viernes, 19 de octubre de 2012

Los Vinos del Salón de Altura

Después de la particular crónica del Salón de Vino de Altura y de la mirada de Willie sobre el mismo, nos llegó el momento de hablar de los vinos en sí.
Haciendo un paneo general debemos destacar la gran calidad de los vinos y, en gran parte, su buena relación precio/calidad.
Sobre los blancos hay que decir que el 90% era Torrontés y, como fanático declarado, quise probar lo más posible de esta cepa. Entre todo lo probado puedo decir que se notan al menos cuatro tendencias en nuestro blanco de bandera:
  • Una tendencia a modernizarlo (algunos dirán: maquillarlo), quitándole ese final amargo que lo caracteriza. Algunos ejemplos de esta tendencia que me gustaron son el Desvarío, de Bodega Tierra Colorada, y el Finca La Punilla, de Peña Veyrat Durbex.
  • La línea clásica, que busca conservar la esencia tradicional. Son pocos los que quedan, pero debemos destacar al Castillejo, de Finca Gualinchay, y al José Luis Mounier, de un grosso de la enología del Norte.
  • Quizás estemos hilando un poco fino, pero existe una línea intermedia, donde se amansan los amargos, aunque sin que desaparezcan. Aquí me parecen que se destacan dos exponentes de Bodegas Etchart de dos gamas bien distintas de precios: el Cafayate Reserva y el Gran Linaje, un Torrontés que estaba más allá de todos.
  • Por último, una tendencia experimental que juega con las posibilidades de la uva y buscan cortes (Amalaya Blanco, un corte con Riesling), fermentaciones en barrica (Laguna Brava, de Mounier, o Félix, de Pancho Lavaque) o aumentar el azúcar (Gata Flora, de Vasija Secreta). En esta línea también se juega mucho con un packaging novedoso.
Acá vale hacer una aclaración: ninguno es mejor o peor, son formas de vinificar diferentes y, por suerte, no hay una tendencia unificada, lo que sería algo negativo. Hay aún una gran diversidad y lo destaco.


En cuanto a los tintos, no creo poder clasificarlos de esta manera, en grandes categorías. Me quedo con la idea de que son vinos con una buena y compleja intensidad aromática y una gran contundencia en boca. Esto último los hace implacables, te gustan o no.
Los que me dejaron más grato recuerdo de lo probado fue el Arnaldo B. de Etchart; el Laguna Brava Tannat 2010, de Mounier, que sólo se hace cuando la cosecha es excepcional; lo que está haciendo Pancho Lavaque tanto con su línea Félix como con Quara, en especial sus Single Vineyard, que son excepcionales; la buena RPC que tenían los vinos de Finca Gualinchay y Finca Humanao, ambas bodegas jóvenes pero que supieron conservar la impronta salteña, respetando lo que da la tierra.

Seguramente hubo más, me quedó afuera Tukma, El Porvenir, Domingo Molina, Nanni, San Pedro de Yacohuya, todas bodegas que dan grandes caldos y que por ello tenían sus stands repletos de entusiastas seguidores del vino del norte argentino. 

2 comentarios:

  1. Estamos recién llegaditos de Cafayate.... Sus vinos, al igual que su gente, son diferente a todo y a todos...exclusivos, únicos! Muy lindas ambas notas y coincidimos en los torros... son estilos! Abrazo y salute!

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    1. GRacias por sus palabras. Coincido totalmente con lo únicos que son los vinos del norte, como su gente.

      Un abrazo!

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