domingo, 30 de junio de 2013

Foto del Mes


A modo de homenaje y despedida del otoño, hoy cerramos el mes con una fotografía de Marino Maurizi llamada justamente Otoño.
De yapa y haciendo honor al Día de la Bandera, otra fotografía de este brillante fotógrafo mendocino:



jueves, 27 de junio de 2013

Desafío Federal 2013 – Benditos por Baco

El pasado sábado 8 de junio se realizó en el Hotel NH Tango de la ciudad de Buenos Aires la tercer edición de El Desafío Federal, una super-cata de vinos organizada por Francisco Rivero Segura de Logia Petit Verdot.  ¡A diferencia del año pasado, esta vez pude asistir! 
En 2012 el Desafío estuvo dedicado a vinos de Corte y en 2013 al Malbec, por lo que los 100 participantes pudimos degustar 64 etiquetas de nuestra cepa insignia de diferentes regiones de la Argentina.
La mesa que me tocó estuvo compuesta principalmente de blogueros y comunicadores del vino.  A continuación sus notas:

Kuari
Entre la letra y el vino
Cata y Pluma
Mr. Wines
Bowling Total

No quiero redundar sobre lo que ya hablaron todos: organización impecable, buenas copas y servicio de vinos, mucho twitteo (de un twit mío sale el título de la nota) y mucha alegría.
Lamentablemente, volviendo a casa fui asaltado violentamente y por eso me quedó un sabor agridulce que me impide darle más vuelo a la nota.  Esta vez, la crónica y mis fotos se las debo, así como mi ranking personal.  Simplemente comparto con ustedes los resultados y alguna opinión general.


Ganadores categoría entre $50 y $110
1- Etchart Gran Linaje Malbec 2011 (Salta - $90)
2- Trivento Reserva Malbec 2012 (Mendoza - $60)
3- Noble de San Javier Malbec Reserva 2011 (Córdoba - $75)
4- Durigutti Malbec Clásico 2011 (Mendoza - $85)
5- Saint Felicien Malbec 2010 (Mendoza - $108)
6- Marcelo Pelleriti Reserve Malbec 2008 (Mendoza - $100)
6- Collovati Malbec 2009 (La Rioja - $110)



Ganadores categoría entre $120 y $190
1- El Esteco Fincas Notables Malbec 2010 (Salta - $180)
2- Huarpe Selección de Bodega 2010 (Mendoza - $125)
3- Riglos Gran Malbec 2010 (Mendoza - $170)
4- Colomé Estate 2010 (Salta - $170)
5- Nube Negra 2010 (Mendoza - $180)
6- Lagarde Malbec DOC 2010 (Mendoza - $147)


Ganadores categoría entre $195 y $400
1- DV Catena Nicasia Malbec 2010 (Mendoza - $370)
2- Dante Robino Gran Dante Malbec 2009 (Mendoza - $200)
3- Aleanna El Enemigo Malbec 2010 (Mendoza - $220)
4- Casarena Single Vineyard Malbec Agrelo 2010 (Mendoza - $210)
5- Gimenez Riili Gran Reserva Malbec 2009 (Mendoza - $275)
6- Riccitelli República del Malbec 2011 (Mendoza - $360)


Puse el Top6 porque esa es la cantidad de vinos que debíamos elegir como favoritos cada uno de los participantes.  En líneas generales no hubo un vino que disgustara y se nota que las fuertes notas de madera ya pasaron de moda.  A mi entender (y muchos en la mesa coincidieron), lo más interesante se veía en la primer categoría y en la última.  En estas dos los vinos buscaban tener un sello propio, una personalidad.  En la gama media, si bien eran tremendos vinazos, la mayoría se parecía, fue una tanda muy homogénea.
Estuvo genial, también, la diversidad del origen de los vinos.  Obviamente, Mendoza arrasa, pero Salta no se queda atrás y otras provincias como La Rioja y Córdoba se anotaron un poroto.
El año que viene parece que habrá Desafío Federal de Cabernet Sauvignon así que vayan preparando las papilas.

Salí achinado en la foto



martes, 25 de junio de 2013

Altimus en el cielo

No siempre tengo la suerte de que me inviten a presentaciones tan espectaculares como la que vivimos en el MALBA.  Y cuando me invitan, no puedo ir por trabajo.  Pero esta vez se dieron múltiples factores y llegué (corriendo) a la presentación de un gran vino: la nueva añada de Altimus, el vino ícono de la Bodega El Esteco.
La presentación estuvo a cargo de Lisandro Luppi (Gerente Comercial), Francisco Tellechea (Ingeniero Agrónomo) y Alejandro Pepa (enólogo).  Muy amenamente nos contaron cómo son las fincas de El Esteco, en el Valle de Cafayate, pequeñas historias, anécdotas y datos técnicos.  Como por ejemplo, que cada vez queda menos terreno disponible para plantar vides en el Valle.
La bodega cuenta con 480 hectáreas y manejar tal cantidad de superficie se complica bastante.  No basta con “caminar la viña”, así que recurren a Viticultura de Alta Precisión, con mapas aéreos que permiten analizar los viñedos.  Una maravilla que cada vez se incorpora más en el país y contradice a los que plantean que la uva crece sola y es toda igual.


Alejandro Pepa es un convencido del terruño cafayateño.  El clima seco, la gran amplitud térmica, el agua pura y la nobleza del suelo le dan lo que necesita para sacar unos vinos que destacan en todas sus gamas de precio (Elementos, Don David, Ciclos, Altimus).
El Altimus 2010 es un complejo blend con un corte de 54% de Malbec, 25% Cabernet Sauvignon, 11% de Cabernet Franc y 10% Tannat de parral.  El pequeño aporte de Cabernet Franc es una novedad y una innovación para una región que no acostumbra a producir esa cepa.  Le pregunté a Alejandro Pepa, entre otras cosas, cómo venía el Franc en Salta y me dijo que se dio mucho mejor de lo que esperaban, muy expresivo, fresco y de buena tipicidad.   “Es una novedad.  Nuestra primer cosecha de Cabernet Franc.  ¿Está todo escrito? No, ¿quién dijo que está todo escrito?, ¿quién dijo que tiene que ser un viñedo de 70 años para ser de alta gama?”, dispara entusiasta y provocador.  Es un dato a tener en cuenta mientras espero ansioso que se animen a sacarlo como varietal.
Cada uno de los componentes del corte se fermenta y tiene una crianza de 12 meses en barricas nuevas de roble francés, luego se hace el blend y se lo vuelve a mimar 6 meses en barricas.  Realmente se nota que es un vino mimado, con lo mejor que puede dar esta bodega salteña.  Sencillamente, una obra de arte y el marco no podía ser otro que el del MALBA.


Tras la instructiva charla pudimos degustar tranquilos y en forma abundante este vino.  Y tuvimos la suerte de que la cata inicial la hiciera el mismo Pepa, del que transcribo sus palabras porque el audio no es el mejor:

“Cafayate es así, es un valle brioso, salvaje, un valle fuerte, concentrado y eso es lo queremos demostrar.  Eso es lo que buscamos cuando pensamos en este estilo de vinos.  Buscamos algo brioso, fuerte, concentrado, que tenga personalidad.  Cuando tengan la posibilidad de ver el color se van a encontrar con un vino negro, como es característico de los vinos cafayateños de El Esteco.  Un vino vivaz, con mucho colorido pero con mucha profundidad, negro con juego de violetas y rojizos.  En la nariz van a encontrar que rápidamente aparece mucha intensidad aromática, un volumen de aromas que es una gran combinación.  Cuando estamos frente a un blend como este, cada variedad expresa y va soltando en la copa distintos aromas y distintas sensaciones.  Van a encontrar del Malbec la dulzura aromática, la ciruela, la fruta roja.  Van a encontrar del Cabernet Suvignon de Cafayate la fuerza de los pimientos morrones asados.  El Cabernet Franc, que es algo nuevo para nosotros, salió con notas de pimientos verdes, con notas de especias y le da ligereza y frescura en la boca.  Y el Tannat es una bestia que le aporta color, taninos, notas de chocolate.  En la boca, con todo el trabajo en barricas chiquitas de 225 litros llenas de uva, trabajar a la vieja usanza, artesanalmente, probando barrica por barrica, nos da taninos suavecitos.  Una boca mucho más redonda, más elegante.  Van a encontrar una gran estructura  (la lógica que debe tener este vino), pero con gran elegancia.  Un vino largo, que va a durar en la boca y muy agradable.”

Una descripción del vino impecable.  Un vinazo listo para disfrutar o guardar tranquilos que ya se ganó un Trophy en los Argentina Wine Awards de este año.  Sale con un precio sugerido de $360.
A continuación, para los curiosos, la ficha técnica completa donde se aprecia lo complejo del corte.

Qué puedo agregar, cada vez me gusta más el terruño salteño.





miércoles, 19 de junio de 2013

Un Renacer del asombro

Estoy esperando mi juicio
y estoy esperando
un renacer del asombro


Con motivo del III Encuentro de Vinos de Autor, Patricio Reich estuvo en Buenos Aires y organizó una cata vertical del vino ícono de la bodega Renacer.   Para los que no lo conocen, Patricio es el gerente de ventas y marketing de la bodega y también cara visible de su familia en nuestro país.  Ya nos habíamos conocido anteriormente y fue muy grato volver a encontrarnos y compartir la mesa en la primera cata vertical del vino Renacer en Argentina.
En la charla inicial nos explicó que exportan a unos 45 países y sus Malbec han logrado posicionarse fuertemente en el exterior, en especial en Estados Unidos.  Su filosofía no es diversificarse en muchos varietales sino destacarse como productores de Malbec.  “Pocas etiquetas de buena calidad”, nos dirá Pato.
El Renacer son 10000 botellas de un blend de Malbec de distintas zonas, conjugando lo mejor de cada una.  Pasa 24 meses en barricas de roble francés y de 6 a 12 meses en botella antes de  salir al mercado.  Además de las condiciones propias de cada cosecha, las añadas se diferencian porque incorporan pequeños cortes de Cabernet Franc y juegan con la procedencia y tostados de las barricas.  El resultado es un complejo blend de Malbec.


y estoy esperando
que la Era de la Angustia
caiga muerta
y estoy esperando
que se luche la guerra
que hará del mundo un lugar seguro
para la anarquía
y estoy esperando
la extinción final
de todos los gobiernos
y aguardo permanentemente
un renacer del asombro.


El lugar en que almorzamos fue Bernata un pequeño y simpático restaurante de Palermo con unos platos de inspiración española que lamento no haber fotografiado para mostrárselos. 
Acostumbrados a servir buenos vinos, el servicio fue impecable y rápidamente empezó la danza de los vinos.  A continuación unas notas rápidas:
Renacer 2004.  ¡Vive! ¡Y cómo!  En nariz se ha desarrollado cierto bouquet, aromas evolucionados y leve licoroso.  En boca conserva todavía una buena estructura tánica y una acidez algo alta.  Un vino de impacto, que todavía conserva rasgos vertiginosos.  Un sacudón que te despierta.
Renacer 2006.  Un vino más frutado, de fruta negra, arándanos frescos y notas balsámicas.  Un vino muy fresco en nariz y en boca, menos austero y un poco más breve.  Apenas abierto mostró todo lo que tenía, un vino sincero que me gustó mucho.  Un tiempo atrás, Robert Parker le otorgó 94 puntos y Stephen Tanzer, 93.
Renacer 2008.  De entrada, algo menos expresivo que el anterior.  Aromas tirando más a la mermelada y una estructura elegante.  Fue el más remolón, necesitó tiempo para abrirse y terminó destacándose.
Renacer 2010.  Recién salido, muy joven aún.  Tiene la madera muy presente y los taninos astringentes, sin embargo se lo siente complejo y es más claro el aporte del Cabernet Franc.  Viendo el desarrollo de los anteriores claramente necesita cierto tiempo en botella para ganar elegancia.

De izq. a der. Renacer 2004, 2006, 2008 y 2010 en las copas

Estoy esperando para emprender el último viaje
y espero con ansiedad
que un oscuro médico
descubra el secreto de la vida eterna
y estoy esperando
que las tormentas de la vida se terminen
y estoy esperando ponerme rumbo a la felicidad


La impresión general que obtuve es que los vinos se van refinando.  El 2004 era, todavía, puro ímpetu, un vino que te pasaba por arriba.  Inicialmente me gustó más el 2006, aunque a lo largo del almuerzo se estancó  en un punto (muy bueno, por cierto) y el 2008 lo fue superando, creciendo en la copa.
Todos los vinos de Renacer me han gustado mucho, siempre.  Como dice Lawrence Ferlinghetti, poeta Beat norteamericano cuyos versos ilustran esta nota, me parecen un Renacer del asombro.  Quizás suene un poco exagerado.  Pero no dejan de asombrarme el trabajo de los hombres, sus esperanzas, el apoyo a los comunicadores independientes y, claro, nunca dejan de asombrarme los vinos argentinos.

Estoy esperando
obtener algún indicio
de inmortalidad
recordando mi temprana infancia
y estoy esperando
que las verdes mañanas vuelvan otra vez
que los verdes prados mudos de la juventud vuelvan otra vez y
estoy esperando
que algún ritmo artístico sin premeditación
haga temblar mi máquina de escribir
y estoy esperando escribir
el gran poema indeleble
y estoy esperando
el último largo éxtasis de despreocupación
y aguardo permanentemente
que los amantes huidos de la Urna Griega
se unan por fin
y se abracen
y estoy esperando
permanentemente y para siempre
un renacer del asombro.





lunes, 17 de junio de 2013

III Encuentro de Vinos de Autor

Por tercer año consecutivo se realizó la Feria de Vinos de Autor, organizada por distribuidoras y dirigida al público especializado, prensa y trade.  Es, sin lugar a dudas, uno de los eventos más interesantes del año porque las bodegas llevan lo mejor que tienen, siempre hay novedades y sus hacedores suelen estar en los stands dispuestos a escuchar a los blogueros hinchacocos.  Y hablando de blogueros, este año fuimos en abundancia aunque no pudimos coincidir todos el mismo día.


La feria no era gigante, pero había mucho para probar.  Fue imposible visitar los 350 vinos de las 36 bodegas presentes y es más difícil comentarlos, pero me concentré en catar aquellos que no conocía y esos que uno quiere volver a probar.  Por ejemplo, pude probar los afamadísimos Pinot Noir de Chacra, demasiado sobrevaluados para mi gusto y un desperdicio si no lo tomás por botella para apreciarlo bien.  O lo que está haciendo Decero, una bodega que busca un estilo europeo para sus vinos.  De estos últimos, me gustó mucho Decero Amano Remolinos Vineyard 2010, un complejo blend de alta gama que quisiera probar lentamente para desentrañar sus capas, y el Decero Mini-Ediciones Petit Verdot 2010, sorprendentemente elegante.


Una bodega que barrí de punta a punta fue Casarena.  ¡Un vino mejor que otro!  Se destacaron las novedades como los RamaNegra Reserva Pinot Noir y Petit Verdot, además de sus nuevos Single Vineyards.  Sobre estos dos puedo decir que fueron vinificados de la misma manera, pero uno proviene de Perdriel y el otro de Agrelo.  Puestos uno junto al otro se entiende qué es un single vineyard porque son increíbles las diferencias entre sí, a pesar de que la distancia es relativamente cerca.  No puedo dejar de mencionar sus Malbec y Cabernet Sauvignon, vinos indiscutibles por su calidad y precio competitivo.


Algo que vengo notando en las vinotecas es el crecimiento lento y constante del Viognier.  En la feria pude probar dos que me impactaron: el Serbal Viognier 2012 de la bodega Atamisque y el que trajo directamente del tanque (sin filtrar) el ingeniero agrónomo de Sophenia, Rogelio Rabino.  Atenti a estos dos.


Del terruño salteño pasé por Yacochuya (parada obligatoria), Tacuil y Domingo Molina.  De los dos primeros poco queda decir que no se haya dicho: ¡vinazos, todos!   Son dos bodegas de perfil distinto, Tacuil no usa madera en la mayoría de sus vinos y los Yaco tienen la firma de Michel Rolland.  Asimismo, ambos tienen un punto en común, son vinos con mucha clase, grandes, importantes y con el terroir en cada botella.  De Domingo Molina me quedo, sin dudarlo, con sus torrontés, que están entre mis favoritos desde hace mucho.


Estas ferias sirven también para probar aquellos proyectos que uno todavía no conoce (¡ojalá me dedicara full time a los vinos!).  Así, pasé por el stand de dos proyectos de autor, muy interesantes y con ciertas similitudes: Fincas Adrián Río y Matías Riccitelli.  Ambos tienen tres Malbec de línea moderna, con cuerpo,  gran potencial y que vale la pena conocer
Pude cruzar unas palabras con sus hacedores y Adrián Río me contó que es un productor que vendía su uva a terceros y decidió guardar parte para él y hacer sus propios vinos.  Tiene tres Malbec (Roble, Reserva y Gran Malbec) que tiran a la concentración y el impacto de la fruta dulce.
Los de Matías Riccitelli vienen haciendo ruido desde hace un tiempo.  Sus The Apple doesn’t fall far from the tree, Matías Riccitelli Vineyard Selection y República del Malbec no te dejan impávido, son un sacudón vínico.  Todavía están muy jóvenes, con taninos muy intensos, pero irán mejorando con la guarda.  Su precio es bastante discutible tal vez, pero quien pueda…

Foto gentileza de La Guerrilla Culinaria
De los conocidos que pude repasar debo nombrar a Riglos, presentando nuevas añadas de unos vinos que siempre dan que hablar.  Unas maquinitas de los que destaco su Gran Corte y la nueva añada del Gran Cabernet Franc, algo distinto a la anterior.  De igual manera, pasé a saludar por el stand de Renacer a Patricio Reich y probar por última vez su Sauvignon Blanc de Casablanca (no dejan importarlo más) y conocer el nuevo Malbec Rosé 2012.  En el stand, la artista plástica Susana Beibe intervenía botellas de Punto Final Reserva 2011. Al otro día nos juntamos a almorzar con Patricio e hicimos una vertical de su vino ícono, pero será otra nota.
El tiempo es tirano y degustando tantas cosas ricas las horas pasan volando.  Apenas pude probar rápidamente las novedades de Alejandro Sejanovich (Manos Negras, TintoNegro), de Durigutti, Eral Bravo (presentando un Syrah que dio qué hablar) y Atamisque (tenían un Pinot Noir buenísimo), pero no quiero dejar de nombrarlos porque tenían algunas perlitas muy interesantes. 

Como ocurre con el fútbol, el vino también da revancha así que no faltará oportunidad de probarlo todo.

martes, 11 de junio de 2013

El productor de vino casero

Ocultos, al margen de las rutas del vino y de las revistas gourmet de moda, están los productores de vino casero.  Sin embargo, quieren mostrarse, ganar un lugarcito en nuestra mesa, desterrar ciertos mitos.  ¿Vale la pena hablar hoy de vinos caseros? A continuación algunas historias.

El auto se desplaza suave por la zona de viñedos, el calor pega duro, las bodegas y las hileras de uvas se suceden una tras otra y al costado del camino un hombre vende productos regionales y vino casero.  La escena es usual y muchos hemos parado a comprar una botellita.  Tal vez nos juega inconscientemente la añoranza heredada de nuestros padres y abuelos por el vino patero. 
Patero, artesanal y casero son términos que solemos usar como sinónimos, pero en realidad no lo son.  Por lo menos desde el marco regulatorio del INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura).  Este organismo clasifica a los productores de vino en tres categorías dependiendo de su capacidad de producción: productor de vino casero, si produce hasta 4000 litros; productor artesanal, si produce entre 4000 y 12000 litros; y bodega si produce más de 12000 litros de vino.  Cada categoría tiene regulaciones especiales y controles diferentes.
Desde hace unos años, los productores de vino casero reciben ayuda de parte del INV para evitar que estén en condiciones de desigualdad y también elevar la calidad del producto final.  Rául Guiñazú, Gerente de Fiscalización del INV, recuerda que en la década del ‘90 los productores “eran perseguidos porque no tenían entidad empresarial para comercializar sus productos.  Salían a venderlos al costado de las rutas para ganarse la subsistencia y los inspectores les secuestraban o directamente les destruían la mercadería”.
Hoy, desde el Instituto los ayudan con los controles y análisis pertinentes, además de brindarles cursos de capacitación y créditos para la compra de insumos.  Por lo general, esto último lo obtienen nucleándose en cooperativas o agrupaciones y compran, por ejemplo, moledoras y prensas en forma comunitaria.
El mismo Instituto emitió un informe donde se explica que “hasta el año 2003, no existía una categoría oficial que los contuviera y les diera un marco legal y de garantía de calidad para producir.  Hoy, el ‘vino casero’ y el ‘vino artesanal’ cuentan con los avales necesarios para ser comercializados.”
El productor casero no necesita tener un enólogo a cargo de la producción, aunque muchos lo son, marcando una diferencia entre sus pares y con las generaciones anteriores que aprendían a hacer vino más a fuerza de tradición que de técnica.  Quienes vimos producir vino en nuestras casas sabemos que muchas veces no se usaba sólo vitis vinífera sino también "uva criolla" o "uva chinche" para estirar la producción y hacer volumen.   Guiñazú agrega que “por caso, la acidez volátil del general de los vinos caseros es actualmente igual al de los vinos industriales”.  Este hecho no es menor, nos da la pauta de que hay pequeños productores que están buscando ser competitivos y desterrar mitos “por prepotencia de trabajo”, como diría Roberto Arlt.


Con el máximo de calidad
Esto del vino casero suele dar sorpresas.  Es que los estándares de calidad han subido y sólo falta derribar algunos prejuicios.  Una de esas sorpresas ocurrió cuando Alejandro Vigil, jefe de enólogos de Catena Zapata y uno de los más prestigiosos del país, twiteó que le había gustado un vino casero llamado 13Cles.  No fuimos pocos los que guiados por semejante recomendación nos embarcamos a la casa de esta rara avis.  Nos encontramos con un vino de impecable manufactura, actual, fresco y con una presentación muy lograda.
Marilyn García, su enóloga y propietaria, nos explica que “los costos de elaborar un vino casero de buena calidad son altos porque los insumos que compramos en pequeña escala son más costosos” y reconoce que el conocimiento técnico es muy importante y cada vez se nota más.  De hecho, nos confiaba que “me contaba este año una persona del INV que vino a sacarme una muestra que son asombrosas las diferencias que hay de un elaborador a otro, que no tienen mucha información sobre elaboración y que solo 4 o 5 son los elaboradores que logran una buena calidad”.
Los productores de vino casero no pueden colocar en la etiqueta el varietal que vinificaron, de hecho muchos desconocen con qué varietal están trabajando porque continúan con la tradición de las viejas fincas familiares.  “No podemos realizar exportaciones y la denominación de la variedad también es una gran dificultad para los que los elaboramos” nos plantea Marilyn García.  En su caso lo resolvió con ingenio agregando a la impactante etiqueta un “librito” con los datos técnicos que no puede colocar al frente.  Es un detalle que queda lindo y disimula el inconveniente.  
Su vino forma parte de un selecto grupo cuya calidad sobresale entre el resto. 
La distinción se puede lograr, y afamados enólogos se prenden en esto de hacer vino casero, o “vino de garage” como le dicen en Europa, donde hay un cierto auge.  Pero también hay mucho de mentira y marketing.  Porque si figuran como bodega o como vino artesanal, entonces no pueden hacerlo en casa.  El trabajo es más “artesanal” que en las grandes bodegas, pero no entra dentro de las categorías antes descriptas.  O tienen un garage muy grande…


Subir la apuesta

Nicolás Gabardós empezó con sus vinos Luna Roja como vino casero, pero a fuerza de trabajo y una actitud perseverante logró crecer y pasar a producir como vino artesanal.  Su producto tiene una calidad constante a lo largo de los años y eso le permitió ganar numerosos premios con su Syrah, algo difícil para el elaborador artesanal que corre con desventaja frente a los monstruos de la industria.  Nicolás nos cuenta: “Yo comencé en el 2009 haciendo 600 litros de vino casero en mi cochera, con la diferencia del resto que soy enólogo.  Luego en el 2011 pase a elaborar mis vinos en bodega ya que pase a elaborar de 600 a 5000 litros y hoy estoy elaborando 9000 litros de Syrah, siendo el más premiado de la Argentina”.
Hemos probado su Syrah 2011 y 2012, además de la nueva línea Roble, y se destaca por lo prolijo de la elaboración y su perfil distinto a los demás Syrah.  Un vino de paladar moderno, versátil y ágil que gusta a todos.  En su versión roble, gana en complejidad e intensidad.
Muchos de los  productores hacen vino porque tiene el conocimiento acumulado de generaciones haciéndolo, pero pocos cuentan con el aporte de haber estudiado la carrera de enología.  Crecer en producción les cuesta mucho y los costos de una bodega artesanal aumentan, “los vinos caseros se hacen en galpones, cocheras, patios, casas, etc., con poco control del INV y sin que la persona a cargo sea enóloga.  El elaborador de vinos artesanal debe tener un espacio físico exclusivo para la elaboración de vinos habilitado por la municipalidad e INV, controles más continuos y la elaboración debe estar controlada por un enólogo contratado por el elaborador”.
Es un paso más que implica sumarle al entusiasmo inicial ambición y plan de negocios.  Muchos productores no quieren darlo, colocar en el mercado 5000 botellas no es igual a colocar 10000 o 15000, tener que contratar un enólogo o un ayudante, acondicionar un espacio físico no siempre disponible y estar atento a cientos de despachos de mercadería.  Por eso muchos se mantienen en el margen de los 4000 litros autorizados a producir y venden el excedente de fruta a otros productores y bodegas.  Todo requiere trabajo extra y dinero y pocos se animan a subir la apuesta.


Yo también quiero

Claudio “Bony” Bonisolo, Claudio Roa y Juan Nolasco son tres amigos que siempre paraban al costado de la ruta a comprar vinos.  Sus ascendientes inmigrantes les habían inculcado el gusto y el respeto por el productor casero, porque ellos mismos hacían su propio vino.  Pero notaban que los resultados eran dispares y no siempre agradables.  Entonces se preguntaron ¿no se puede hacer mejor?  Y así empezaron a comprar uva y a vinificar en su casa, como un hobby.  Cuidaron las normas de higiene, se inscribieron en el INV que los ayuda con los análisis, aprendieron a seleccionar las uvas, etc.  Los resultados fueron de su gusto y cada vez crecía más la producción y los interesados en acompañarlos.  Así nació Hago mi vino, un proyecto de elaboración de vino casero del que todos podemos participar. 
Hacer vino es “una tradición que se va perdiendo” nos cuenta Claudio Roa, “de hecho nuestro proveedor vende cada vez menos uva”.  Los abuelos se van muriendo y el cambio cultural de la posmodernidad descree del esfuerzo y la satisfacción de hacer algo por uno mismo.  Es más fácil ir al supermercado.
La propuesta consiste en que estos tres amigos nos guían en todo el proceso y el resultado final es nuestro propio vino.  Nos acompañan a comprar la uva y elegir nuestro varietal, nos enseñan cómo es el proceso de fermentación, embotellado, etiquetado, etc.  Es un curso práctico donde aprendés elaborando tu vino.  Lo interesante del caso es que no se hace ni remotamente cerca de los polos vitivinícolas sino en el conurbano bonaerense, más precisamente en Morón, aunque las uvas provienen de Bowen, al sur de Mendoza.
Sus abuelos hacían vino en casa y quisieron revivir la tradición y la fiesta que conlleva hacer el noble brebaje.   La gran diferencia está en que ellos suman a la pasión la técnica y el know how aportado por el estudio.  Por ejemplo, cuidan las condiciones de salubridad, no “estiran” los vinos con uvas criollas para lograr volumen, hacen análisis, controlan temperaturas, etc.  El resultado son vinos sinceros, sin enmascaramientos y ricos.  Pude probar su vino Fondo de Azcuénaga en versión Blend y Cabernet Sauvignon y la impresión fue la estar catando un vino bien hecho, pero con la candidez de lo casero.  Repito, un vino sincero.



Cerrando algunas ideas

El vino es parte de la identidad culinaria nacional, no porque haya surgido aquí sino porque somos hijos de inmigrantes y ellos trajeron sus cepas y tradiciones.  Una de ellas era elaborar el vino propio o comunitario.  Con la modernización y expansión de la industria vitivinícola y el cambio en los hábitos de consumo, el gusto del consumidor ha llegado a nuevos paradigmas y estándares de calidad.  Parecía que el vino casero iba a contramano, destinado a mera curiosidad regional y, finalmente, a desaparecer.  Es ahí donde la intervención estatal logra dar un marco legal que ayuda al productor a no quedar excluido y mejorar su trabajo.
El campo de acción por delante es enorme.  Diversificarse, mejorar, ganarse un respeto son algunos de los puntos que deben afianzar y que muchos ya están logrando.  El saber popular dice que las comparaciones son odiosas, y a veces se aplica.  Comparar estos vinos con los que sacan las bodegas con millones de pesos de presupuesto es injusto.  Sin caer del otro lado (pensar que los Caseros son mejores), debemos darles su oportunidad y saber entenderlos, porque son parte de nuestra tradición y porque diversifican la oferta al consumidor.
¿Cómo medirlos? Como lo que son, vinos caseros, con sus debilidades y sus gracias.  Así como nos molesta que comparen nuestros vinos con los franceses y sentimos que nos “globalizan” el gusto, no debemos caer nosotros en el error de medirlos con la misma vara con que lo hacemos con los vinos industriales.  Como decía el gran Arturo Jauretche: “Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”.

Tal vez exagere, tal vez sea un recuerdo del futuro, pero el vino casero nacional ya no está al costado de la ruta.  El vino casero argentino está EN la ruta.

Algunas fotos que fuí tomando


jueves, 6 de junio de 2013

3 vinos que me gustaron mucho

Mientras preparo varias notas sobre degustaciones, ferias y presentaciones a las que tuve la suerte de asistir les dejo unos comentarios rápidos sobre tres vinos que probé recientemente y me dejaron una muy grata impresión.
Hay para todos los gustos: Malbec, Pinot Noir, Blend, estilos modernos y tradicionales.  Más allá de que los tres me gustaron mucho, me parecieron vinos que están bien o muy bien en su rango de precios.



Malma Finca La Papay Pinot Noir 2012.  Un gran exponente de los Pinot Noir patagónicos.  Esencialmente un vino de aromas a frutos rojos chicos, dulzones, cereza, granada y buena tipicidad.  En boca está redondito, con unos pequeños taninos atractivos y buen final.  Es apenas dulce pero bien grato.  Lo sentimos un poco "cálido", pero bajó como agua de lo rico que está.
Me pareció un vino claro, sincero, ¿querías un buen Pinot? Acá lo tenés.
Precio: $40.  Un golazo de media cancha.

Tapiz Malbec 2011.  Un profundo Malbec negro-violáceo, de aromas iniciales lácticos que se van al poco tiempo dando lugar a los frutos negros y notas de la madera que se van yendo en la copa dejando lugar a la fruta, fruta fresca, como la que se respira en una bodega cuando se están fermentando los vinos.  En boca es un vino de ataque dulce, con taninos redondeados, pero fuerte presencia y un largo final que supera a los vinos de su segmento.  Su sabor es terroso y de mermelada de frutas como la mora, con algún leve amargor que no habla mal de él.
Un Malbec de estilo moderno, concentrado, a veces cansador, pero bien interesante con un buen potencial de guarda.
Precio: $45.  Muy buena RPC.

Montchenot Tinto Gran Reserva 15 años 1996.  Este vino lo degustamos a ciegas con otros amigos blogueros.  Fue una juntada informal y me llevé a casa el resto del vino, donde pude probarlo más tranquilo.  Puesto a ciegas se adivinaba un vino de gran evolución por su color amarronado de baja profundidad.  Fabián Mitidieri dijo al instante “esto es del estilo de López”.  Y acertó.
Inicialmente mostró fuertes aromas a encierro, que al agitar la copa se fueron dispersando.  Es un vino que estuvo 10 años en toneles y necesita respirar, ser libre.  Luego esos aromas fueron virando al cuero, las frutas secas y también la fruta fresca, que ganó protagonismo al día siguiente.  En boca es una seda, de paso armónico y una acidez vibrante.   Un vino a contramano de las modas.
Precio:  $250 aprox.



martes, 4 de junio de 2013

Algunos cambios en el blog

Creo que esta entrada del blog es un poco obvia, porque como habrán visto he realizado algunos cambios en el blog.
Esencialmente son cambios estéticos.  Quería una renovación. 
También quería mejorar algunos detalles:
  • Ahora los resultados de las búsquedas se ven mejor.
  • Licencia de Creative Commons, use el contenido, pero cite la fuente.
  • Enlace a las redes sociales mejorado
  • Habilitar la cuenta de Twitter
  • Link a las dos opciones de Facebook: hacete amigo mío o sólo dale Me Gusta a Vinarquía
  • Perfil personal y Políticas del blog más claros
  • Vinarquía Gourmet: un lugar donde nuclear las entradas relacionadas a maridajes, restaurantes, etc.

Hacer estos cambios cuestan mucho trabajo.  Como Vinarquía no es un emprendimiento comercial se hacen quitándole tiempo a otras obligaciones, por eso puede ser que todavía hayan quedado cabos sueltos, enlaces rotos y cosas que mejorar del diseño nuevo.
Ya los iremos mejorando.
Sus comentarios son bienvenidos.


Ah, el compromiso del blog por una crítica independiente sigue siendo la misma.