miércoles, 29 de abril de 2015

¿Sacralización o una perspectiva actual del vino?

Obladee Wine Bar, Halifax por Gavin Langille

Un año atrás el prestigioso enólogo Ángel Mendoza publicó un artículo en el Diario Los Andes donde fustigaba tendencias actuales sobre la comercialización del vino. Hace unos días, el mismo diario volvió a publicar esa nota y cuando terminé de leerla, me quedaron haciendo ruido algunas de las ideas que vierte. Lo que dice no está errado, lo que está errado es el enfoque.
En el artículo de Mendoza se hace una muy acertada descripción de las prácticas de comercialización modernas y cómo se relacionan los enólogos y bodegas con el consumidor. Lo que dice el autor es correcto, sin embargo su indignación es lo que me parece que no corresponde.
Tenemos que coincidir con que en las últimas décadas en Argentina ha descendido “el consumo de vinos ordinarios” y crecido una premiumización de la industria, es decir productos de alta calidad, innovadores, más caros y exclusivos. Esa tendencia de vino para unos pocos, que siempre lo hubo y que salen de las bodegas con cuentagotas, generó una subida de precios general y el surgimiento de nuevas escalas de calidad y público. El vino fue perdiendo su lugar de privilegio en la mesa diaria corrido por otras bebidas y seguirá pasando. Pero ha dado lugar a un salto de calidad enorme en vinos que el consumidor promedio puede pagar y disfrutar lejos de snobismos. Si no se hubiera producido ese cambio este blog no existiría. Si la industria vitivinícola hubiera seguido el viejo camino y si no se hubiera abierto a las prácticas modernas no me hubiera interesado tanto el mundo del vino y quizás a usted tampoco.
El principal error en el planteo de Ángel Mendoza es que conoce, pero no respeta, al consumidor actual. La generación de jóvenes nacidos entre las décadas del 80 y 90, los llamados millennials o Generación Y busca todo lo que el autor crítica: hedonismo, vínculo con el hacedor, valor agregado. Se equivoca al subestimarlos y tildarlos de “creyentes”, fanáticos que no pueden hacer uso de razón sino que se mueven por la mística. A grandes rasgos, la generación de jóvenes consumidores no sigue ciegamente a una marca (en este caso bodega o enólogo) sino que está comprobado que arriesgan más que las generaciones anteriores, tradicionalmente atadas a un puñado de etiquetas. El consumidor joven (el que está y el que sigue) lo prueba todo, arriesga con cosas distintas. Así se explica que haya tanta oferta en la góndola y que todos vendan. Sus hábitos de consumo sobrepasan a su cohorte y se convierten en tendencias de mercado que traspasa las edades.
Son clientes, pero clientes distintos, muy conectados. Y de las redes sociales les llegan las recomendaciones y comentarios del mundo entero. Esa misma tecnología los conectó con los enólogos y es bien sabido que las generaciones actuales se relacionan mejor con una cara visible que con un logo que les lanza publicidad constantemente y no les contesta desde Facebook. Pueden establecer un lazo, preguntar y compartir con quien hace ese vino lleno de la poesía y la historia del mundo.
Para muestra bastan un par de clicks. Vayan a Twitter y fíjense quién tiene más seguidores ¿Alejandro Vigil o Catena Zapata? ¿Daniel Pi, Sergio Casé o Trapiche? ¿Marcelo Pelleriti o Monteviejo? Y eso que los enólogos no pagan para tener más seguidores. ¿Qué importa si tienen aires de vedetismo? Si al consumidor le contestan y tampoco espera que sea su amigo más allá de la virtualidad.
El paradigma está cambiando y al que no se entere se le viene la posmodernidad encima. Lo podemos ver fuera de la industria del vino y así se entiende como Coca-Cola, Kellogs, Sony o McDonald’s cada vez ganan menos y Facebook o Apple crecieron enormemente de la mano de sus caras visibles.
El consumidor actual ve al vino como una pieza de cierta alquimia que puede tomarse como cercano a una obra de arte en tanto las sensaciones que transmite van más allá de la simpleza de otros alimentos. El vino nunca dejó de ser algo sublime, y ¿cuál es el problema de que alguien lo viva así?
Por supuesto que está el piripipí, como decía Brascó. O sea, el chamuyo. Pero no creo que el consumidor se crea todos los chamuyos. El dedo de Ángel Mendoza señala mucho de ese chamuyo, pero mezcla algunas técnicas y tendencias actuales en las que el consumidor confía. Algunas son técnicas en desarrollo o búsquedas de la enología que está explorando cosas nuevas, de las que se puede desconfiar, pero no clasificar en la categoría de los falsedades. Otras, como lo biodinámico u orgánico, también son búsquedas válidas. Hay un público al que le interesa y le parece acertado, pero no es el mayoritario y ese tipo de bodegas sigue siendo un grupo muy reducido. Hablar de tendencias o técnicas que todavía no están del todo demostradas o que al consumidor lo satisfacen, como una certificación orgánica, no me parece más deshonesto que los vinos de antes (y algunos quedan) que en sus etiquetas decían Chablis, Borgoña o Champagne.
No creo que estemos sacralizando el vino ni creo que esté mal que el enólogo se haya “transformado en el vendedor más creíble de la cadena de valor vitivinícola”. Me parece que son las reglas del mercado actual y cómo el público se relaciona con las marcas. No veo ningún problema en ello, ni en que sea el enólogo la cara visible de un proyecto. La crítica a veces exagera sus virtudes y capacidades, pero eso se encarga de limpiarlo el tiempo.


lunes, 27 de abril de 2015

Ángel Negro: a la caza del paladar joven

Como decíamos en notas anteriores, el avance de los vinos dulces es arrollador y sostenido. Tanto en el mercado interno como en el externo algunas variedades y estilos de vinos han crecido junto al público joven que busca la calidad de un buen vino, pero con las características festivas y de dulzura propias de la época. No tengo más pruebas que la observación directa, pero el vino dulce en “la previa” es algo que se ve cada vez más. Y también en las barras de tragos.
Yo, alejado de la onda bolichera y de la previa, consumí, en el contexto más hogareño, dos vinos que claramente podemos ubicar en esta tendencia. El alargue del verano que estamos viviendo brindó el clima propicio para jugar al barman.


Ángel Negro es una bodega que nació en 2013 en San Juan buscando copar ese nicho del que hablábamos y están haciendo un gran trabajo de comunicación para lograrlo. Por ahora tienen dos vinos: Ángel Negro Moscatel de Alejandría Dulce Natural y Ángel Negro Moscato.
La Moscatel de Alejandría es la madre (¿o el padre?) de nuestro Torrontés. Según algunos expertos como Jancis Robinson es una “vid antigua” y con el mérito de ser una de las pocas que persisten sin modificar genéticamente. Su elevada concentración de azúcar y aromas intensos la vuelven ideal para elaborar vinos dulces, algo que se hace desde la antigüedad en el Mediterráneo, donde fuera reina. Hasta hace unos años ocupaba un lugar más humilde, de vinos de poca calidad, pasas de uva y destilados, pero últimamente ha tenido un repunte, sobre todo de la mano de los consumidores de EE.UU. donde va ganando adeptos entre el público joven.
Por su parte, Ángel Negro Moscatel de Alejandría Dulce Natural no oculta su esencia, muestra un perfil muy aromático con una amalgama de frutos tropicales, durazno y ese aroma dulzón tan particular de la Moscatel. Al beberlo percibimos sabores que recuerdan al ananá bien dulce y el durazno. Su dulzura se muestra bien balanceada y nos dejó un largo regusto. El contraste con el sushi resultó muy interesante y también acompañó muy bien unos brownies.

El Moscato es un vino generoso. A la base de Moscatel (no solo de Alejandría, sino que hay otros varietales) se le agrega alcohol vínico y mosto concentrado para lograr la graduación de alcohol y azúcar deseadas. Nuestro país tiene una larga tradición de Moscato que viene levantando cabeza seriamente luego de un período de decadencia.
La propuesta de Ángel Negro se aparta bastante del estilo de Moscato tan consumido en el país junto a pizza y fainá. El Ángel Negro Moscato tiene bajo alcohol y no tanta concentración de azúcar como los clásicos. Sus aromas dulces recuerdan a la fruta y flores muy maduras. No empalaga y transmite una sensación que yo diría “masculina” al beberlo. Como decía unas líneas antes se aparta del estilo tradicional, porque no busca la clásica asociación pizzera sino “la evolución del Moscato”, tal como rezan sus creativas publicidades. Esa evolución no vendría de la mano del maridaje sino de la coctelería. La propuesta de la bodega sanjuanina apunta a cócteles divertidos y fáciles de hacer, ideal para “jugar” con amigos o armar una carta de tragos. Se pueden consultar en su web, desde donde incluso se pueden comprar los productos.
Al cierre de esta nota, me llega un mail donde nos cuentan que Ángel Negro Moscatel de Alejandría acaba de ganar una medalla de oro en el 9º Concurso Mundial de Vinos Féminalise 2015. Desde este espacio les enviamos nuestras felicitaciones por el logro.



lunes, 20 de abril de 2015

Espumoso dulce a super precio


El mercado de los espumosos dulces (se dice espumoso, no espumante, porque tiene espuma, no la produce) viene creciendo a ritmo acelerado.  La tendencia se ha marcado fuertemente en el último año y muchas bodegas salieron a ofrecer su propia etiqueta dulce.  Hay una buena porción del mercado, en especial el público joven, que los prefiere así.  Personalmente, o ya no formo parte del público joven o mi decisión de consumir menos azúcar me aleja un poco de este estilo.  Aunque con un postre, me pueden convencer.
Y así fue.  Como postre y con motivos de brindis abrimos un Colón Sparkling Wine Dulce, un espumoso del rango de los $40 que ofrece mucho más de lo que esperaba.  Según la web de la bodega se hace a base de un 50% Chenin, 25% Torrontés y 25% Sauvignon Blanc provenientes de San Rafael, una combinación bastante poco usual y que para mí lo vuelve más atractivo.  Sus aromas son directos, durazno y toques cítricos.  Se puede diferenciar claramente la uva Chenin.  Al beberlo se siente prolijo, agradable y bastante largo.  Por supuesto, es dulce, pero sin llegar a ser cansador.
Hace unos meses un amigo de Vinarquía me recomendaba el Colón Tempranillo por su excelente RPC y no pude dejar de mencionarlo.  Hoy, otra vez la bodega me vuelve a mostrar su capacidad de hacer buenos vinos a precios accesibles por todos.  Ahora que el dinero parece rendir cada vez menos, habrá que seguir echándoles el ojo.
Me parece que es una buena opción para quien gusta de los espumosos dulces y me parece bien también como aperitivo o como copa de recepción mientras se espera la llegada de invitados.
El público femenino de la casa elogió su equilibrio y fue ideal para que mi cuñada no le tenga que meter speed y a mí me dé el surmenage.



martes, 14 de abril de 2015

A la salud de dos grandes que se fueron


Cuando la vida me sacude con alguna sombra de dolor recuerdo Los heraldos negros de César Vallejo, uno de los poemas más bellos de toda la literatura latinoamericana. Ayer leí otra vez el poema porque la cultura tuvo dos pérdidas importantes.  Dos escritores separados por miles de kilómetros de distancia que terminarán compartiendo el último vuelo a vaya-a-saber-dónde.  Otra vez sonaron en mi cabeza aquellos versos: "hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! / golpes como del odio de Dios".
Uno murió en Lübeck, Alemania, el otro más cerca, en Montevideo. Ambos fueron escritores críticos del mundo en que vivimos, de esos que incomodan y que abren cabezas. Ambos fueron también amantes de la buena mesa y los buenos vinos.


El Nobel alemán Günter Grass nos dejó obras como El rodaballo, un libro complejo, uno de sus kopfgeburt (engendros de la mente) donde la historia de la gastronomía se vuelve la historia del hombre. ¿O acaso la historia de la alimentación no es la historia del hombre?
No solo escribió sino que también pintó y uno de sus dibujos llegó a la etiqueta de un famoso vino italiano, el Chianti Casanuova di Nittardi que al igual que Château Mouton Rothschild suele invitar a artistas para que engalanen sus botellas.


Eduardo Galeano nos duele más, es más cercano y siempre fue más claro con su mensaje. Recordaré siempre las tardes junto a sus libros peculiares donde el límite entre el ensayo y la literatura es tan difuso. Recordaré cómo, tras cada breve texto de Memoria del Fuego o Las venas abiertas de América Latina, venía un momento de reflexión. Era un autor que te abría las puertas a seguir leyendo a otros.
Entre tantos textos que citar me gustaría compartir el siguiente de El libro de los abrazos.

La uva y el vino
Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto: 
-La uva -le susurró- está hecha de vino.
Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.


Yo vivo la literatura así, para mí un escritor es un compañero de viaje. Y cuando alguno se queda de a pie, duele un poco, cuesta hacerse a la idea. Nos quedan sus libros, claro, y acá siempre tendrán un lugarcito y un vino que acompañe la lectura.




viernes, 10 de abril de 2015

A vuela pluma

A veces es mejor así, llegar de una degustación (o una serie de degustaciones como es este caso) y escribir a vuela pluma, en una sentada, guiado por las emociones transmitidas y casi sin corregir la nota. Quizás falten esos datos técnicos que aburren y todos leen apresuradamente, quizás falte un poco de poesía, pero la vivencia está fresca y cuando nos entusiasma…

A días de salir a la venta
Mucho se ha hablado de lo espectacular de la añada 2013 y hay mucha expectativa con los vinos de alta gama donde el diferencial es más notorio. Cruzando unos mails con los responsables de Bodega Lúminis me contaban que todavía sus 2013 necesitaban unos meses más de estiba en botella, pero que si lo deseaba podía ir a probar su nuevo Allamand Valle de Uco 2013. No era una degustación formal, ellos salían de una reunión, yo estaba de pasada, pero no podía dejar ir el momento y catar el vino junto al enólogo Cristián Allamand.
Primero repasamos las añadas que están en el mercado, confirmando su buen momento y la rica evolución que han tenido desde que las probé el año pasado. Y luego nos dedicamos a dos novedades que están prontas a salir a la venta: el mencionado Allamand Valle de Uco 2013 y H 2012, su vino ícono. El primero tuvo algunos cambios respecto a la añada anterior, Cristián Allamand quiso darle más explosividad, sobre todo de aromas. Un Malbec bien frutado y floral, con una preciosa estructura. Un campeón de la RPC.
El H 2012 representa el mejor blend posible de la bodega, con la mejor uva y solo cuando se merezca hacer. En este caso tiene un 60% de Malbec y un 40% de Cabernet Sauvignon con una importante guarda en barrica. Es de esos vinos remolones, que tarda en abrirse, pero que cuando lo hace muestra una gran complejidad y representa un disfrute asegurado. Un gran vino.
Fue un honor para mí que me recibieran y dieran a probar estas primicias. Y qué mejor que junto a su winemaker, que en un diálogo ameno me mostró su filosofía de trabajo, responsable y honesta.


Novedades desde Achaval-Ferrer
Ayer, al otro día de aquella cata, nos esperaba un asado en el Hotel Faena + Universe junto a los vinos de Achaval-Ferrer. Otra de esas degustaciones que tomo como un reconocimiento al trabajo que venimos haciendo en este espacio (virtual, pero espacio al fin).
La idea del asadazo surgió para presentar en sociedad la alianza que hizo recientemente la bodega con la distribuidora Wine Supply. El objetivo es hacer crecer el volumen de ventas en el mercado interno y mejorar la comunicación de la marca (algo que ya se empieza a ver en la nueva página web). Silvio Alberto, CEO de Achaval-Ferrer, había expresado que: “Achaval-Ferrer y Wine Supply comparten muchas políticas y será muy fácil para ambas empresas trabajar conjuntamente. Resulta ser que la política de excelencia en los productos, la cultura de trabajo, y la visión sobre la sofisticación del consumidor Argentino tienen gran valor para ambas compañías. Por esta razón, esta alianza genera una unión clave y una oportunidad única para fortalecer el desarrollo de los productos de la bodega en el mercado interno”.
Con la excelente calidad de los platos del Faena probamos dos vinos conocidos, pero con sorpresa: la nueva añada del Achaval-Ferrer Cabernet Sauvignon 2013 y el Achaval-Ferrer Quimera Edición Limitada 2011. Ambos vinos tienen la impronta de la bodega, fruta fresca, acidez natural elevada, complejidad, elegancia y excelencia. Vinazos irreprochables, para tomar y tomar, con un largo potencial de guarda.
En cuanto a la gran novedad del Quimera nos aseguraron que esta edición de poco más de 3000 botellas comparte el estante con el Quimera tradicional, pero con el añadido de ser una versión de mayor calidad. Además se le suma un cambio de etiqueta surgida de la obra de la artista plástica española Loreto Alcoba.  Los fanáticos de Achaval no pueden perderse este nuevo blend.



Todavía tengo los sabores en la boca de este rápido paseo por grandes vinos. Cada uno en su segmento y con su propio estilo. A veces es mejor así, transmitir nuestra primer impresión. Ya habrá tiempo para la cata sesuda.

De yapa, y ya que estamos con el furor de los youtubers, les dejo un video que hicieron los amigos de Puerto Rico Wine News sobre la multipremiada bodega y sus vinos:




lunes, 6 de abril de 2015

Un nuevo Febrero Riojano

Hace poco menos de un año (cómo pasa el tiempo) hablé en el blogde unos vinos nuevos para ese momento.  Vinos que se hacen en la zona de Aminga, en La Costa Riojana, y cuya bodega tenía como fin generar empleos y revitalizar el lugar. 
Tiempo después en el segundo número de nuestra revista digital, un colaborador nos hablaba de estos vinos desde el mismo lugar donde se hacen.  Francisco Carrizo, apasionado, tituló esa nota Eterno retorno del vino (Vinarquía N° 2,pág. 52 y ss.) y yo, nietzcheano al fin, no podía estar más encantado.
En estos meses que pasaron me reencontré con estos vinos y, como en la nota que salió en la revista, hubo un retorno de recuerdos y sensaciones.  Cada retorno, cada vuelta al punto inicial, pareciera ser similar, pero nunca podremos olvidarnos de la vez anterior.  Y eso es lo lindo de los vinos, poder volver a probarlos, ver su evolución o, en este caso, probar añadas nuevas.  Es inevitable comparar el vino del año pasado con el de este año e inevitablemente hay una pulsión interior que quiere que el presente sea mejor.  Afortunadamente, así pasó.
Mi primer impresión de los Febrero Riojano fue la de vinos simples, discretos pero cumplidores para el rango de precio en que se manejan (alrededor de $60).  Pero tras mi segundo contacto con estos vinos debo decir que han subido la vara y que la añada actual es superior a la anterior.  Los vinos han logrado mayor concentración, complejidad y tersura.


Empecemos por el blanco, como corresponde.  El Febrero Riojano Torrontés Riojano 2014 es un clásico Torrontés de La Rioja, amable, fácil de tomar y con aromas que recuerdan al durazno, las flores blancas y algunos detalles cítricos.  Hace honor a nuestra cepa blanca insignia y se acomoda bien en un rango de precios donde cada vez hay menos ofertas serias.


Con el Malbec siempre es más difícil para una bodega pequeña y más si es de La Rioja.   Tenemos el paladar tan amendocinado que los comparamos y nos olvidamos que es un terruño distinto, con una identidad propia.  La añada 2014 del Febrero Riojano Malbec me gustó más que la anterior.  Lo primero que noté es que estamos ante un vino de más cuerpo, bien redondeado y de largo regusto, siempre con la fruta roja al frente.  Un buen exponente de lo que puede dar este varietal en la provincia.


Dejó para el final de esta seguidilla el que más me gustó de los vinos catados: el Febrero Riojano Cabernet Sauvignon 2014.  Recuerdo que intercambiamos unos mails con el enólogo Gustavo Ottaviani respecto de este vino.  Gustavo buscaba pulirlo y mejorarlo, así que escuchó mis comentarios con la mente abierta.  El resultado fue un Cabernet Sauvignon potente, de aromas a fruta madura y especias.  Se lo nota prolijo, intenso sin ser incómodo, con buena estructura y largo final.  ¡Qué venga el asado que con este vino le hacemos frente!

Como decíamos al principio, todo vuelve.  Y qué bueno que siempre que algo vuelve sea para mejor.  
Ahora, mientras esperamos otra vuelta del año con nuevos vinos, no puedo dejar de imaginar a los changos recolectando la uva y cantando la linda Zambita pa’ Don Rosendo de Jorge Cafrune:

Entre surcos en las bodegas
los changos entonaran
ésta zambita que ha nacido
en medio la viña de mi Aminga