sábado, 11 de enero de 2020

El Cuevero Manija


Hay veces en que uno necesita escribir rápido sobre lo que acaba de probar.  Tal vez como una forma de capturar el entusiasmo o congelar el recuerdo del placer generado.  En todo caso, no es algo que suela pasarme, pero hoy es distinto.  Probé El Cuevero Manija y tengo que contarte qué es.
Anteriormente escribí sobre quién es Musu, un vinotequero apasionado que más que vender quiere evangelizar sobre el mundo del vino.  Siempre al margen de las bodegas tradicionales, su vinoteca a puertas cerradas es un lugar de peregrinación obligado para quienes buscan "todo lo otro".  La Cueva, como la conocemos todos, se convirtió en el lugar de referencia de una comunidad entusiasta de enófilos que orgullosamente nos hacemos llamar "cueveros" en las redes sociales.
El año pasado, al inquieto Musu se le ocurrió la idea de tener un vino propio.  Pero fiel a sus principios, lo tenían que elegir los cueveros.  Varios pequeños productores enviaron muestras con los vinos disponibles para embotellar una partida especial y rápidamente se armaron los grupos de cata que votarían democráticamente.  Afortunadamente pude estar en uno de esos paneles donde probamos 15 muestras con la mayor rigurosidad y celo posible.  
Hubo de todo, algunos vinos más terminados que otros, algunos realmente jugados y unos pocos cuyo precio final sería altísimo.  Dos de ellos destacaron por mucho sobre el resto, aunque la muestra 9 quedó como la elegida por todos.
El vino en cuestión era un blend 80% Merlot y 20% Cabernet Sauvignon elaborado por Finca Ambrosía en huevos de concreto.  Esta finca tiene un largo historial de uvas de prestigio provenientes de Gualtallary, una de las regiones top del Valle de Uco.  En el Cuevero Manija se siente ese origen en las texturas que ofrece en boca y esa fruta "nítida", como le gusta llamarla a Musu, de frutos negros.  Por eso la etiqueta dice, sin errarle, "Gualta al palo".  En resumidas cuentas, es un vino rico, de sabor marcado, con aromas simples pero intensos y con sutilezas que se sienten al beberlo y cuyo mayor logro está ahí, en la bebibilidad.


Uno de los detalles que más me gustaron fue la etiqueta de @DiegolanDibujos.  Las típica montañas de fondo, son reemplazadas por los edificios de clase media de Caballito o cualquier lugar de Buenos Aires.  Bajo ellos dos multitudes, habitual en los dibujos futboleros del artista, que representan dos tendencias del mundo del vino argentino: el #TeamMaderita y el #TeamPiedrita.  Los primeros prefieren los vinos más maduros, con crianza en barricas y son representados en la etiqueta por un castor.  Los segundos, prefieren los vinos de zonas límites, con mayor acidez y crianza en recipientes porosos, representados por La Mole.  Ambos grupos llevan sus banderas y una barrica o un huevo de concreto.  Lo lindo del caso es que ambos grupos confluyen hacia una botella de vino, porque el vino une y la Cueva de Musu, todavía más.

Para contactarse con Fernando Musu:
Twitter: @VinotecaMRWines
Instagram: @mr.wines

PS: hablé de dos vinos elegidos en el panel de cata.  Ese segundo, elaborado por Cristian Moor, saldrá el año que viene como El Gran Cuevero.  Habrá que estar atentos, porque sino se lo pierden.



miércoles, 8 de enero de 2020

Vinarquía: balance 2019


Como siempre he hecho en este blog, ha llegado la hora de hacer un balance para arrancar el nuevo año con algunas cosas en claro.
Afortunadamente, luego de un 2018 muy flojo para escribir pude revertir la tendencia a la baja y meter, como mínimo, dos notas por mes. Aunque todavía estoy lejos de la cantidad que me gustaría que sean, este año hubo 30 posteos y volvimos al promedio de visitas del 2017.
Sigo apostando a que mi blog se nutra de notas propias. No creo en aquella máxima de que menos es más, pero tampoco voy a caer en la trampa de rellenar mi blog con comunicados de prensa, amén de algún rejunte de noticias interesantes cada tanto. Así que prefiero ponerle más ganas a menos notas y que el lector juzgue.

Las más leídas

A continuación les dejo el listado de las notas más leídas publicadas este año. Lamentablemente las de diciembre no tienen la suerte de las publicadas a principio de año que con más tiempo suman más visitas, pero así son los rankings de injustos.



¿Y este año?

2020 está lleno de deseos por los que luchar para que se hagan realidad, como publicar más y darle forma a los proyectos de libro que dan vueltas desde hace años en mi cabeza, ¡no puedo contarles más!

¡Qué sea un gran año!




martes, 31 de diciembre de 2019

##AWBdescorcha 9 recomendados entre $350 y $1200 para el 31 (y otros tantos brindis)

Los Argentina Wine Bloggers no queríamos terminar el año sin algunos recomendados para brindar en las Fiestas. Uno a uno los blogueros argentinos fuimos tirando nuestros elegidos y casi sobre la campana llegó el turno de los míos. No creo que tengas tiempo de correr a la vinoteca, pero un diciembre cargado de albañiles, responsabilidades y otras excusas me hicieron llegar un poco tarde. Igualmente, las recomendaciones valen para todo el año 😉


Opción 1 (vinos $350 a $500)
Blanco: Goyenechea Centenerario Sauvignon Blanc 2018 ($360)
Si hay algo que buscamos en los blancos jóvenes es tipicidad, vivacidad y fruta. El Sauvignon Blanc de la línea Centenario de Goyenechea conjuga todo eso con un muy buen precio y disponibilidad. Está un poco más arriba que sus entry level y el salto de calidad es notorio. Para la pileta y los platos livianos de un verano que promete ser sofocante.

Tinto: Chakana Estate Malbec Orgánico de Finca los Cedros 2018 ($450)
Esta fue una de las grandes sorpresas que me llevé en 2019. Chakana es una bodega que sigo de cerca y está sacando unos tintos tremendos, sumando al diferencial de lo orgánico y la sensación de lugar, lo rico. En este caso Altamira gana presencia en cada copa y se expresa en texturas, sabor a uva y unos aromas cautivantes. Tiene suficiente personalidad para plantársele a cualquier tinto de este precio.

Burbujas: Deseado Extra Brut ($463)
El espumoso Deseado debe ser una de las etiquetas más vendidas de Argentina, posicionado fuertemente entre las burbujas dulces. Sin embargo, hace muy poco Familia Schroeder lanzó su nueva versión Extra Brut con solo 10,9 gramos de azúcar por litro, muy lejos del estilo de su antecesor. Como todos los espumosos de la bodega, tiene burbujas y sensaciones agradables, más la frescura de la fruta patagónica. Para sorprender a quienes ya conocen la etiqueta y a aquellos que prefieren los vinos más secos.


Opción 2 (vinos de $500 a $1000)
Blanco: Norton Altura White Blend 2018 ($858)
Desde que David Bonomi llegó a Norton, la bodega no para de sorprenderme con sus novedades y un cambio de estilo que la modernizó sin perder su identindad. En este caso, estamos ante un corte blanco 50% Sauvignon Blanc, 30% Semillón y 20% Grüner Veltliner de viñedos a más de 1300 metros en el Valle de Uco sin más crianza que la botella misma. Sus aromas tienden a lo cítrico y destaca por combinar frescura, volumen y persistencia. Un gran blanco que promete ganar también con la guarda.

Tinto: Develado Syrah-Garnacha 2019 ($600)
Este año, la joven bodega Solo Contigo Wines se corrió de su estilo de Malbecs con crianza para lanzar unos novedosos blends sin madera. El Syrah-Garnacha es una cofermentación de estas dos cepas, logrando una explosión de fruta en la copa con las complejidades del Syrah.
Toda la tomabilidad y expresión de fruta que logra Los Chacayes en un tinto para paladares cansados que buscan salirse de lo habitual.

Burbujas: Osadía de Crear Brut Nature ($826)
Osadía de Crear es el reconocido restaurante que fundó Ana Lovaglio Balbo en Susana Balbo Wines en 2013 y que cuenta con la asesoría del prestigioso chef Hernán Giponni. Además de los vinos de la bodega, el restó ofrece algunas etiquetas especiales que solo se consiguen allí o en su flamante tienda online. El primer vino que sacaron fue el Osadía de Crear Brut Nature, un delicado espumoso 100% Pinot Noir, lleno de aromas de frutos rojos, buena burbuja y largo final. Su poca cantidad de azúcar añadido lo vuelve perfecto para los dulces de fin de año sin empalagarnos.


Opción 3 (vinos de más de $1000)
Blanco: Benmarco Sin Límites Gualtallary Chardonnay ($1000)
Edgardo del Pópolo está haciendo historia grande con sus vinos y la línea Benmarco de Susana Balbo Wines. No solo tiene la buena mano necesaria, sino también un conocimiento de cada rincón del extremo Gualtallary. El primer blanco de la familia Benmarco fue, sin dudas, uno de los grandes vinos del año: filoso, pero con cuerpo; mineral, pero con fruta; extremo, pero apto para todo público. Para beber y guardar un par de botellas.

Tinto: Anaia Gran Cabernet Sauvignon 2016 ($1000)
Ando complicado con los Cabernets, de ser mis favoritos pasé al “o me gustan mucho o muy poco”. Por eso puedo decir que esta novedad del año debe ser el que más me gustó: complejo y de tanino amable. Perfecto para el asado por su estructura, pero suficientemente versátil para acompañar variedad de platos.
Es un proyecto joven, de apasionados enófilos que cumplen el gran sueño de la bodega propia, y que seguramente irán sacando cada vez mejores vinos.

Burbujas: Encarnación Brut Nature ($1200)
Con este espumoso Alejandro “Pepe” Martínez Rosell honró la memoria de su abuela Encarnación. Se trata del primer Brut Nature de la bodega y he tenido la fortuna de probarlo varias veces desde que salió al mercado en 2018, cautivándome siempre. Sus aromas son un perfume de frutos secos, durazno, vainilla, membrillos y peras; se lo siente seco, con estilo elegante, una burbuja que llena la boca y un largo final. En resumen, burbujas de lujo para cerrar el año, porque como dijo Napoleón sobre este tipo de vinos: “en la victoria nos los merecemos y en la derrota los necesitamos”.


¡Salud, nos vemos en el 2020!



lunes, 30 de diciembre de 2019

Época de burbujas: 6 consejos a tener en cuenta


Llega diciembre y los eventos que estaban en las gateras salen a la pista… ¡todos juntos! Reencuentros, festejos laborales, brindis familiares, asado de cierre del año y todas las formas de celebrar que se nos puedan ocurrir. Si fueran en otra época del año, iríamos por vinos tranquilos sin dudarlo, pero diciembre viene cargado de burbujas. Es que por más que los espumosos ya se hayan instalado entre los consumos habituales de muchas familias, todavía tienen un fuerte componente estacional y un gran arraigo a la hora de brindar, celebrar o augurar buenos deseos.
Como se acerca esa época llena de bellas burbujas, acá van algunos tips a tener en cuenta a la hora de comprar u organizar el brindis.
1- Con la fruta al frente: Hay personas y momentos que requieren de mucha frescura. Para un brindis algo informal, donde no se busqué complejidad especial en un vino, con consumidores de otras bebidas o simplemente no se importe mucho qué se bebe, las opciones frescas y con la fruta al frente son la mejor opción. La recomendación es ir por espumosos elaborados con el método charmat que mantiene más esas características que decíamos, suelen ser más económicos y han logrado gran calidad en los últimos años. Lo ideal es que sean del año, por lo que la cantidad de polvo acumulado sobre ellos y las etiquetas despegadas o rotas van a ser un buen indicador para nosotros. En este caso, cuánto más viejo, peor; así que hay que comprar en sitios de confianza.
2- Burbujas sofisticadas: en cambio si la celebración requiere un poco más de formalidad o simplemente queremos darnos el gusto de tomar un espumoso con más burbujas, complejidad y elegancia tenemos que ir por uno elaborado bajo el método champenoise o tradicional. La prolongada crianza con sus levaduras le da más finura a sus burbujas y aromas y sabores más complejos (entre otros, a panificados), además por el tiempo y la mano de obra que demandan suelen ser más costosos. También constituyen un regalo ideal para esta época.
3- Dulzor, cuestión de gustos: un aspecto a tener en cuenta a la hora de elegir estos “vinos diablos” es el grado de azúcar residual que tienen. Para saberlo hay que leer la etiqueta y tener en cuenta que: el Nature tiene menos de 3 g/l, el Brut Nature menos de 7 g/l, el Extra Brut menos de 11 g/l, Brut menos de 15 g/l, Demi Sec de 15 a 40 g/l, Dulce más de 40 g/l y Extra Dulce más de 60 g/l. Hay quienes no toleran los espumosos tan secos y otros se empalagan con lo dulce. Si tenés un público variado una buena opción es el punto intermedio y, por lo general, el Extra Brut está siempre al límite de los 11 gramos por lo que es una elección bastante balanceada. Si tenés abundancia de público joven o van a querer hacer algo de coctelería, andá por lo seguro de los Dulces.
4- Guarda con la luz solar: mucho cuidado con dejar los espumosos expuestos al sol, podrían arruinarte la fiesta. La riboflavina (vitamina B2) está muy presente en este tipo de vinos y es extremadamente fotosensible, por lo que expuesta al sol puede oxidarse y dar aromas horribles a cebolla podrida y otras ranciedades similares. El color oscuro de las botellas viene a proteger el vino de los rayos ultravioletas, pero no siempre son 100% efectivas. Si no me creés, hacé la prueba con el sol del mediodía.
5- Atención al freezer: con tantos brindis no es raro que se nos olvide enfriar previamente nuestras botellas de champaña. La respuesta automática es meterla al freezer, pero ojo porque con tantas distracciones se nos puede pasar más allá de lo aceptable y perder burbujas o arriesgarnos a una explosión. Al congelarse el líquido, el gas disuelto se separa, por lo que se pierde en cuanto abrimos la botella. La solución es una frappera o balde con mucho hielo y agua. Si están muy apurados, agregarle sal al agua. Palabra.
6- El lavavajillas puede ser tu enemigo: si querés disfrutar las burbujas en todo su esplendor, los químicos que utilizan los lavavajillas para abrillantar las copas pueden ser tu enemigo.  Estas sustancias tienen un efecto inhibidor de las burbujas que perduran luego del enjuague.  La explicación completa y cómo lavar las copas te lo cuento en una nota anterior.



jueves, 12 de diciembre de 2019

El brindis


Llega diciembre y brindamos por todas las veces que no lo hicimos el resto del año. Uno tras otro, se suceden los brindis para cerrar el 2016 y augurarnos lo mejor para el 2017, pero pocas veces nos detenemos a pensar en el acto del brindis en sí. ¿Por qué chocamos las copas? ¿Por qué decimos “salud” y “brindis”? ¿A quién se le ocurrió todo esto?
La palabra “brindis” parece provenir de la expresión en alemán “bring dir’s” (yo te ofrezco) y la tradición dice que aparece por nuestro idioma en 1527. Ese año, las tropas del Emperador Carlos I de España y V de Alemania lograron una victoria épica sobre la ciudad de Roma. Al resultar herido de muerte el duque que comandaba los soldados, estos, sin autoridad aparente, se dejaron llevar por la euforia del momento tomando las murallas de Roma ese mismo día. La victoria se convirtió en una gran masacre y los soldados alemanes llenaron sus copas de vino y las alzaron dirigiéndose al monarca al grito de “bring dir’s” (“yo te la ofrezco”). La ciudad eterna había caído.
El origen del choque de copas es más incierto. Normalmente se atribuye a que en la antigüedad era muy común el asesinato en las altas esferas por envenenamiento. Al chocar las copas aseguraban que se mezclaran las bebidas y era una forma de demostrar que no estaban envenenando al anfitrión. Claro, para ello debería llenarse la copa hasta el borde y aceptar el enchastre posible. Esta idea está muy difundida, sin embargo no hay evidencia histórica que la sostenga.
Con respecto a la expresión “¡salud!” que decimos al brindar y que está muy expandida por todo el mundo hay varios posibles orígenes, aunque no se contradigan entre sí. En la antigüedad, cuando se regresaba de una guerra, los reyes organizaban fabulosos banquetes. Dado que no existían buenos métodos de conservación de los alimentos, la comida solía fermentar y generar problemas gástricos. Con el correr del tiempo se observó que si se tomaba vino antes de comer se mejoraba el proceso digestivo. A raíz de esto, antes de tomar una copa de vino se desea “¡Salud!”.
Por otra parte, era habitual brindar a la salud del rey de turno, incluso el emperador romano Augusto decretó la obligatoriedad de brindar por él. Con el tiempo la expresión se hizo extensiva a cualquier brindis, por la salud de los presentes.
En el libro International Handbook on Alcohol and Culture se explica que el brindis es “una práctica social que probablemente se remonta a las antiguas libaciones de los banquetes griegos, sacrificios en los que se ofrecía un líquido sagrado a los dioses: sangre o vino a cambio de un deseo, elevando una súplica que se resume en las palabras ‘¡que sea por muchos años!’ o ‘¡a tu salud!’”. Por su parte la Encyclopædia Britannica explica que “la costumbre de beber ‘a la salud’ de los vivos muy probablemente se deriva del antiguo rito religioso de brindar por los dioses y por los muertos. En las comidas, los griegos y los romanos efectuaban libaciones [derramaban vino o licores] en honor de sus dioses, y en banquetes ceremoniales brindaban por ellos y por los fallecidos (...) Íntimamente relacionado con estas costumbres de beber casi sacrificiales tiene que haber estado siempre el acto de brindar por la salud de hombres vivos.”
Aunque no haya un protocolo escrito y de entre casa no nos pongamos estrictos con estas cosas, el acto del brindis tiene tres pasos que, si prestan atención, todos hacemos: el brindis verbal, el acuerdo y el trago simbólico. Primero se dicen unas palabras, a veces un breve discurso y otras un simple “salud” o expresión de deseo. Luego se chocan las copas, ese es el acuerdo, y, finalmente, todos beben un simbólico trago. ¿Por qué nunca se brinda con una copa vacía? Porque estaríamos brindando por o llamando a la escasez.



jueves, 5 de diciembre de 2019

Domaine Bousquet: nacidos para ser elegantes



"Si volviera a empezar, te encontraría sin buscarte", Paul Eluàrd


Imaginate un paisaje de campiña francesa, una ciudad amurallada con castillo medieval incluído, una fuerte tradición vitivinícola, un paisaje maravilloso lleno del romanticismo de las postales turísticas. Ahora imaginate dejarlo todo por ir a vivir en medio de las montañas mendocinas, a un lugar apenas habitado y casi sin las comodidades modernas. Aunque suena un poco a locura, es lo que hizo Jean Bousquet en 1997. Dejó atrás la bella Carassonne y cuatro generaciones de historia ligada a los viñedos franceses para empezar nuevamente en Gualtallary. En 2002 pudieron disfrutar de su primera cosecha comercial y a partir de allí no pararon de crecer, enfocados en la exportación. Hoy Jean Bousquet sigue con una pequeña porción de viñedos donde elabora vinos con su nombre, pero las 240 hectáreas del viñedo original de Domaine Bousquet lo manejan su hija Anne Bousquet y su esposo Labid Ameri.
En una entrevista realizada por la Asociación Argentina de Sommeliers Anne Bousquet explicó que “en aquel entonces, Gualtallary era un territorio virgen: extensiones semi desiertas, sin plantaciones, sin agua, sin electricidad y al que solo se podía acceder por medio de un único camino de tierra. Los lugareños descartaron el área por considerarla demasiado fría para el cultivo de uvas. Jean, en cambio, sintió que había encontrado la perfecta combinación entre su patria francesa (con baja acidez y clima cálido) y el Nuevo Mundo (soleado, con elevada acidez natural y un gran potencial para vinos relativamente frutales).”

Anne Bousquet, Rodrigo Serrano Alou y Labid Ameri

Desde un comienzo decidieron trabajar con prácticas orgánicas y en 2005 obtuvieron la certificación internacional que los termina de avalar. Eso los convirtió en la mayor bodega orgánica de Argentina, en una época en que muy pocos consumidores se interesaban en el tema. Esta filosofía los llevó a plantar la huerta de la que se nutre su restaurante, a cuidar los recursos hídricos y sumarse a las políticas de fair trade con sus vendimiadores. Y también a explorar el terreno de los vinos sin sulfitos, un campo bastante poco desarrollado en nuestro país, pero que se expande en el mundo. Rodrigo Serrano Alou, Jefe de Enología de Domaine Bousquet dijo que “para elaborar Virgen tuvimos que tener un control más estricto en los análisis sanitarios, que en este caso fueron semanales para prevenir de reacciones innecesarias, ya que al no tener sulfitos, es un vino que está más desprotegido de los microorganismos que pueden encontrarse en bodega. Además, se cuidó mucho la temperatura de fermentación y conservación en tanques”. Domaine Bousquet Virgen es una nueva línea que muestra su compromiso con esta búsqueda de vinos naturales y lo mejor del caso es que son muy sabrosos, cosa que no siempre pasa.
El lema de Domaine Bousquet es “Vinos naturalmente elegantes”, sumando el abstracto concepto de la elegancia a su forma de producir. Y digo abstracto porque definir la elegancia es realmente algo difícil y subjetivo. Si elegante es la sutileza y la armonía entre las partes que componen un todo, entonces diría que efectivamente sus vinos cumplen con la premisa. Personalmente creo que con los años el balance entre madera y fruta se ha ido ajustando hasta lograr vinos de gran clase. Un claro ejemplo de esto es Ameri, uno de sus tintos ícono, que con el correr de las añadas va bajando los decibeles de la madera para lograr una expresión más limpia sin dejar de ser un terciopelo.


Para quienes su nombre se nos va haciendo más habitual, Gualtallary no es uno solo. Hay muchas expresiones de esta zona, algunas más extremas, de vinos filosos y minerales; otras más elegantes, de vinos fluidos; y un gran abanico difícil de reducir a unas pocas palabras. Cualquiera sea la búsqueda de la bodega, lo que siempre te entrega Gualta es personalidad, una calidad por sobre el promedio y una expresión de fruta fresca imposible de dejar de lado. En una cata reciente de la bodega pudimos notar como esto, que es muy claro en los vinos jóvenes, es un rasgo que no se pierde a medida que se suman los meses de crianza. En algunos casos es la pura fruta del Malbec, en otros la tipicidad del Cabernet Sauvignon o la frescura de los blancos de altura. Siempre es un detalle que aparece y te dice: aquí está el Nuevo Mundo acompañando el savoir faire europeo.
A pesar de haber probado en varias oportunidades sus vinos, puedo decir con seguridad que no los he probado todos. Siempre tienen algo nuevo, un estilo que se ajusta constantemente y que seguramente se adaptará a tu gusto o tu búsqueda. El giro hacia una fruta más nítida, la elaboración orgánica y hasta natural (sin sulfitos) son un plus para sus vinos que personalmente me gusta reconocerles. Y principalmente, las inquietas ganas de avanzar, de explorar, de perfeccionar.



viernes, 29 de noviembre de 2019

La forma de tu cuerpo


En la antigüedad el hombre era la medida de todas las cosas, tal como lo expresó un viejo filósofo griego. Pulgada, palmo, codo, pie, son unidades de medida que hemos escuchado nombrar más de una vez y que aún se siguen usando en muchos países. Su origen es tan antiguo que no podemos precisarlo, pero surgieron de la necesidad de medir sin los instrumentos portables de hoy en día y sin una convención concreta. Los que adoptamos el sistema métrico las dejamos atrás hace mucho tiempo, pero vaya uno a comprar un caño de gas y ya tendrá que lidiar con pulgadas y fracciones.
Cualquiera podía medir un par de pulgadas con sus dedos o un par de pasos caminando por la habitación, pero había un grave problema: cada región tenía unas medidas sutilmente diferentes y los palmos de una mano egipcia podían ser distintos a los de una mano griega. Digámoslo claramente, no había lugar a precisiones. Protágoras, el filósofo de la frase, se reía cínicamente porque también quería decir que como cada hombre es la medida de las cosas, estas se volvían relativas.
Las medidas de los hombres también se aplicaron al vino. Una de las teorías más difundidas sobre el volumen de las botellas tiene aquí su base. ¿Alguna vez te preguntaste por qué las botellas de vino tienen una capacidad de 750 mililitros y no un litro o medio? Hay quienes sostienen que la capacidad pulmonar de un soplador promedio de botellas está entre los 700 y 800 mililitros. Por supuesto que puede esforzarse más, pero a la hora de producir botellas en masa debe haber un trabajo constante y esa era la medida. Por otra parte, era considerada la medida de la moderación en una época que castigaba los excesos. Hay quienes refutan todo esto y proponen otras teorías igual de dudosas, pero dejémoslo para una próxima nota.



El mundo del vino nos ha deparado formas más curiosas de medir la capacidad de un recipiente. Muchos hombres poderosos de la historia han llevado a tal punto su ardorosa pasión por mujeres y amantes que han hecho de sus pechos copas para beber. Una leyenda asegura que Paris hizo una copa en honor al busto de Helena de Troya. “¿Has visto (…) la copa a la que sirvió de modelo el seno izquierdo de Helena?” se pregunta el Premio Nobel de Literatura Henryk Sienkiewicz en su novela Quo Vadis?. Otro que hizo un pedido similar de artesanía fue Enrique II, enamorado Rey de Francia sobre el modelo de los pechos de Diana de Poitiers. Con una finalidad más comercial, en 2014 el restaurante londinense 34 encargó al escultor Jake McAdam Freud, hijo del pintor Lucian Freud, la realización de una copa a partir de la forma de la mama izquierda de la modelo Kate Moss, quien cumplía 25 años sobre las pasarelas. Sin embargo, las más famosas por su trascendencia son las copas de Champagne hechas a “la medida” de María Antonieta.
No me refiero a las copas flautas (lo que hubiera sido una aberración) sino a esas copas anchas y bajas, bastante desusadas ya, para servir vinos espumosos. Aunque puedan sonar a conjeturas producto de la imagen glamorosa y decadente de los últimos reyes de Francia, lo cierto es que en Versalles se encuentran unos tazones con forma de seno conocidos como jattes tétons (cuencos pezones), inspirados en la desafortunada Reina y elaborados en cerámica de Sèvres. No se sabe a ciencia cierta qué se bebía en esos cuencos, pero sí que las copas de cristal de las que hablábamos se popularizaron rápidamente entre la aristocracia. Algunos historiadores indican que estas copas tipo María Antonieta ya se utilizaban en Inglaterra desde hace unos 100 años antes. Lo que no dicen es si se inspiraron en la teta de alguna celebridad de la época.

Jattes tétons

Si sobre formas hablamos las botellas son algo icónico. Sus curvas no son la copia de las de ninguna aristócrata sino que responden a necesidades prácticas. Los hombros permiten que la borra producida con los años se quede allí. Sin embargo hay un tipo de botella, conocida como Botella Borgoña que tiene hombros caídos. Son las que tradicionalmente se usan para Pinot Noir y Chardonnay (cepajes típicos de Bourgogne). Como el Pinot y el Chardonnay no tienen precipitados no hacen falta que tengan hombros, sin embargo a los borgoñones les gusta contar que estos envases se inspiran en ellos. Mientras que el productor de Bordeaux tiene una fisonomía y estilo burgués, el de Bourgogne es más campesino, acostumbrado a andar por superficies accidentadas y orgulloso de su trabajo. Por eso, y para picar aún más la rivalidad que tienen con los otros grandes productores franceses, dicen que ellos son gente de hombros cansados de tanto trabajar, como sus botellas.
En el mundo del vino hay muchas tradiciones y algunas nos pueden sonar absurdas. De hecho, tal vez lo son. Y es que el vino es un producto humano y puede tener sus momentos absurdos como nosotros mismos. Pero de lo que no me quedan dudas es que como producto humano está hecho a semejanza de nosotros, la copa presupone una mano, el líquido existe por el genio humano, cada cepa representa nuestra identidad. En fin, el vino es cultura.