versátil para acompañar variedad de platos.
Es un proyecto joven, de apasionados enófilos que cumplen el gran sueño de la bodega propia, y que seguramente irán sacando cada vez mejores vinos.

Burbujas: Encarnación Brut Nature ($1200)
Con este espumoso Alejandro “Pepe” Martínez Rosell honró la memoria de su abuela Encarnación. Se trata del primer Brut Nature de la bodega y he tenido la fortuna de probarlo varias veces desde que salió al mercado en 2018, cautivándome siempre. Sus aromas son un perfume de frutos secos, durazno, vainilla, membrillos y peras; se lo siente seco, con estilo elegante, una burbuja que llena la boca y un largo final. En resumen, burbujas de lujo para cerrar el año, porque como dijo Napoleón sobre este tipo de vinos: “en la victoria nos los merecemos y en la derrota los necesitamos”.


¡Salud, nos vemos en el 2020!



lunes, 30 de diciembre de 2019

Época de burbujas: 6 consejos a tener en cuenta


Llega diciembre y los eventos que estaban en las gateras salen a la pista… ¡todos juntos! Reencuentros, festejos laborales, brindis familiares, asado de cierre del año y todas las formas de celebrar que se nos puedan ocurrir. Si fueran en otra época del año, iríamos por vinos tranquilos sin dudarlo, pero diciembre viene cargado de burbujas. Es que por más que los espumosos ya se hayan instalado entre los consumos habituales de muchas familias, todavía tienen un fuerte componente estacional y un gran arraigo a la hora de brindar, celebrar o augurar buenos deseos.
Como se acerca esa época llena de bellas burbujas, acá van algunos tips a tener en cuenta a la hora de comprar u organizar el brindis.
1- Con la fruta al frente: Hay personas y momentos que requieren de mucha frescura. Para un brindis algo informal, donde no se busqué complejidad especial en un vino, con consumidores de otras bebidas o simplemente no se importe mucho qué se bebe, las opciones frescas y con la fruta al frente son la mejor opción. La recomendación es ir por espumosos elaborados con el método charmat que mantiene más esas características que decíamos, suelen ser más económicos y han logrado gran calidad en los últimos años. Lo ideal es que sean del año, por lo que la cantidad de polvo acumulado sobre ellos y las etiquetas despegadas o rotas van a ser un buen indicador para nosotros. En este caso, cuánto más viejo, peor; así que hay que comprar en sitios de confianza.
2- Burbujas sofisticadas: en cambio si la celebración requiere un poco más de formalidad o simplemente queremos darnos el gusto de tomar un espumoso con más burbujas, complejidad y elegancia tenemos que ir por uno elaborado bajo el método champenoise o tradicional. La prolongada crianza con sus levaduras le da más finura a sus burbujas y aromas y sabores más complejos (entre otros, a panificados), además por el tiempo y la mano de obra que demandan suelen ser más costosos. También constituyen un regalo ideal para esta época.
3- Dulzor, cuestión de gustos: un aspecto a tener en cuenta a la hora de elegir estos “vinos diablos” es el grado de azúcar residual que tienen. Para saberlo hay que leer la etiqueta y tener en cuenta que: el Nature tiene menos de 3 g/l, el Brut Nature menos de 7 g/l, el Extra Brut menos de 11 g/l, Brut menos de 15 g/l, Demi Sec de 15 a 40 g/l, Dulce más de 40 g/l y Extra Dulce más de 60 g/l. Hay quienes no toleran los espumosos tan secos y otros se empalagan con lo dulce. Si tenés un público variado una buena opción es el punto intermedio y, por lo general, el Extra Brut está siempre al límite de los 11 gramos por lo que es una elección bastante balanceada. Si tenés abundancia de público joven o van a querer hacer algo de coctelería, andá por lo seguro de los Dulces.
4- Guarda con la luz solar: mucho cuidado con dejar los espumosos expuestos al sol, podrían arruinarte la fiesta. La riboflavina (vitamina B2) está muy presente en este tipo de vinos y es extremadamente fotosensible, por lo que expuesta al sol puede oxidarse y dar aromas horribles a cebolla podrida y otras ranciedades similares. El color oscuro de las botellas viene a proteger el vino de los rayos ultravioletas, pero no siempre son 100% efectivas. Si no me creés, hacé la prueba con el sol del mediodía.
5- Atención al freezer: con tantos brindis no es raro que se nos olvide enfriar previamente nuestras botellas de champaña. La respuesta automática es meterla al freezer, pero ojo porque con tantas distracciones se nos puede pasar más allá de lo aceptable y perder burbujas o arriesgarnos a una explosión. Al congelarse el líquido, el gas disuelto se separa, por lo que se pierde en cuanto abrimos la botella. La solución es una frappera o balde con mucho hielo y agua. Si están muy apurados, agregarle sal al agua. Palabra.
6- El lavavajillas puede ser tu enemigo: si querés disfrutar las burbujas en todo su esplendor, los químicos que utilizan los lavavajillas para abrillantar las copas pueden ser tu enemigo.  Estas sustancias tienen un efecto inhibidor de las burbujas que perduran luego del enjuague.  La explicación completa y cómo lavar las copas te lo cuento en una nota anterior.



jueves, 12 de diciembre de 2019

El brindis


Llega diciembre y brindamos por todas las veces que no lo hicimos el resto del año. Uno tras otro, se suceden los brindis para cerrar el 2016 y augurarnos lo mejor para el 2017, pero pocas veces nos detenemos a pensar en el acto del brindis en sí. ¿Por qué chocamos las copas? ¿Por qué decimos “salud” y “brindis”? ¿A quién se le ocurrió todo esto?
La palabra “brindis” parece provenir de la expresión en alemán “bring dir’s” (yo te ofrezco) y la tradición dice que aparece por nuestro idioma en 1527. Ese año, las tropas del Emperador Carlos I de España y V de Alemania lograron una victoria épica sobre la ciudad de Roma. Al resultar herido de muerte el duque que comandaba los soldados, estos, sin autoridad aparente, se dejaron llevar por la euforia del momento tomando las murallas de Roma ese mismo día. La victoria se convirtió en una gran masacre y los soldados alemanes llenaron sus copas de vino y las alzaron dirigiéndose al monarca al grito de “bring dir’s” (“yo te la ofrezco”). La ciudad eterna había caído.
El origen del choque de copas es más incierto. Normalmente se atribuye a que en la antigüedad era muy común el asesinato en las altas esferas por envenenamiento. Al chocar las copas aseguraban que se mezclaran las bebidas y era una forma de demostrar que no estaban envenenando al anfitrión. Claro, para ello debería llenarse la copa hasta el borde y aceptar el enchastre posible. Esta idea está muy difundida, sin embargo no hay evidencia histórica que la sostenga.
Con respecto a la expresión “¡salud!” que decimos al brindar y que está muy expandida por todo el mundo hay varios posibles orígenes, aunque no se contradigan entre sí. En la antigüedad, cuando se regresaba de una guerra, los reyes organizaban fabulosos banquetes. Dado que no existían buenos métodos de conservación de los alimentos, la comida solía fermentar y generar problemas gástricos. Con el correr del tiempo se observó que si se tomaba vino antes de comer se mejoraba el proceso digestivo. A raíz de esto, antes de tomar una copa de vino se desea “¡Salud!”.
Por otra parte, era habitual brindar a la salud del rey de turno, incluso el emperador romano Augusto decretó la obligatoriedad de brindar por él. Con el tiempo la expresión se hizo extensiva a cualquier brindis, por la salud de los presentes.
En el libro International Handbook on Alcohol and Culture se explica que el brindis es “una práctica social que probablemente se remonta a las antiguas libaciones de los banquetes griegos, sacrificios en los que se ofrecía un líquido sagrado a los dioses: sangre o vino a cambio de un deseo, elevando una súplica que se resume en las palabras ‘¡que sea por muchos años!’ o ‘¡a tu salud!’”. Por su parte la Encyclopædia Britannica explica que “la costumbre de beber ‘a la salud’ de los vivos muy probablemente se deriva del antiguo rito religioso de brindar por los dioses y por los muertos. En las comidas, los griegos y los romanos efectuaban libaciones [derramaban vino o licores] en honor de sus dioses, y en banquetes ceremoniales brindaban por ellos y por los fallecidos (...) Íntimamente relacionado con estas costumbres de beber casi sacrificiales tiene que haber estado siempre el acto de brindar por la salud de hombres vivos.”
Aunque no haya un protocolo escrito y de entre casa no nos pongamos estrictos con estas cosas, el acto del brindis tiene tres pasos que, si prestan atención, todos hacemos: el brindis verbal, el acuerdo y el trago simbólico. Primero se dicen unas palabras, a veces un breve discurso y otras un simple “salud” o expresión de deseo. Luego se chocan las copas, ese es el acuerdo, y, finalmente, todos beben un simbólico trago. ¿Por qué nunca se brinda con una copa vacía? Porque estaríamos brindando por o llamando a la escasez.