viernes, 11 de octubre de 2019

Dostoievski Gourmet


De adolescente viví una breve obsesión por la literatura rusa, especialmente la de Dostoievski. Crimen y castigo fue una obra que me llevó un buen tiempo terminar y mientras más me demoraba más me sentía identificado o persuadido por los planteos de Raskolnikov. Algo que me llamaba la atención de este personaje de Dostoievski era que tomaba constantemente té, incluso iba a tabernas donde lo pedía. Mucho tiempo después leí que el escritor era un peculiar caso gourmet.
Lyubov Fiódorovna, su segunda hija, cuenta que su padre tenía ciertas manías a la hora de preparar el té, bebida que consumía a grandes cantidades y con dos terrones de azúcar. “Primero lavaba la tetera con agua caliente, ponía tres cucharillas de té y vertía sólo un tercio de agua en el samovar y lo cerraba con una servilleta”, así empezaba el ritual dostoievskiano del té. “Unos minutos más tarde llenaba el samovar y también lo cubría. Cuando lo vertía siempre miraba el color del té.” Su obsesión por hacer una infusión perfecta lo llevaba en muchas ocasiones a tirar todo y volver a hacerlo. La clave parecía estar en el color. “Era habitual que llevase la taza a su gabinete y volviese de nuevo para servirse más agua o té”, continúa su hija y agrega una frase que su padre repetía a menudo: “Viertes el té, parece que el color es bueno y al llevarlo al gabinete, el color no sirve”.
Quien también comenta varias de sus curiosidades gastronómicas es Anna Grigórievna Dostoievskaia, la segunda mujer del escritor. En sus memorias comenta que tras comer pollo hervido le gustaba tomar leche caliente y antes del postre no faltaba media copa de Cognac. Sin embargo, sus elecciones culinarias fluctuaban según su humor: cuando estaba melancólico pedía una taza de caldo, escalope de ternera (básicamente una milanesa), té y vino. Y cuando estaba de buen humor prefería queso, nueces, naranjas, limón, hongos, caviar y mostaza francesa.


Además del té, al escritor de Los hermanos Karamazov le gustaba el alcohol, principalmente el Vodka. Un contemporáneo suyo comenta que no era raro encontrarlo desayunando con esta bebida y siguiendo uno de sus extraños rituales. Mijaíl Alexándrovich Alexándrov testimonia que llegó “una vez a casa de Fiódor Mijáilovich durante su desayuno y vi como tomaba vodka: mordía el pan negro y daba un pequeño sorbo a la copa del aguardiente. Masticaba entonces todo junto”. Según Dostoievski esta era la mejor y más sana manera de consumir Vodka.
Una manía más entre las que se cuentan del escritor ruso es que gustaba mucho de los dulces, que en esa época eran más del tipo de la fruta abrillantada. Sus favoritos eran los higos, dátiles, nueces, pasas, mermeladas y también las frutas frescas. Al igual que el té, los comía a toda hora y tenía la extraña costumbre de guardar dulces en los cajones de su escritorio y entre su biblioteca.
Afortunadamente mi obsesión por la literatura rusa se quedó en los libros, aunque algo se me ha pegado. Ocasionalmente cuando me hago un té recuerdo vagas tardes leyendo Crimen y castigo con una taza en la mano. Entonces voy a ese estante de mi biblioteca y disfruto algunas páginas de Gógol o de Maiakovski.



miércoles, 2 de octubre de 2019

Mendoza Tour 2019 – Día 2 – Catena Zapata

Para mí (y para muchos), decir Catena Zapata es decir la meca del vino argentino. Tiene un magnetismo propio por sus vinos, por su historia, por sus enólogos y la seguridad de que siempre son referentes. Cuando vi que el cronograma del viaje incluía visitar La Pirámide, me sentí fascinado por la idea de volver.
Nos recibió el enólogo Ernesto Nesti Bajda y tras la recorrida de reconocimiento nos fuimos directo al grano porque la jornada prometía ser extensa y jugosa. Mientras tanto en el Catena Institute, el centro de investigación y desarrollo de la bodega, nos esperaban Roy Urvieta y Fernando Buscema con copas, barricas y mucha información.


Catena Institute: las revoluciones del vino argentino

Algo que el Viejo Mundo le ha enrostrado al Nuevo Mundo es justamente lo que lo vuelve Viejo: los años de experiencia. Esos cientos de años elaborando vino no pueden compararse con los nuestros y merece todo el respeto. Sin embargo, el Nuevo Mundo trata de compensarlo con ciencia aplicada al estudio de su terruño y así lograr adquirir el conocimiento para estar en la cima del mundo. “No estamos aquí para enseñar, sino para aprender” dirá Fernando Buscema en la recorrida y explica en cierto modo el Catena Institute, un lugar de investigación.
Como hitos en la historia de la bodega, y también de la vinicultura argentina por su influencia, el Catena Institute reconoce tres revoluciones en el vino argentino. La primera revolución implica un trabajo en la bodega y los viñedos. Por un lado, Nicolás Catena le dio un vuelco a sus vinos al buscar seguir el estilo moderno/californiano donde la fruta predomina. Y la otra parte es conocida como los Catena cuttings. Laura Catena observó que no todas las parcelas del viñedo histórico Angélica Zapata se comportaban igual y que el Cuartel 18 era magnífico. Prestando atención a cómo se fueron implantando notaron que cada cuartel se componía de estacas de las mejores plantas de un viñedo anterior. Es decir, que el cuartel 18 provenía de las mejores plantas que fueron seleccionándose año tras año del cuartel 17, 16, 15, etc.
De esta selección natural también surgieron los primeros estudios del Malbec y notaron que menos quintales por hectárea no significan necesariamente mejor calidad y que tampoco todas las plantas son iguales. Como no es algo matemático, hay que buscar el balance y entender que hay muchas variables que influyen.


La segunda revolución se da cuando Jacques Lurton prueba los vinos de Catena y dice que le recuerdan a los de Languedoc (no considerados como de alta calidad) y que parecían provenir de una zona cálida. Allí comienza la búsqueda del frío del Doctor Catena quien se la juega por el viñedo Adrianna. Plantar en Gualtallary, a 1500 metros de altura, era una locura desaconsejada en aquella época. Iniciaron plantando Pinot Noir y Chardonnay, pensando en lo bien que les sienta ese clima, y Malbec, solo para experimentar. Lo increíble era que el Malbec maduraba y nadie podía explicarlo. La razón estaba en la intensidad solar de aquellas alturas extremas que compensaba el frío.
Para fines de los ’90 y principio de 2000, se tenía la impresión de que las 100 hectáreas del Viñedo Adrianna eran una pesadilla con diferentes suelos e inclinaciones. La primera decisión fue “homogeneizarlo”, volverlo parejo, algo común en aquella época. Sin embargo, el ojo científico de Laura prefirió estudiar por qué algunos sectores del viñedo eran diferentes. Así entendieron que había distintas composiciones geológicas, estilos de suelos, mayor o menor presencia de carbonato de calcio e, incluso, la presencia de microbiomas (bacterias que están en el suelo e interactúan con las plantas de forma casi simbiótica). Esta fue la tercera revolución, el origen del trabajo de parcelas que se hace con el viñedo Adrianna, “el más estudiado del mundo”, cuyos vinos están escapando a la varietalidad para ser la pura expresión de su terruño.
¿Cuál es la próxima revolución? Hay muchas investigaciones en proceso, desde mapear e identificar otras zonas, estudiar enfermedades y virus que afectan a las vides, y desarrollar el potencial de guarda de los vinos argentinos.


De la teoría a la práctica

De tanto hablar de vino nos dio sed así que para comprobar si todo lo que investigaron era cierto tuvimos que abrir algunas botellas.
Las nuevas añadas de los vinos de parcela demuestran lo que decía unas líneas más arriba: menos varietalidad, más terruño. Como ejemplo, valgan los White Stones y White Bones Chardonnay, que no tienen las notas típicas de la cepa; o sus Malbec, que van de lo más frutal a lo austero como el River Stones, hasta lo rugoso y estructurado como el Mundus Bacilus. La distancia entre unos y otros son algunos metros, pero en la copa son un mundo en sí mismo.
También pudimos hacer una vertical del afamado Malbec Argentino, catando las añadas 2006, 2010, 2013, 2015 y 2017. Me agradó ver un 2006 entero y reencontrarme con la añada 2010, mi primer Malbec Argentino, que siempre guardo en mi memoria porque fue uno de esos momentos que te hacen enamorarte del vino. Por su parte, la 2013 siempre hace notar por qué fue una gran cosecha y las últimas dos significan un cambio de estilo (y etiqueta) ya que ahora las uvas provienen de los viñedos Angélica y Nicasia. La búsqueda está orientada hacia la consistencia del producto a lo largo de los años y ganar en frescura.
Nesti Bajda y Fer Buscema no paraban de descorchar y, entre anécdota y anécdota, llegó la hora de brillar de Roy Urvieta, a cargo del nuevo proyecto de Laura Catena: Domaine Nico. Estos vinos son todo el conocimiento aplicado a la elaboración de pequeñas parcelas de Pinot Noir. Cada uno de ellos es un exponente de excelencia de la cepa y su lugar de origen, sin nada que envidiar a los mejores del mundo. Todos los tintos son magistrales, llenos de sutilezas y una elaboración meticulosa. Tienen toda la elegancia que disfrutamos los amantes del Pinot Noir, sin resignar modernidad. Hay una nota muy completa en el blog amigo Acercate al vino.
Al final, cuando pensaste que ya habías probado lo mejor, empiezan a aparecer las perlitas guardadas y esas que no saldrán nunca al mercado. Catena es así, siempre tiene algo más para sorprenderte y demostrar su solidez con los años: desde un glorioso Catena Alta Chardonnay 2001, hasta un clásico Catena Cabernet Sauvignon 1994 que soporta los años con dignidad.
Claramente, imbatibles. Una gran experiencia.



Nota en Cazavinos sobre la visita de los Argentina Wine Bloggers a Catena Zapata:



jueves, 26 de septiembre de 2019

3 vinos al toque: Rosados 2019


En el afán de hacer notas en profundidad, de querer decir algo más que datos duros, la sección 3 vinos al toque quedó bastante olvidada en el blog. Eso conllevó a que muchos vinos catados quedaran solo en el ámbito de las redes sociales (que no está mal) porque me resulta imposible hacer notas extensas de cada uno de ellos. Por eso, para una nueva edición de #AWBdescorcha me pareció interesante revitalizar este espacio donde comento etiquetas en forma breve.
El #AWBdescorcha es una movida en conjunto de todos los Argentina Wine Bloggers que, bajo un motivo común, recomendamos vinos para ocasiones puntuales. En este caso, aprovechando la llegada de la primavera y ese espíritu de renovación que trae consigo, recomendamos rosados. Justamente ya están saliendo los rosés 2019, así que sin pensarlo mucho busqué tres exponentes de esta estupenda añada y sin más vueltas van mis recomendados:

Livverá Rosé Sangiovese 2019. Una nueva entrega de los vinos de Germán Massera, un pibe incansable que gusta de revalorizar viñas y zonas algo olvidadas en el frenesí de los terruños de moda. En este caso estamos ante uvas Sangiovese de una zona de Tupungato conocida como Campo Vidal (pegado a Gualtallary). Motivado por el deseo de su esposa de tener un rosado delicado eligió ese parral que protegía las uvas del sol. Y le salió un vinazo, elegante, con unos aromas perfumados florales, afrutados sutiles y hasta algo cítricos. Su excelente acidez y estilo austero lo vuelven ideal para platos como sushi, ceviche o cualquier cocción esmerada y delicada. Para aplaudir.

Críos Rosé de Malbec 2019. Una nueva añada de este vino que sobresale por su color más pálido y una estética renovada, más elegante y siempre manteniendo esas “manitos” que representan a las mujeres de la familia, sus hijos y su trabajo. Se lo elaboró como hasta ahora, producto de una sangría de las uvas de Altamira de su Susana Balbo Signature Malbec, pero cuidando conseguir un color más tenue que en otras añadas. Lo que no resigna este vino es frescura y frutosidad, en un gran balance. Su estilo redondeado y amigable gustarán en cualquier mesa y creo que con pollo a las finas hierbas, un escabeche o como aperitivo es una buena opción.

Puercovin Puercoespin Rosado 2019. Este rosé viene de la mano de Giuseppe Franceschini, un enólogo italiano establecido en nuestro país que nos tiene acostumbrados a sus vinos jugados, con acidez vibrante. En este caso elaboró un rosado de Cabernet Franc del que pocos datos técnicos puedo aportar (ni sus vendedores saben decirme algo), pero al fin y al cabo el vino es el que manda: abunda en aromas a guinda y si bien tiene una acidez algo mordiente al principio, se nota bastante volumen en boca lo que le da un estilo redondeado. Ideal para acompañar platos fríos en una primavera y verano que prometen temperaturas altas.



viernes, 20 de septiembre de 2019

Mendoza Tour 2019 – Día 1 – Casa Tano

Mendoza se convirtió para mí en uno de esos destinos sagrados a los que todo fiel debe peregrinar alguna vez en su vida. Cumplí bastante, porque he recorrido buena parte de la Tierra Santa del vino argentino más de una vez. Sin embargo, cada año me pica el bichito de querer volver. Puedo trocarlo por Salta o algunos destinos vitivinícolas que no conozco, pero Mendoza tira. Así que con la excusa de asistir nuevamente a la Premium Tasting (una de las mayores catas que se hacen en Mendoza), junto a varios integrantes de Argentina Wine Bloggers le agregamos unos días a la agenda oficial para recorrer bodegas.
Después de nuestra jornada laboral, buena parte del grupo se subió al avión y llegamos a El Plumerillo pasadas las 19 hs. Íbamos con una agenda pensada por la mente siniestra de Francisco de Logia Petit Verdot como para aprovechar cada momento del viaje, aunque sin la locura de meter más de dos bodegas/eventos por día. Ya lo hicimos así alguna vez y está bien, pero vale la pena relajar y extender las charlas. Nuestro primer día no iba a ser la excepción, así que apenas llegados nos esperaban con un asado y mucho vino de pequeños productores.


El punto de encuentro era Casa Tano, un antiguo taller mecánico devenido en bodega urbana. A la cabeza de este peculiar proyecto se encuentran Lucas Richardi (proveniente de una familia de prestigiosos enólogos y enólogo él también, en Sposato Family Vineyards), Cristian Santos, Santiago Diez y Luca Aguilera. Entre los cuatro dan vida a esta bodega artesanal de Godoy Cruz que no cuenta con viñedos propios, pero compra uva de los mejores lugares de Mendoza para hacer su vino y barricas personalizadas para terceros. Abrimos botellas y probamos barricas de todo tipo y puedo asegurar que los vinos están más que bien y se venden a buen precio. ¡Incluso cuentan con un sector champañero para elaborar espumosos con el método rural o ancestral de una única fermentación en botella!
El lugar es tan dinámico que nos contaron las mil cosas que hacían: tapeos y menú del día, clases de elaboración de vinos, venta por botella y por copa, vinos personalizados para grupos de amigos, recitales y eventos culturales bajo su lema “Vino por el arte”, etc. Claramente no hay más límites que el que ellos quieran ponerle y ese ámbito dinámico atrae público de todo tipo.
El concepto me enamoró. Pibes jóvenes, haciendo buen vino en un lugar descontracturado y en medio de la ciudad, con la posibilidad de tomar algo al paso o llevar una botella para la cena. Cuando veo el crecimiento de bares y cervecerías, me pregunto por qué el vino no puede replicar algo así. Cómo puede crearse un espacio de vinos lejos de solemnidades y que, sin perder su esencia y peso cultural, sea algo moderno. Casa Tano es una posibilidad concreta.


Productores amigos

Además de Casa Tano en sí, la juntada era un excusa para catar vinos de alta calidad de pequeños productores.


BeBa Vinos. BeBa es un corte de Malbec y Bonarda elaborado entre Matt Berrondo y Pablo Bassin, quienes se conocieron cuando trabajaban juntos en Bodega Toneles. Básicamente, un vino joven, directo, con un estilo gustador y un precio pensado para volver a atraer a los consumidores ($180 por botella o $1000 por caja). El nombre es la suma de los dos apellidos, por eso en la nueva etiqueta lo definen como un “blend de personas”, buenas y apasionadas personas. Al cierre de esta nota ya tenían su primera partida totalmente vendida y buscando fraccionar una nueva añada.


Pacto Wines. A la cabeza de este proyecto está Rodolfo Dhuin, flamante enólogo Bodega y Cavas de Weinert. Su lema es “pacta sunt servanta”, un principio del derecho romano que significa que los pactos deben ser honrados y refiere al pacto que tiene con su socio y con un principio de elaboración a mano, involucrados en cada detalle. Probamos el Pacto Malbec 2018 que, como en un pacto, incluye un pequeño porcentaje de Bonarda de Tupungato y es una explosión de fruta como la ciruela y la frambuesa. Redondito, joven, con personalidad y a buen precio.


Khaliméra Wines. Detrás de la etiqueta de increíble diseño hay un Malbec de la zona límite entre El Cepillo y Altamira, elaborado en forma clásica y con una breve crianza de 6 meses en barricas francesas nuevas. Han cuidado cada detalle y su nombre significa "buenos días" en griego, que es el deseo de estos productores para quien pruebe su vino.  La idea no es hacer algo extremo sino que guste, por eso antes del embotellado se le agregan unas nanoproteínas de origen natural que lo vuelven muy amable al paladar, dando como resultado un vino muy balanceado, redondo y de altísima “chupabilidad”.


Malajunta Wines. Ya había probado los vinos de Malajunta en varias oportunidades y, aunque los comenté en las redes, todavía no había podido escribir nada de ellos por aquí. Aquella noche presentaron una de sus novedades: Perdona y Olvida Merlot, un corte de añadas 2017, 2018 y 2019 de Los Árboles, al límite con Gualtallary. Tiene un perfil más clásico que sus Malajunta, con mayor madurez, cuerpo y una complejidad lograda al combinar añadas y crianzas distintas. Un Merlot que los amantes de la cepa deben probar y esperar en la copa o decanter.
La línea Perdona y Olvida incluye también un Pinot Noir y un Ancelotta.

Unas últimas palabras

Al margen de que me encantan esos proyectos pequeños, el marco sumaba para mostrarnos con humildad el esfuerzo y el trabajo de cientos de emprendedores. Después vendrían en la semana los altos puntajes, la arquitectura monumental y los grandes nombres que a veces te impiden ver este otro lado. Para mí, este comienzo fue un gran punto de partida para el viaje.



Nota sobre Casa Tano en El Ángel del Vino: 



viernes, 6 de septiembre de 2019

Nadie bebe dos veces el mismo vino


En “El sueños de los héroes”, una de las mejores novelas de Adolfo Bioy Casares, se narra la historia de Emilio Gauna, quien gana una buena suma en el hipódromo y decide gastársela en tres días de farra en los carnavales de 1924. Gauna termina despertándose en los lagos de Palermo con más dudas que certezas y su memoria alcoholizada solo guarda retazos de esas noches con amigos en el Armenonville, uno de los cabarets más lujosos de la época.
Tres años después, ya casado y alejado de su vida de malevo, vuelve a ganar dinero con los caballos y decide repetir aquellos “días locos”. Íntimamente quiere reconstruir al detalle todo lo vivido para llegar a la noche última que lo obsesiona desde hace tres años. El final es fantástico (en el sentido de género y de valoración de la obra), pero no voy a contarlo. Lo que me interesa es la sensación que tiene Gauna de que a pesar del esfuerzo no se puede volver a lo vivido tres años atrás, la ciudad ha cambiado, él y los otros ya no son como antes y, sobre todo, su percepción de los otros es completamente diferente.
Hace poco terminé de releerlo y me puse a pensar en cómo la experiencia cambia las percepciones que tenemos. Y llevándolo al tema vinos esto es bastante evidente, al menos para mí (y otros tantos como yo, tal vez vos) que me “tomo” la cosa en serio, estudiando, catando y aprendiendo con cada copa. Aquel vino favorito de hace unos años, ese que fuera nuestro caballito de batalla, ya no es lo mismo hoy. ¿Qué ha pasado en este tiempo? Nuestro paladar ha cambiado y las tendencias del vino argentino también.

Nosotros
Nuestro paladar va cambiando, es un hecho. Piensen en cuánta cosas que no nos gustaban de niños/jóvenes nos fascinan de adultos. Con respecto al vino evolucionamos como catadores y la razón es que el vino es un gusto adquirido, cultural. Lo dulce, por ejemplo, nos gusta desde la cuna, es un gusto innato y que nos agrada. Lo amargo como el café o los ácidos más intensos son gustos que incorporamos a medida que crecemos. “La apreciación del vino es un gusto adquirido”, explica la enóloga chilena Adriana Cerón, “requiere ir probando y entrenándose hasta que su aroma y su sabor se hagan familiares. En este sentido hay un camino lógico que es iniciarse en el consumo con vinos que impongan menos desafíos, con acidez moderada en el caso de los blancos y muy suaves en el paladar en el caso de los tintos”.
A medida que crecemos como consumidores vamos dejando de caer en la trampa de lo dulce y disfrutando la parte “difícil” del vino: descubrir aromas ocultos, disfrutar de la acidez vibrante de algunos, prestar atención a las texturas, reconocer varietales y formas de vinificación. A veces nos lleva a pensar que los vinos deben contenerlo todo, ser difíciles, y ahí nos equivocamos, porque nada es malo sino que es diferente y válido en sí mismo. Es como gozar un día de la literatura despojada y maledicente de Bukowski y otro del ingenio borgeano sin que la existencia de uno niegue la del otro o la posibilidad de disfrutarlos.

Los vinos
En nuestro país, la industria ha ido transformándose desde la década del 90 cuando resurgió desde sus cenizas. En aquella época que nos parece tan lejana, el nivel de tecnología aplicado a la elaboración de vinos era mucho más bajo que ahora (que no te extrañe ver drones sobrevolando viñedos para hacer mapeos), la búsqueda iba más para el lado de la cantidad que de la calidad y el estilo francamente atrasaba. Con la llegada de los flying winemakers y el descubrimiento de esa joya en bruto que era el Malbec el nivel de crecimiento fue geométrico y nos hicimos un lugar en la escena mundial.
Sin embargo, el camino no era seguir una fórmula como pareció en un primer momento y el estilo se fue ajustando. Por supuesto que caemos en modas todo el tiempo, de ponerle madera nueva y con tostado intenso a todo (quizá el memorioso recuerde la tendencia del 200% de barrica) a la búsqueda desesperada actual por los suelos calcáreos, la acidez extrema y la crianza en recipientes de concreto como sea.
Más allá de las modas, hay cambios que quedaron y le hicieron bien a nuestros vinos: la bajada paulatina del grado alcohólico, la cosecha menos madura, la disminución del uso del roble, la búsqueda y el respeto de la expresión del terruño. Quizá tu vino de cabecera de hace unos años, ese que te hizo apasionarte por esta noble bebida haya vivido alguno de estos cambios.


Nadie bebe el mismo vino

Uno de los primeros libros sobre el tema que leí fue el “Manual del vino argentino” de Jorge Dengis, en uno de sus capítulos el autor jugaba con la idea de Heráclito del cambio constante y que, por lo tanto, “ningún hombre se baña dos veces en el mismo río”. Como el vino es materia viva que evoluciona en nuestra botella es virtualmente imposible tomar dos veces el mismo vino. En sentido estricto dos vinos embotellados uno tras otro evolucionarán de distinta manera, una diferencia en el corcho, en la forma de guardado o pequeños detalles harán que a la larga un vino difiera del otro. Aunque suene a exagerado es técnicamente cierto.
Al respecto podría agregar algo que nos pasó en una cata a ciegas realizada en una vinoteca. Se iban a beber alrededor de unos doce Malbec y a quien guiaba la cata se le ocurrió hacernos la travesura de meter tres veces el mismo vino. Uno fue el primero, otro estuvo al medio y, como es de esperar, el tercero al final. Como la cata era a ciegas no sabíamos qué nos servían, pero lo curioso es que percibimos cada vino en forma diferente y hubo catadores que lo manifestaban de forma muy efusiva. La subjetividad pudo haber pesado, pero en el fondo lo que pasó es que tras varios vinos probados nuestro paladar deja de ser el mismo.
En fin, disfrutemos nuestra copa de vino de hoy, porque el de mañana no será igual.

lunes, 2 de septiembre de 2019

¡¡Cumplimos 8 años!!


Todavía me cuesta pensar el número.  Ocho me parece algo tan grande que tuve que ir a recorrer el historial del blog.  ¡Ha corrido vino bajo el puente!
Allí quedan como monolitos las catas, los festejos, las broncas; la revista, que tanto me dolió abandonar; las vinografías, que debería rescatar; los momentos en que escribí "para afuera" del blog; y un larguísimo etcétera.  Como escribí para otro aniversario "A veces lo hicimos bien, a veces nos equivocamos, pero estoy muy orgulloso de lo logrado. A pesar de que cada vez cuesta más conseguir tiempo para escribir, no hemos aflojado y conseguimos que nos reconozcan como una voz válida en el mundo de la comunicación de los vinos argentinos. Un reconocimiento que viene de parte de los consumidores, al fin de cuentas ese es el público al que siempre apunté."
Empezó como un hobby para despuntar el vicio de la escritura y lo sigue siendo, aunque debo reconocer que la falta de tiempo de los últimos 2 o 3 años ha impactado fuertemente en la cantidad de notas publicadas.  Afortunadamente este año voy encontrando nuevamente mi ritmo y el entusiasmo y cuando miro para atrás veo que no me aleje de los principios de este espacio.
Del otro lado de la balanza veo todo lo que conseguí con Vinarquía: aprendizaje, amigos, momentos inolvidables y el disfrute de hacer algo que me gusta.
Por eso agradezco a todos los que considero compañeros de ruta: los Argentina Wine Bloggers, los otros blogueros amigos, el lector silencioso pero fiel, el que interactúa a través de las redes sociales, el que no coincide con lo que digo pero me banca igual, el que llegó hace poco, el que está desde el principio, el que busca un consejo, el que lee Vinarquía.


¡¡Muchas gracias!!




lunes, 26 de agosto de 2019

Mendoza 2019 ¿la cosecha perfecta?

Vendimia 2019 en El Cepillo. Pinot Noir de Canopus para su Pintom

En nuestro país todavía hablar de añadas precisas suena a snobismo o tecnicismo. En gran parte debido a que tenemos la dicha de que el clima mendocino es bastante regular como para que, dentro de ciertos márgenes, las condiciones se repitan. ¡Vaya uno a encontrar esto en Europa!. Además, a fuerza de que cada vez haya un mayor conocimiento técnico (ergo, mejores vinos), podemos mejorar año a año y mantener una consistencia única. Sin embargo, los años no son todos iguales, hay cosechas mejores y peores en términos de volumen y calidad; o sencillamente diferentes, ni mejores ni peores. Es parte de la gracia del vino, que se niega a ser algo estandarizado.
En 2016 se habló de una añada muy difícil, llovió tanto que hubo poca uva y de calidad regular. Sin embargo, quien pudo seleccionar sus mejores racimos obtuvo vinos más ligeros y frutados que terminaron siendo una bocanada fresca que el mercado recibió con satisfacción. De estas uvas salió, por ejemplo, el Catena Zapata Adrianna Vineyard River Stones 2016 que obtuvo los prestigiosos 100 puntos Parker junto al Gran Enemigo Single Vineyard Gualtallary Cabernet Franc 2013, máximo representante de aquella otra gloriosa añada. Si tenemos en cuenta esto que venimos diciendo, entenderemos que más allá de los detalles técnicos tenemos que prestar atención al año. Aunque sea para tener un paneo general o saber qué podemos llegar a encontrarnos en una botella.
Después del ruido de la 2016, vinieron cosechas más normales y todo indicaba que la 2019 sería una cosecha tranquila. Poco se decía de ella con los vinos aún en fermentación, los que tienen varias vendimias a sus espaldas aventuraban algo más, pero por lo general se mostraron cautelosos. Hasta que ya con vinos algo más terminados se tiró la bomba en la feria de la distribuidora Umami que se realizó en mayo en Buenos Aires: la 2019 era la mejor cosecha de los últimos 25 años. ¿Quiénes lo aseguraban? Edgardo del Pópolo (Susana Balbo Wines), Gabriel Bloise (Chakana), Leonardo Puppato (Familia Schroeder), Leandro Azin (Casarena), Juan Carlos Muñoz y Fernando Losilla (Viña Las Perdices), Paco Puga (El Porvenir de Cafayate), Marcos Fernández (Doña Paula) y Bernarndo Bossi (Toneles). Algo saben estos pibes.

Cabernet Sauvignon de La Pirámide. Foto: Catena Zapata

Fue el punto de partida para un runrún de comentarios que coincidían con lo planteado en aquella cata. En líneas generales, se coincide en que en Mendoza y Patagonia el 2019 tuvo un invierno frío y una primavera fresca, mientras que el verano tuvo poquísimas lluvias (importante para que el grano no engorde demasiado y el viñedo no contraiga enfermedades provocadas por la humedad). La frescura general de este verano permitió una maduración lenta que dio granos de uva equilibrados y de gran calidad. El resultado será de vinos con mucha fruta, frescura y balanceados. “Consideramos que los vinos de 2019, si bien pueden beberse jóvenes, presentan un excelente potencial de añejamiento”, agregan desde Catena Zapata.
Germán Di Césare, enólogo de Trivento, asegura que el Malbec fue la tinta por excelencia de esta vendimia, “su tonalidad violácea se apreciará durante varios años en los vinos de alta gama”. Tanto en Valle de Uco como en Luján de Cuyo, la uva Malbec entregó fruta roja fresca y madura, un potencial alcohólico menor que 2018 y una acidez naturalmente elevada.
Con respecto a la acidez de este año se ha hablado bastante. Gabriel Bloise, Leonardo Puppato y Marcos Fernández, entre otros, resaltaron la mayor concentración de ácido málico en general, lo que nos dará blancos vibrantes y tintos frescos. “Los que cosecharon temprano no habrán notado diferencias, pero los que cosecharon tarde sí”, observó Edgardo del Pópolo, responsable de la línea Benmarco en Susana Balbo Wines. “Fue un año frío y seco. En un año cálido cosechar tarde te hace perder mucho y en un año lluvioso podés perderlo todo. En líneas generales, esta añada tiene lo mejor de la 2013 con lo mejor de la 2016”.
En cada consulta hay coincidencias y entusiasmo. Sebastián Zuccardi lo resume así: “ha sido muy muy buena. En cantidad fue una cosecha normal, un poco más chica que la 2018. Lo que tuvo de maravillosa para mí la 2019 es que fue frío y seco. Normalmente cuando son fríos, son húmedos; y cuando son secos, son calientes. Este año en particular que fue seco y fresco, es algo extraordinario, diferente. Lo que hay es un gran balance, los alcoholes no subieron tan rápido, hay frescura. Para el estilo de mis vinos es ideal, porque me gustan más frescos.”
Para algunos de los consultados la cosecha fue “normal”, una cosecha típica mendocina luego de unos años marcados por varios vaivenes climáticos. Incluso un famoso winemaker dijo off the record que le resultó aburrida, sin desafíos, aunque destacaba la calidad. En ese sentido, varios agrónomos coincidieron en que no hubo grandes sobresaltos y se “levantó” la uva con mucha calma, sin el apuro del granizo o la lluvia.

Último racimo de la vendimia 2019, por Pablo Ponce de The Big Wine Theory

Para Pepe Martínez Rosell, la mano maestra detrás de las burbujas de Rosell Boher, “el dueño de la verdad es el vino. No obstante, el asegurar una buena fruta, al momento de la vendimia nos anima a presagiar un mejor resultado y soñar con una excelente añada.” Sin embargo, en los espumosos es difícil presagiar el resultado final: “poder contar con excelente materia prima nos asegura calidad en los vinos "base". En nuestro caso, con elaboración tradicional y largo periodo de madurez sobre borras, sería muy pronto para asegurar o marcar diferencias notables”. Tendremos que esperar un poco más para disfrutar burbujas 2019, aunque por la excelente calidad de blancos que promete no es descabellado pensar en gratas sorpresas.
“La mejor cosecha es la próxima”, suele retrucarte la gente de la industria cuando preguntamos sobre cómo vienen los vinos de la añada actual. Hay algo de verdad en eso y también algo de presión, porque los vendedores suelen decir que la mejor añada es la que hay que vender. Sin embargo, y quizá alguien me tilde de naïf, noto mucho sinceramiento en los bodegueros con respecto a la información que brindan a los consumidores especializados o simplemente interesados en tener un producto de calidad. La información se agradece y a la vez nos llena de expectativas y ansiedad. Como dice un vinotequero amigo, estamos todos “manija” por empezar a probar los 2019 que ya empiezan a asomarse en las góndolas. Especialmente después de escuchar decir a Seba Zuccardi que “es quizá la mejor cosecha de mi vida”.