jueves, 29 de diciembre de 2016

#AWBdescorcha Vinografía: El Relator Tapado Chardonnay



Precio sugerido al 1/12/16: $980


miércoles, 28 de diciembre de 2016

#AWBdescorcha Vinografía: Humberto Canale Old Vineyard Semillón 2016


Precio sugerido al 1/12/16: $220


martes, 27 de diciembre de 2016

#AWBdescorcha Vinografía: Clos de Chacras Ereditá CS 2011


Precio sugerido al 1/12/16: $280

lunes, 26 de diciembre de 2016

#AWBdescorcha Las Perdices Brut Rosé


Precio sugerido al 1/12/16: $163


viernes, 23 de diciembre de 2016

#AWBdescorcha Suter Extra Brut


Precio sugerido al 1/12/16: $80

No se pierdan la semana próxima la alta gama



miércoles, 21 de diciembre de 2016

#AWBdescorcha 140 Caracteres Cabernet Sauvignon 2015



Precio sugerido al 1/12/16: $140



lunes, 19 de diciembre de 2016

#AWBdescorcha 505 Vineyards Sauvignon Blanc 2016

A partir de hoy y durante las próximas dos semanas, los Argentina Wine Bloggers estaremos recomendando vinos para las fiestas en una nueva acción conjunta.  La consigna es que cada blog recomiende blanco, tinto y espumoso, sin límite de etiquetas.
Desde Vinarquía van a salir dos series de Vinografías, esta semana un blanco, un tinto y un espumoso de entre $80 y $140; y la semana próxima blanco, tinto y espumoso sin límite de precios, pero sin caer en lo irracional.
Una semana para tomar nota y seguir de cerca a los #AWB.


Precio sugerido al 1/12/16: $109

jueves, 15 de diciembre de 2016

Argentina Wine Bloggers: presente y futuro


Hablar de los Argentina Wine Bloggers a esta altura que ya lo dijimos todo en las redes, que puse el logo al costado del blog, que hicimos movidas conjuntas es medio redundante. Sin embargo, no puedo (no quiero) dejar de compartir con ustedes algo de lo que fue nuestra presentación en sociedad.
Para no repetir lo que otros blogueros subieron en sus espacios, prefiero compartir con ustedes el discurso que preparé junto a José Miranda de WineMDQ. Y de paso van algunas de las excelentes fotografías que nos tomó Lore Cifuentes.

Discurso de AWB

Seguramente en algún momento muchos se habrán preguntado qué diferencia había entre un blog y una página web que trata el mismo tema. Para muchos la respuesta no sería clara, para nosotros es muy fácil: un blogger (del vino, en este caso) no crea su espacio con la intención de vender algo, de hecho casi ni piensa inicialmente qué hacer. Un blogger simplemente se sienta y empieza a escribir, a crear contenido, a subir fotos y videos. Después inicia el proceso de pulir la estética, de perfeccionar la redacción de sus notas, de administrar sus publicaciones. De a poco se vuelve fotógrafo, diseñador gráfico, experto en redes, programador, etcétera.
Su motor es la pasión; su meta, comunicar; lo que lo interroga, su curiosidad y su espíritu inquieto. Por eso, hoy escribe, mañana organiza un tasting, pasado saca una revista y siempre está pensando en qué movida nueva generar o cómo encarar una nota diferente.

Hubo coctelería con Alamos Malbec Rosé

Alguien dijo una vez que los blogs son la venganza de los aficionados, porque los aficionados sienten la necesidad de cada vez conocer más, de informarse y estudiar. En este proceso nos hemos vuelto consumidores y aficionados al vino muy informados y hemos notado que había mucho de lo que no se hablaba, de tendencias que empezaban desde abajo y eran las redes sociales donde había empezado la movida.
El primer blog de vinos de Argentina vio la luz hace 11 años. Una década es muchísimo tiempo para mantener una web que no genera ingresos, pero como acá nos mueve un gusto, una pasión, no hacía falta más. Poco a poco, el consumidor (especializado o no) nos empezó a dar su voto de confianza. Los blogs nos afianzamos y tenemos un feedback que nos mantiene en cercanía. Si sumáramos todas las visitas que han recibido nuestros blogs, alcanzaríamos los 2.000.000 de visitas anuales de un público que busca información específica y la encuentra con una mirada personal, libre de ataduras comerciales.

Momento de brindis tras las palabras de José Miranda y Arnaldo Gometz

Un bloguero solo es un balde de agua más en la marea de Internet. Pero todo un grupo de blogueros nos volvemos una ola. Nunca seremos la marea, pero tenemos nuestro arrastre.
Es así como nos unimos para brindarnos apoyo mutuo y ganar fuerza, siempre respetando lo que cada uno de nosotros es. Argentina Wine Bloggers no busca tapar las voces y las individualidades, ni tampoco ser una masa de información única sino un espacio que convoca a quienes nos tomamos en serio el trabajo de comunicación que hacemos desde los blogs y las redes. Pero tampoco nos servía ser una “mesa de ayuda” así que de a poco vamos lanzando movidas conjuntas con un tema en común: primero fue “El vino en vinotecas” y después las entrevistas a enólogos en ascenso.
Por eso cuando Catena Zapata, la bodega más prestigiosa de Argentina, nos brindó su apoyo para hacer este evento e invitarlos, lo vimos como un guiño legitimador, como el reconocimiento a tantos años de trabajar por la cultura del vino. Por lo tanto, nuestro agradecimiento es infinito así como también lo es para todos aquellos que desde sus lugares nos apoyan desde hace tanto tiempo.


El futuro es esperanzador y colmado de proyectos. ¡No se imaginan lo que es nuestro grupo de WhatsApp! Hay una ebullición de ideas apuntadas a seguir comunicando de forma honesta y seguir difundiendo la industria del vino nacional. No sé dónde estaremos mañana, porque el futuro de las comuncaciones avanza en forma vertiginosa, pero lo que sí podemos prometerles es que seguiremos desde aquí, apoyando a la industria y comunicando desde la pasión este maravilloso mundo del vino y su gente.

¡Salud!

¿Y ahora?

La semana próxima todos los AWB saldremos a recomendar vinos para las fiestas con el hashtag #AWBdescorcha.  El mínimo es de 3 (blanco, tinto y espumoso), pero estoy seguro que habrá mucho más.  Estén preparados para tomar notas.
Desde Vinarquía espero sacar vinografías toda la semana, ya que me entusiasma mucho la repercusión que han tenido.

Yo me quería llevar el centro de mesa, pero no me dejaron
Casi me olvido: fuimos Trending Topic ;)





domingo, 11 de diciembre de 2016

Vinografía: Andeluna 1300 Malbec Rosé



martes, 6 de diciembre de 2016

Vinografía: CRIOS Syrah Bonarda 2013





viernes, 2 de diciembre de 2016

Llega nuestro magazine mensual de noticias




lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Qué tiene de especial el Paraje Altamira?



Que el Valle de Uco es hoy la zona top de Mendoza no lo discute nadie. Pero Uco es grande, dinámico y complejo. Dentro de sus límites hay subzonas cuya identidad crece y empiezan a destacarse. Primero fue La Consulta, luego Gualtallary y ahora Altamira. Todo el mundo quiere tener un Malbec de allí o un viñedo entre los acotados límites de la Indicación Geográfica Paraje Altamira.
Si algo define el paisaje local es la piedra, el lugar es casi un desierto y estas rocas blanquean las matas de la flora autóctona. Incluso si subimos más a la montaña se pueden hallar restos fósiles marinos. Sus suelos tienen un antiguo origen fluvial cubierto por depósitos aluviales más jóvenes por lo que hay una gran diversidad en su composición. Debido a ese mismo origen las rocas están recubiertas por carbonato de calcio, el famoso suelo calcáreo que transmite una impronta muy peculiar a los vinos de la región.
Las primeras plantaciones del Paraje Altamira datan de alrededor de 100 años y todavía perduran algunas vides originarias. Algunas fuentes aseguran que antiguamente la zona era conocida como Furlotti y que para fines de la década del 70 empieza a ser conocida como Altamira ya que era un sitio alto y permitía observar el paisaje. En 2013, luego de 2 años de estudio del clima y unas 250 calicatas para entender el suelo, el Instituto Nacional de Vitivinicultura reconoce al Paraje Altamira como Indicación Geográfica. En ese momento hubo toda una polémica por su nombre, ya que una bodega tenía registrada la palabra Altamira y no podía usársela a secas así que se le agregó lo de “Paraje”.
En total la I.G. Paraje Altamira abarca unas 3660 hectáreas de las cuales aproximadamente 1900 están implantadas, con la particularidad de que hay una gran cantidad de productores con fincas relativamente pequeñas. Este año, esos pequeños productores y bodegueros se unieron para formar PIPA (Productores Independientes de Paraje Altamira), un movimiento organizado para frenar la concentración de viñedos y la “comoditización” del vino argentino. Su misión es apoyarse mutuamente, promocionar Altamira y preservar a las familias que trabajan el lugar desde hace generaciones.
Claude Bourguignon, un microbiólogo que cambió completamente la cara de la Borgoña, se acercó a estudiar el lugar y luego de un intenso relevamiento dijo que “los suelos calcáreos franco arenosos y ricos en gravas de Paraje Altamira en el Valle de Uco, formados por el río Tunuyán, son verdaderos terroirs ricos en rocas, con diversos componentes minerales y no muy diferentes de los suelos que se pueden encontrar en ‘Chateneuf du Pape’, una de las regiones vitivinícolas más prestigiosas del mundo.” La grava es de origen terciario, a diferencia de los suelos de otras zonas de Mendoza que tienen origen cuaternario. Según el experto francés, en Europa los suelos de origen terciario producen vinos de mayor calidad que los de origen cuaternario por razones todavía no explicadas. Bourguignon se interesó también en las bodegas que hacen un manejo orgánico de sus viñedos y agregó que “el manejo orgánico que lleva adelante la bodega Chakana ha preservado la vitalidad de los subsuelos, conservando hongos simbióticos que mejoran la capacidad de las raíces de explorar el suelo por agua y nutrientes (micorrizas)”.
En el Paraje Altamira mandan las cepas tintas. Si bien hay algunos Chardonnay y Semillón muy destacables, el fuerte está en el Malbec y en menor medida Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. El Malbec de Altamira suele dar unos aromas muy frescos y luego de catar varios uno puede identificarlos con relativa facilidad. Abunda, decíamos, la fruta fresca y un aroma que muchos definen vagamente como balsámico, pero que hilando fino recuerda al durazno, el té y la manzanilla cuando no los tapa la madera. En boca da vinos muy elegantes, con buena acidez y una textura que convenimos en nombrar como “de tiza”.
Los vinos de Paraje Altamira tienen algo que decir y ya lo están haciendo. Se instalaron en lo más alto de los rankings locales y todos quieren uva de allí. Si te apasionan los vinos no les pierdas el rastro, porque te vas a perder algo importante.


Ariel Rodríguez para Pausa Magazine



viernes, 25 de noviembre de 2016

Vinografía: Gaia White Blend 2016


A partir de hoy en Vinarquía, además de las notas habituales, empezarán a aparecer semanalmente Vinografías.  Es un concepto nuevo que pretende mostrarnos los vinos desde una faceta más visual, fácil de leer y moderna.
Cada vinografía será única y buscará destacar aspectos particulares de los vinos.  Por supuesto las notas de cata y recomendaciones de maridaje siguen siendo las mías.  Espero que les gusten y si se ven muy pequeñas no se olviden de hacer click sobre las imágenes.

Posdata a la modificación del 26/11: Después de pensarlo durante un buen tiempo y gracias a las buenas repercusiones de la primera Vinografía he decidido agregarles un puntaje personal.  ¿Por qué? Porque hay que jugársela y para que no todo se convierta en lo mismo, como suele pasar en las redes.



miércoles, 23 de noviembre de 2016

¿Qué podemos saber de un vino con solo mirarlo?

Fuente: Pausa Magazine

Los que leen seguido mis notas saben que no soy de los que se detienen mucho en la fase visual de la cata de vinos. Las diferencias entre rojo rubí, rojo picota o rojo granate es una discusión que no nos merecemos. Sin embargo, en muchas oportunidades la vista nos puede dar información valiosa y también jugarnos malas pasadas. Veamos cómo sacarle provecho.
Lo primero que veo al abrir una botella es el corcho. Si se perciben filtraciones, es decir si el vino “caminó” hasta el borde del mismo, es posible que haya entrado oxígeno y que el contenido no esté en las mejores condiciones. Puede deberse a problemas de encorchado provenientes de la bodega o una mala estiba que resecó el tapón. En vinos con muchos años de añejamiento es normal que el corcho se vaya deteriorando y el vino avanzando, así que a no asustarse.
Al servirnos la copa, debemos inclinarla unos 45° contra un fondo blanco para observar su color. Sin ponernos a discutir qué tono tiene el vino, lo primero que podremos observar es si estamos ante uno joven o viejo. Con los años, los antocianos, responsables de la pigmentación del vino, van cambiando de color. Es un fenómeno complejo, pero baste decir que con los años un vino joven de color púrpura va a ir virando al marrón.
Ese envejecimiento también nos puede generar precipitados/posos/borras en el fondo de la botella. Eso es normal y no debemos tomarlo como un defecto. Sin embargo, si el vino se presenta inusualmente turbio puede ser que esté defectuoso o haya sido embotellado sin filtrar, cosa que pasa con algunos vinos de nicho. Por lo general, el aspecto de un vino debería ser límpido y brillante.
Otro aspecto que podremos percibir al inclinar nuestra copa es la profundidad del color o “capa”. Dependiendo de la forma de vinificación, el tipo de uva, la cosecha, etc. podremos encontrarnos con algunos más oscuros y otros que nos permiten ver a través de ellos. Más que de su calidad, esto nos habla de estilos, por lo menos en nuestro país. Por ejemplo, los Malbec de alta gama suelen ser “vinos negros”, como se los conocía en la Edad Media, porque en ese segmento se buscan vinos concentrados y con mucha presencia de madera; o los Pinot Noir que suelen ser muy translucidos y con colores vahídos, porque es el estilo más representativo y valorado de la cepa.
Al girar nuestras copas, todos habrán notado cómo caen esas “lagrimas” por los lados interiores y cómo no todos los vinos son iguales en ese sentido. Hay un largo debate sobre estas “piernas”, como también se las conoce. Algunos plantean que se debe a la presencia de glicerina en el vino y que cuanto más glicérico mejor. Otros que es una tensión superficial producida por el alcohol, o sea que a más alcohol tendrás lágrimas más consistentes. Esta última explicación parece ser la acertada más allá de la popularidad de la primera, así que a no maravillarse con “el llanto” del vino.
Donde juega mucho el aspecto visual es en los espumosos. Nos gusta ver subir sus burbujas y la copa flauta ayuda a percibir esto, además de evitar que se nos vayan rápido. Cuando se los elabora con el método tradicional, las burbujas son constantes y finas. En cambio, con métodos como el Charmat las burbujas tienden a ser mayores, más burdas, algo considerado de calidad menor.
Si recién te estás iniciando en la cata de vinos, te parecerá que son demasiados aspectos a tener en cuenta. Tranquilo, los que mandan son los sentidos del gusto y del olfato. Observar una copa nos ayuda a detectar problemas iniciales y a obtener más información general. El catador experimentado percibe casi todo esto de un vistazo general y si algo le llama la atención se detiene y lo analiza particularmente.


Ariel Rodríguez, para Pausa Magazine




miércoles, 16 de noviembre de 2016

Vinos del Salta: una maravilla que tenés que descubrir


El lugar
Los vinos del noroeste argentino (NOA) son una maravilla que muchos argentinos todavía no descubrieron. La zona vitivinícola la integran las provincias de Salta, La Rioja, Catamarca, Tucumán y Jujuy. El mayor volumen de producción se encuentra en La Rioja, aunque el epicentro de todo son los Calchaquíes, especialmente Cafayate, de donde salen los mejores vinos del norte.
Hay muchas versiones sobre cuál fue el origen de los primeros viñedos de la zona. Laura Catena, en su libro El vino argentino, rescata entre las diferentes leyendas una “que se remonta a la hija del último gobernador español, que estudiaba en París y, parece que a pedido de su padre, trajo vides de la región de Bordeaux. En Salta siempre sucede lo mismo: hay una leyenda que explica el porqué de las cosas”.
Uno de los factores claves para entender los vinos de Salta es la altura. Los mejores lugares para plantar son los valles entre montañas que, si bien son profundos, no están a menos de 1000 metros. Con la altura se alcanza mayor exposición solar y una amplitud térmica de hasta 20° de diferencia entre el día y la noche, “factores facilitan el desarrollo homogéneo y equilibrado de la uva”, nos dicen en Colomé, la bodega que tiene las vides más antiguas y a mayor altura de nuestro país. Ayudan mucho a este equilibrio de la planta los largos veranos y la ausencia de heladas.
Todo depende de cómo se lo trate en el viñedo y cómo se vinifique, pero a grandes rasgos las características se repiten. Además de la gran amplitud térmica y la altura, debemos sumar la pobreza del suelo y el clima seco. Todas son condiciones que determinan estos vinos oscuros y vertiginosos; la altura da mayor exposición al sol y sus rayos ultravioletas, por lo que la uva genera una piel más gruesa y oscura que luego se convierte en vinos más intensos de aroma, sabor y color.

Los varietales
En mis viajes por el norte he encontrado desde los varietales más usuales hasta las cosas más raras, desde la más alta gama hasta el vino de mesa más simple. Como con cualquier otro lugar, sería imposible nombrar todos los varietales que se plantan en Salta (¡Qué riqueza que tiene nuestro país!). Se destacan el Torrontés entre las uvas blancas y Malbec, Cabernet Sauvignon y Tannat entre las tintas.
El Torrontés vallisto se caracteriza por su gran intensidad aromática donde abundan las notas dulces y las flores, especialmente las flores blancas, como también las frutas como el durazno, durazno blanco, ananá, pomelo, lima. Como sabemos, esto puede variar dependiendo de la forma de hacerlo. En boca es más bien seco, a pesar de sus aromas iniciales dulces, con una acidez media y un característico final algo amargo.
Estas características, a veces tan atrayentes, como su intensa nariz floral y su final de cierto amargor, pueden provocar "cansancio" en el consumidor. La enología argentina de las últimas décadas ha puesto el ojo sobre el Torrontés y comenzó un análisis y un trabajo serio con él para lograr un vino de alta calidad enológica. Se trabajó intensamente para hacer de nuestro querido Torro un vino exportable, más agradable y fresco.
El Malbec es el otro gran protagonista de los vinos del lugar. Cuando el público internacional descubrió el Malbec argentino, lo hizo de la mano de Salta. Fue el primer lugar en el que el prestigioso enólogo y consultor Michel Rolland puso el ojo y no se equivocó. Quien quiera Malbecs con volumen e intensidad debe mirar para este lado.
Como decíamos líneas más arriba, en los valles más altos la piel de la uva se vuelve más gruesa y esto redunda en vinos con más taninos y color. Un Malbec de Cafayate impactará con su color negro violáceo y la exuberancia de su fruta. Encontrarás gran concentración y mucho cuerpo, tenga o no tenga madera. Además los Malbec de esta región adquieren un peculiar carácter salvaje que se percibe en sus aromas y sabores, como si parte del paisaje se quedara dentro de cada botella.
Para muchos, decir Cabernet Sauvignon argentino es decir NOA. Hay un público que desea los vinos potentes, que se agarran al paladar y lo golpean, y eso lo consigue con los Cabernet de esta zona. Por lo general, tienden a tener un intenso aroma pirazínico que nos remite al morrón. Como con el Malbec, se logra gran concentración y expresión, pero también se puede conseguir una particular elegancia.
El Tannat es la cepa que más viene creciendo, el secreto a voces de la zona. Algo díscolo, cautiva por su intenso color y paleta de aromas. A diferencia de otros Tannat del Nuevo Mundo, hay mucha potencia que domar.
Salta tiene mucho más por ofrecer: Sauvignon Blanc en las alturas más extremas; un especiadísimo Syrah; Bonardas del sol; variedades en experimentación como el Cabernet Franc y la Ancelotta. En general, en los últimos años se ha dado un vuelco en estas provincias. Hay un grupo humano de enólogos y agrónomos jóvenes que “coparon” el noroeste. Su mirada nueva, su forma de trabajar la tierra y tratar los vinos, son una renovación de la vitivinicultura de la región. Se alejaron de la sobremadurez y el exceso de madera para la alta gama y están buscando una identidad y calidad que sorprenden año a año.

5 recomendados para descubrir (o redescubrir) Salta:

Cafayate Gran Linaje Cabernet Sauvignon: Un Cabernet que te va a sorprender por su elegancia. No redunda en el pimiento morrón y la potencia desbocada, sino que se comporta como todo un caballero de linaje norteño.
Yacochuya Malbec: ¿Cómo describir este vino icónico, complejo, que da para hablar horas? Añada tras añada la crítica no deja de puntuarlo alto y se ha convertido en una bandera del Malbec argentino. He probado todas las añadas y hasta ahora no encontré una que ya no se pueda tomar. Para disfrutar hoy y guardarse una botella por varios años.
Finca Las Nubes Torrontés: Si hay alguien que sabe de Torrontés es José Luis Mounier, así que no puedo dejar de recomendar uno suyo. Este es un Torrontés de aromas y sabores típicos, muy armónico y que cumple a la hora de la mesa.
Laborum Tannat: El Porvenir de Cafayate es la bodega que más trabajó por posicionar el Tannat vallisto y le ha ido muy bien con él. Un vino agradable de beber, equilibrado y de aromas complejos y profundos.
Ciclos Torrontés Tardío: El Esteco tiene dos tardíos en la línea Ciclos, uno tinto y uno blanco. Personalmente me quedo con el Tardío de Torrontés porque el dulzor está más balanceado con la acidez de la uva blanca. Todo un postre en sí mismo.


Ariel Rodríguez, para Pausa Magazine



lunes, 7 de noviembre de 2016

La pasión según Mr Wines


Cuando empecé a meterme más de lleno en el mundo del vino leía las páginas habituales que recomendaban vinos, enseñaban cómo catar, etc. De a poco me di cuenta que no eran una voz independiente o, al menos, no del todo libre. Así es como llegué a los blogs que, con todas sus falencias, me hablaban de otras cosas, sin ataduras y sus creadores eran consumidores con los que uno podía cruzar unas palabras virtualmente o en vivo.
Conocí mucha gente que aprecio como amigos y mucha que también fue una inspiración en múltiples sentidos. Uno de ellos es Fernando Musumeci, Mr. Wines o, simplemente, Musu.
Antes de tener una vinoteca física (“la cueva” le dicen muchos), Mr. Wines era una vinoteca virtual. Su diferencial estaba en ofrecer vinos muy buenos que se alejaban del mainstream. Así conocí a productores y otros estilos de vinos que me llevó un tiempo aceptar.
Inmediatamente sentí su apasionamiento por el vino y por difundirlo. Baste decir que vender era lo menos, Musu armaba catas con los amigos/conocidos como una mesa anual de Bonarda o invitaba a algún enólogo a cenar a su casa y podíamos compartir con él una copa o una charla distendida. Todo lo motivaban las ganas, el apasionamiento, y no éramos pocos los que lo acompañábamos.
Recuerdo muy nítida una vez que fui a retirar unos vinos y me hablaba de sus ganas de cerrar el Laverap que tenía y abrir una vinoteca. No era una decisión fácil dejar su fuente de ingresos y lanzarse con un proyecto así. Podía fallar y esa duda se percibía en su voz. Pero había algo más que también se percibía, no lo motivaba el dinero sino seguir un destino que estaba forjando por sí mismo y que tenía como meta la realización personal.
Hoy, Lo de Musu cumplió dos años y para festejarlo no bastaba una cata. No, la pasión, las ganas de llevar la comunicación del vino más allá, el desinterés por sacar tajada de todo, lo llevaron a hacer una degustación en primeur. Una degustación así se hace para probar los vinos antes de que salgan al mercado y con una finalidad de ventas anticipadas. En nuestro país los pocos eventos por el estilo se hacen en las zonas productoras y prácticamente reservados para la prensa. Musu, guiado por todo los que se viene hablando de la cosecha 2016, empezó a contactar a sus winemakers favoritos y a pedirles muestras de este año para que sus clientes sepan para dónde va la cosa. Es decir, no hizo una degustación para currarte sino para que aprendas.
Y así celebramos los dos años de Mr. Wines como espacio físico. Probando estos vinos que se vienen y nos van a malacostumbrar. Probamos la diversidad con un Nebbiolo salteño hecho por el Colo Sejanovich o un blanco para enamorarse como la Geisha de Jade de Ver Sacrum, hecha a base de Marsanne y Roussane. Estuvieron los pequeños proyectos como Tordos Wines, con un blend salteño que se las trae, o los TajunGapul que, con la enología de Giuseppe Franceschini, vienen sorprendiendo a todos. Hubo clásicos renovados como el Revancha Chenin Blanc de Roberto de la Mota o Garnacha, Bonarda, Malbecs que se corren de la media… No tiene sentido hablar de todos todavía o, al menos, hasta saber que destino tendrán.
En fin, nos van a malacostumbrar con esta añada 2016. Porque se verán obligados a hacer lo que no se animaban, pero Natura los obligó. Bajo alcohol, vinos muy bebibles, tersos y con una expresión de fruta muy marcada. Los blancos están una locura y este verano hay que aprovecharlos así, jóvenes y vivaces.
No creo que hayan sido mis palabras, pero unos meses después de aquella conversación Musu abrió su vinoteca y cada vez le va mejor. Hay catas casi todos los días, sigue siendo un fiel difusor de los vinos en los que cree, realiza viajes, convoca a enólogos y bodegas, es un referente. Pero más allá de los números, lo que demuestra el éxito es su mirada, la realización personal alcanzada.

Una foto de hace unos años (y unos kilos) atrás


jueves, 20 de octubre de 2016

Kalós: lo bello y bueno


A los griegos les gustaba beber, se sabe. Beber y comer, porque los banquetes o simposios eran habituales. Se celebraban con motivo de fiestas familiares, celebrar victorias, despedir a un amigo o porque sí. Entre entretenimientos varios, música y etairas los griegos solían beber mucho vino y siempre agradecían a Dioniso por semejante regalo divino. Las características de los simposios nos han llegado de la mano de la literatura y de la decoración en vasos y jarras. En estos últimos no es raro que aparezca la palabra kalós, para designar algo hermoso o de gran belleza. La palabra tenía una significación erótica o de belleza física, pero empezó a hacerse extensiva para describir un ideal de conducta personal, en especial entre los aristócratas (kalós kai agathos, bello y bueno).
Más acá en el tiempo, la familia Losada eligió para su proyecto vitivinícola el acertado nombre de Kalós Wines, enfocado en hacer vinos de calidad. En el marco siempre distendido y copado de la vinoteca Vinology compartimos una presentación de la bodega junto a Pablo Benavides, enólogo, y Juan Ignacio Losada, de la familia propietaria.
El primer vino que probamos fue el 59N Malbec 2015. El curioso nombre se debe a una anécdota familiar. El abuelo Calixto siempre contaba a sus nietos, no sin ánimos de desafío, que él tuvo 59 novias antes de casarse y en recuerdo a esta historia se eligió el nombre.
El vino está elaborado con uvas provenientes de San Pablo y Rodeo del Medio y un porcentaje del mismo se guarda 6 meses en barricas. Es un Malbec joven y fresco, de sabores intensos y un buen caudal de aromas que recuerdan a las ciruelas y los higos. Al precio que se lo consigue en vinotecas es de una gran RPC.
Como entre el 59N y su vino ícono tenían un vacío decidieron lanzar un nuevo producto. Se trata de un corte (que tampoco tenían) aún sin nombre ni etiqueta que por sus características encajaría perfectamente en medio. Vamos a decirle Blend 2015 provisoriamente y contiene en un 45% Malbec de Altamira, 35% Cabernet Franc también de Altamira y 20% Petit Verdot de Barrancas. Este vino pasó 12 meses en barricas de varios usos y pudimos probar una muestra de tanque, donde comprobamos su gran potencial.
Combina la suavidad del Malbec con el punch de las otras cepas. La nariz todavía tiene la impronta de la madera, pero se nota que no va a ser invasiva. Donde muestra toda su furia es en boca, lo que demuestra un vino aún sin terminar pero que genera expectativas. Hay que ver que otra anécdota tiene Don Calixto para contar e inspirar el nombre.
El nacimiento de este blend nos muestra cómo va creciendo el proyecto y off the record nos contaron que están tanteando la posibilidad de un blanco no tradicional. Crucemos los dedos por el bien de la diversidad del vino argentino.


Finalmente probamos el vino que lleva el nombre de la bodega, su línea reserva, en la que se pone más esmero. Pudimos comparar dos añadas del Kalós Cru, hecho con la mejor selección posible de uvas de Altamira, una crianza de 16 meses en barricas francesas y 24 meses de estiba en la botella.
Empezamos por la añada más reciente, el Kalós Cru Reserva Malbec 2012. Es un vino muy ameno, que se abre lentamente. Es de esos para ir disfrutando de a poco y ver cómo sus aromas se expresan con el tiempo. Primero se muestra cerrado, luego aparecen las notas propias de la larga crianza, la fruta, el higo y ese aroma peculiar del terruño de Altamira. En boca se siente suave, aterciopelado y con algo de esa sensación de tiza que tanto se busca hoy. Se siente también una mayor tensión que en el 2011.
Por su parte el Kalós Cru Reserva Malbec 2011 fue menos tímido a la hora de desenvolverse en la copa. Sus aromas se mostraron más expresivos y dieron una paleta floral, de ciruela, higo y algo de tabaco. Al paladar se siente una buena estructura, con esa textura de tiza de la que hablábamos y buen final. Nunca había probado estos vinos, pero tenía una buena referencia del WineMDQ Malbec Tasting 2016 donde el Kalós Cru 2011 ganó la tercera etapa.
De la mano del Malbec Kalós Wines se fue abriendo un camino que ahora crece en iniciativas y estilos. Van de a poco y pisando sobre firme, una buena variable para los consumidores que cada vez exigimos más vinos de calidad y bien pensados.



martes, 18 de octubre de 2016

Esos tintos confiables

Fuente: Pausa Magazine

Usualmente me piden recomendaciones de vinos. Quizás a vos también te pase, como somos “locos por el vino” nos preguntan por el mejor Malbec, un buen vino para regalar al jefe o simplemente un par de etiquetas que destaquemos. Y nos ponen en un brete, porque no a todos nos gusta ni apreciamos lo mismo. Ojalá tuviera el ingenio de Miguel Brascó que ante la misma pregunta contestaba que el mejor vino es el que “a usted más le gusta”. Siendo objetivos debe haber algo más para elegir que nuestro vino favorito, simplemente porque no lo hemos probado todo y porque sino no nos harían la pregunta. Tampoco hay que caer en el cinismo de recomendar los que tienen valores astronómicos.   No comparto eso de que el mejor es el más caro, ejemplos para dar por tierra con esa zoncera los hay de sobra.
Sin embargo, aunque me pongan en un apuro cuando me piden consejo, hay una lista de vinos que siempre vienen a mi mente cuando hablamos de alguna cepa en particular.  Son esos tintos confiables que añada tras añada se mantienen constantes y se vuelven un número puesto a la hora de elegir o recomendar.  Por ejemplo, si pienso en nuestra cepa insignia me gusta mucho el Alamos Malbec y en general cualquier Malbec que haya craneado Alejandro Vigil y su equipo, con esa obra de arte que es el Catena Zapata Malbec Argentino. Entre esos dos rangos de precios hay cientos para recomendar y muchas zonas para explorar: de Salta no puedo dejar de mencionar el Colomé Malbec Auténtico surgido de vides de 150 años, unas de las más antiguas del país, y sin roble para mantener su esencia.
Con el Malbec es fácil y me llueven nombres como el Sophenia Synthesis, todo flores y frescura; el Altos Las Hormigas, un best buy siempre; los que salen de Cobos y Achával Ferrer, siempre rozando la perfección; y un largo etcétera que de a poco iremos descubriendo.
Con otros varietales la lista lógicamente se reduce, pero quiero jugar este juego de recomendarles distintos precios, zonas y estilos. Por ejemplo, sobre el Merlot que viene tan cabizbajo en nuestro país siempre tengo dos que me dan vueltas en la cabeza: Salentein Reserve Merlot y Marcus Gran Reserva Merlot. Ambos tienen en común la frescura y sobre todo la elegancia que puede lograr la cepa, el primero en el Valle de Uco, el segundo en nuestra Patagonia. El frío le sienta bien.
¿Y el Cabernet? Siempre fue la estrella de las mesas argentinas y ahora anda algo opacado, pero no deja de ser el Rey de las cepas tintas. Son muchos los enamorados del Cabernet salteño y sus aromas a pimiento morrón, para ellos podemos recomendar el siempre correcto Don David o redoblar la apuesta por el Gran Linaje Cabernet Sauvignon, pura elegancia salteña. Y si buscan un Cabernet más fresco y de gran expresión no pueden dejar de probar el Zorzal Gran Reserva, un misil a los sentidos.
Para Pinot Noir siempre es bueno mirar al sur de nuestro país de donde salen buenas cosas como el reconocido Chacra 32, tranquilamente el Pinot mejor puntuado de Argentina. Pero si no podés desembolsar lo que vale un Chacra te invito a probar el Altocedro Año Cero, un Pinot Noir de La Consulta que literalmente me enamoró por su sutileza.
Cabernet Franc y Petit Verdot son las cepas que todos quieren conocer, nuevas joyitas de las que hay poco, pero muy bueno y original. Para conocer la versatilidad del Franc pueden probar el Andeluna Pasionado o Las Perdices Ala Colorada; para conocer toda la elegancia del PV iría por el Decero Mini Ediciones o el Casarena Lauren’s Vineyard. Cuatro vinazos para disfrutar gota a gota.
¿Hay más? Sí, afortunadamente nuestro país nos da mucho más. Podría seguir la lista y nombrar clásicos y modernos, zonas de lo más diversas, otras variedades como el Syrah o el Bonarda, incluso estilos. Tengo muchos más vinos que se han ganado mi corazón por diversas razones y junto a ellos los blancos, que cada día me deslumbran más.
Hacé tu lista y contame ¿cuáles son tus favoritos?


Ariel Rodríguez, para Pausa Magazine


miércoles, 12 de octubre de 2016

¿Se puede oír un vino?

Fuente: Pausa Magazine

La cata de vino implica casi todos los sentidos: observamos el color y el brillo, percibimos sus aromas, disfrutamos su sabor y también sentimos la textura que nos deja en el paladar. Sin embargo, el oído es el gran ausente en la cata de vinos profesional. Más allá de oír el sonido de algún corcho de Champagne que sale disparado o el gorgoteo del líquido saliendo de la botella, pareciera no haber mucho más.
El sonido del descorche se da al sacar rápidamente el tapón. La diferencia de presión generará ese chasquido peculiar tan asociado al vino. Sin embargo, el perfecto sommelier evitará ese ruido haciéndolo lentamente, incluso con un espumoso.
He oído decir que hay quien puede identificar un varietal o tipo de vino con solo oírlo verter desde la botella. Más allá de la fanfarronada de estos farsantes, el sonido cantarín puede llegar a indicarnos la densidad de un vino. Pero no mucho más.
Realmente el choque de copas, el ruido de un corcho a nuestras espaldas que nos hace girar la cabeza, el vino cayendo sobre la concavidad de la copa son cosas que disfruto mucho como parte del folklore del vino, pero que no me aportan nada para la apreciación de lo que tengo sobre la mesa. Al contrario, un ambiente ruidoso nos distrae y hace difícil la cata. Asimismo, se ha comprobado que la música puede predisponer al catador.
Georg Riedel es dueño de la cristalería Riedel, la marca más famosa de copas y decantadores, con productos específicos para cada vino. En una de las catas que da en todo el mundo para que se aprecien las propiedades de sus copas, Georg Riedel puso vino en un decantador de forma muy aflautada, lo agitó enérgicamente e invito a los asistentes a posar su oreja sobre la estrecha boca del decanter. Claramente se oía un chisporroteo y todos estaban asombrados y curiosos preguntándose qué era ese ruido. Era el gas carbónico residual que guardaba el vino y el decantador ayudaba a liberar.
El ejercicio se puede hacer en casa si encontramos un vino con algo de gas carbónico (lo podemos identificar porque nos da una sensación de burbuja o agujas en la punta de la lengua). Lo servimos en una copa, la agitamos y apoyamos nuestro oído. Podremos percibir el gas carbónico que se escapa sin necesidad de un costoso decantador Riedel. Al perder ese carbónico el vino se percibirá más suave y redondeado, sin ese cosquilleo en la punta de la lengua. Muchos blancos y vinos caseros tienen esta particularidad.
Aunque sea la cenicienta de los sentidos a la hora de catar un vino, el oído puede brindar algo de información. Tal vez no sea la fundamental, pero en ocasiones puede ser interesante y hasta divertido.

Ariel Rodríguez
Publicado originalmente en Pausa Magazine




viernes, 7 de octubre de 2016

DV Catena Malbec-Grenache: un distinto


Uno de los lanzamientos más comentados del año en las redes, por la bodega que lo elabora, por el cambio que implica y la búsqueda de tendencias que propone, debe ser el DV Catena Malbec-Grenache 2015. La aparición de una etiqueta de la bodega que contuviera Grenache (o Garnacha) como un componente principal sorprendió a muchos, no hay otros vinos de la bodega con esa designación varietal y mostraba su tendencia a seguir innovando y prenderse a la incipiente movida garnachera y de vinos livianos.
Sin embargo, el viñedo La Antonia, ubicado en Rivadavia, es uno de los más viejos del grupo Catena. De allí sale la uva Grenache que corresponde al 50% de este vino, mientras que el Malbec proviene del viñedo Angélica Sur. Los componentes son fermentados por separado con levaduras nativas o indígenas y luego se le da un sutil añejamiento de 6 meses en barricas de segundo y tercer uso. Los DV Catena salen a la calle con entre 14 y 18 meses de crianza en barricas (salvo el Chardonnay) por lo que es otro punto que lo vuelve un distinto dentro de la línea.
En la presentación que tuvimos el honor de compartir los miembros de Argentina Wine Bloggers nos contaban que la Garnacha tiende a “pasarse de alcohol”, es decir, acumula mucho azúcar y luego salen vinos de alta graduación. Por eso, y porque es una uva que da mucha producción, la vendimiaron bastante temprano e hicieron un raleo intensivo, como resultado obtuvieron un vino liviano con solo 12,2° de alcohol.

Arnaldo Gometz, Director Comercial de Catena Zapata, explica la historia de este vino a los AWB

Los que me leen con asiduidad habrán notado que muy pocas veces hablo del aspecto visual de un vino, salvo que aporte algo. Entrar en polémicas por el tono del color rojo no es algo que necesitemos, pero en ocasiones es interesante tenerlo en cuenta. En este caso me llamó la atención que su rojo vivaz tenía poca profundidad comparado con otros vinos de la bodega y con 50% de Malbec de Uco. Ya con esa primera aproximación al vino mis hipótesis de que estábamos ante “un distinto” se iban confirmando.
Sus aromas abundaban en fruta roja como la frutilla y unas notas herbales como de lavanda o hierbas salvajes. Más allá de todos los descriptores que podamos encontrar hay un detalle que no quiero dejar pasar, al llevar el vino a mi nariz tuve un fugaz recuerdo del pasado, de los vinos de antes cuando la Garnacha abundaba en los vinos de mesa de nuestro país. No es que tenga una onda old style, sino la personalidad del varietal que te mueve fibras de la memoria.
El punto fuerte de este vino aparece al beberlo. Tiene un cuerpo medio y taninos suaves acompañados de un estilo fresco y jugoso. Cuando se va nos deja su textura delicada y una sensación agradable que lo vuelve un vino ideal para acompañar comidas de lo más variadas o simplemente beberlo solo porque se toma muy (muy) fácil.
Por su crianza, su estilo, su varietal, su bajo alcohol y todos los detalles comentados es casi un paracaidista, un vino que se corre del resto de la línea DV. Quizás no logre los 100 puntos de un Fortuna Terrae, pero es de esos vinos que son puro disfrute de principio a fin. Se viene un verano intenso y estos tintos más livianos y delicados serán un oasis.



viernes, 30 de septiembre de 2016

Maridaje: del vino al plato y del plato al vino

Fuente: Pausa Magazine

La comida es la parte material de la alimentación, pero el vino es la parte espiritual de nuestro alimento. Alejandro Dumas

Uno de los temas más sobredimensionados y que más dudas genera en el mundo del vino es el del maridaje. Saber con qué acompañar nuestras comidas, o viceversa, es importante, pero tampoco debemos enloquecer. Hay quienes acompañan su asado de bebidas Cola o cerveza y a mí me parece terrible, pero las elecciones del maridaje son subjetivas y si a ellos les gusta…
Si fuera tan sencillo la nota terminaría aquí, pero usted busca algo más. Quiere saber con qué vino acompañar un Queso Azul o con qué plato ese Syrah que se trajo de sus vacaciones. Para ello hay algunas recomendaciones que quisiera darle. Recomendaciones y no reglas, porque las reglas suenan a imposición y si no experimentamos un poco nos estamos negando todo un nuevo mundo de sabores y experiencias.
Una de las frases que más hemos oído en este tema es aquella de “vinos blancos con carnes blancas y vinos tintos con carnes rojas”. Esto, aunque limitado, nos permitirá no errar mucho. Es decir, si no me quiero arriesgar o tengo una idea vaga de lo que me van a servir en el restaurante, puedo seguir esta regla. Nunca desentonará un vino blanco con pescados o un tinto con carne. Pero hay excepciones, por ejemplo la que señalan Alejandro Barrientos y Claribel Terré Morell en El perfecto sommelier: “En La Bourgogne, he visto a Jean Paul Bondoux combinar una pechuga de pato cocinada a la leña, confitada con frutos rojos y dátiles, con un elegante Pinot Noir. Y no se equivoca”.

Del vino al plato
Pensemos nuestra elección desde el vino. Si tenemos un Sauvignon Blanc o vinos de gran acidez como rosados, incluso algunos tintos, podemos pensar en pescados, mariscos, platillos delicados y entradas livianas. Todo lo contrario de si nos vamos para tintos con largas guardas en barricas o de estilos más concentrados. En ese caso es preferible pensar en carnes fuertes, asadas o de largas cocciones. Nuestros Cabernet Franc y Malbec piden carne a gritos. Pero cuidado con algunas exquisitez del asador criollo, Elisabeth Checa en su famosa guía Los buenos vinos argentinos advierte que “con algo muy graso, por ejemplo, mollejas o chinchulines, el tinto en cuestión puede devenir amargo. Para amarguras bastan las de la existencia” y nos recomienda un Chardonnay sin madera para acompañar estas achuras. El domingo haga la prueba de los chinchulines (no la de amargarse).
Uno de los tintos sobre los que me llegan más consultas es el Pinot Noir. Su carácter gallardo y elegante, su alto valor y todo el misterio que lo rodea alientan a que lo acompañemos con una comida especial, pero ¿cuál? El Pinot es un vino muy versátil, puede ir muy bien con carnes blancas y algunas rojas, también es un gran acompañante de los hongos. La clave está en armonizarlo con platos delicados, que no lo opaquen. Cordero, aves de casa y platos vegetarianos pueden encontrar un acompañante ideal.
Con los dulces podemos jugar un poco. Siempre digo que su maridaje es como el matrimonio, por contraste o por afinidad. Son un gran acompañante de los postres dulces cuidando que el dulzor no empalague y “mate” nuestro vino, las frutas y los frutos secos como las nueces. El Oporto con chocolate es un clásico. Pero también funcionan muy bien si los contrastamos con su opuesto, por ejemplo con quesos fuertes como el Azul, carnes con frutos rojos o el español de Jerez y jamón serrano.

Del plato al vino
También podemos pensar la combinación al revés, partir desde una comida determinada y elegir en función de ella nuestro vino. Si pensamos en ensaladas o sopas la elección puede ser complicada si no tenemos en cuenta algunos consejos. Las ensaladas y muchos platos vegetarianos van muy bien con vinos blancos secos, como un Sauvignon Blanc, un Riesling o incluso un Viognier, solo hay que prestar especial atención al vinagre utilizado, en especial la cantidad. El aceto puede ser una mejor opción en estos casos. En cambio, con las sopas el problema está en la temperatura. Lo ideal serían aquellas donde la temperatura no necesita ser muy alta y un buen acompañante podrían ser los blancos untuosos, como un Chardonnay con madera o algunos rosados con cuerpo.
Para el típico asado del domingo los tintos son lo mejor. Si bien el Cabernet Sauvignon, el Syrah y el Tannat pueden ir muy bien, el Malbec tiene el balance de acidez, dulzor y estructura necesarios para nuestro emblema culinario. Su leve acidez nos hace salivar, el dulzor acompaña la sal de la carne y su estructura nos ayuda a limpiar el paladar. Parece que la máxima que dice que las comidas regionales se acompañan bien de los vinos locales es acertada a la hora del asado. En ese sentido podemos agregar que nada mejor que acompañar unas empanadas salteñas con un buen Torrontés.
¿Y si quiero disfrutar del sushi? Casi automáticamente voy para el lado de los blancos de acidez vibrante, como un Sauvignon Blanc o un Torrontés moderno. Es un estilo que compensa muy bien el habitual exceso de queso Philadelphia, acompaña el salmón y soporta la salsa de soja. Si queremos probar nuevas opciones y jugar un poco podemos pensar en la opción de los espumosos o tintos jóvenes de poco cuerpo como un Merlot de zonas frías o un Pinot Noir.

Nos queda mucho por hablar sobre el hermoso arte de maridar/armonizar/combinar/acompañar comidas y vinos. En próximas entregas hablaremos de los quesos que son toda una sección especial en este tema y profundizaremos en lo del asado. Mientras tanto, disfrutemos de acompañar nuestros platos con la bebida de los dioses. Recuerden que no hay reglas más allá de nuestro propio gusto, solo recomendaciones basadas en la experiencia acumulada.

Ariel Rodríguez

Nota publicada originalmente en Pausa Magazine



sábado, 24 de septiembre de 2016

A la caza de Perdices


Creo, sin miedo a equivocarme, que Viña Las Perdices es una de las bodegas más respetadas de Argentina. Ese respeto se lo ganaron con un extenso y firme portfolio de etiquetas y un estilo constante, fiel a sí mismo. En varias oportunidades he probado sus vinos y siempre me parecieron correctos, bien hechos, sin polemizar y tampoco sin caer en conservadurismos. Tienen un estilo moderno, pero clásico a la vez, lo que les permite ser aprobados por un público muy amplio.
Los Muñoz López llegaron a nuestro país en 1952 procedentes de Andalucía y en 1958 se empezaron a dedicar al cultivo de vides. Hasta fines de la década del 70 vendieron uva y desde allí hasta 2003, vino a granel. A partir de 2004 se concentraron en su bodega Las Perdices y empezaron el proyecto de la marca propia con el Ing. Juan Carlos Muñoz como winemaker. Desde que sus vinos empezaron a comercializarse en 2006 no pararon de crecer y hoy su oferta llega a las 35 etiquetas.
Actualmente, su vino top es el Tinamú y por primera vez en Buenos Aires pudimos participar de una degustación vertical completa de la mano de su creador. Tinamú es el verdadero nombre de la Perdiz Americana, mal llamada perdiz por los españoles debido a su parecido con las del viejo continente. La bodega las eligió para nombrar su vino más emblemático y que tiene la particularidad de no haber cambiado desde la primera vez que se lo elaboró en 2005. Su composición es de un 60% de Malbec, 25% de Cabernet Franc, 10% de Petit Verdot y un 5% de Tannat fermentados por separado y criados 24 meses en barricas nuevas de roble francés y americano. Luego, tras un año de estiba en la bodega, salen al mercado.
Las Perdices Tinamú 2005 todavía conserva un buen caudal de fruta y un aroma herbal donde el Cabernet Franc pareciera decir “presente”. Se mantiene estoico e impecable tras tantos años, con buena estructura y un delicado bouquet que empieza a sentirse especialmente al beberlo.
Muñoz es casi una rara avis a la hora de elaborar un vino ícono. Por lo general, para este segmento los blends tienden a ser siempre distintos, con composiciones complejas y a veces hasta no blanqueadas del todo para el consumidor. Sin embargo, en Las Perdices se respetan los porcentajes de esa composición y son las condiciones del año las que juegan como un diferencial. Por ejemplo, el 2006 mostró una evolución particular, propia de un año más cálido. Las notas de roble, fruta madura y mermelada eran más notorias. En boca las acompañaba una buena estructura, con taninos todavía notorios. “Solo pueden cambiar las fechas de cosecha. Sintonía fina…” nos confiará el enólogo.


Con Las Perdices Tinamú 2007 llegará un punto de inflexión, se nota un paso de más estructura a más elegancia. Los aromas de este vino son más delicados, lo herbal se vuelve más sutil y aparecen encantadoras notas florales y de orégano. Fue mi favorito de la noche y no es la primera vez que en una vertical así elijo vinos de esta añada. Alguna vez Roberto de la Mota me confió que la 2007 fue “espectacular” y cada botella lo demuestra.
Con la añada 2008 del Tinamú vuelve el estilo de un año más cálido. La fruta se siente más madura, con aromas a mermelada o membrillo y una clara nota de pimiento morrón. Cuando lo bebimos notamos un vino suave, aterciopelado y con un largo regusto.
Luego probamos las añadas 2010 y 2012, que claramente necesitan unos años más de guarda. No porque estén imposibles de tomar (estos vinos siempre salen listos para el descorche) sino porque viendo la evolución de las añadas anteriores esto es algo que les sentará bien. Por ejemplo, Tinamú 2010 es todo un compendio de aromas aportados por la barrica: tabaco, café, vainilla. Esto se va a ir volviendo más elegante con el paso del tiempo. Al beberlo notamos que es otra gran añada, de taninos “pequeños”, jugoso y muy balanceado. Hay que guardar una botella de este.
El 2012 también se siente muy joven, con más presencia de la fruta, pero también la madera siendo protagonista. Tiene una gran fluidez en el paladar y un largo final. Y hablando de juventud desbocada, ya fuera de la cata apareció una botella de la añada 2013. Todavía no está en el mercado, pero pudimos probarla y augurar un gran futuro.
Aunque los bodegueros son un poco reacios a anticipar lo que está por venir, algo pudimos vislumbrar del futuro de Las Perdices: están trabajando en pulir la imagen y las líneas actuales, se vienen nuevos varietales para la línea Ala Colorada y es posible que surja una nueva línea con uvas de Valle de Uco. Habrá que esperar las novedades, pero mientras les cuento de la última que lanzaron al mercado.


Bonus track
Aprovechando el impulso, en la semana probé Las Perdices Ala Colorada Ancellotta 2013. Esta variedad italiana está creciendo mucho en nuestro país, algo que corroboran los viveros mendocinos y las primeras tímidas etiquetas que aparecen en el mercado. Este nuevo integrante de la familia Ala Colorada (ya habían sacado un Cabernet Franc) es uno de los pocos exponentes como varietal puro y tiene una larga crianza de 15 meses en barricas nuevas de roble, mitad francés y mitad americano. “Es una uva que hay que cuidar mucho, pero da buenos resultados”, me dijo Juan Carlos Muñoz y agregó que “algunos clones de Ancellotta tienen un perfil muy parecido al Malbec”. Es una variedad muy colorante y con una estructura que golpea duro al paladar por lo que la guarda en botella y la crianza en barricas ayudan a domarla.
En el caso de Las Perdices Ala Colorada Ancellotta 2013 sus aromas mostraron una gran paleta donde aparecen la fruta roja, mermelada de ciruela, higos y algo de tabaco. Se lo siente balanceado, amable y con mucho cuerpo. En el paladar repite las notas frutales maduras con toques tostados. Un vino con buena persistencia y muy rico de beber, ideal para acompañar una gran variedad de platos. No tengas miedo de maridarlo con comidas muy elaboradas y de sabores intensos o, como hicimos nosotros, con una variada tabla de quesos y fiambres.
¿Se viene la hora del Ancellotta?



miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Espumante o espumoso?


En artículos web, notas periodísticas, libros especializados y hasta etiquetas encontramos la palabra “espumante”, al punto de que casi se ha instalado, pero su uso es incorrecto. Vamos sin rodeos, se dice espumoso y no espumante. De hecho, la palabra espumante ni siquiera existe en el diccionario.
El tema no requiere complicadas explicaciones. Si existiera la palabra espumante, debiera referirse a aquello que produce espuma, por ejemplo el detergente o la sal de frutas. Espumoso sería aquello que contiene espuma (o burbuja, para el caso). Por eso decimos gaseosa y no gaseante para las bebidas carbonatadas.
Aparentemente el origen proviene de una mala traducción del italiano spumante. Pero en nuestro idioma el sufijo –nte se usa para formar adjetivos a partir de verbos que expresan qué o quién ejecuta la acción. En todo caso, espumante podría ser aquel que le agrega gas carbónico a los espumosos de baja calidad. De la misma manera, el sufijo –oso también sirve para formar adjetivos, pero que expresan que se contiene algo en abundancia, como aceitoso o temeroso.
El uso pareciera haber instalado la palabra al punto de que nos llega a “sonar feo” decir espumoso. Si bien es muy positivo celebrar las oralidades y las nuevas incorporaciones idiomáticas, debemos diferenciar lo que es un neologismo (palabra nueva) o regionalismo de lo que es algo simplemente mal escrito.


Nota publicada originalmente en Pausa Magazine

jueves, 15 de septiembre de 2016

Custodiados por las sirenas

Fuente: Pausa Magazine

Hace cuatro años el antropólogo y experto en naufragios Philippe Rouja y su hermano Jean-Pierre Rouja descendieron en las aguas de las Islas Bermudas para inspeccionar los restos del Mary Celestia, un barco hundido durante la Guerra Civil Norteamericana. Aprovechaban la finalización de las tormentas de invierno de la zona que literalmente“barren” el fondo marino dejando al descubierto los abundantes pecios de la zona. Investigando en la proa de este barco hundido hace 150 años notaron un armario o compartimento secreto en la estructura de metal. Dentro había cinco botellas de vino selladas, perfumes sin abrir, zapatos y hasta peines.
El Mary Celestia se fue a pique en 1864 un año antes de que finalizara la Guerra Civil que enfrentó al norte y al sur de Estados Unidos. Era un barco de vapor muy veloz destinado a romper el bloqueo de mercaderías que se cernía sobre el sur del país. En cierta manera eran unos contrabandistas, pero el riesgo y la aventura los hacía sentir héroes. Las principales mercaderías que transportaban eran objetos de lujo provenientes de Europa o el norte industrializado del país y que terminaban siendo vendidas hasta siete veces más caras que en los tiempos de paz.
Finalmente en marzo de 2015, para conmemorar los 150 años del fin de la Guerra Civil Norteamericana el grey wine se abrió para unos 150 asistentes. El veredicto oficial del panel de cata del evento fue que el vino gris olía y sabía a “agua de cangrejo, nafta, agua salada y vinagre con notas cítricas y de alcohol”. Aunque no se esperaba mucho de la botella proveniente del Mary Celestia la experiencia de catar un vino que estuvo sumergido 151 años es algo que muchos quisieran probar. Una forma de traer el pasado y hacerlo parte de nuestro presente.
Entre las costas de Finlandia y Suecia,casi frente a Estocolmo, se encuentran las islas Åland. Hace unos cuatro años, este archipiélago entró en forma inesperada en la escena del vino cuando se halló un naufragio de 1840 que conservaba algunas botellas intactas. Entre otras etiquetas había 46 botellas de Veuve Clicquot, uno de los Champagne más famosos, que habían permanecido intactas. No es la primera vez que entre los restos de un naufragio se encuentran botellas intactas de vino. El problema es que la mayor parte de ellas están intomables, no soportaron el paso del tiempo.  La noticia en este caso fue que un panel de profesionales, cató una de estas“viuditas” (como se conoce a la marca) y la consideró bebible. Es decir, no es el mejor vino del mundo, pero se podía beber y ¡tiene encima más de 160 años!
La extraordinaria evolución de los vinos se atribuyó a las condiciones únicas del Mar Báltico. Según Dominique Demarville, el jefe de bodega en Veuve Clicquot, es “un mar interior oscuro, con una temperatura alrededor de los 4°C.  Hay muy poca corriente por lo que la presión se mantiene constante y es significativamente menos salado que otros mares.” Por eso, la tradicional bodega francesa decidió sumergir durante 50 años 350 botellas que irán siendo catadas y comparadas con las que se guardan en la cava de Reims. “Estas condiciones nos permiten medir el impacto de la ausencia de oxígeno en el proceso de añejamiento en un medio estable”, agregó Demarville.
En total serán 100 botellas de su conocido Yellow Label, 100 del Semi Sec, 100 de un Vintage Rosé 2004 y 50 magnums. Los franceses están muy entusiasmados con las posibilidades del proyecto, pero no son los únicos. Bodegas de España, Chile, Francia y EE.UU. también están sumergiendo sus vinos para que sean custodiados por las sirenas.  ¿Será verdad u otro fenómeno de marketing?


Nota publicada originalmente en Pausa Magazine


viernes, 9 de septiembre de 2016

Los vinos más antiguos

Fuente: Pausa Magazine

En noviembre de 2015 se hizo público el descubrimiento de una bodega de 1500 años de antigüedad que cuenta cómo se hacía vino en Israel en aquella época. El hallazgo de prensas, tanques de fermentación, utensilios, jarras y sus lacres dan cuenta del elevado proceso de industrialización de la vitivinicultura de aquellos años.
Era una gran noticia, pero no sorprendió mucho porque Israel siempre da este tipo de hallazgos. En 2014 se excavó la que sería la cava de vinos más antigua del mundo. Ubicada cerca de la frontera con El Líbano la bodega contenía unas 40 ánforas con residuos que corresponderían a vinos de hace unos 3600 años. Andrew Koh, el investigador que llevó adelante la investigación, dijo que el “descubrimiento corresponde a la más grande y antigua bodega de vinos (…) es decir un lugar de almacenaje particular para vinos que serán consumidos por su dueño”.
Sin embargo, las evidencias más antiguas de vino provienen de Irán. Allí se encontraron unas vasijas con restos de ácido tartárico y resina de pino que probarían su uso para fermentar y almacenar vino hacia el año 5400 a.C. El ácido tartárico es uno de los “residuos” que quedan impregnados en los recipientes donde se fermenta vino y la resina de árboles como el pino era habitual para sellar las ánforas donde se almacenaba.
A unos 600 kilómetros de allí, en territorio armenio, el ejército soviético descubrió por casualidad unas ruinas que al volver a ser estudiadas en 2007 revelaron la bodega más antigua de la que se tenga noticia y cuya fecha se estima alrededor del 4100 a.C.
Por su parte, la botella de vino cerrada y con contenido más antigua que se conoce fue encontrada en una tumba romana del sur de Alemania. El hallazgo de la “botella de vino de Speyer” se hizo en 1867, pero se calcula que la botella data de entre los años 325 y 350 d.C. Aunque nunca fue abierta, casi no hay lugar a dudas que lo que conserva esta peculiar botella de vidrio romano era un vino como se lo hacía en la época: saborizado con hierbas y embotellado con aceite de oliva para evitar su oxidación.
Más acá en el tiempo (si es que la expresión es válida para esta nota) el vino más antiguo que podemos llegar a tomar se encuentra en Alsacia. En las históricas bodegas de los Hospices de Strasbourg se puede hallar un tonel con un vino blanco seco del año 1472. El primer tonel en el que descansó duró hasta 1718 y el segundo fue reemplazado en 2015. Los dos maestros toneleros más afamados de Francia trabajaron para hacer un tonel de 300 litros que albergara este vino legendario de apenas 9,4% de alcohol.
Técnicamente sería el vino más antiguo que podríamos llegar a catar. Pero hay que empezar a hacer méritos porque solo fue dado a degustar en tres ocasiones muy especiales. La última persona en poder hacerlo fue el general Leclerc que liberó Estrasburgo de la ocupación nazi en 1944.




Nota publicada originalmente en Pausa Magazine



lunes, 5 de septiembre de 2016

Cruzat: hogar de las burbujas

 

Quienes me leen de hace rato saben de mi amor por los vinos espumosos. Algo que cada año se acrecienta más y se lleva buena parte de mi presupuesto vínico porque uno quiere probar  todo lo de acá más los Champagnes para mantener el paladar afilado. Los que me leen sabrán también que para mí los mejores espumosos de argentina son los que salen de las manos de Pedro Rosell. No es un capricho ni una tara de mi gusto personal, sino que es algo que año a año refrenda la crítica nacional e internacional. Por eso en mi último viaje no podía dejar de visitar Cruzat y hablar aunque sea un rato con Don Pedro.
Cuando uno admira el trabajo de una bodega o un enólogo, el siguiente paso luego de haber probado todo sus vinos es conocer su lugar de trabajo.   En ese momento es cuando te das cuenta de que no es magia lo que hace, ni producto del azar.   Por más poesía que le pongamos a explicar un vino, atrás de él hay conocimiento, laburo y experiencia.


En Cruzat pude entender porqué sus espumosos se destacan sobre el resto. Cada detalle está puesto en lograr la perfección. Para entenderlo, fíjense en los siguientes ejemplos. Cuando llegan las uvas, la prensa que las “aprieta” para extraer el jugo trabaja a un 45%, ni un poco más ni un poco menos. Por supuesto que se pierde mosto, pero han hecho pruebas superando ese porcentaje y lo que salió ya era distinto, tenía imperfecciones en el resultado final que se alejaban del estándar de calidad de la bodega. Este tipo de cosas solo pasan en una rara avis como Cruzat que solo produce espumosos.
Otro ejemplo es el uso de levaduras seleccionadas que provienen del Instituto de la Champagne. Estas levas están modificadas para no producir histaminas que en el consumidor provocan dolores de cabeza (cuántas veces tomamos champán barato y terminamos con el cráneo partido). Otro, los tanques de fermentación son más altos y angostos que los que encontramos en otras bodegas. De ese modo se logra una fermentación más tranquila y el mismo carbónico lentamente mueve el mosto. En fin, mil detalles que Pedro Rosell explica más clara y técnicamente que yo y que te hacen entender porque hace bien lo que hace. “Todo está en los libros”, dirá el maestro.
Con su paciencia de santo varón y mis oídos siempre dispuesto a escucharlo y aprender catamos todos los vinos de Cruzat y para no repetir mis palabras los remito a una nota anterior donde detallo cada uno de ellos. Permítanme tan solo agregar uno más.
Hace unos días me encontré con Pedro Rosell en Buenos Aires y pude probar junto a él uno de los vinos más esperados del año: Cruzat Millésime 2006. Sí, un espumoso argentino que sale 10 años después de empezar a elaborarse, 10 años sobre lías, algo único porque ninguna bodega querrá bancar el costo financiero de esperar un vino tanto tiempo.

Pedro Rosell a las puertas de Cruzat

La cosa empezó a gestarse en 2005. Por esa época, Rosell tentó a sus socios chilenos a lanzar un millésime, algo que él mismo no había hecho nunca. Cuando consiguió la aprobación buscó un viñedo particular: quería que fuera de suelo limopedregoso, de una ladera expuesta al Este y que se pudiera ralear en un 50% al momento del envero (es decir, quitar el 50% de las uvas cuando estas empiezan a tomar color). Uno de sus alumnos tenía un viñedo de esas características en San José, Tupungato, y tras algunas pruebas ese año, se compró la uva en 2006.
El proceso inicial fue el normal y eligieron una proporción de 85% Pinot Noir y 15% Chardonnay. Sin embargo, el vino base fue mantenido 36 meses en contacto con levaduras. Una vez embotellado, pasó otros 90 meses en contacto con levaduras o sobre lías, como le decimos. El licor de expedición agregado en esa ocasión fue elaborado a partir de un espumoso con 20 años de guarda y sin agregado de azúcar. Cada detalle fue pensado al máximo, cada paso analizado tres veces, no podían esperarse 10 años y que un mínimo error tirara tanto trabajo a la basura.
Cuando pude probarlo quedé descolocado. No era nada de lo que esperaba. Me imaginé que en mi copa abundarían los aromas a levaduras y una nota licorosa, a vino oxidado, y me equivoqué. Es un vino de aromas sutiles, con una delicadeza que pocos en el país pueden lograr. Pero sobre todo, tiene el balance perfecto que solo pareciera alcanzarse en Champagne. Nada sobra, nada falta, nada incomoda.
No hay muchas botellas. Agénciense una caja y disfruten el mejor espumoso que ha dado nuestro país.





viernes, 2 de septiembre de 2016

¡¡¡Vinarquía cumple 5 años!!!


¿Viste ese momento incómodo en que estás en una fiesta y todos te piden que digas unas palabras?  Bueno, este momento es más o menos así.  Me la paso escribiendo sobre otros y cuando tengo que hacerlo sobre mí y mi trabajo no sale nada.
Podría decir que esto empezó hace 5 años, en 2011, y casi por casualidad.  Quería despuntar el vicio de la escritura, sin una idea muy clara de adónde ir.  Apenas si eran unas notas de cata y algunos experimentos.
Podría decir que pasamos de unas 600 visitas en el primer mes a un número constante de 8000 mensuales en la actualidad.
Podría decir que cada vez me preocupa más la calidad de los textos que se publican.  Y que cada vez tengo menos tiempo para "hacer estilo", como diría Roberto Arlt.
Podría decir que siempre me preocupé porque haya 100% de contenido original y no caer en las trampas de la mala comunicación.
Podría decir que a pesar de ser muy malo para las redes sociales, hoy Vinarquía tiene más de 3600 seguidores en Twitter y muchísimos amigos y likes en Facebook.  Y podría agregar que esos números no son de cartón, porque todos los días respondo mails y mensajes con consultas, dudas y sugerencias.  Sé que soy el responsable indirecto de más de un negocio.
Podría decir que a Vinarquía la conocen más sus lectores que las bodegas de las que habla.
Podría decir que llevamos publicadas más de 500 notas.
Podría decir que pese a los altibajos, seguimos firmes y con muchas ideas.
Podría decir que Vinarquía c'est moi.
Podría decir que hoy se descorcha y se brinda por seguir varios años más.


¡Salud y gracias!