miércoles, 18 de enero de 2012

Mediocridad de la vida moderna

Sacando la degustación pasada hacía unos diez días que no tomaba nada de alcohol por una intoxicación con ketchup en mal estado.  Sobreviví estos días a fuerza de arroz y pollo hervido y por fin el domingo pude tomarme algo como la gente.
Literalmente estaba bastante necesitado de un buen vino.  Vale aclarar que no era ningún síndrome de abstinencia sino la necesidad de recrear los sentidos como el vino sabe hacerlo.  

Au Bord de la Marne (1935) – Henri Cartier Bresson (1908-2004)

Cuando uno empieza a abrir sus sentidos, a entrenarlos y comprender el placer que encierran el gusto y el olfato el placer se vuelve una necesidad contra la chatura de la vida moderna.  En el libro "Descubrir el gusto del vino", Emile Peynaud y Jacques Blouin (gente grossa) nos explican este hecho de la siguiente manera:

...hay un doble aspecto en esta edificación [educación y experiencia] de nuestros sentidos: mejorar su precisión y sensibilidad y reforzar la facultad de apreciación y discernimiento.  Es evidente que no sabemos utilizar más que una parte de nuestras posibilidades sensoriales.  Sin dudas porque no nos han enseñado a hacerlo.  La vida ciudadana nos aleja desde la infancia de la riqueza olorosa y gustativa de la naturaleza.  Perdemos la curiosidad de los sabores y los olores, y la aptitud para percibir reacciones emocionales a través de ellos.  Ya no distinguimos lo que es bueno de lo que es malo o, más bien, nos acostumbramos a lo mediocre.  Nuestros sentidos se vuelven perezosos y todos los alimentos nos parecen iguales, neutros e insípidos.  Con la pérdida de la curiosidad, de los sabores y los olores y de la aptitud para sentir, se acostumbra uno a lo mediocre...

Así somos muchas veces en otros aspectos de nuestra vida: generalizamos, una cosa es igual a otra, nos volvemos mediocres.  El que dice  "el vino tiene olor a vino" es también el que generaliza a la sociedad y dice "a estos hay que matarlos a todos".  Claro, la ignorancia es más cómoda.  Ver los matices de la cosas es más difícil.
Permítanme volver al punto de partida y al maestro Peynaud:

La cata de vino es una buena escuela contra la degradación de nuestros sentidos, es un extraordinario medio de educación.  Mantiene los sentidos alerta y permite una mayor percepción de las cosas.  El catador entrenado siempre está al acecho de un efluvio desconocido, preparado para descubrir un sabor extraño.  Se convierte en un ser ávido de sensaciones que profesa este culto, esta manía.  La mera sensación es ya para él un placer, y el hecho de pensar en el vino, la apetencia que siente, le produce un verdadero placer psicofísico.

A este último párrafo apuntaba al principio de la nota sobre la "necesidad" que sentía de probar un buen vino.  Por supuesto que lo hice y en la próxima nota les cuento cuál es.

10 comentarios:

  1. Buena nota, pero quería agregar algo; a pesar que yo me formé leyendo los libros de Peynaud, catando y probando según sus criterios y adoptándo muchos de sus términos de cata; es algo difícil de aplicar en el mundo actual. Hay que comprender bién esto, ya que la mayoría de la gente bebe cualquier bebida si detenerse a apreciar los detalles y esto no está mal porque la vida moderna es demasiado acelerada.
    Por esto, a los que nos interesan estas apreciaciones, a medida que uno avanza y se detiene a apreciar en detalle, va evolucionando en el tipo de vino que prefiere.
    Salute

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  2. Gracias. Sí, tratar de seguir a estos grandes es casi imposible, incluso al leerlos parecen exagerados. Pero creo, igual que vos, que hay que hacer una pausa, pensarlo, observar detalles y descubrir la diversidad y riqueza del vino y del mundo que nos rodea.

    Saludos

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  3. muy buena nota, creo que nosotros jugamos un rol desde nuestros lugares, de refresh de la memoria sensitiva...todo suma, menos el ketchup en mal estado..mala pata..buena nota...abrazo

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  4. Gracias Nico, me gustó eso del refresh de la memoria sensitiva.

    Saludos!!!


    Ps: Maldito Ketchup!

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  5. ¡Qué lindo artículo!!!! Tiene mucha relación con otro artículo que también me agradó en el que un periodista del vino se refería a la maratón de degustaciones en las cuales uno llega a la degradación de los sentidos, que aquí tanto destacan los autores de este libro. ¿Hay que comer ketchup en mal estado para llegar a estas sensaciones!!!!!! Jejejejeje.....
    Muy bueno el cuadro de Bresson.
    Un abrazo
    WILLIE

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  6. Hola Ariel!! Muy linda nota y otro lindo tema de discusión si cabe. Uno de los grandes problemas, entre tantos otros, que ha acarreado la evolución del ser humano a lo largo de la historia es la casi atrofia de los sentidos... Sin ir más lejos, el olfato, antaño vital hoy por hoy prácticamente no se utiliza. Reivindicamos el placer de los sentidos, y si es junto a una copa e vino, mejor!! Salute!

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  7. Wilie, no te recomiendo el ketchup en mal estado (vencido en mayo de 2011), sino simplemente concentrarse, darle un tiempo al disfrute y a entender que estamos sintiendo. A veces es difícil en estos tiempos, pero hay que hacerse el hábito. Sino terminás quejándote como en ese otro artículo, jajaa


    Saludos!

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  8. Rumbo, claro que sí. El vino nos permite explorar y comprender todos nuestros sentidos, más hoy en que todo pasa por la imagen y el sonido. Lo difícil es a veces poder transmitir todo eso a nuestros lectores.

    Saludos!

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  9. Linda e interesante nota!
    Mi hijo me nefreta 2 x 3 por el tema de los aromas y sabores, afirmando que es todo chamuyo... Es una lucha!
    Abrazo!

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  10. Gracas Adrián. Es bastante normal que nos acusen de chamuyeros, jaja. Hay que remarla.

    Abrazo!

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