lunes, 31 de marzo de 2014

Foto del mes

Champagne, por Forto-o

Como sucede cada vez que quitamos una hoja al calendario, llegó la Foto del Mes de Vinarquía.  Esta vez elegí la obra de un excelente fotógrafo serbio cuyo arte transmite una gran sensualidad y magnetismo.  La elección de la champaña fue una gran elección.
 


martes, 25 de marzo de 2014

Convertir un tocadiscos en bar

Desde hace tiempo tenía en mente el proyecto de reciclar un viejo tocadiscos combinado y convertirlo en un pequeño bar hogareño.  Simplemente quería un espacio para guardar copas, enseres de la vida de borracho y algunas botellas que no van en la cava de vinos. Quienes me tienen como amigo en Facebook habrán visto algunas fotos del proceso y debo reconocer que nunca pensé en hacer una nota de esto, pero luego pensé que puede ser inspirador para otros, que incluso lo harán mejor.

Así lo compré (fotos de Mercado Libre)

¿Por qué un tocadiscos? 
  • en una época donde todo es melamina, son bellos muebles de madera;
  • no son caros si no funcionan;
  • tienen una onda vintage a la que le podemos dar toques de modernidad si nos gusta;
  • son un foco de atención en nuestra decoración y un tema de conversación;
  • su diseño nos brinda buenos espacios para que cumpla la función de bargueño;
  • es un lindo proyecto de transformación, relativamente sencillo, y no hay nada más lindo que hacerlo uno mismo.
El primer paso es conseguir un viejo radio-tocadiscos o combinado que no funcione. Si no funciona te saldrá más barato y no sentirás pena (y quejas) de desarmar una pieza de la historia de la música. Yo lo compré por Mercado Libre e insistiré en que se fijen bien en el estado general de la madera, así no tienen que hacer una restauración profunda y costosa o que supere nuestras posibilidades hobbistas. También les recomiendo que se fijen bien con cuánto espacio cuentan y qué espacios de guardado les brinda el diseño del tocadiscos. No todos son iguales y algunos no nos servirán para nuestro proyecto.
Luego de una obligada limpieza en profundidad procederemos en desarmar todo lo desarmable. Fundamentalmente hay que quitar el tocadiscos, la radio y los parlantes. Por lo general, los parlantes traían una tela al frente o una especie de esterilla que suelen estar rotos, descoloridos o frágiles tras los años. En el mío, la tela estaba desteñida y rota en algunos puntos y decidí quitarla porque además es lo que más aspecto a viejo le daba.

Desarmado y lijado
 
Una vez quitada toda la electrónica y elementos que no nos interesen comenzará el proceso de lijado. Y sí, a nadie le gusta lijar, pero si el acabado del mueble no es el mejor deberemos hacerlo. Una vez pasada la bronca inicial, entramos en armonía con el universo (?) y profundizamos nuestra relación con el mueble, viendo detalles que antes habíamos pasado por alto: quizás una pata rota o detalles en el enchapado que habrá que reparar.  Luego, hay que barnizar.  Yo opté por la laca melacrílica, un producto caro, pero que me ha dado resultados fenomenales.
Al eliminar ciertos elementos del tocadiscos como la radio o la tela que cubría los parlantes se darán cuenta que no todas las superficies están preparadas para quedar a la vista. Hay que pensar en cubrir esas superficies. Las posibilidades son varias: enchapado (lo venden en las madereras), algún papel decorativo, postales, diario, espejos, tela, cuerina, etc. Tras una larga búsqueda me decidí por un papel de pared, porque tienen lindos diseños y son más durables.

 
Un lindo detalle es ponerle iluminación interior. Otra vez, las posibilidades son varias. En este caso, compré una tira de leds (alrededor de $100 el metro).  Iluminan muy bien, vienen de varios colores y se pueden cortar (hay un punto específico cada 3 luces para hacerlo). Los leds utilizan un transformador de 12v, no se olviden de comprarlo.   Este punto puede ser el más complicado para quienes no estamos familiarizados con las instalaciones eléctricas, pero no tengan miedo porque es muy sencilla su colocación.  Si optan por leds necesitarán también una soldadora de estaño para "pegar" los cables y no se olviden de colocar un botón para que se apague la luz al cerrar las puertas del mueble.
Como repetí a lo largo de la nota, las posibilidades son múltiples y cada proyecto es único. Si se organizan puede ser un lindo proyecto de fin de semana largo.

Resultado final, con mi cava al lado


Agradecimientos: a Sony, por su cámara H-200 que saca fotos de tan mala calidad.  Al lado había una ventana recibiendo luz natural.


 

lunes, 17 de marzo de 2014

La Cocina Sin Fronteras de El Baqueano

 
En los casos en que ir a comer afuera es la salida, uno de los principales criterios que tengo para elegir el restaurante es que me sorprenda con sus platos.   No disfruto ir a un lugar donde se cocina lo mismo que en mi casa, a no ser que lo hagan mucho mejor.  Por eso no soy muy amigo de las parrillas.   En ese sentido, uno de los lugares que quería conocer era El Baqueano, un restaurante de San Telmo especializado en carnes autóctonas alternativas como el yacaré, ciertos pescados, la llama, etc.  Imaginen esas carnes "raras" para nuestros paladares de metrópolis globalizada preparadas con las más modernas técnicas internacionales y tendrán una idea de la propuesta del chef Fernando Rivarola.
Como se estila en estos lugares, el menú es por pasos y varía según la estación.  Habíamos ojeado en la nota reciente de un medio online cuál era la oferta del momento y con ánimos de experimentar nos dirigimos a Chile y Bolívar.  Al llegar tuvimos una grata sorpresa porque justo se llevaba adelante el Proyecto Cocina Sin Fronteras, una propuesta de El Baqueano que consiste en traer un chef latinoamericano invitado por mes y ofrecer un menú mixto de los dos restaurantes. En esta oportunidad la invitada era la danesa Kamilla Seidler de Gustu (de La Paz, Bolivia) y uno de los auspiciantes era Catena Zapata maridando los platos con sus vinos. ¡Bingo!
 
 
Nos recibieron con una copa de Saint Felicien Nature, rico, de buena burbuja, fácilmente bebible y que nos resultó un buen acompañamiento para las entradas.  Lo primero en llegar fue el Jamón de Río a base de Pacú.  Este plato de Fernando Rivarola es un homenaje a Remanso Valerio, un pequeño pueblo de pescadores a orillas del Paraná que ha perdido su sustento por culpa de la pesca indiscriminada y la contaminación, empujándolos a la pobreza.  Porque la gastronomía también puede hacerse eco de las luchas sociales y eso está bueno.  Tras él llegó el primero de los platos de Kamilla Seidler (alternaban uno cada uno), un exótico "huevito" que contenía un Cremoso de choclo y conejo con tonos de limón. Era de tamaño bocado y los sabores y texturas explotaban en la boca.
 
 
En ese momento apareció nuestro segundo vino: Saint Felicien Sauvignon Blanc 2012, se mostró algo austero de aromas, pero con sabores cítricos y herbales bien definidos.  Un vino bien equilibrado que acompañó una Declinación de Papas Andinas provenientes de la Fundación Alfarcito. Allí, Rivarola jugó con diferentes las texturas que le permiten las papas andinas, desde un papel crocante, hasta papas cocidas y hechas crema. Sorprendió lo versátil de este conocido tubérculo y su presentación novedosa.
Luego llegó el primer plato que ya no podíamos definir qué era: Papalisa perfumada con flor de Jamaica.  Kamilla se trajo de Bolivia varios ingredientes que aquí no se consiguen y logró impactar nuestros paladares con lo novedoso de su cocina.  La papalisa (o papa lisa, conocida también como ulluco) es un pequeño tubérculo andino, de textura similar al de las ciertas papas, más jugoso y que sabe a origen subterráneo.  Lo acompañó con una novedosa cocción de remolachas que aportaba un sabor ácido y equilibraba la papalisa.  A mí no me gusta la remolacha, pero este plato demostró que a veces no queremos algo porque no encontramos una forma de prepararlo que nos guste.
 
 
Nuestro tercer vino también fue un blanco, el único que me faltaba probar de la línea Nicasia de Catena Zapata: Nicasia Blanc de Blancs 2012, un corte 60% Viognier, 25% Gewürstraminer y 15% Sauvignon Blanc.  La complejidad del corte se siente en sus aromas donde hay frutas tropicales, notas herbales, menta. Entra dulce, pero es balanceado y con un regusto de hierbas que nos gustó bastante. Lo acompañaron una Empanadilla de Langostinos de Puerto Madryn y un Crujiente de Coliflor, charque de Alpaca y yema de huevo.  Como verán en la foto, las empanadas no son como las que hacemos en casa sino que se parecían más a un won ton chino, pero de un relleno exquisito.  El crujiente de coliflor era algo extraño, pero los sabores y sensaciones se compensaban mutuamente, el charque aportaba lo salado, la coliflor lo "crunchy" y la yema ligaba todo eso.
 
Fíjense el color del Merlot en la copa
 
Los platos principales tenían que ser de carne, como corresponde. Pero tratándose de El Baqueano, las carnes no son las tradicionales vaca, pollo y cerdo.  Así que respiramos hondo y nos preparamos para la sorpresa.  El primer principal era otro plato de Seidler y otra vez nos sorprendió con productos desconocidos para nosotros con esta Llama, cactus Achacana y yogurt con miel salvaje. Otra vez armonía y sabores diferentes.  El vino que lo acompañó no era algo menos espectacular y único, un Angélica Zapata Merlot Alta 2005 para sacarse el sombrero.  Su estilo es totalmente diferente a un 2007 que habíamos probado recientemente, aquí abunda la mermelada de frutos rojos y las notas lácticas acompañadas de chocolate y café.  Sorprendió lo entero que estaba tras tantos años, ni se notaba la evolución y en boca se mostraba ameno, equilibrado y largo.  Glorioso.  ¿Quién dijo que nuestros vinos no admiten guarda?
El segundo principal vino de la mano de Fernando Rivarola y tenía por nombre Nuestra interpretación de cordero pre-salé y salicornias. Las salicornias son unas rudas plantas que crecen en los salitrales y se las está plantando en regiones con poca agua dulce como la Patagonia ya que puede regarse con agua de mar.  Los corderos alimentados con esta planta toman un sabor salado natural conocido en Francia como pre salé.  La presentación era toda una puesta en escena que buscaba transmitir un paisaje costero.  La intensidad del cordero (que Marcela considera que necesitaba un poco más de cocción) se combinaba con el sabor salobre de las salicornias y otros pequeños detalles dispuestos en el plato que no pudimos saber qué eran.  Muy interesante y divertido aunque algo cansador.
La complejidad del plato necesitaba algo igual de complejo para acompañar, como el DV Catena Syrah-Syrah 2010. El sommelier eligió acertadamente este vino, el Syrah es un acompañante clásico del cordero y no le importó que el anterior fuera más costoso.  Se guió por la complejidad del plato y el vino y acertó.  Un Syrah de excelencia donde abundaba la fruta como la cereza, las especias y las notas de cuero y cárnicas propias de la cepa.  Lejos de otros vinos más rústicos, este mostró unos taninos amables, un cuerpo elegante y un regusto de sandia.
 
Vinarquía junto a Kamilla Seidler y Fernando Rivarola
 
Para los postres nuestros paladares estaban repletos de sensaciones y sabores, por eso había un  Sorbete de leche ácida como "limpiaboca".  Este pequeño no es lo más rico del menú, pero cumple su cometido.  Ahora sí estábamos listos para encarar los postres y seguir sorprendiéndonos. Era otra vez el turno de Kamilla y nos acercaron un Singani, aguardiente típico de Bolivia a base de uvas Moscatel de Alejandría, con el que debíamos prepararnos para probar su Chankaka y Tumbo. El postre constaba de tres preparaciones que ahora no puedo explicar claramente qué eran.  Por separado no decían nada, uno era dulce, el otro ácido, el otro crocante, y hasta podría decir que no me gustaron, pero al mezclar los tres en la boca se producía la magia de la armonización.  Juntos se convertían en una exquisitez y uno entendía la maestría del chef.
El último postre lo acompañamos de Alamos Moscatel de Alejandría S/A, un vino dulce, última incorporación de la línea Alamos y del que ya hablamos en otra oportunidad.  Fue el indicado para el postre del chef argentino que consistía en una presentación de Cayote, canela, limón, maní y madera comestible. Sí, comimos madera, la confitura de un árbol conocido como Yacaratiá que se produce en Misiones.  Terminamos literalmente redondos.
 
Ir a comer a El Baqueano es una experiencia para repetir. La consigna es estar con la mente y el paladar abiertos para probar algo distinto con la confianza puesta en que el chef sabe buscar el equilibrio en sus preparaciones. Sorpresa y pasión son el resto de los condimentos.
 
 
 

miércoles, 12 de marzo de 2014

La posibilidad de beber parte de la historia líquida del mundo

Para la mayoría de la gente su cumpleaños es una fecha especial, tal vez una de las más especiales del año.  En la medida de sus posibilidades todos lo festejan, desde unas humildes pizzas en casa hasta celebraciones en salones suntuosos.  En el medio hay toda una gama de matices.  Lo mejor de los cumpleaños es la posibilidad de reunirse con nuestros afectos... y recibir regalos (yo sé que en el fondo solo quieren los regalos).  Es broma, yo sé que en realidad solo quieren tomar sin que nadie les reproche nada.
Me tildarán de amargo, pero yo no soy muy amigo de festejar mi cumpleaños.  Hay veces que sí y otras que no.  Por lo general, hacemos algo así nomás y ya está.  Este año, con el bebé recién nacido, opté por no hacer más que una mínima reunión con la familia más cercana.  Pero no me privé de descorchar algo especial, porque cualquier excusa es buena para abrir un rico vino.
 
 
¿Qué hay más especial que el vino del año de tu nacimiento?  Regalar o regalarse a uno mismo el vino del año de tu nacimiento es algo que no se borra más.  Para un amante del vino es algo único.  La posibilidad de beberte una parte de la historia líquida del mundo. 
Muy pocas bodegas hacen vinos como para que duren al menos los 18 años que necesitamos para  beber la añada de cuando nacimos legalmente.  Una de ellas, a la que respeto mucho, es Bodegas López.  Uno puede comprar sus vinos y guardarlos durante años, cuidando las condiciones de conservación.  O también puede contactarse con la bodega y preguntar por las añadas que tienen en estiba.  Hay guardados Montchenot desde el 1956 hasta hoy, casi sin faltantes. 
Éste es el caso de mi Montchenot 20 años 1980.  No voy a decir que me tembló el pulso al descorchar, pero algo de emoción y nervios hubo.  Como ya venía desde la bodega no había riesgos de que estuviera malo ni de que se rompiera el corcho (son reencorchados), pero son 34 años. 
Abrir una etiqueta así no es algo de todos los días.  Por supuesto, son esos momentos donde uno saca el decantador, abre la botella con esmero, la muestra y escucha las ovaciones del público, se sonríe de lado ante la botella verde por su simpleza y estilo vintage.
Los aromas de este vino son algo difícil de encontrar en otros.  Por supuesto, sentimos su evolución, sus notas licorosas como de cobija en invierno, mermelada, hierbas y especias, detalles de café y todo un delicado bouquet.  Un vino que pareciera remitirnos a noches más frescas que las del verano.
El punto álgido era al llevar la copa a nuestros labios, hasta dónde nos gustaría un vino con más de 30 años encima.  Como todos los Montchenot era de una gran suavidad y delicadeza, equilibrado, con rica acidez y un largo regusto a mermelada y roble.  Dejando de lado lo especial del momento, un vino excelente, de sabor neto y apasionante.
A veces me gusta pensar que si los vinos son seres vivos escuchan lo que se habla en las bodegas.  Guardan en sus memorias de cristal secretos, historias y risas.  Este guardaba la noticia de la Guerra de Malvinas, los jubilosos gritos del retorno a la Democracia, el terror del terremoto del 85 en Mendoza, el festejo de los goles y tantas cosas de la historia reciente argentina.
Yo no sé si exagero, pero algo de todo eso trajo mi botella.
 
 
Notas relacionadas:

 
 

sábado, 8 de marzo de 2014

Hoy elige Marcela

Hoy se conmemora otro Día Internacional de la Mujer Trabajadora (tal su verdadero nombre) y en Vinarquía siempre quisimos estar presentes brindando y recordando a todas las mujeres del mundo, sus luchas y sus logros.  El primer año del blog publicamos una poesía de José Paredero, en 2013 entrevistas a tres referentes de la industria que nos contaron cómo venía la cosecha, y hoy estaremos más de entrecasa y cederé mi palabra a Marcela, mi esposa y compañera, para que elija unos vinos desde su paladar femenino.
Marcela es parte fundamental de este blog, es la que me acompaña catando en casa, en los viajes y también la que tiene la primicia de todas las notas.  Más de una vez ha hecho correcciones, sugerencias o puesto freno a alguna "gallegada" mía. 
Durante el embarazo no pudo tomar nada y sufría viendo pasar ricos vinos.  Ahora que el bebé nació y que toma principalmente mamadera, puede probar un poco dándole tiempo a su cuerpo a procesar el alcohol.  De esta manera pudo catar algunas novedades que se ajustaron perfectamente a su paladar.
 
 
"Un buen aperitivo para cualquier cena o un buen acompañante para platos livianos es el Phebus Malbec Rosé 2012 ($53)", nos dice Marcela.  Un rosado de color muy sutil, tirando al salmón y a la piel de cebolla.  Sus aromas "recuerdan al Malbec por su fruta roja", pero incorpora notas cítricas y herbales.  De entrada seca, se siente equilibrado, con acidez refrescante y sabores que recuerdan a la cereza y la frambuesa.  Un muy buen rosado, refrescante y de largo final.
Ahora, si hay que acompañar carnes Marcela se inclina por los tintos (aprendió bien).  Pero como pasa con buena parte del público femenino, no gusta de los vinos rudos como el Cabernet Sauvignon sino que se inclina más hacia los Malbec.  A mí me gustan mucho los Cabernet y los vinos de estructura importante y elegir un tinto que nos guste a los dos no es nada fácil.  Pero hubo una novedad que cambió el paradigma: Celedonio Cabernet Sauvignon 2012 ($195).  Proveniente de Valle de Uco, "no es el típico Cabernet que te lastima la boca.  Es 'importante', pero ameno, equilibrado y fácil de tomar".  No puedo estar más de acuerdo, el vino tiene un perfecto balance en boca y un final acorde de fruta fresca y notas minerales.  Además tiene unos "hermosos aromas", complejos, pero perfectamente identificables (un detalle que nos gustó mucho) de frutos negros, cassis, pimienta, minerales y algo de café. 
Este vino de Bodega Margot nació con el pie derecho.  Días atrás le dieron una medalla de oro en los Argentina Wine Awards
 

A la hora de los brindis, siempre prefirió las burbujas dulces.  Y si de espumantes dulces hablamos, hay uno que siempre se lleva las palmas entre las damas: el Deseado ($80) de Familia Schroeder, un espumoso dulce de Torrontés elaborado con el método Charmat.  Las abundantes burbujas acompañan sus aromas florales y melosos.  En boca es dulce y llena la boca.  "Ideal para juntarnos con amigas alrededor de un vino simple, pero comprador.  Que es parte del tema de conversación, pero no EL tema de conversación".
Otro dulce que le gustó mucho fue Las Perdices Sweety que incorpora una presentación nueva de 187 cc. ($30).  Un poco menos dulce que el anterior, es un blend 50% Torrontés, 30% Viognier y 20% Sauvignon Blanc.  "Ese corte le da una compleja y rica nariz de durazno blanco, la nota herbal del Torrontés, flores blancas y algo meloso que recuerda lejanamente al mazapán".  En boca es principalmente dulce, pero muy bien equilibrado con su acidez, se sostiene y reparte muy parejo por la boca.  Ambos coincidimos con que es un dulce con la complejidad necesaria para gustar al conocedor y al novato.
Esta novedad de Las Perdices viene acompañado de otra botella mini, Las Perdices Extra Brut 187 cc. ($30).  Ya no hablamos de un espumoso dulce, pero su azúcar residual al límite (11 gr/litro) lo vuelven "comprador y bolichero".  Elaborado con el método Charmat a base de Pinot Noir y Chenin, su burbuja es fina y delicada. Sus aromas recuerdan al ananá, con toques cítricos.  "El final es seco y te deja un gustito a manzana verde."
 
 
 
Creo que son una serie de buenas opciones, "de mujer a mujer", pero que también pueden gustar al varón.  No queda más para agregar que reiterar mis saludos a las mujeres del mundo:
 
 
 
¡¡¡Feliz Día Internacional de la Mujer!!!
 
 
 
 

miércoles, 5 de marzo de 2014

El vino y la vida

 
Hasta el hartazgo nos han repetido que los vinos son organismos vivos, porque una vez que nacen, se desarrollan hasta morir. En esa evolución de su vida líquida sufren cambios, crecen y a veces degeneran. Nuestras vidas, no distan mucho de esto.
Hace un mes ya, nació nuestro primer hijo. Yo tenía guardado un vino para celebrar ese momento, un Gran Enemigo 2008. La anécdota cuenta que Alejandro Vigil, su enólogo creador, le puso ese nombre por el nacimiento de su hijo. Tal vez sí, tal vez no. Yo a los escritores y a los enólogos no les creo nada, porque inventan, hacen volar historias e ideas y las encierran, unos en un libro, otros en una botella. En definitiva, lo que importa es el mensaje.
Somos un armónico conjunto de órganos y sentimientos; pelos y gritos; luchas y sueños; errores y panes a medio cocer. Somos complejos, únicos, innegablemente hermosos. Por eso no podemos definir a los seres humanos. Como con los vinos, cualquier descripción es limitada y subjetiva. Y si lo lograra, vistas desde lejos todas las descripciones se parecerían.
Un vino no alcanzó y empecé a descorchar más. Al Gran Enemigo, le siguieron dos Bonardas, Caliche Bonarda 2011 y Cara Sur Bonarda 2012. Y a ellos le siguieron los espumosos, Margot Extra Brut y Cruzat Cuvée Réserve Extra Brut.
 

Como la vida, todos eran complejos, únicos. Vinos que saben a origen, a terruño, a esfuerzo humano. Conozco las historias de quienes los hacen, desde dónde vienen, cuántas millas han remado y por eso estoy seguro de lo último.
Nosotros somos iguales. Somos identidad, terruño, crianza y esfuerzo. También tenemos defectos y errores, porque no podemos ser perfectos. No creo en los vinos perfectos. De hecho, uno ellos, tenía un sutil defecto que lo volvía más mundano, sin tantas medallas y menciones.
Y los decorches no terminaron, lo sigo haciendo cada día desde hace un mes y lo seguiré haciendo hasta que la última célula de mi cuerpo deje de funcionar. Quiero brindar cada día por mi hijo, esa extensión de uno, tan independiente y tan uno. Como le escribió José Martí a su hijo en el Ismaelillo: "Espantado de todo me refugio en ti. Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti. Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así."

Espero no aburrir, porque aunque parezca que hablo de mí y de los míos, estoy hablando de vinos. De lo que son los vinos auténticos, tan difíciles de describir que las notas de cata no les hacen justicia. Vinos que tienen eso que llamamos mineral, aunque no podamos definirlo, vinos que cautivan más allá de las palabras. Esa amalgama de aromas y el placer de comprenderlos no se transmite en un par de líneas. La textura, el sabor, el efecto reparador y de goce al tragarlo no pueden llegarnos a través de las palabras. La vida hay que vivirla. Pueden narrarla, pero hay que vivirla.
Como siempre, el poeta es quien mejor define las cosas indescifrables, esas para las que nuestra expresión es limitada. Y ni siquiera son infalibles, no hay un poema definitivo que condense la vida y su complejidad. Allí está el Si de Rudyard Kipling, las Hojas de hierba de Walt Whitman, la poesía combativa y tierna de Benedetti, los poetas malditos de todas la épocas y ninguno lo logra. Por eso creo que la literatura y el vino comparten un mismo anhelo de búsqueda. La literatura y el vino son como la vida, así de insondables.
Tal vez haya algo en esta Oda a la vida de Pablo Neruda que se acerque a lo que estamos hablando:

Vida,
eres
una máquina plena,
felicidad, sonido
de tormenta, ternura
de aceite delicado.

Vida,
eres como una viña:
atesoras la luz y la repartes
transformada en racimo.