martes, 2 de mayo de 2017

Vinografía: Andeluna Altitud Malbec 2014


Precio sugerido al 1/4/17: $317



jueves, 27 de abril de 2017

Vinarquía hace su vino: Etapa 2 – prensado y trasiego

Como les contaba en una nota anterior, estoy haciendo vino casero junto al equipo de Hago Mi Vino. En la primera “clase” elegimos la uva, la molimos, tomamos mediciones y la dejamos descansar a la espera de la fermentación. Para hacerla más natural, no agregamos levaduras seleccionadas y dejamos las levaduras indígenas que ya vienen adheridas a la uva desde el viñedo.
La fermentación se produjo dos días después y, aunque no estuve allí, “la tumultuosa” (así le dicen) se dio muy bien. Así que técnicamente tenemos vino, pero falta para que esté terminado.
En la segunda clase nos tocó uno de los momentos más emblemáticos y sucios de la elaboración artesanal de vinos: el prensado. La imagen del productor haciendo girar el trapiche está tan arraiga que es incluso el nombre de una de las bodegas más importantes de nuestro país.


Las clases de Hago Mi Vino pueden sonar formales, pero son muy distendidas y para nada técnicas. Más bien son lo contrario, en un clima de buena onda y camaradería se aprende a hacer-haciendo. Siempre hay alguien que necesita una mano y siempre hay una duda que puede ser la nuestra.


Después del prensado, el vino pasa a recipientes donde seguirá su lento proceso de acomodarse. Los residuos que hayan pasado y las levaduras muertas van decantando al fondo y a la semana se hace el primer trasiego que consiste en separar esa borra del vino. Al mes se realiza un segundo trasiego y más adelante un tercero. La idea es hacer todo de la forma más casera posible, sin los filtros de las bodegas, para que cualquiera que haga el curso pueda después elaborar vino por su cuenta.  La diferencia es que hay un conocimiento técnico que te aportan que los abuelos que hacían su patero no tenían o habían adquirido a través del ensayo y error.


El hecho de hacer el vino, de tener que esperar medio año (incluso más) para que se acomode en sus botellas, de prensar, de estar atento a si fermenta o no, etc. nos permite entender más todo lo que cuesta elaborar una botella. Hay un trabajo atrás que hay que hacer para conocer su dimensión. Es algo que ennoblece a la bebida y la aleja drásticamente de los productos industrializados elaborados con polvos y conservantes. Y si nos ponemos a pensar en cuántos siglos le llevó al hombre conocer los procesos para llegar a esta noble bebida… el respeto por el vino se agiganta.
Para difundir su trabajo, acercar al público general el proceso del cual venimos hablando y mantener viva una tradición de vino casero, el domingo 24 de abril estuvieron elaborando en la Pulpería Quilapán, en San Telmo. Abierto a quien quisiera sumarse, despalillaron a mano 300 kilos de uva y luego la pisaron. Sí, la pisaron como se hacía antes.
El año pasado ya habían hecho está Vendimia Porteña y mucha gente se acercó nuevamente para divertirse y vivir una experiencia diferente. Ese Moscatel Rosado, con algo de Criolla, se convertirá en el Vino del Pulpero de Quilapán, un lugar muy pintoresco para conocer y comprar productos fuera del circuito masivo.


Ahora viene un momento más tranquilo.  Luego de los trasiegos, la actividad en la bodega baja muchísimo.  Es hora de pensar en otras cosas como la etiqueta, aprender a sanitizar botellas o a realizar un blend.  En próximas entradas les iré contando más.






lunes, 17 de abril de 2017

#AWBdescorchaMalbec - Altos Las Hormigas, identidad del terruño

Una vez más los Argentina Wine Bloggers unimos esfuerzos para lanzar una actividad conjunta.  Como ya hicimos en diciembre, esta vez AWB descorcha Malbec para celebrar a nuestra cepa insignia en su día.  Por mi parte aprovecho para comentar los vinos de una de las bodegas más icónicas a la hora de hablar de Malbec: Altos las Hormigas.  Las nuevas añadas están increíbles y recientemente Tim Atkin lo ratificó con excelentes puntajes.  Imperdibles.

Viñedo de ALH antes de la vendimia 2017, foto de Leo Erazo

La introducción de un “viejo” catador

Mi primer contacto con los vinos de Altos Las Hormigas fue hace unos cuantos años atrás. Te hablo de cuando su etiqueta no era blanca sino amarilla y su nombre y estética todavía llamaban mucho la atención. Recuerdo que en esa época que parece tan lejana, pero de la que no deben haber pasado más de 7 años, sus vinos me gustaban sin llegar a emocionarme. Los probaba año a año y los sentía correctos, con la madera muy presente. Hasta que un año (creo que por 2012) cambiaron la forma de elaboración radicalmente y sus vinos me atraparon. Dejaron de lado la concentración y la madera para permitir vinos más frescos, más expresivos, menos pesados y con la mirada puesta en ese terruño que tanto les costó domar.
Aunque hubo “hormiguistas” de la primera hora que se enojaron con el cambio de estilo, la realidad es que desde allí no pararon de crecer y de marcar bastante la cancha. El obsesivo trabajo de suelos del equipo y su alto nivel de exigencia a la hora de sacar los vinos son los responsables. Para muestra, basta un botón, dice el viejo adagio de los vendedores de ropa: se arrancaron viñedos que estaban implantados en suelos que no aportaban nada al Malbec y no le permitían llegar a la calidad deseada. “Es todo pasión. Prácticamente no es un emprendimiento viable comercialmente” nos contó Alice Viollet, Market Manager de la bodega.
La misma Alice nos explicó que gran parte del cambio de paradigma enológico tuvo que ver con el uso de la madera, algo que ya habíamos percibido en los vinos catados. No es que dejaron de usarla sino que se pasaron a fudres de 3500 litros. De esta manera el impacto final es más sutil, aportando lo que tiene que aportar y dejando expresarse al vino con libertad.


Los vinos

Altos Las Hormigas se especializa en tintos a tal punto que no tienen blancos y el único espumoso está elaborado con Bonarda. Por lo tanto el Colonia Las Liebres Brut Rosé fue el elegido para abrir la cata. Es un espumoso sutil y frutado del que nunca sabrías con que cepa se elaboró si no leés la etiqueta. Lo elaboran en la champañera Cruzat, especialistas si los hay, de donde consiguieron un vino equilibrado y con lindo regusto.
La línea de Las Liebres se completa con Colonia Las Liebres Bonarda Clásica 2015, una Bonarda vibrante, con buen nervio y fruta. Desde hace rato que este vino es uno de mis parámetros para medir el varietal en nuestro país.
Y empezamos con la danza de los Malbec, subiendo en la escala de profundización del terroir, la exigencia a la hora de seleccionar la uva y el precio. De los viñedos propios de la bodega nace el Altos Las Hormigas Malbec Clásico 2015. Acá no hay madera, es la pura expresión de la uva, con mucha fruta y tipicidad. Al beberlo se lo percibe fresco y frutado, tal el estilo buscado desde hace unos años. Un vino comodín.
Luego los clásicos llega la línea Terroir, donde se busca expresar una región a grandes rasgos y la madera empieza a asomarse: el 25% se guarda en fudres de 3500 litros durante 12 meses. Apenas si aporta estructura y algunas notas, pero nunca llega a robarse el protagonismo. Empezamos por Altos Las Hormigas Terroir Luján de Cuyo 2015, una novedad elaborada con uva proveniente de Barrancas, al sur de Luján de Cuyo.  Comparado con el anterior tiene una fruta más madura y es más concentrado de aromas. Las violetas y las ciruelas dicen presente en este vino fácil de beber, con textura tersa y agradable. Su compañero es el Altos Las Hormigas Terroir Valle de Uco 2015 cuya uva proviene de varios viñedos de Tupungato. Se lo siente intenso, llena la boca, vibrante y con algo de esa textura que llamamos “de tiza”. Dos buenos exponentes de sus terruños.
En la línea reserva el estudio de suelos que hace Leonardo Erazo se vuelve más presente. Para elaborar el Altos Las Hormigas Reserva Valle de Uco 2014 se buscó uvas implantadas sobre suelos calcáreos. A partir de aquí los vinos tendrán su punto fuerte en boca, con aromas más austeros y esquivos que se abren lentamente en la copa. En ese sentido es un Malbec con tensión, expresivo, con una larga sensación de tiza.
Como si se fuera haciendo un zoom sobre las zonas vitivinícolas del país, la última línea de Las Hormigas se va volviendo más específica y buscando expresiones más selectas de lugares específicos. Los elegidos son el Paraje Altamira y Gualtallary, seguramente las dos zonas más apasionantes del Valle de Uco. Empezamos por Altos Las Hormigas Apellation Altamira 2015, la añada más reciente. La embotellaron hace tan poco que aún necesita unos meses para acomodarse en botella. Y hablando de tiempo, hay que dárselo en la copa también para que se muestre Altamira. Se lo siente tenso, con textura y un sabor en boca entre frutado y láctico. El regusto que deja es una belleza.
Por su parte, el Altos Las Hormigas Apellation Gualtallary 2014 está a la par en calidad y concepto. Acá hay una gran expresión de aromas donde la fruta se percibe fresca. Donde se destaca es en las sensaciones que genera al beberlo. Un vino vibrante, con la famosa tiza a full y que sigue presente mucho tiempo una vez que se fue. Este y el anterior son vinos para obsesionarse con el terroir y descubrir sus secretos.


Las conclusiones de un “joven” catador

Las Hormigas es una bodega que se especializó en Malbec y lo sigue haciendo. La búsqueda es profundizar en el conocimiento de la cepa, su expresión e identidad. Tan es así que tienen un proyecto en conjunto con viticultores franceses de Cahors (el origen de nuestro querido Malbec) para trabajar en forma similar y retroalimentarse en el conocimiento y adaptación de la uva a distintos terruños.
El punto fuerte de estos vinos está “en la boca”, es decir en lo percibimos al beberlo. La línea conductora está dada por vinos vibrantes y frescos, donde los aromas no están tapados por una máscara de roble. Además, el estudio de suelos y la elaboración con baja intervención busca cuidar la expresión local por sobre un estilo globalizado.
Sinceramente, sus vinos me gustan cada vez más y creo que podemos verlos como una clara fotografía de lo vertiginoso de la industria vitivinícola argentina reciente: el cambio de paradigma, el respeto por el lugar de origen, la profundización de una identidad.


Notas relacionadas:
El Ángel del Vino: Altos las Hormigas - Cuando la tierra habla...
Nicolás Orsini Blog: Lo que se viene en Altos las Hormigas


viernes, 7 de abril de 2017

Vinarquía hace su vino: Etapa 1 - Molienda


Y sí, finalmente algún día tenía que ocurrir.  Tanto probar y escribir de vinos hacen que nos pique la tentación de querer hacer uno propio.
Ya hago mi cerveza (les debo la nota) y ahora le llegó el turno a mi vino.  Nunca pensándolo como un emprendimiento comercial, más bien como un hobby y las ganas de hacerlo uno mismo.  Si, más fácil es pagarle a un enólogo en Mendoza y que me venda un vino hecho, embotellarlo y después romperme los cuernos vendiéndolo.  Sin embargo, el placer de comprar tu propia uva, verlas fermentar, aprender algo que puedo hacer todos los años a una escala personal e incluso legar ese conocimiento y mantener viva una tradición  es lo que me motivó a hacer un vino casero.
Para que me den una mano (una gran y fundamental mano) recurrí a Juan y los Claudios de Hago Mi Vino.  Estos tres amigos elaboran vino desde hace más de 13 años siguiendo tradiciones familiares con el aporte  de un conocimiento actualizado, normas sanitarias más estrictas y respetando los procesos de elaboración.  Hace muchos años que están registrados en el INV como bodega casera y eso es un respaldo con el que muy pocos elaboradores cuentan.
Lo genial para quienes vivimos en la Ciudad de la Furia y sus alrededores es que la "bodega urbana" está ubicada en la localidad de Morón. La uva se adquiere muy cerca de allí, proveniente de General Alvear y San Rafael.

Sacando algunas hojas antes de la molienda

La propuesta de Hago Mi Vino es un curso integral donde te enseñan el paso a paso de la elaboración.  En seis clases de dos horas, que se reparten en un tiempo de ocho meses, uno aprende las distintas etapas que van desde la molienda y fermentación hasta el embotellado.  Cada alumno termina el curso con 60 botellas de su propio vino con etiqueta personalizada y todo.
El primer paso fue comprar la uva.  Y más difícil aún: elegir qué varietal elaborar.  Por un lado no contamos con el control del viñedo, como puede ser el caso de una bodega, por otro la cosecha 2017 en San Rafael viene algo dispar.  Hay viñedos que han sufrido por heladas o granizo y hay problemas de volumen.  A pesar de cierta merma se dio una buena maduración y el Cabernet Sauvignon y la Bonarda lograron gran calidad.
Finalmente me decidí por una cofermentación de 70% Cabernet Sauvignon y 30% de un Syrah del que me hubiera comprado un cajón para comer en casa de postre.  Potencialmente, el alcohol final será de 12.9°.

Cabernet Sauvignon

Una vez tomados ciertos datos iniciales dejamos descansar nuestro mosto y cruzamos los dedos esperando la fermentación.  La misma se hará con levaduras indígenas, es decir con la levadura natural que trae la uva.  La idea es conseguir algo natural, con la intervención justa.
En notas sucesivas les voy a ir contando cómo va el vino de Vinarquía.  Es un proceso que lleva su tiempo y ahí es cuando lamento que el curso no incluya una charla ¡para controlar la ansiedad!. 


Notas relacionadas:
El productor de vino casero
Recomendados del mes de octubre: Fondo de Azcuénaga Pinot Noir, elaborado por Hago Mi Vino
Web de Hago Mi Vino


martes, 4 de abril de 2017

Vinografía: Mantra Cane Cut Sauvignon Blanc


Precio sugerido al 1/3/2017: $220




miércoles, 29 de marzo de 2017

Vinos de famosos, aventuras y desventuras de celebrities entre viñedos

El actor Sam Neill con su Pinot Noir de Nueva Zelanda


¿En qué lugar se pueden dar cita sin pelearse Sting, Slayer y Andrea Bocelli? ¿En los Premios MTV? ¿En un recital de beneficencia? No, en una vinoteca.

Ya no sé si es que el vino está de moda o está atravesando una edad dorada, pero las celebridades y demás gente famosa no desdeñan la posibilidad de hacer negocio con su imagen. Es así como se asocian a bodegas o compran viñedos para producir sus propios vinos. Aunque se ha ralentizado un poco en los años más recientes, el fenómeno es tan grande que Wikipedia ya tiene su propio artículo sobre vinos de celebrities.
Algunas stars simplemente ponen su cara para acompañar un producto especial. Se hacen ediciones limitadas con su nombre y de esa manera se disparan las ventas. Es el caso de Carlos Santana y Bob Dylan o del cocinero Gordon Ramsay que prestan su imagen y nombre para acompañar un producto de edición especial.
También están aquellos que se involucran un poco más en el proceso de winemaking. Hay celebridades que vienen de familias con tradición vitivinícola, al menos eso dicen, como Francis Ford Coppola (sus vinos ahora se llaman Inglenook) o Andrea Bocelli y pretenden mantener viva la tradición con el empuje de su fama. Otros no arrastran una raigambre enológica pero son serios entusiastas y quién puede resistirse a tener su propia etiqueta. Entre ellos tenemos a la ex estrella porno Savanna Samson que hizo un vino con Roberto Cipresso que consiguió 91 puntos Parker; a Brad Pitt y Angelina Jolie que compraron viñedos en 2012 y no saben quién se los quedará ahora que anunciaron su divorcio; al rapero Jay Z que adquirió la marca de lujo Armand de Brignac a Champagne Cattier; a Gerard Depardieu que está involucrado con vinos franceses desde hace más de 30 años; o a David y Victoria Beckham que tienen viñedos para elaborar vinos de consumo personal.
Yo no voy a emitir juicios valorativos porque estoy lejos de probarlo, pero sí podemos decir que estos vinos de "famosos" tienen un par de características en común: mucho marketing, un vino correcto o un poco más, una buena etiqueta y el hecho de estar pagando un plus por ser la marca de una estrella del cine o el deporte. Sin embargo, muy pocos vinos consiguen volver a salir, terminan siendo un capricho o un negocio temporal.

Juanchi Baleiron y Marcelo Pelleritti

¿Quién se ha tomado todo el vino?
En el ámbito local no nos quedamos afuera de este fenómeno. Hace unos años Jorge Rial, gran aficionado al mundo del vino, lanzó Rocío Moreno en honor al nombre de sus hijas. Eran vinos muy buenos, pero no se los volvió a ver. Uno que apostó fuerte al tema es Marcelo Tinelli, quien además de los vinos y la bodega juega fuerte al desarrollo inmobiliario.
Sin embargo, a los que más les gusta el tema es a los músicos nacionales: Gustavo Santaolalla con su bodega Cielo y Tierra hace rato que cosecha premios; Pedro Aznar se sumó a Marcelo Pelleriti y lanzó Abremundos, una serie de vinos que recibió aclamación de la crítica y viene sumando añadas; Andrés Ciro Martínez (ex cantante de Los Piojos) lanzó un interesantísimo corte junto a Bodega Toneles que llamó Tonel 27, su número fetiche. En la larga lista de músicos locales que sucumbieron al sueño del vino propio están Juanchi Baleiron (Los Pericos) con su vino llamativo Malbecaster, Felipe Staiti (Los Enanitos Verdes) que tuvo una etiqueta con su nombre hace unos años o el consagrado Jaime Torres que hace poco presentó su Sumaj Tica.
El fenómeno del vino y el rock no es solo local, claro. Por ejemplo, entre las bandas de heavy metal internacionales hay tal furor que incluso ya hay páginas que solo venden vinos metaleros.


Dave Mustaine, cantante de Megadeth


Estrellas estrelladas
El vino es visto como glamour, arte embotellado, lujo, condensa aspiraciones y seduce. Los famosos se rodean y viven de eso, por eso se asocian a él como también a las marcas de ropa exclusivas y los perfumes. Sin embargo, colocar unas miles de botellas se ve fácil en los papeles y es un trabajo duro en la realidad. En un mercado saturado estos nombres ayudan a vender, pero no lo son todo. Se necesita una estructura de negocios más compleja que una cara bonita o una buena voz y si se falla en algo el retorno de la inversión es lento. Como no están en la industria resulta difícil arriesgarse a una nueva añada. ¿Será por eso que Susana Giménez, reconocida enófila, nunca sacó su propia línea de vinos?
Un estudio hecho recientemente sobre el mercado chino profundizó en el impacto de las celebridades a la hora de vender vino. Comprobaron que una cara famosa ayuda a crear simpatía (likability) por una marca, pero no cualquier cara transmite credibilidad y confianza (trustworthiness). En última instancia el enófilo se preguntará cuánto sabe o cuánto tiene para ofrecerme Drew Barrymore como para que yo compre su vino. Tener en cuenta el mercado al que se apunta es un factor clave.
Si los números están bien hechos, si se piensan las cosas en serio y se tienen en cuenta mil pequeños factores, no tiene por qué salir mal. Por ejemplo, la apuesta de la dupla Jolie-Pitt fue comprar Château Miraval, en Coteaux Varois, Provence, y contratar a un enólogo prestigioso como Marc Perrin para hacer un rosado típico de la zona. En 5 horas de anunciado su lanzamiento, es decir 5 horas después de la primer publicidad, habían vendido 6000 botellas solo en Gran Bretaña de su Château Miraval Rosé. Esperemos que el vino sea tan bueno como el marketing porque el costo del château fue de unos U$S 55 millones.
“Los ricos contratan a Michel Rolland porque se lo pueden permitir. Compran tecnología porque se lo pueden permitir. Compran tierras en zonas de moda porque se lo pueden permitir. Compran botellas que pesan tanto como el vino porque se lo pueden permitir. Compran estatus porque se lo pueden permitir. Su mundo consiste en ‘llevar una etiqueta’, igual que la gente lleva bolsos de Louis Vuitton impregnados de vinilo. Se puede comprar el cuerpo de un vino, pero no se puede comprar su alma.” Así de duro remata el tema la crítica Alice Feiring, una de las figuras más contestatarias del mundo del vino. No es la única que dice cosas así, aunque es de las pocas que se anima a contradecir a una estrella. Otro que les pegó duro fue el veterano winemaker californiano Stuart Smith dijo: “mi primer pensamiento sobre las celebridades que se involucran con el vino es que Dios les está diciendo que tienen demasiado dinero”.
Exclusividad, excentricidad, moda, snobismo, dinero, entre otros, son los factores que marcan el nicho de los vinos de famosos. Como pasa con todo negocio, hay a quienes les va bien y a quienes no. Hay un público (su público) que los apoya y un público que lo ve con horror, como si frivolizaran algo sagrado. El punto intermedio de la mesura es una buena guía para los consumidores: el nombre de un artista que admiro no garantiza un buen vino ni que al menos me guste. En un mercado inundado de etiquetas (imagínate lo que es la góndola de EE.UU.) parece un despropósito que se discuta tanto por el vino de un puñado de advenedizos, pero como decía Raúl Portal “un pelo de tele tira más que una yunta de bueyes”.


Ariel Rodríguez
nota para Pausa Magazine


jueves, 23 de marzo de 2017

5 etiquetas para descubrir el Cabernet Franc

Fuente: Pausa Magazine

El Malbec es el Malbec, pero los paladares inquietos andan buscando nuevas aventuras y el Cabernet Franc está de moda. A continuación reseñamos 5 etiquetas y 5 rangos de precios para que descubras (o profundices) la cepa.
El origen de esta uva es francés y allí se lo suele destinar para acompañar el clásico corte bordelés de Cabernet Sauvignon y Merlot. De hecho el Franc es el padre de ambas cepas y también del Carménère.
Es un poco menos potente que su hijo Cabernet Sauvignon y de un perfil de aromas frutado que recuerdan a las grosellas y frambuesas. Suele dar también particulares aromas herbales y de especias como el tomillo.
En nuestro país se lo destino siempre a un segundo lugar, acompañando los cortes para aportar complejidad. Sin embargo, esta uva tiene una gran plasticidad que le permite expresarse y adaptarse muy bien a terroirs diferentes. De a poco lo fuimos entendiendo y empezaron a aparecer Francs elegantes y de interesante textura. Su estilo más austero marcó un contrapunto con el Malbec goloso y la cepa “explotó” entre los enófilos de nuestro país, en especial cuando llegaron los grandes premios internacionales.

Desierto 25 Cabernet Franc 2014. Este vino proviene de la única bodega productiva de La Pampa, sobre el margen norte del Río Colorado. Es un Franc de carácter que demuestra lo bien que se da la cepa en climas fríos. Aquí vas a encontrar aromas intensos que tiran para el lado de las especias y las hierbas, ideal para los que buscan potencia sin llegar a la rusticidad.

Casa Boher Cabernet Franc 2015. Este vino le compite de igual a igual a otros de mayor rango de precios por lo que su RPC es increíble. Se destaca por sus aromas complejos y distinguidos que te van a entretener un largo rato si sos de los que gustan detenerse en ese aspecto. Esa nariz va de la mano de un vino de buena intensidad en boca que acompañará a la perfección carnes asadas o quesos duros.

Las Perdices Ala Colorada Cabernet Franc 2012. Un fiel representante del estilo de la bodega: vinos rotundos, bien hechos, de sensaciones marcadas, en cierto modo clásicos, pero sin caer en lo anticuado. Sus aromas muestran muy bien el perfil del varietal y tienden hacia la fruta negra y cerezas, pimientos y notas herbales. Un vino robusto, bien balanceado e intenso con 12 meses de crianza en barricas francesas nuevas.

Salentein Numina Cabernet Franc 2013. Como decíamos, al Cabernet Franc le sienta bien el frío y este de Salentein se cultiva a 1100 metros de altura en el Valle de Uco. Tras 14 meses de crianza se obtiene un vino elegante, lleno de sutilezas y fruta. Su estilo va para el lado de vinos más delgados, de acidez vibrante e interesante textura. Siempre da qué hablar.

Gran Enemigo SV Gualtallary Cabernet Franc 2012. Esta es “la bestia” de los vinos argentinos. En todas sus añadas ha sacado 97 y 98 puntos de los más grandes críticos internacionales. La uva se obtiene en cuatro momentos de cosecha distintos y se cría durante 7 meses en foudres de madera usada para que no sea invasiva. El resultado es un vino increíble, de textura intraducible y complejidad aromática. Uno de los mejores tintos argentinos, para darse el gran gusto.


Ariel Rodríguez
nota para Pausa Magazine