viernes, 2 de diciembre de 2016

Llega nuestro magazine mensual de noticias




lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Qué tiene de especial el Paraje Altamira?



Que el Valle de Uco es hoy la zona top de Mendoza no lo discute nadie. Pero Uco es grande, dinámico y complejo. Dentro de sus límites hay subzonas cuya identidad crece y empiezan a destacarse. Primero fue La Consulta, luego Gualtallary y ahora Altamira. Todo el mundo quiere tener un Malbec de allí o un viñedo entre los acotados límites de la Indicación Geográfica Paraje Altamira.
Si algo define el paisaje local es la piedra, el lugar es casi un desierto y estas rocas blanquean las matas de la flora autóctona. Incluso si subimos más a la montaña se pueden hallar restos fósiles marinos. Sus suelos tienen un antiguo origen fluvial cubierto por depósitos aluviales más jóvenes por lo que hay una gran diversidad en su composición. Debido a ese mismo origen las rocas están recubiertas por carbonato de calcio, el famoso suelo calcáreo que transmite una impronta muy peculiar a los vinos de la región.
Las primeras plantaciones del Paraje Altamira datan de alrededor de 100 años y todavía perduran algunas vides originarias. Algunas fuentes aseguran que antiguamente la zona era conocida como Furlotti y que para fines de la década del 70 empieza a ser conocida como Altamira ya que era un sitio alto y permitía observar el paisaje. En 2013, luego de 2 años de estudio del clima y unas 250 calicatas para entender el suelo, el Instituto Nacional de Vitivinicultura reconoce al Paraje Altamira como Indicación Geográfica. En ese momento hubo toda una polémica por su nombre, ya que una bodega tenía registrada la palabra Altamira y no podía usársela a secas así que se le agregó lo de “Paraje”.
En total la I.G. Paraje Altamira abarca unas 3660 hectáreas de las cuales aproximadamente 1900 están implantadas, con la particularidad de que hay una gran cantidad de productores con fincas relativamente pequeñas. Este año, esos pequeños productores y bodegueros se unieron para formar PIPA (Productores Independientes de Paraje Altamira), un movimiento organizado para frenar la concentración de viñedos y la “comoditización” del vino argentino. Su misión es apoyarse mutuamente, promocionar Altamira y preservar a las familias que trabajan el lugar desde hace generaciones.
Claude Bourguignon, un microbiólogo que cambió completamente la cara de la Borgoña, se acercó a estudiar el lugar y luego de un intenso relevamiento dijo que “los suelos calcáreos franco arenosos y ricos en gravas de Paraje Altamira en el Valle de Uco, formados por el río Tunuyán, son verdaderos terroirs ricos en rocas, con diversos componentes minerales y no muy diferentes de los suelos que se pueden encontrar en ‘Chateneuf du Pape’, una de las regiones vitivinícolas más prestigiosas del mundo.” La grava es de origen terciario, a diferencia de los suelos de otras zonas de Mendoza que tienen origen cuaternario. Según el experto francés, en Europa los suelos de origen terciario producen vinos de mayor calidad que los de origen cuaternario por razones todavía no explicadas. Bourguignon se interesó también en las bodegas que hacen un manejo orgánico de sus viñedos y agregó que “el manejo orgánico que lleva adelante la bodega Chakana ha preservado la vitalidad de los subsuelos, conservando hongos simbióticos que mejoran la capacidad de las raíces de explorar el suelo por agua y nutrientes (micorrizas)”.
En el Paraje Altamira mandan las cepas tintas. Si bien hay algunos Chardonnay y Semillón muy destacables, el fuerte está en el Malbec y en menor medida Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. El Malbec de Altamira suele dar unos aromas muy frescos y luego de catar varios uno puede identificarlos con relativa facilidad. Abunda, decíamos, la fruta fresca y un aroma que muchos definen vagamente como balsámico, pero que hilando fino recuerda al durazno, el té y la manzanilla cuando no los tapa la madera. En boca da vinos muy elegantes, con buena acidez y una textura que convenimos en nombrar como “de tiza”.
Los vinos de Paraje Altamira tienen algo que decir y ya lo están haciendo. Se instalaron en lo más alto de los rankings locales y todos quieren uva de allí. Si te apasionan los vinos no les pierdas el rastro, porque te vas a perder algo importante.


Ariel Rodríguez para Pausa Magazine



viernes, 25 de noviembre de 2016

Vinografía: Gaia White Blend 2016


A partir de hoy en Vinarquía, además de las notas habituales, empezarán a aparecer semanalmente Vinografías.  Es un concepto nuevo que pretende mostrarnos los vinos desde una faceta más visual, fácil de leer y moderna.
Cada vinografía será única y buscará destacar aspectos particulares de los vinos.  Por supuesto las notas de cata y recomendaciones de maridaje siguen siendo las mías.  Espero que les gusten y si se ven muy pequeñas no se olviden de hacer click sobre las imágenes.

Posdata a la modificación del 26/11: Después de pensarlo durante un buen tiempo y gracias a las buenas repercusiones de la primera Vinografía he decidido agregarles un puntaje personal.  ¿Por qué? Porque hay que jugársela y para que no todo se convierta en lo mismo, como suele pasar en las redes.



miércoles, 23 de noviembre de 2016

¿Qué podemos saber de un vino con solo mirarlo?


Los que leen seguido mis notas saben que no soy de los que se detienen mucho en la fase visual de la cata de vinos. Las diferencias entre rojo rubí, rojo picota o rojo granate es una discusión que no nos merecemos. Sin embargo, en muchas oportunidades la vista nos puede dar información valiosa y también jugarnos malas pasadas. Veamos cómo sacarle provecho.
Lo primero que veo al abrir una botella es el corcho. Si se perciben filtraciones, es decir si el vino “caminó” hasta el borde del mismo, es posible que haya entrado oxígeno y que el contenido no esté en las mejores condiciones. Puede deberse a problemas de encorchado provenientes de la bodega o una mala estiba que resecó el tapón. En vinos con muchos años de añejamiento es normal que el corcho se vaya deteriorando y el vino avanzando, así que a no asustarse.
Al servirnos la copa, debemos inclinarla unos 45° contra un fondo blanco para observar su color. Sin ponernos a discutir qué tono tiene el vino, lo primero que podremos observar es si estamos ante uno joven o viejo. Con los años, los antocianos, responsables de la pigmentación del vino, van cambiando de color. Es un fenómeno complejo, pero baste decir que con los años un vino joven de color púrpura va a ir virando al marrón.
Ese envejecimiento también nos puede generar precipitados/posos/borras en el fondo de la botella. Eso es normal y no debemos tomarlo como un defecto. Sin embargo, si el vino se presenta inusualmente turbio puede ser que esté defectuoso o haya sido embotellado sin filtrar, cosa que pasa con algunos vinos de nicho. Por lo general, el aspecto de un vino debería ser límpido y brillante.
Otro aspecto que podremos percibir al inclinar nuestra copa es la profundidad del color o “capa”. Dependiendo de la forma de vinificación, el tipo de uva, la cosecha, etc. podremos encontrarnos con algunos más oscuros y otros que nos permiten ver a través de ellos. Más que de su calidad, esto nos habla de estilos, por lo menos en nuestro país. Por ejemplo, los Malbec de alta gama suelen ser “vinos negros”, como se los conocía en la Edad Media, porque en ese segmento se buscan vinos concentrados y con mucha presencia de madera; o los Pinot Noir que suelen ser muy translucidos y con colores vahídos, porque es el estilo más representativo y valorado de la cepa.
Al girar nuestras copas, todos habrán notado cómo caen esas “lagrimas” por los lados interiores y cómo no todos los vinos son iguales en ese sentido. Hay un largo debate sobre estas “piernas”, como también se las conoce. Algunos plantean que se debe a la presencia de glicerina en el vino y que cuanto más glicérico mejor. Otros que es una tensión superficial producida por el alcohol, o sea que a más alcohol tendrás lágrimas más consistentes. Esta última explicación parece ser la acertada más allá de la popularidad de la primera, así que a no maravillarse con “el llanto” del vino.
Donde juega mucho el aspecto visual es en los espumosos. Nos gusta ver subir sus burbujas y la copa flauta ayuda a percibir esto, además de evitar que se nos vayan rápido. Cuando se los elabora con el método tradicional, las burbujas son constantes y finas. En cambio, con métodos como el Charmat las burbujas tienden a ser mayores, más burdas, algo considerado de calidad menor.
Si recién te estás iniciando en la cata de vinos, te parecerá que son demasiados aspectos a tener en cuenta. Tranquilo, los que mandan son los sentidos del gusto y del olfato. Observar una copa nos ayuda a detectar problemas iniciales y a obtener más información general. El catador experimentado percibe casi todo esto de un vistazo general y si algo le llama la atención se detiene y lo analiza particularmente.


Ariel Rodríguez, para Pausa Magazine




miércoles, 16 de noviembre de 2016

Vinos del Salta: una maravilla que tenés que descubrir


El lugar
Los vinos del noroeste argentino (NOA) son una maravilla que muchos argentinos todavía no descubrieron. La zona vitivinícola la integran las provincias de Salta, La Rioja, Catamarca, Tucumán y Jujuy. El mayor volumen de producción se encuentra en La Rioja, aunque el epicentro de todo son los Calchaquíes, especialmente Cafayate, de donde salen los mejores vinos del norte.
Hay muchas versiones sobre cuál fue el origen de los primeros viñedos de la zona. Laura Catena, en su libro El vino argentino, rescata entre las diferentes leyendas una “que se remonta a la hija del último gobernador español, que estudiaba en París y, parece que a pedido de su padre, trajo vides de la región de Bordeaux. En Salta siempre sucede lo mismo: hay una leyenda que explica el porqué de las cosas”.
Uno de los factores claves para entender los vinos de Salta es la altura. Los mejores lugares para plantar son los valles entre montañas que, si bien son profundos, no están a menos de 1000 metros. Con la altura se alcanza mayor exposición solar y una amplitud térmica de hasta 20° de diferencia entre el día y la noche, “factores facilitan el desarrollo homogéneo y equilibrado de la uva”, nos dicen en Colomé, la bodega que tiene las vides más antiguas y a mayor altura de nuestro país. Ayudan mucho a este equilibrio de la planta los largos veranos y la ausencia de heladas.
Todo depende de cómo se lo trate en el viñedo y cómo se vinifique, pero a grandes rasgos las características se repiten. Además de la gran amplitud térmica y la altura, debemos sumar la pobreza del suelo y el clima seco. Todas son condiciones que determinan estos vinos oscuros y vertiginosos; la altura da mayor exposición al sol y sus rayos ultravioletas, por lo que la uva genera una piel más gruesa y oscura que luego se convierte en vinos más intensos de aroma, sabor y color.

Los varietales
En mis viajes por el norte he encontrado desde los varietales más usuales hasta las cosas más raras, desde la más alta gama hasta el vino de mesa más simple. Como con cualquier otro lugar, sería imposible nombrar todos los varietales que se plantan en Salta (¡Qué riqueza que tiene nuestro país!). Se destacan el Torrontés entre las uvas blancas y Malbec, Cabernet Sauvignon y Tannat entre las tintas.
El Torrontés vallisto se caracteriza por su gran intensidad aromática donde abundan las notas dulces y las flores, especialmente las flores blancas, como también las frutas como el durazno, durazno blanco, ananá, pomelo, lima. Como sabemos, esto puede variar dependiendo de la forma de hacerlo. En boca es más bien seco, a pesar de sus aromas iniciales dulces, con una acidez media y un característico final algo amargo.
Estas características, a veces tan atrayentes, como su intensa nariz floral y su final de cierto amargor, pueden provocar "cansancio" en el consumidor. La enología argentina de las últimas décadas ha puesto el ojo sobre el Torrontés y comenzó un análisis y un trabajo serio con él para lograr un vino de alta calidad enológica. Se trabajó intensamente para hacer de nuestro querido Torro un vino exportable, más agradable y fresco.
El Malbec es el otro gran protagonista de los vinos del lugar. Cuando el público internacional descubrió el Malbec argentino, lo hizo de la mano de Salta. Fue el primer lugar en el que el prestigioso enólogo y consultor Michel Rolland puso el ojo y no se equivocó. Quien quiera Malbecs con volumen e intensidad debe mirar para este lado.
Como decíamos líneas más arriba, en los valles más altos la piel de la uva se vuelve más gruesa y esto redunda en vinos con más taninos y color. Un Malbec de Cafayate impactará con su color negro violáceo y la exuberancia de su fruta. Encontrarás gran concentración y mucho cuerpo, tenga o no tenga madera. Además los Malbec de esta región adquieren un peculiar carácter salvaje que se percibe en sus aromas y sabores, como si parte del paisaje se quedara dentro de cada botella.
Para muchos, decir Cabernet Sauvignon argentino es decir NOA. Hay un público que desea los vinos potentes, que se agarran al paladar y lo golpean, y eso lo consigue con los Cabernet de esta zona. Por lo general, tienden a tener un intenso aroma pirazínico que nos remite al morrón. Como con el Malbec, se logra gran concentración y expresión, pero también se puede conseguir una particular elegancia.
El Tannat es la cepa que más viene creciendo, el secreto a voces de la zona. Algo díscolo, cautiva por su intenso color y paleta de aromas. A diferencia de otros Tannat del Nuevo Mundo, hay mucha potencia que domar.
Salta tiene mucho más por ofrecer: Sauvignon Blanc en las alturas más extremas; un especiadísimo Syrah; Bonardas del sol; variedades en experimentación como el Cabernet Franc y la Ancelotta. En general, en los últimos años se ha dado un vuelco en estas provincias. Hay un grupo humano de enólogos y agrónomos jóvenes que “coparon” el noroeste. Su mirada nueva, su forma de trabajar la tierra y tratar los vinos, son una renovación de la vitivinicultura de la región. Se alejaron de la sobremadurez y el exceso de madera para la alta gama y están buscando una identidad y calidad que sorprenden año a año.

5 recomendados para descubrir (o redescubrir) Salta:

Cafayate Gran Linaje Cabernet Sauvignon: Un Cabernet que te va a sorprender por su elegancia. No redunda en el pimiento morrón y la potencia desbocada, sino que se comporta como todo un caballero de linaje norteño.
Yacochuya Malbec: ¿Cómo describir este vino icónico, complejo, que da para hablar horas? Añada tras añada la crítica no deja de puntuarlo alto y se ha convertido en una bandera del Malbec argentino. He probado todas las añadas y hasta ahora no encontré una que ya no se pueda tomar. Para disfrutar hoy y guardarse una botella por varios años.
Finca Las Nubes Torrontés: Si hay alguien que sabe de Torrontés es José Luis Mounier, así que no puedo dejar de recomendar uno suyo. Este es un Torrontés de aromas y sabores típicos, muy armónico y que cumple a la hora de la mesa.
Laborum Tannat: El Porvenir de Cafayate es la bodega que más trabajó por posicionar el Tannat vallisto y le ha ido muy bien con él. Un vino agradable de beber, equilibrado y de aromas complejos y profundos.
Ciclos Torrontés Tardío: El Esteco tiene dos tardíos en la línea Ciclos, uno tinto y uno blanco. Personalmente me quedo con el Tardío de Torrontés porque el dulzor está más balanceado con la acidez de la uva blanca. Todo un postre en sí mismo.


Ariel Rodríguez, para Pausa Magazine



lunes, 7 de noviembre de 2016

La pasión según Mr Wines


Cuando empecé a meterme más de lleno en el mundo del vino leía las páginas habituales que recomendaban vinos, enseñaban cómo catar, etc. De a poco me di cuenta que no eran una voz independiente o, al menos, no del todo libre. Así es como llegué a los blogs que, con todas sus falencias, me hablaban de otras cosas, sin ataduras y sus creadores eran consumidores con los que uno podía cruzar unas palabras virtualmente o en vivo.
Conocí mucha gente que aprecio como amigos y mucha que también fue una inspiración en múltiples sentidos. Uno de ellos es Fernando Musumeci, Mr. Wines o, simplemente, Musu.
Antes de tener una vinoteca física (“la cueva” le dicen muchos), Mr. Wines era una vinoteca virtual. Su diferencial estaba en ofrecer vinos muy buenos que se alejaban del mainstream. Así conocí a productores y otros estilos de vinos que me llevó un tiempo aceptar.
Inmediatamente sentí su apasionamiento por el vino y por difundirlo. Baste decir que vender era lo menos, Musu armaba catas con los amigos/conocidos como una mesa anual de Bonarda o invitaba a algún enólogo a cenar a su casa y podíamos compartir con él una copa o una charla distendida. Todo lo motivaban las ganas, el apasionamiento, y no éramos pocos los que lo acompañábamos.
Recuerdo muy nítida una vez que fui a retirar unos vinos y me hablaba de sus ganas de cerrar el Laverap que tenía y abrir una vinoteca. No era una decisión fácil dejar su fuente de ingresos y lanzarse con un proyecto así. Podía fallar y esa duda se percibía en su voz. Pero había algo más que también se percibía, no lo motivaba el dinero sino seguir un destino que estaba forjando por sí mismo y que tenía como meta la realización personal.
Hoy, Lo de Musu cumplió dos años y para festejarlo no bastaba una cata. No, la pasión, las ganas de llevar la comunicación del vino más allá, el desinterés por sacar tajada de todo, lo llevaron a hacer una degustación en primeur. Una degustación así se hace para probar los vinos antes de que salgan al mercado y con una finalidad de ventas anticipadas. En nuestro país los pocos eventos por el estilo se hacen en las zonas productoras y prácticamente reservados para la prensa. Musu, guiado por todo los que se viene hablando de la cosecha 2016, empezó a contactar a sus winemakers favoritos y a pedirles muestras de este año para que sus clientes sepan para dónde va la cosa. Es decir, no hizo una degustación para currarte sino para que aprendas.
Y así celebramos los dos años de Mr. Wines como espacio físico. Probando estos vinos que se vienen y nos van a malacostumbrar. Probamos la diversidad con un Nebbiolo salteño hecho por el Colo Sejanovich o un blanco para enamorarse como la Geisha de Jade de Ver Sacrum, hecha a base de Marsanne y Roussane. Estuvieron los pequeños proyectos como Tordos Wines, con un blend salteño que se las trae, o los TajunGapul que, con la enología de Giuseppe Franceschini, vienen sorprendiendo a todos. Hubo clásicos renovados como el Revancha Chenin Blanc de Roberto de la Mota o Garnacha, Bonarda, Malbecs que se corren de la media… No tiene sentido hablar de todos todavía o, al menos, hasta saber que destino tendrán.
En fin, nos van a malacostumbrar con esta añada 2016. Porque se verán obligados a hacer lo que no se animaban, pero Natura los obligó. Bajo alcohol, vinos muy bebibles, tersos y con una expresión de fruta muy marcada. Los blancos están una locura y este verano hay que aprovecharlos así, jóvenes y vivaces.
No creo que hayan sido mis palabras, pero unos meses después de aquella conversación Musu abrió su vinoteca y cada vez le va mejor. Hay catas casi todos los días, sigue siendo un fiel difusor de los vinos en los que cree, realiza viajes, convoca a enólogos y bodegas, es un referente. Pero más allá de los números, lo que demuestra el éxito es su mirada, la realización personal alcanzada.

Una foto de hace unos años (y unos kilos) atrás


jueves, 20 de octubre de 2016

Kalós: lo bello y bueno


A los griegos les gustaba beber, se sabe. Beber y comer, porque los banquetes o simposios eran habituales. Se celebraban con motivo de fiestas familiares, celebrar victorias, despedir a un amigo o porque sí. Entre entretenimientos varios, música y etairas los griegos solían beber mucho vino y siempre agradecían a Dioniso por semejante regalo divino. Las características de los simposios nos han llegado de la mano de la literatura y de la decoración en vasos y jarras. En estos últimos no es raro que aparezca la palabra kalós, para designar algo hermoso o de gran belleza. La palabra tenía una significación erótica o de belleza física, pero empezó a hacerse extensiva para describir un ideal de conducta personal, en especial entre los aristócratas (kalós kai agathos, bello y bueno).
Más acá en el tiempo, la familia Losada eligió para su proyecto vitivinícola el acertado nombre de Kalós Wines, enfocado en hacer vinos de calidad. En el marco siempre distendido y copado de la vinoteca Vinology compartimos una presentación de la bodega junto a Pablo Benavides, enólogo, y Juan Ignacio Losada, de la familia propietaria.
El primer vino que probamos fue el 59N Malbec 2015. El curioso nombre se debe a una anécdota familiar. El abuelo Calixto siempre contaba a sus nietos, no sin ánimos de desafío, que él tuvo 59 novias antes de casarse y en recuerdo a esta historia se eligió el nombre.
El vino está elaborado con uvas provenientes de San Pablo y Rodeo del Medio y un porcentaje del mismo se guarda 6 meses en barricas. Es un Malbec joven y fresco, de sabores intensos y un buen caudal de aromas que recuerdan a las ciruelas y los higos. Al precio que se lo consigue en vinotecas es de una gran RPC.
Como entre el 59N y su vino ícono tenían un vacío decidieron lanzar un nuevo producto. Se trata de un corte (que tampoco tenían) aún sin nombre ni etiqueta que por sus características encajaría perfectamente en medio. Vamos a decirle Blend 2015 provisoriamente y contiene en un 45% Malbec de Altamira, 35% Cabernet Franc también de Altamira y 20% Petit Verdot de Barrancas. Este vino pasó 12 meses en barricas de varios usos y pudimos probar una muestra de tanque, donde comprobamos su gran potencial.
Combina la suavidad del Malbec con el punch de las otras cepas. La nariz todavía tiene la impronta de la madera, pero se nota que no va a ser invasiva. Donde muestra toda su furia es en boca, lo que demuestra un vino aún sin terminar pero que genera expectativas. Hay que ver que otra anécdota tiene Don Calixto para contar e inspirar el nombre.
El nacimiento de este blend nos muestra cómo va creciendo el proyecto y off the record nos contaron que están tanteando la posibilidad de un blanco no tradicional. Crucemos los dedos por el bien de la diversidad del vino argentino.


Finalmente probamos el vino que lleva el nombre de la bodega, su línea reserva, en la que se pone más esmero. Pudimos comparar dos añadas del Kalós Cru, hecho con la mejor selección posible de uvas de Altamira, una crianza de 16 meses en barricas francesas y 24 meses de estiba en la botella.
Empezamos por la añada más reciente, el Kalós Cru Reserva Malbec 2012. Es un vino muy ameno, que se abre lentamente. Es de esos para ir disfrutando de a poco y ver cómo sus aromas se expresan con el tiempo. Primero se muestra cerrado, luego aparecen las notas propias de la larga crianza, la fruta, el higo y ese aroma peculiar del terruño de Altamira. En boca se siente suave, aterciopelado y con algo de esa sensación de tiza que tanto se busca hoy. Se siente también una mayor tensión que en el 2011.
Por su parte el Kalós Cru Reserva Malbec 2011 fue menos tímido a la hora de desenvolverse en la copa. Sus aromas se mostraron más expresivos y dieron una paleta floral, de ciruela, higo y algo de tabaco. Al paladar se siente una buena estructura, con esa textura de tiza de la que hablábamos y buen final. Nunca había probado estos vinos, pero tenía una buena referencia del WineMDQ Malbec Tasting 2016 donde el Kalós Cru 2011 ganó la tercera etapa.
De la mano del Malbec Kalós Wines se fue abriendo un camino que ahora crece en iniciativas y estilos. Van de a poco y pisando sobre firme, una buena variable para los consumidores que cada vez exigimos más vinos de calidad y bien pensados.