martes, 26 de mayo de 2015

3 vinos al toque

Hasta diciembre del año pasado existió una sección en el blog que era 3 vinos al toque donde comentaba 3 vinos de forma breve sin preocuparme por contar una historia y sin profundizar en aspectos técnicos.  Decidí reflotar la sección ya que vengo tomando vinos muy interesantes que quiero recomendar y cada vez encuentro menos tiempo para escribir así que con notas breves puedo hablar de más etiquetas.
Los vinos comentados en esta sección tienen siempre un hilo conductor y en este caso la idea cayó sobre vinos que impresionan por su gran balance y todo lo que transmiten al paladar.


Cara Sur Bonarda 2014.  Un vino algo experimental de Barreal, San Juan, surgido de la mente de Francisco Bugallo y Sebastian Zuccardi.  Directo de aromas donde abunda una agradable fruta roja fresca, algo de higos y flores.  Su fuerte está en la boca, donde se aparta del Bonarda voluminoso y se torna más lineal, recorriendo el centro de la lengua.  Su sabor no es tanto frutado sino más bien mineral.  Es más extremo que la añada 2013 y esa característica extrema aparece al beberlo.  Es increíble como este vino es simple y a la vez difícil de describir.

Pajarito Amichu 2013.  En este caso estamos ante el proyecto personal del enólogo Sergio Case.  Hace solo 1300 botellas, tan buenas y tan pocas que las añadas anteriores se me escaparon ¡pero esta no!  Le pedí a Mr Wines que me la guarde apenas llegue.  El Pajarito es un complejo blend con mayoría de Malbec y el resto una cofermentación de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Viognier.  El resultado es un vino complejo de aromas, con mucha fruta madura.  Su fuerte está en las sensaciones que transmite al beberlo, equilibrado, aterciopelado, de agradable acidez y largo final.  Un vino espectacular, puro disfrute.

Domingo Molina Cabernet Sauvignon 2011.  A este me lo traje de mi viaje a Cafayate a fines del año pasado y me moría de ganas de probarlo.  Sus aromas son bien del NOA, especiado al frente, pimentón y morrón contra un fondo de fruta roja.  Esperábamos un vino potente (mi señora temblaba) y lo tuvimos, aunque sin que sea incómodo.  Es claramente un vino bien trabajado, con un gran balance y un largo final.  Exquisito con las empanadas en la terraza que nos permitió este verano tardío que ya se va.




martes, 19 de mayo de 2015

Paladar + Krontiras = noche de inspiración griega


Como muchos de los proyectos buenos, Ivana y Pablo empezaron a abrir el living de su casa a invitados sin muchas pretensiones. Nunca se imaginaron que estaban creando uno de los restaurantes a puertas cerradas más celebrados de Buenos Aires. Por supuesto que las cosas no son así de sencillas, proyectos con buenas intenciones hay miles, pero si se le suma gran calidad en el producto final, buena onda y formación sólida de sus miembros el éxito está bastante más cerca. En Paladar Buenos Aires se suma todo eso. Cuando recibís invitados a comer en casa tenés que hacer el mejor plato posible y es lo que busca Pablo Abramovsky, agasajar a sus invitados. La otra pata de la buena mesa la aporta la sommelier Ivana Pinar quien busca el vino que combine a la perfección.
Pudimos disfrutar del menú de marzo pasado que consistía de una serie de platos de inspiración griega que eran acompañados de los vinos de Bodegas Krontiras. La bodega pertenece al griego Constantino Krontiras quien vio el gran potencial vitivinícola y decidió invertir en el país de su esposa Silvina y homenajearla en cada etiqueta de sus vinos. Tienen 10 hectáreas de viñedos de más de 80 años en Luján de Cuyo y 18 hectáreas jóvenes en Maipú, se especializan en Malbec y el manejo del viñedo es biodinámico. Había probado alguno de sus vinos de forma casual y la curiosidad me ganaba.
El menú de Paladar es fijo, con posibilidad de cambios que se adaptan a comensales vegetarianos, por ejemplo. Arrancamos con un cóctel de entrada tipo spritz acompañado por un aperitivo de Croqueta frita de garbanzos y especias con salsa de yogurt y pepinos que te hacían pasar el rato mientras esperábamos los platos. El ambiente super íntimo del lugar no hace que la espera sea larga (que no lo es) si uno está acompañado junto a quien aprecia.


La entrada era una Sopa tibia de maíz y puerro, limas, langostinos sellados y crocante de manteca, una hermosura para disfrutar todo el otoño, pero muy difícil de combinar con vino. La sopa siempre es complicada con el vino, hay que pensar en su textura, en su temperatura, en su sabor y en qué vino puede ir bien ahí. Todo un problema que Ivana resolvió con el Doña Silvina Rosado de Malbec 2014 a la perfección. Sus aromas y sabores super frutados, más su cuerpo y textura acompañaron de maravillas a la sopa. La temperatura y frescura del vino iban muy bien con los sabores y el toque picantito de los langostinos.
Con el plato principal, que era Gigot de cordero braseado y costillas de cordero al grill, tuvimos la suerte de poder disfrutar de los dos Malbec de Doña Silvina. Primero el Doña Silvina Malbec 2012 un vino juvenil como nos acostumbra Krontiras, de gran equilibrio en boca y donde manda la fruta roja y algunos detalles aromáticos de higo y vainilla. Los 12 meses de barrica le aportan estructura sin disfrazar el vino y nos permitió otro gran maridaje con el cordero. La compleja ensalada que acompañaba al plato principal era a base de berenjenas, morrones asados, zuchinis, frutos secos y queso feta, todo aderezado con una salsa de sésamo, menta y limón. Esto último no va bien con cualquier vino, pero este Malbec salió muy bien parado. Un gran vino gastronómico.


Promediando el plato principal nos sirvieron una copa del Doña Silvina Malbec Reserva 2008 y querías cerrar la noche ahí. Un vino que tomado con calma y permitiéndolo oxigenarse es espectacular. Sus aromas complejos, producto de la larga crianza, como el humo, el cuero, el sutil chocolate, la fruta y las flores maduras lo vuelven un deleite para la nariz. Al beberlo no desentonó con lo que quedaba del plato principal, todavía conserva firmeza y frescura. Su larguísimo final lo vuelve ideal para la sobremesa y disfrutar extensamente.
Para los postres nos esperaba una sorpresa que me la hubiera perdido si me hubiese dejado llevar por el prejuicio. Primero hubo un prepostre de Caramelo helado de Ouzo y naranjas que nos limpió el paladar y nos preparó para el postre de Rolls crujientes de manzana, peras y dátiles, sabayón de mandarinas, helado de cardamomo y miel. Pablo es un especialista en repostería y lo bien que se nota en el desparpajo de este último plato. Para acompañarlo Ivana eligió Doña Silvina Grappa, que si hubiera ganado mi prejuicio hacia la Grappa no hubiera probado. Pero me gusta dejarme llevar por la propuesta de los chefs y otra vez me llevé una hermosa sorpresa, es la mejor Grappa que he probado. Su sabor, su textura y su aroma no se parecen a ninguna otra que conozca y me dan ganas de continuar buscando cosas así.


Me gusta conocer lugares como Paladar donde cada plato está pensado al detalle y donde el vino es el acompañamiento perfecto. La clave es la armonía y el buen gusto y creo que aquí lo han logrado con diversidad de texturas y sabores. Además la noche fue un grato reencuentro con los vinos de Krontiras, todos de excelente factura, agradables y que dejan contentos a consumidores nóveles o experimentados.
Casi al cierre de esta nota pude disfrutar de toda la línea de los vinos de Bodegas Krontiras y confirmar mis impresiones de la cena en Paladar. Pero eso se los cuento en la revista, que ya está casi lista.




viernes, 8 de mayo de 2015

Corre, Nina, corre


Desde hace unos años a esta parte, las Bodegas San Huberto vienen relanzando con constancia y trabajo sostenido sus diferentes líneas de vinos. Empezaron con la línea Joven, con una importante campaña publicitaria y de presencia en restaurantes, y siguieron con las líneas Roble y Cabo de Hornos, trabajando en forma similar pero acorde al producto. Ahora le llegó el turno a Nina, su línea premium, y pudimos probar todas sus etiquetas junto a Leonardo Spadone, presidente de la bodega.
Mientras íbamos probando los distintos vinos, Leonardo nos habló sobre la actualidad de la bodega y nos puso al tanto de nuevos proyectos. Empresarios desde la cuna, los Spadone no dejan de crecer, de innovar y de planificar a futuro. Así pasaron de medio centenar de hectáreas en La Rioja en 1999 a algo más de 300 repartidas entre tres bodegas: la original de Aminga, La Rioja; la ex bodega Picolini en Vistalba, Luján de Cuyo; y una de extramuros en Huailai, China. Esto último, que personalmente desconocía aunque ya están allí desde hace 10 años, los pone entre las bodegas argentinas pioneras en plantar un pie en China y con potencial verdadero de expansión allí. Por eso también están entre las 10 mejores bodegas exportadoras a China; su conocimiento de las vueltas y códigos del mercado asiático les otorgan una posición envidiada por muchos.
Además de volver a probar los tintos de Nina la cata contaba con la particularidad de que se presentaban también algunas novedades que amplían la línea. Fuimos recibidos por uno de los vinos que se estrenaban: Nina Extra Brut, un rico espumoso hecho por el método Charmat con una composición de 60% Chardonnay, 30% Torrontés Riojano y 10% Sauvignon Blanc. El resultado es un vino agradable y de intensos aromas frutados con un estilo que va a gustar a un público amplio por su entrada apenas dulce y buen equilibrio.
Luego pasamos a lo que siempre fue el plato fuerte de la bodega: los tintos. Arrancamos por el Nina Blend 2011, un trivarietal 50% Petit Verdot, 30% Cabernet Sauvignon y 20% Malbec con 12 meses de crianza en barricas. Si bien todos los vinos de San Huberto se destacan por su muy buena Relación Precio/Calidad, este siempre fue un gran valor entre los vinos de alta gama. Hay una nota enterrada en este blog donde se destaca lo mismo, un vino que impacta de entrada con sus agradables aromas y se reafirma con sensaciones amenas que invitan a continuar.
En un diálogo relajado, lleno de pequeñas perlitas de la vitivinicultura argentina, fuimos probando y maridando los vinos con los ricos platos que preparan en Elena, uno de los restaurantes del Hotel Four Seasons. Como estábamos en un sector íntimo, con poca iluminación fue imposible tomar una foto decente, así que esta nota va ilustrada con fotos de la bodega.
La posta del Blend la tomó el Nina Cabernet Malbec 2011, un clásico corte casi mitad y mitad. Este vino apunta al estilo “potente”, donde a los frutos rojos del Malbec se unen a las especias del Cabernet Sauvignon. En nariz es muy divertido poder reconocer el aporte de ambos varietales y en boca su intensidad nos deja un gran final.
Tras estos vinos llegó el turno de los más top, una selección de lo mejor de la bodega: Nina Gran Petit Verdot 2009 y Nina Gran Malbec 2012, este último proveniente de Mendoza. Hay aquí una vinificación más cuidada, barricas de primer uso y cortes más precisos a la hora de hacer el vino final.
El Nina Gran Malbec 2012 tiene un claro rasgo frutado, complejo y con toques de vainilla y chocolate. Con su perfil intenso y herbal no es mi estilo de Malbec, aunque debemos reconocer que un poco más de guarda no le sentará nada mal.
Leonardo Spadone nos contaba que cuando compraron la bodega había una pequeña parcela de Petit Verdot que iba a ser destinada a cortes, como típicamente se hace en Francia. Sin embargo, cuando el enólogo Juan Banno y Mauricio Lorca, su asesor, vieron los vinos que de allí surgían decidieron embotellarlo como varietal. Así, casi de casualidad, nació el Nina Gran Petit Verdot uno de los primeros vinos Premium de este varietal en nuestro país y una referencia obligada para los amantes de la cepa. En esta ocasión probamos un 2009 y nos sorprendió su tersura y la complejidad de aromas. Un vino para disfrutar ahora o guardar que puede evolucionar de maravillas. Se llevó todos los aplausos.
A la hora de los postres, cuando suele complicarse la cosa con algunos tintos, llegó la hora de la otra sorpresa: Nina Moscato Giallo Dulce Natural 2013. La Moscato Giallo pertenece a la familia de las Moscatel y es típica del norte de Italia donde se la destina principalmente a la elaboración de passito, un vino de postre. En el caso del Nina estamos ante un vino dulce natural donde no se exagera con el azúcar, lo que gustó porque no satura el paladar a la hora de los postres. Sus aromas y sabores frutados lo vuelven un acompañante ideal de la sobremesa, muy rico y equilibrado.

Hace rato que Nina viene corriendo. De a poco va expandiendo sus brazos para mostrar todas las posibilidades de una línea más amplia y ahora puede abarcar una comida de punta a punta. Hace tiempo que viene corriendo por China y vuelve con impulso renovado a recorrer y afianzarse en el mercado local. Lo tiene todo para lograrlo, volumen, calidad, proyección y buenos precios; así que corre, Nina, corre.



viernes, 1 de mayo de 2015

Foto del Mes - ¡Feliz Día del Trabajador!

Hoy es el Día del Trabajador y no podía dejar de saludar a los lectores de Vinarquía que todos los días salen a ganarse el pan.  Preferí retrasar un día la Foto del Mes (que sale el último día) para que coincida con tan orgullosa fecha y qué mejor que honrarla con algunas postales de la vendimia 2015.  En algunos lugares viene complicada, pero ha sido retratada como nunca por sus hacedores gracias a las redes sociales y quisiera compartir alguno de esos instantes.  Porque hay un descriptor del vino que nadie menciona y que está siempre flotando como fondo en nuestra copa: el sabor del trabajo.

Romina Carparelli de Bodega Margot vendimiando y a punto de ser madre

Luigi Bosca fue sacando postales muy interesantes de su vendimia 

Jeff Mausbach de Manos Negras descubando Malbec

Alejandro Vigil, descubando y nadando entre uvas

Otra hermosa postal de Alejandro Vigil de Catena Zapata

Bonarda para la línea Eggo de los hermanos Michellini

Matias Michellini prensando uvas

Belleza desde Salta




miércoles, 29 de abril de 2015

¿Sacralización o una perspectiva actual del vino?

Obladee Wine Bar, Halifax por Gavin Langille

Un año atrás el prestigioso enólogo Ángel Mendoza publicó un artículo en el Diario Los Andes donde fustigaba tendencias actuales sobre la comercialización del vino. Hace unos días, el mismo diario volvió a publicar esa nota y cuando terminé de leerla, me quedaron haciendo ruido algunas de las ideas que vierte. Lo que dice no está errado, lo que está errado es el enfoque.
En el artículo de Mendoza se hace una muy acertada descripción de las prácticas de comercialización modernas y cómo se relacionan los enólogos y bodegas con el consumidor. Lo que dice el autor es correcto, sin embargo su indignación es lo que me parece que no corresponde.
Tenemos que coincidir con que en las últimas décadas en Argentina ha descendido “el consumo de vinos ordinarios” y crecido una premiumización de la industria, es decir productos de alta calidad, innovadores, más caros y exclusivos. Esa tendencia de vino para unos pocos, que siempre lo hubo y que salen de las bodegas con cuentagotas, generó una subida de precios general y el surgimiento de nuevas escalas de calidad y público. El vino fue perdiendo su lugar de privilegio en la mesa diaria corrido por otras bebidas y seguirá pasando. Pero ha dado lugar a un salto de calidad enorme en vinos que el consumidor promedio puede pagar y disfrutar lejos de snobismos. Si no se hubiera producido ese cambio este blog no existiría. Si la industria vitivinícola hubiera seguido el viejo camino y si no se hubiera abierto a las prácticas modernas no me hubiera interesado tanto el mundo del vino y quizás a usted tampoco.
El principal error en el planteo de Ángel Mendoza es que conoce, pero no respeta, al consumidor actual. La generación de jóvenes nacidos entre las décadas del 80 y 90, los llamados millennials o Generación Y busca todo lo que el autor crítica: hedonismo, vínculo con el hacedor, valor agregado. Se equivoca al subestimarlos y tildarlos de “creyentes”, fanáticos que no pueden hacer uso de razón sino que se mueven por la mística. A grandes rasgos, la generación de jóvenes consumidores no sigue ciegamente a una marca (en este caso bodega o enólogo) sino que está comprobado que arriesgan más que las generaciones anteriores, tradicionalmente atadas a un puñado de etiquetas. El consumidor joven (el que está y el que sigue) lo prueba todo, arriesga con cosas distintas. Así se explica que haya tanta oferta en la góndola y que todos vendan. Sus hábitos de consumo sobrepasan a su cohorte y se convierten en tendencias de mercado que traspasa las edades.
Son clientes, pero clientes distintos, muy conectados. Y de las redes sociales les llegan las recomendaciones y comentarios del mundo entero. Esa misma tecnología los conectó con los enólogos y es bien sabido que las generaciones actuales se relacionan mejor con una cara visible que con un logo que les lanza publicidad constantemente y no les contesta desde Facebook. Pueden establecer un lazo, preguntar y compartir con quien hace ese vino lleno de la poesía y la historia del mundo.
Para muestra bastan un par de clicks. Vayan a Twitter y fíjense quién tiene más seguidores ¿Alejandro Vigil o Catena Zapata? ¿Daniel Pi, Sergio Casé o Trapiche? ¿Marcelo Pelleriti o Monteviejo? Y eso que los enólogos no pagan para tener más seguidores. ¿Qué importa si tienen aires de vedetismo? Si al consumidor le contestan y tampoco espera que sea su amigo más allá de la virtualidad.
El paradigma está cambiando y al que no se entere se le viene la posmodernidad encima. Lo podemos ver fuera de la industria del vino y así se entiende como Coca-Cola, Kellogs, Sony o McDonald’s cada vez ganan menos y Facebook o Apple crecieron enormemente de la mano de sus caras visibles.
El consumidor actual ve al vino como una pieza de cierta alquimia que puede tomarse como cercano a una obra de arte en tanto las sensaciones que transmite van más allá de la simpleza de otros alimentos. El vino nunca dejó de ser algo sublime, y ¿cuál es el problema de que alguien lo viva así?
Por supuesto que está el piripipí, como decía Brascó. O sea, el chamuyo. Pero no creo que el consumidor se crea todos los chamuyos. El dedo de Ángel Mendoza señala mucho de ese chamuyo, pero mezcla algunas técnicas y tendencias actuales en las que el consumidor confía. Algunas son técnicas en desarrollo o búsquedas de la enología que está explorando cosas nuevas, de las que se puede desconfiar, pero no clasificar en la categoría de los falsedades. Otras, como lo biodinámico u orgánico, también son búsquedas válidas. Hay un público al que le interesa y le parece acertado, pero no es el mayoritario y ese tipo de bodegas sigue siendo un grupo muy reducido. Hablar de tendencias o técnicas que todavía no están del todo demostradas o que al consumidor lo satisfacen, como una certificación orgánica, no me parece más deshonesto que los vinos de antes (y algunos quedan) que en sus etiquetas decían Chablis, Borgoña o Champagne.
No creo que estemos sacralizando el vino ni creo que esté mal que el enólogo se haya “transformado en el vendedor más creíble de la cadena de valor vitivinícola”. Me parece que son las reglas del mercado actual y cómo el público se relaciona con las marcas. No veo ningún problema en ello, ni en que sea el enólogo la cara visible de un proyecto. La crítica a veces exagera sus virtudes y capacidades, pero eso se encarga de limpiarlo el tiempo.


lunes, 27 de abril de 2015

Ángel Negro: a la caza del paladar joven

Como decíamos en notas anteriores, el avance de los vinos dulces es arrollador y sostenido. Tanto en el mercado interno como en el externo algunas variedades y estilos de vinos han crecido junto al público joven que busca la calidad de un buen vino, pero con las características festivas y de dulzura propias de la época. No tengo más pruebas que la observación directa, pero el vino dulce en “la previa” es algo que se ve cada vez más. Y también en las barras de tragos.
Yo, alejado de la onda bolichera y de la previa, consumí, en el contexto más hogareño, dos vinos que claramente podemos ubicar en esta tendencia. El alargue del verano que estamos viviendo brindó el clima propicio para jugar al barman.


Ángel Negro es una bodega que nació en 2013 en San Juan buscando copar ese nicho del que hablábamos y están haciendo un gran trabajo de comunicación para lograrlo. Por ahora tienen dos vinos: Ángel Negro Moscatel de Alejandría Dulce Natural y Ángel Negro Moscato.
La Moscatel de Alejandría es la madre (¿o el padre?) de nuestro Torrontés. Según algunos expertos como Jancis Robinson es una “vid antigua” y con el mérito de ser una de las pocas que persisten sin modificar genéticamente. Su elevada concentración de azúcar y aromas intensos la vuelven ideal para elaborar vinos dulces, algo que se hace desde la antigüedad en el Mediterráneo, donde fuera reina. Hasta hace unos años ocupaba un lugar más humilde, de vinos de poca calidad, pasas de uva y destilados, pero últimamente ha tenido un repunte, sobre todo de la mano de los consumidores de EE.UU. donde va ganando adeptos entre el público joven.
Por su parte, Ángel Negro Moscatel de Alejandría Dulce Natural no oculta su esencia, muestra un perfil muy aromático con una amalgama de frutos tropicales, durazno y ese aroma dulzón tan particular de la Moscatel. Al beberlo percibimos sabores que recuerdan al ananá bien dulce y el durazno. Su dulzura se muestra bien balanceada y nos dejó un largo regusto. El contraste con el sushi resultó muy interesante y también acompañó muy bien unos brownies.

El Moscato es un vino generoso. A la base de Moscatel (no solo de Alejandría, sino que hay otros varietales) se le agrega alcohol vínico y mosto concentrado para lograr la graduación de alcohol y azúcar deseadas. Nuestro país tiene una larga tradición de Moscato que viene levantando cabeza seriamente luego de un período de decadencia.
La propuesta de Ángel Negro se aparta bastante del estilo de Moscato tan consumido en el país junto a pizza y fainá. El Ángel Negro Moscato tiene bajo alcohol y no tanta concentración de azúcar como los clásicos. Sus aromas dulces recuerdan a la fruta y flores muy maduras. No empalaga y transmite una sensación que yo diría “masculina” al beberlo. Como decía unas líneas antes se aparta del estilo tradicional, porque no busca la clásica asociación pizzera sino “la evolución del Moscato”, tal como rezan sus creativas publicidades. Esa evolución no vendría de la mano del maridaje sino de la coctelería. La propuesta de la bodega sanjuanina apunta a cócteles divertidos y fáciles de hacer, ideal para “jugar” con amigos o armar una carta de tragos. Se pueden consultar en su web, desde donde incluso se pueden comprar los productos.
Al cierre de esta nota, me llega un mail donde nos cuentan que Ángel Negro Moscatel de Alejandría acaba de ganar una medalla de oro en el 9º Concurso Mundial de Vinos Féminalise 2015. Desde este espacio les enviamos nuestras felicitaciones por el logro.



lunes, 20 de abril de 2015

Espumoso dulce a super precio


El mercado de los espumosos dulces (se dice espumoso, no espumante, porque tiene espuma, no la produce) viene creciendo a ritmo acelerado.  La tendencia se ha marcado fuertemente en el último año y muchas bodegas salieron a ofrecer su propia etiqueta dulce.  Hay una buena porción del mercado, en especial el público joven, que los prefiere así.  Personalmente, o ya no formo parte del público joven o mi decisión de consumir menos azúcar me aleja un poco de este estilo.  Aunque con un postre, me pueden convencer.
Y así fue.  Como postre y con motivos de brindis abrimos un Colón Sparkling Wine Dulce, un espumoso del rango de los $40 que ofrece mucho más de lo que esperaba.  Según la web de la bodega se hace a base de un 50% Chenin, 25% Torrontés y 25% Sauvignon Blanc provenientes de San Rafael, una combinación bastante poco usual y que para mí lo vuelve más atractivo.  Sus aromas son directos, durazno y toques cítricos.  Se puede diferenciar claramente la uva Chenin.  Al beberlo se siente prolijo, agradable y bastante largo.  Por supuesto, es dulce, pero sin llegar a ser cansador.
Hace unos meses un amigo de Vinarquía me recomendaba el Colón Tempranillo por su excelente RPC y no pude dejar de mencionarlo.  Hoy, otra vez la bodega me vuelve a mostrar su capacidad de hacer buenos vinos a precios accesibles por todos.  Ahora que el dinero parece rendir cada vez menos, habrá que seguir echándoles el ojo.
Me parece que es una buena opción para quien gusta de los espumosos dulces y me parece bien también como aperitivo o como copa de recepción mientras se espera la llegada de invitados.
El público femenino de la casa elogió su equilibrio y fue ideal para que mi cuñada no le tenga que meter speed y a mí me dé el surmenage.