viernes, 20 de septiembre de 2019

Mendoza Tour 2019 – Día 1 – Casa Tano

Mendoza se convirtió para mí en uno de esos destinos sagrados a los que todo fiel debe peregrinar alguna vez en su vida. Cumplí bastante, porque he recorrido buena parte de la Tierra Santa del vino argentino más de una vez. Sin embargo, cada año me pica el bichito de querer volver. Puedo trocarlo por Salta o algunos destinos vitivinícolas que no conozco, pero Mendoza tira. Así que con la excusa de asistir nuevamente a la Premium Tasting (una de las mayores catas que se hacen en Mendoza), junto a varios integrantes de Argentina Wine Bloggers le agregamos unos días a la agenda oficial para recorrer bodegas.
Después de nuestra jornada laboral, buena parte del grupo se subió al avión y llegamos a El Plumerillo pasadas las 19 hs. Íbamos con una agenda pensada por la mente siniestra de Francisco de Logia Petit Verdot como para aprovechar cada momento del viaje, aunque sin la locura de meter más de dos bodegas/eventos por día. Ya lo hicimos así alguna vez y está bien, pero vale la pena relajar y extender las charlas. Nuestro primer día no iba a ser la excepción, así que apenas llegados nos esperaban con un asado y mucho vino de pequeños productores.


El punto de encuentro era Casa Tano, un antiguo taller mecánico devenido en bodega urbana. A la cabeza de este peculiar proyecto se encuentran Lucas Richardi (proveniente de una familia de prestigiosos enólogos y enólogo él también, en Sposato Family Vineyards), Cristian Santos, Santiago Diez y Luca Aguilera. Entre los cuatro dan vida a esta bodega artesanal de Godoy Cruz que no cuenta con viñedos propios, pero compra uva de los mejores lugares de Mendoza para hacer su vino y barricas personalizadas para terceros. Abrimos botellas y probamos barricas de todo tipo y puedo asegurar que los vinos están más que bien y se venden a buen precio. ¡Incluso cuentan con un sector champañero para elaborar espumosos con el método rural o ancestral de una única fermentación en botella!
El lugar es tan dinámico que nos contaron las mil cosas que hacían: tapeos y menú del día, clases de elaboración de vinos, venta por botella y por copa, vinos personalizados para grupos de amigos, recitales y eventos culturales bajo su lema “Vino por el arte”, etc. Claramente no hay más límites que el que ellos quieran ponerle y ese ámbito dinámico atrae público de todo tipo.
El concepto me enamoró. Pibes jóvenes, haciendo buen vino en un lugar descontracturado y en medio de la ciudad, con la posibilidad de tomar algo al paso o llevar una botella para la cena. Cuando veo el crecimiento de bares y cervecerías, me pregunto por qué el vino no puede replicar algo así. Cómo puede crearse un espacio de vinos lejos de solemnidades y que, sin perder su esencia y peso cultural, sea algo moderno. Casa Tano es una posibilidad concreta.


Productores amigos

Además de Casa Tano en sí, la juntada era un excusa para catar vinos de alta calidad de pequeños productores.


BeBa Vinos. BeBa es un corte de Malbec y Bonarda elaborado entre Matt Berrondo y Pablo Bassin, quienes se conocieron cuando trabajaban juntos en Bodega Toneles. Básicamente, un vino joven, directo, con un estilo gustador y un precio pensado para volver a atraer a los consumidores ($180 por botella o $1000 por caja). El nombre es la suma de los dos apellidos, por eso en la nueva etiqueta lo definen como un “blend de personas”, buenas y apasionadas personas. Al cierre de esta nota ya tenían su primera partida totalmente vendida y buscando fraccionar una nueva añada.


Pacto Wines. A la cabeza de este proyecto está Rodolfo Dhuin, flamante enólogo Bodega y Cavas de Weinert. Su lema es “pacta sunt servanta”, un principio del derecho romano que significa que los pactos deben ser honrados y refiere al pacto que tiene con su socio y con un principio de elaboración a mano, involucrados en cada detalle. Probamos el Pacto Malbec 2018 que, como en un pacto, incluye un pequeño porcentaje de Bonarda de Tupungato y es una explosión de fruta como la ciruela y la frambuesa. Redondito, joven, con personalidad y a buen precio.


Khaliméra Wines. Detrás de la etiqueta de increíble diseño hay un Malbec de la zona límite entre El Cepillo y Altamira, elaborado en forma clásica y con una breve crianza de 6 meses en barricas francesas nuevas. Han cuidado cada detalle y su nombre significa "buenos días" en griego, que es el deseo de estos productores para quien pruebe su vino.  La idea no es hacer algo extremo sino que guste, por eso antes del embotellado se le agregan unas nanoproteínas de origen natural que lo vuelven muy amable al paladar, dando como resultado un vino muy balanceado, redondo y de altísima “chupabilidad”.


Malajunta Wines. Ya había probado los vinos de Malajunta en varias oportunidades y, aunque los comenté en las redes, todavía no había podido escribir nada de ellos por aquí. Aquella noche presentaron una de sus novedades: Perdona y Olvida Merlot, un corte de añadas 2017, 2018 y 2019 de Los Árboles, al límite con Gualtallary. Tiene un perfil más clásico que sus Malajunta, con mayor madurez, cuerpo y una complejidad lograda al combinar añadas y crianzas distintas. Un Merlot que los amantes de la cepa deben probar y esperar en la copa o decanter.
La línea Perdona y Olvida incluye también un Pinot Noir y un Ancelotta.

Unas últimas palabras

Al margen de que me encantan esos proyectos pequeños, el marco sumaba para mostrarnos con humildad el esfuerzo y el trabajo de cientos de emprendedores. Después vendrían en la semana los altos puntajes, la arquitectura monumental y los grandes nombres que a veces te impiden ver este otro lado. Para mí, este comienzo fue un gran punto de partida para el viaje.



Nota sobre Casa Tano en El Ángel del Vino: 



viernes, 6 de septiembre de 2019

Nadie bebe dos veces el mismo vino


En “El sueños de los héroes”, una de las mejores novelas de Adolfo Bioy Casares, se narra la historia de Emilio Gauna, quien gana una buena suma en el hipódromo y decide gastársela en tres días de farra en los carnavales de 1924. Gauna termina despertándose en los lagos de Palermo con más dudas que certezas y su memoria alcoholizada solo guarda retazos de esas noches con amigos en el Armenonville, uno de los cabarets más lujosos de la época.
Tres años después, ya casado y alejado de su vida de malevo, vuelve a ganar dinero con los caballos y decide repetir aquellos “días locos”. Íntimamente quiere reconstruir al detalle todo lo vivido para llegar a la noche última que lo obsesiona desde hace tres años. El final es fantástico (en el sentido de género y de valoración de la obra), pero no voy a contarlo. Lo que me interesa es la sensación que tiene Gauna de que a pesar del esfuerzo no se puede volver a lo vivido tres años atrás, la ciudad ha cambiado, él y los otros ya no son como antes y, sobre todo, su percepción de los otros es completamente diferente.
Hace poco terminé de releerlo y me puse a pensar en cómo la experiencia cambia las percepciones que tenemos. Y llevándolo al tema vinos esto es bastante evidente, al menos para mí (y otros tantos como yo, tal vez vos) que me “tomo” la cosa en serio, estudiando, catando y aprendiendo con cada copa. Aquel vino favorito de hace unos años, ese que fuera nuestro caballito de batalla, ya no es lo mismo hoy. ¿Qué ha pasado en este tiempo? Nuestro paladar ha cambiado y las tendencias del vino argentino también.

Nosotros
Nuestro paladar va cambiando, es un hecho. Piensen en cuánta cosas que no nos gustaban de niños/jóvenes nos fascinan de adultos. Con respecto al vino evolucionamos como catadores y la razón es que el vino es un gusto adquirido, cultural. Lo dulce, por ejemplo, nos gusta desde la cuna, es un gusto innato y que nos agrada. Lo amargo como el café o los ácidos más intensos son gustos que incorporamos a medida que crecemos. “La apreciación del vino es un gusto adquirido”, explica la enóloga chilena Adriana Cerón, “requiere ir probando y entrenándose hasta que su aroma y su sabor se hagan familiares. En este sentido hay un camino lógico que es iniciarse en el consumo con vinos que impongan menos desafíos, con acidez moderada en el caso de los blancos y muy suaves en el paladar en el caso de los tintos”.
A medida que crecemos como consumidores vamos dejando de caer en la trampa de lo dulce y disfrutando la parte “difícil” del vino: descubrir aromas ocultos, disfrutar de la acidez vibrante de algunos, prestar atención a las texturas, reconocer varietales y formas de vinificación. A veces nos lleva a pensar que los vinos deben contenerlo todo, ser difíciles, y ahí nos equivocamos, porque nada es malo sino que es diferente y válido en sí mismo. Es como gozar un día de la literatura despojada y maledicente de Bukowski y otro del ingenio borgeano sin que la existencia de uno niegue la del otro o la posibilidad de disfrutarlos.

Los vinos
En nuestro país, la industria ha ido transformándose desde la década del 90 cuando resurgió desde sus cenizas. En aquella época que nos parece tan lejana, el nivel de tecnología aplicado a la elaboración de vinos era mucho más bajo que ahora (que no te extrañe ver drones sobrevolando viñedos para hacer mapeos), la búsqueda iba más para el lado de la cantidad que de la calidad y el estilo francamente atrasaba. Con la llegada de los flying winemakers y el descubrimiento de esa joya en bruto que era el Malbec el nivel de crecimiento fue geométrico y nos hicimos un lugar en la escena mundial.
Sin embargo, el camino no era seguir una fórmula como pareció en un primer momento y el estilo se fue ajustando. Por supuesto que caemos en modas todo el tiempo, de ponerle madera nueva y con tostado intenso a todo (quizá el memorioso recuerde la tendencia del 200% de barrica) a la búsqueda desesperada actual por los suelos calcáreos, la acidez extrema y la crianza en recipientes de concreto como sea.
Más allá de las modas, hay cambios que quedaron y le hicieron bien a nuestros vinos: la bajada paulatina del grado alcohólico, la cosecha menos madura, la disminución del uso del roble, la búsqueda y el respeto de la expresión del terruño. Quizá tu vino de cabecera de hace unos años, ese que te hizo apasionarte por esta noble bebida haya vivido alguno de estos cambios.


Nadie bebe el mismo vino

Uno de los primeros libros sobre el tema que leí fue el “Manual del vino argentino” de Jorge Dengis, en uno de sus capítulos el autor jugaba con la idea de Heráclito del cambio constante y que, por lo tanto, “ningún hombre se baña dos veces en el mismo río”. Como el vino es materia viva que evoluciona en nuestra botella es virtualmente imposible tomar dos veces el mismo vino. En sentido estricto dos vinos embotellados uno tras otro evolucionarán de distinta manera, una diferencia en el corcho, en la forma de guardado o pequeños detalles harán que a la larga un vino difiera del otro. Aunque suene a exagerado es técnicamente cierto.
Al respecto podría agregar algo que nos pasó en una cata a ciegas realizada en una vinoteca. Se iban a beber alrededor de unos doce Malbec y a quien guiaba la cata se le ocurrió hacernos la travesura de meter tres veces el mismo vino. Uno fue el primero, otro estuvo al medio y, como es de esperar, el tercero al final. Como la cata era a ciegas no sabíamos qué nos servían, pero lo curioso es que percibimos cada vino en forma diferente y hubo catadores que lo manifestaban de forma muy efusiva. La subjetividad pudo haber pesado, pero en el fondo lo que pasó es que tras varios vinos probados nuestro paladar deja de ser el mismo.
En fin, disfrutemos nuestra copa de vino de hoy, porque el de mañana no será igual.

lunes, 2 de septiembre de 2019

¡¡Cumplimos 8 años!!


Todavía me cuesta pensar el número.  Ocho me parece algo tan grande que tuve que ir a recorrer el historial del blog.  ¡Ha corrido vino bajo el puente!
Allí quedan como monolitos las catas, los festejos, las broncas; la revista, que tanto me dolió abandonar; las vinografías, que debería rescatar; los momentos en que escribí "para afuera" del blog; y un larguísimo etcétera.  Como escribí para otro aniversario "A veces lo hicimos bien, a veces nos equivocamos, pero estoy muy orgulloso de lo logrado. A pesar de que cada vez cuesta más conseguir tiempo para escribir, no hemos aflojado y conseguimos que nos reconozcan como una voz válida en el mundo de la comunicación de los vinos argentinos. Un reconocimiento que viene de parte de los consumidores, al fin de cuentas ese es el público al que siempre apunté."
Empezó como un hobby para despuntar el vicio de la escritura y lo sigue siendo, aunque debo reconocer que la falta de tiempo de los últimos 2 o 3 años ha impactado fuertemente en la cantidad de notas publicadas.  Afortunadamente este año voy encontrando nuevamente mi ritmo y el entusiasmo y cuando miro para atrás veo que no me aleje de los principios de este espacio.
Del otro lado de la balanza veo todo lo que conseguí con Vinarquía: aprendizaje, amigos, momentos inolvidables y el disfrute de hacer algo que me gusta.
Por eso agradezco a todos los que considero compañeros de ruta: los Argentina Wine Bloggers, los otros blogueros amigos, el lector silencioso pero fiel, el que interactúa a través de las redes sociales, el que no coincide con lo que digo pero me banca igual, el que llegó hace poco, el que está desde el principio, el que busca un consejo, el que lee Vinarquía.


¡¡Muchas gracias!!




lunes, 26 de agosto de 2019

Mendoza 2019 ¿la cosecha perfecta?

Vendimia 2019 en El Cepillo. Pinot Noir de Canopus para su Pintom

En nuestro país todavía hablar de añadas precisas suena a snobismo o tecnicismo. En gran parte debido a que tenemos la dicha de que el clima mendocino es bastante regular como para que, dentro de ciertos márgenes, las condiciones se repitan. ¡Vaya uno a encontrar esto en Europa!. Además, a fuerza de que cada vez haya un mayor conocimiento técnico (ergo, mejores vinos), podemos mejorar año a año y mantener una consistencia única. Sin embargo, los años no son todos iguales, hay cosechas mejores y peores en términos de volumen y calidad; o sencillamente diferentes, ni mejores ni peores. Es parte de la gracia del vino, que se niega a ser algo estandarizado.
En 2016 se habló de una añada muy difícil, llovió tanto que hubo poca uva y de calidad regular. Sin embargo, quien pudo seleccionar sus mejores racimos obtuvo vinos más ligeros y frutados que terminaron siendo una bocanada fresca que el mercado recibió con satisfacción. De estas uvas salió, por ejemplo, el Catena Zapata Adrianna Vineyard River Stones 2016 que obtuvo los prestigiosos 100 puntos Parker junto al Gran Enemigo Single Vineyard Gualtallary Cabernet Franc 2013, máximo representante de aquella otra gloriosa añada. Si tenemos en cuenta esto que venimos diciendo, entenderemos que más allá de los detalles técnicos tenemos que prestar atención al año. Aunque sea para tener un paneo general o saber qué podemos llegar a encontrarnos en una botella.
Después del ruido de la 2016, vinieron cosechas más normales y todo indicaba que la 2019 sería una cosecha tranquila. Poco se decía de ella con los vinos aún en fermentación, los que tienen varias vendimias a sus espaldas aventuraban algo más, pero por lo general se mostraron cautelosos. Hasta que ya con vinos algo más terminados se tiró la bomba en la feria de la distribuidora Umami que se realizó en mayo en Buenos Aires: la 2019 era la mejor cosecha de los últimos 25 años. ¿Quiénes lo aseguraban? Edgardo del Pópolo (Susana Balbo Wines), Gabriel Bloise (Chakana), Leonardo Puppato (Familia Schroeder), Leandro Azin (Casarena), Juan Carlos Muñoz y Fernando Losilla (Viña Las Perdices), Paco Puga (El Porvenir de Cafayate), Marcos Fernández (Doña Paula) y Bernarndo Bossi (Toneles). Algo saben estos pibes.

Cabernet Sauvignon de La Pirámide. Foto: Catena Zapata

Fue el punto de partida para un runrún de comentarios que coincidían con lo planteado en aquella cata. En líneas generales, se coincide en que en Mendoza y Patagonia el 2019 tuvo un invierno frío y una primavera fresca, mientras que el verano tuvo poquísimas lluvias (importante para que el grano no engorde demasiado y el viñedo no contraiga enfermedades provocadas por la humedad). La frescura general de este verano permitió una maduración lenta que dio granos de uva equilibrados y de gran calidad. El resultado será de vinos con mucha fruta, frescura y balanceados. “Consideramos que los vinos de 2019, si bien pueden beberse jóvenes, presentan un excelente potencial de añejamiento”, agregan desde Catena Zapata.
Germán Di Césare, enólogo de Trivento, asegura que el Malbec fue la tinta por excelencia de esta vendimia, “su tonalidad violácea se apreciará durante varios años en los vinos de alta gama”. Tanto en Valle de Uco como en Luján de Cuyo, la uva Malbec entregó fruta roja fresca y madura, un potencial alcohólico menor que 2018 y una acidez naturalmente elevada.
Con respecto a la acidez de este año se ha hablado bastante. Gabriel Bloise, Leonardo Puppato y Marcos Fernández, entre otros, resaltaron la mayor concentración de ácido málico en general, lo que nos dará blancos vibrantes y tintos frescos. “Los que cosecharon temprano no habrán notado diferencias, pero los que cosecharon tarde sí”, observó Edgardo del Pópolo, responsable de la línea Benmarco en Susana Balbo Wines. “Fue un año frío y seco. En un año cálido cosechar tarde te hace perder mucho y en un año lluvioso podés perderlo todo. En líneas generales, esta añada tiene lo mejor de la 2013 con lo mejor de la 2016”.
En cada consulta hay coincidencias y entusiasmo. Sebastián Zuccardi lo resume así: “ha sido muy muy buena. En cantidad fue una cosecha normal, un poco más chica que la 2018. Lo que tuvo de maravillosa para mí la 2019 es que fue frío y seco. Normalmente cuando son fríos, son húmedos; y cuando son secos, son calientes. Este año en particular que fue seco y fresco, es algo extraordinario, diferente. Lo que hay es un gran balance, los alcoholes no subieron tan rápido, hay frescura. Para el estilo de mis vinos es ideal, porque me gustan más frescos.”
Para algunos de los consultados la cosecha fue “normal”, una cosecha típica mendocina luego de unos años marcados por varios vaivenes climáticos. Incluso un famoso winemaker dijo off the record que le resultó aburrida, sin desafíos, aunque destacaba la calidad. En ese sentido, varios agrónomos coincidieron en que no hubo grandes sobresaltos y se “levantó” la uva con mucha calma, sin el apuro del granizo o la lluvia.

Último racimo de la vendimia 2019, por Pablo Ponce de The Big Wine Theory

Para Pepe Martínez Rosell, la mano maestra detrás de las burbujas de Rosell Boher, “el dueño de la verdad es el vino. No obstante, el asegurar una buena fruta, al momento de la vendimia nos anima a presagiar un mejor resultado y soñar con una excelente añada.” Sin embargo, en los espumosos es difícil presagiar el resultado final: “poder contar con excelente materia prima nos asegura calidad en los vinos "base". En nuestro caso, con elaboración tradicional y largo periodo de madurez sobre borras, sería muy pronto para asegurar o marcar diferencias notables”. Tendremos que esperar un poco más para disfrutar burbujas 2019, aunque por la excelente calidad de blancos que promete no es descabellado pensar en gratas sorpresas.
“La mejor cosecha es la próxima”, suele retrucarte la gente de la industria cuando preguntamos sobre cómo vienen los vinos de la añada actual. Hay algo de verdad en eso y también algo de presión, porque los vendedores suelen decir que la mejor añada es la que hay que vender. Sin embargo, y quizá alguien me tilde de naïf, noto mucho sinceramiento en los bodegueros con respecto a la información que brindan a los consumidores especializados o simplemente interesados en tener un producto de calidad. La información se agradece y a la vez nos llena de expectativas y ansiedad. Como dice un vinotequero amigo, estamos todos “manija” por empezar a probar los 2019 que ya empiezan a asomarse en las góndolas. Especialmente después de escuchar decir a Seba Zuccardi que “es quizá la mejor cosecha de mi vida”.



martes, 13 de agosto de 2019

¿Por qué López?


Han salido varias notas a lo largo de los años en este blog y también he escrito sobre Bodegas López en las redes sociales más de una vez. Quienes han seguido esos posteos sabrán que los apoyé siempre y los últimos vinos catados de la bodega me llevaron a reflexionar nuevamente.
Soy amigo de la diversidad, un caprichoso bebedor que un día quiere beber sin más vueltas y otras veces busca olisquear la copa y disfrutar de los aromas de las largas crianzas. Alguien que a veces busca lo divertido de las nuevas voces y otras veces la tranquilidad de los clásicos (la analogía musical no es casual). Por eso siempre le di un sí gigante a López. Representan un paradigma distinto, un paradigma que los expertos no dejan de exaltar y que el consumidor reconoce desde siempre en la mesa familiar. Como escribió Patricio Tapia en su última Descorchados, “se trata de una forma de ver el vino, una mirada de vieja escuela que (…) no solo aplaudimos, sino que admiramos”.
En una cata, Eduardo López nos dijo: "Nosotros nos quedamos con un estilo tradicional, con los toneles grandes, etc. Lo hacemos por convicción y porque nos fijamos seguir así y debemos mantenerlo. Buscamos el estilo de vinos bebibles, para acompañar comidas (...) nos quedamos con el mercado de las bodegas tradicionales, peleando contracorriente. Veinte años después de la aparición del nuevo estilo, hacemos el balance y los números dicen que hicimos buen negocio. Por eso moriremos con las botas puestas. (...) Fue una decisión tomada, no ocurrió por inacción. Podemos decir que hoy somos lo distinto". Épico.
Este año tuve la oportunidad de volver a probar todos sus vinos, en parte en su degustación anual “López de punta a punta” y en parte en casa, más tranquilo. Pude notar que varios vinos han cobrado un aire nuevo, una “refrescadita” que no les sienta nada mal. Para muestra, los clásicos tintos Chateau Vieux 2013 y Rincón Famoso 2016, con mayor carga de fruta y concentración sin perder su estilo de crianza en grandes toneles. Una clara muestra de cómo podés adaptarte al paladar del consumidor sin perder el alma en ello.


Los grandes toneles de roble de entre 5000 y 20000 litros, unas joyas de bosques que ya no existen como cuando fueron elaborados, marcan más su presencia en la línea Montchenot y en algunos varietales como el Casona López Cabernet Sauvignon 2014. Pero su magia reside en la capacidad de lograr fusionarse armónicamente con el vino, redondearlo y lograr algo que hoy es muy raro de encontrar.
Con los blancos pude ratificar algo que ya venía observando, la búsqueda de un estilo cada vez más fresco y frutal. De las nuevas cosechas recomiendo el Montchenot Blanco 2017, un 100% Chenin directo y herbal; el Chateau Vieux Blanco 2018, un Chardonnay agradable y expresivo; o el Casona López Chardonnay 2018, donde se busca respetar la expresión varietal sumando uvas de Tupungato.
Una vez más, ¿por qué López? Porque representa otra forma de concebir el vino, pero que para nada está peleada con el gusto del consumidor actual. Hoy que rescatamos formas ancestrales, que celebramos la diversidad, que volvemos los ojos sobre tierras olvidadas y uvas que no notábamos, el llamado “estilo López” está tan vivo como siempre y con un sentido nuevo.




miércoles, 31 de julio de 2019

Mariana Onofri o como poner el alma en los vinos

La leyenda se repite con variantes a lo largo de las épocas y las latitudes. Griegos, celtas y hasta pueblos nativos de América del Norte tenían la creencia de que nuestras almas eran más “grandes” y por distintos motivos fuimos divididos y separados. Aunque sea un capricho o la sabiduría de los dioses, los seres humanos nos empecinamos en buscar eternamente nuestra otra parte.
La idea de encontrar a alguien que nos complemente pareciera obsesionarnos. En Francia, las mujeres solteras clavan agujas en los pies de Saint Guénolé o Sant Winwaleo a la espera de que el santo cumpla con el milagro de conseguirles su alma gemela y así liberarlo de esta “tortura”; Felisberto Hernández imaginó que las almas de los gordos podían encarnar en múltiples cuerpos y eso explicaría muchas cosas; otros creen que las almas gemelas no son iguales, sino muy diferentes, justamente porque buscan complementarse; personalmente siempre creí que la bebida puede ser una buena forma de encontrar nuestra alma gemela, o al menos pasar un buen rato con quienes no lo son.
Quienes conocen de almas gemelas y vinos son Mariana Onofri y Adán Giangiulio, los componentes principales del proyecto Onofri Wines. Mariana es sommelier y directora de vinos en The Vines y Adán es viticultor. En pareja desde hace varios años, empezaron hace relativamente poco a elaborar sus propios vinos. Algunas uvas provienen de The Vines y otras de Gral. Lavalle, al norte de la ciudad de Mendoza. Lavalle es una de las regiones más productivas de Mendoza, pero más destinada a producir vinos de volumen. Sin embargo, el proyecto de Mariana y Adán apuntó a revalorizar esa zona y esos vinos con una cuidada elaboración y trabajo del viñedo.

Mariana Onofri y Adán Giangiulio junto a sus vinos

En su constante búsqueda, hace dos años injertaron la variedad Carignan, una desconocida en nuestro país, sobre el pie de plantas de más de 40 años. El Informe Anual de Superficie 2018 del INV canta 12,8 hectáreas de Carignan y mi memoria (con la ayuda de Google) no me permitió ir más allá de dos etiquetas en el mercado local. Es una uva muy conocida en Francia, Chile y España donde se la conoce como Cariñena y se estima que es su origen.
Según Jancis Robinson, “Carignan es una curiosa uva tinta que provoca fuertes reacciones en quienes la conocen. Sin embargo, a pesar del hecho de que era la variedad de vid más común plantada en Francia, hasta que Merlot la superó a fines del siglo XX, la mayoría de los bebedores de vino nunca han oído hablar de ella”. La variedad tiene fama de ser difícil, por su tendencia a dar vinos tánicos, alta producción y ser sensible a la podredumbre. Que la hayan injertado en Lavalle es interesante, porque es una uva que gusta de climas cálidos y secos, por eso fue la estrella de los viticultores franceses en Argelia. Hoy que cada vez buscamos más las alturas y las latitudes más australes para plantar, pensar en el futuro de estas zonas es una jugada estratégica.

Parrales en Lavalle

Increíblemente al primer año de injertado la vid dio suficientes frutos como para producir unos 2000 litros que se fermentaron en bines y luego reposaron 12 meses en barricas usadas desde 2013 para que el impacto de la madera sea poco. En diálogo con Mariana me confió que los vinos de la cosecha 2019 están mejor gracias a que la planta se va afianzando cada vez más. “Hacemos los vinos lo más naturalmente posible, sin maquillajes”, dice Onofri y agrega que no buscan el estilo de gran concentración de Chile o de ciertas zonas de Francia y España, sino que prefieren cosechar temprano y realizar extracciones breves para ganar fluidez y ese estilo ameno que caracteriza sus vinos.
El Alma Gemela Carignan 2018 es un vino que se bebe fácilmente y creo que es su gran mérito. Mientras lo tomaba notaba detalles que iban y volvían, como cierta rusticidad o sabores ahumados, pero lo que más llamaba la atención era cómo el nivel de líquido en la botella bajaba. ¡Y para qué está el vino, si no es para beberlo!
Con todo, es un vino que va a ir creciendo porque tiene buena acidez y taninos. Los que lo han probado anteriormente coinciden en este detalle y personalmente voy a guardar una botella para descorchar en el verano. Ni que decir que estoy ansioso por probar el 2019.
Afortunadamente la escena del vino argentino está viviendo un momento lleno de innovación, de pequeños productores que revitalizan zonas, que prueban con variedades no tradicionales y técnicas de baja intervención, que arriesgan con estilos nuevos y viticultura sustentable. Se alejan de aquel estilo fotocopiado del que rezongaba Miguel Brascó hace 20 años y eso es lo lindo: la posibilidad de que podamos corrernos del paradigma, porque como con los buenos vinos nuestra alma gemela no viene a sumarse a nuestra zona de confort sino a hacernos ver las cosas de otra manera


Para leer más sobre este proyecto, algunas notas de blogueros amigos:


domingo, 21 de julio de 2019

#AmigosDelBolsillo: 4 vinos por menos de $300


Para acompañar esta semana del Día del Amigo, los Argentina Wine Bloggers decidimos repetir nuestra movida conjunta “Amigos del bolsillo” donde recomendamos etiquetas que disfrutamos sin desembolsar grandes sumas de dinero. Aunque hablábamos de U$S 10 como tope, preferí publicar en el rango de hasta $300 y mostrando variedad de estilos, zonas y tipos de vino.


Un blanco fresco
La Puerta Alta Torrontés 2018. Cuando los riojanos se ponen las pilas te pueden sacar los mejores Torrontés del país cómodos. Para los que gustan de nuestra cepa blanca más emblemática está La Puerta, una bodega que siempre ofrece buenos producto a precios ideales. Este vino abunda en frutas cítricas y notas de flores blancas como el azahar. Se lo siente equilibrado, agradable pero con carácter y un buen final. Es un vino muy versátil a la hora de comer (no me vengas con que los blancos son solo para piletear en verano), nosotros lo acompañamos con un pollo a las finas hierbas y un puré champ. $259


Viejas zonas, nuevos vinos
Astor’s Malbec 2018. Las uvas de este vino provienen de Alto Chapanay, departamento de San Martín, una de las zonas de mayor tradición y productividad del país, de la mano de Garvaglia Winery. Anteriormente hablé de los vinos de esta bodega (aquí y aquí), pero este tinto joven no estaba en su portfolio aún. “Es un segmento que no habíamos exploramos todavía, pero nos está yendo muy bien en Paraguay y Brazil. Pronto estará en Buenos Aires también”, me confió Sebastián Garavaglia. Se trata de un Malbec (apenas cortado con algo de Merlot) de estilo joven, sin madera: pura fruta y un estilo que invita a beber copa tras copa. $200


Malbec de Primera Zona
Cordero con piel de lobo Malbec 2018. Este Malbec proviene de viñedos de la llamada Primera Zona, la más tradicional de Mendoza: Perdriel, Luján de Cuyo y Barrancas. Es moderno, pero a la vez con esa sensación old school que le aporta la fruta madura de la zona y el breve contacto con madera que tiene una parte del vino. Si hay que caracterizarlo en breves palabras diría que es un vino de trago fácil, por lo menos en la cena familiar lo terminamos sin darnos cuenta. $260


Dulces burbujas para brindar
Deseado: cerramos esta cata imaginaria, con uno de los espumosos dulces mejor conocidos y exitosos del país. Elaborado en una sola fermentación con 100% Torrontés patagónico, conserva unos 65 gramos de azúcar por litro para el deleite de los dulceros y la acidez del nuestro sur que la equilibra. En casa es uno de esos pedidos recurrentes para el brindis y las “lady’s nights”, donde un par de botellas pueden volar fácilmente con sushi. $300

Las recomendaciones del resto de los AWB:
Argentina y sus Vinos
CazaVinos
El Vino del Mes
El Ángel del Vino