martes, 14 de abril de 2015

A la salud de dos grandes que se fueron


Cuando la vida me sacude con alguna sombra de dolor recuerdo Los heraldos negros de César Vallejo, uno de los poemas más bellos de toda la literatura latinoamericana. Ayer leí otra vez el poema porque la cultura tuvo dos pérdidas importantes.  Dos escritores separados por miles de kilómetros de distancia que terminarán compartiendo el último vuelo a vaya-a-saber-dónde.  Otra vez sonaron en mi cabeza aquellos versos: "hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! / golpes como del odio de Dios".
Uno murió en Lübeck, Alemania, el otro más cerca, en Montevideo. Ambos fueron escritores críticos del mundo en que vivimos, de esos que incomodan y que abren cabezas. Ambos fueron también amantes de la buena mesa y los buenos vinos.


El Nobel alemán Günter Grass nos dejó obras como El rodaballo, un libro complejo, uno de sus kopfgeburt (engendros de la mente) donde la historia de la gastronomía se vuelve la historia del hombre. ¿O acaso la historia de la alimentación no es la historia del hombre?
No solo escribió sino que también pintó y uno de sus dibujos llegó a la etiqueta de un famoso vino italiano, el Chianti Casanuova di Nittardi que al igual que Château Mouton Rothschild suele invitar a artistas para que engalanen sus botellas.


Eduardo Galeano nos duele más, es más cercano y siempre fue más claro con su mensaje. Recordaré siempre las tardes junto a sus libros peculiares donde el límite entre el ensayo y la literatura es tan difuso. Recordaré cómo, tras cada breve texto de Memoria del Fuego o Las venas abiertas de América Latina, venía un momento de reflexión. Era un autor que te abría las puertas a seguir leyendo a otros.
Entre tantos textos que citar me gustaría compartir el siguiente de El libro de los abrazos.

La uva y el vino
Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto: 
-La uva -le susurró- está hecha de vino.
Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.


Yo vivo la literatura así, para mí un escritor es un compañero de viaje. Y cuando alguno se queda de a pie, duele un poco, cuesta hacerse a la idea. Nos quedan sus libros, claro, y acá siempre tendrán un lugarcito y un vino que acompañe la lectura.




11 comentarios:

  1. Para Galeano todos los honores.
    Para el alemán, el infierno si existe. Fue de las SS.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No es tan así, Adrián. Formó parte de las Juventudes Hitlerianas según el mismo contó, reclutado como tantos pibitos alemanes sin conciencia de lo que realmente hacían. Consecuencia de eso cargó con una tremenda culpa toda su vida. Su pensamiento y su obra dejan claro que no es un nazi.

      Eliminar
  2. Bellísimo, ARIEL !!
    De esos textos breves pero intensos, que se escriben desde el corazón...

    Me dejaste picando la curiosidad con el libro de Grass.Habla sobre Gastronomía ?? Vos lo tenés ?? Será fácil de conseguir ??

    El texto de Galeano es hermoso en su simpleza casi naïf. Sin embargo, esconde dos grandes verdades !! Lo había leído alguna vez, pero se me había olvidado... Gracias por recordarlo !!

    Enormes notas como siempre, Amigo !!
    Abrazo desde Córdoba. ROBERTO

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Roberto,
      muchas gracias por tus palabras.
      El Rodaballo es una novela compleja, con muchos temas, entre ellos el gastronómico. Él mismo dijo que trata sobre la comida y las mujeres, y sobre las mujeres y la guerra. La rastreé online pero no la conseguí. Aunque se debería conseguir fácil en librerías.

      Abrazo

      Eliminar
  3. Hace un par de semanas me deparé con los 3 libros de "Memoria del fuego" de Galeano en castellano, los pude hojear camino a casa con esa inesperada sensación de felicidad de cuando te encuentras con algo tan bello como inesperado. Y mira, ayer leía en internet de su deceso. Y hoy Grass también lo acompaña. Aunque sé sus edades en el fondo me creo aquello de que son inmortales, y noticias como éstas me llegan a sorprender, y entristecer.

    Con aquel poema de Vallejo -escrito con 25 años de edad- me hiciste recordar un audio del Che Guevara recitándolo, está en youtube.

    Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La vida tiene esas casualidades, como el "hilo rojo" de los japoneses.
      Espero que después nos cuentes sobre el libro en tu blog, Memoria del fuego es excelente, muy interesante de leer. También les recomiendo "El futbol a sol y sombra", para lectores futboleros.

      ¡Saludos!

      Eliminar
    2. ...el "hilo rojo" de los japoneses. Recién busqué en Google y ahora sí comprendí
      lo del "hilo rojo". A Dolina una vez, le escuché decir que "en tres pasos" y estamos
      todos relacionados... (ya no recuerdo bien, sus palabras exactas; pero más o menos)
      No sé, pero ahí lo dejo nomás... Te mando un abrazo.-


      Eliminar
    3. Jorge, si no me equivoco son 7 pasos, aunque nunca los conté, jaja.
      Lo del "hilo rojo" es muy lindo y suele pasar.

      ¡Abrazo!

      Eliminar
  4. Si la uva está hecha de vino, tal vez nosotros somos el recuerdo de una conversación, de una tarde, de un beso, guardado con celo en la memoria de algún otro.
    Lindo homenaje a dos grandes.
    J.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Javiera,
      coincido con vos. Seguramente somos eso. En un texto borgeano del que no recuerdo el título, el narrador reflexiona sobre que cada uno de nosotros se lleva a la tumba el recuerdo último de alguien. Algún día se va esa última persona que recuerde nuestra voz, o nuestro rostro. A veces es mejor no pensar en ello, no?
      Gracias por pasar,
      ¡Saludos!

      Eliminar
    2. Guau, al menos eso alargará en algo nuestros años de vida.
      Siempre un gusto pelotear lecturas, un gusto leerte!
      Saludos para ti
      J

      Eliminar

¡Opiná con libertad!
Voy a tratar de que tu comentario aparezca en la entrada cuanto antes
¡Gracias!