lunes, 11 de julio de 2016

Reencuentro con el Este: Bodega Garavaglia


En 2013 este blog tenía apenas dos años de vida (a veces me sorprende hace cuánto que estoy escribiéndolo) y me contactaba por Facebook el Dr. Sebastián Garavaglia, un abogado devenido bodeguero “porque es más honesto”. En aquel entonces probé unos vinos que consideré “de una dignidad intachable, hechos con cariño y ganas de innovar”. Tres años después volvimos a hablar y ya no necesitábamos presentaciones sino simplemente volver a probar sus vinos.
La bodega Garavaglia está ubicada en Alto Chapanay, en el departamento de San Martín, la zona de mayor producción de uva del país. De aquí surgen millones de toneladas y litros anuales, muchas veces injustamente castigada por el marketing y en 2016 también por el clima (ver aquí mi nota sobre la Cosecha 2016).
Su línea de entrada son los Bocabella, varietales jóvenes casi sin madera (solo el 15% pasa tres meses en barricas francesas) que buscan expresar las cualidades de la zona sin enmascaramientos.
El Bocabella Malbec 2013, es un típico Malbec del Este, clásico y fácil de beber.  Sus aromas tienden a la fruta madura, ciruela, un leve especiado y alguna nota de crianza. Entra dulce y resulta muy amable, con taninos redondeados y un final acorde. Un vino versátil para maridar con cualquier comida. El Bocabella Cabernet Sauvignon 2013 muestra un estilo similar, pero acorde a su varietal. Aromas de fruta roja madura y algo de pimientos abundan en la copa. Es también un vino amable, de entrada dulzona, terrosa y con taninos en un punto justo. Acá el vino invita a comidas más potentes o unos quesos de pasta dura. Para cerrar con esta línea, hablemos del que más me gustó en esta oportunidad, Bocabella Chardonnay 2015. Un Chardonnay joven y fresco, con aromas a frutos tropicales, principalmente ananá, y unos detalles cítricos. Al beberlo se perciben claramente sabores frutados como la manzana verde y algo de pomelo. Un largo final, toda su fruta y frescura invitan a beber sin complicaciones.


La bodega Garavaglia empezó en 2006, pero como muchos de los emprendimientos vitivnícolas mendocinos hunde sus raíces en los inmigrantes que en el siglo XIX y principios del XX vieron en Mendoza un paraíso para hacer vinos. En 1898 Felice Garavaglia llegó al país proveniente de Chivasso, Turín, Italia y dedicó su vida al cultivo de la vid. Esta pasión y perseverancia se la transmitió a sus padres y nietos y hoy estaría orgulloso de que se haya cumplido el sueño familiar de la bodega propia. En honor a este hombre y a toda su época, el vino reserva lleva su nombre: Felice Garavaglia Malbec Premium 2012. Aquí el aporte de madera es mucho mayor, 10 meses en barricas francesas y se pueden percibir claramente en la copa. El vino se abre lentamente, usar un decantador no estaría mal aunque no es indispensable. Cuando se abre expresa aromas a fruta roja y flores como las rosas, además de notas de la crianza. En boca es liviano, de buena acidez y con cierta nota de evolución. Un vino de estilo clásico, lejos de la concentración de otros lugares y muy acorde para carnes al horno, por ejemplo.
Finalmente tenemos que hablar de la joya de la bodega, el vino “que da qué hablar”. Se trata del Invasor, un blend de Malbec y Aspirant Bouchet. Quizá nunca hayas oído hablar de esta variedad, pero hay plantadas unas 4000 hectáreas en nuestro país, lo que la convierte en la séptima uva tinta por superficie implantada y la que más ha crecido en los últimos 10 años. Nadie habla de ella porque es un pequeño secreto de la enología, casi vergonzoso diría. La Aspirant Bouchet es una uva tintorera, una de las pocas cepas cuya pulpa no es blanca sino tinta y por lo tanto se la usa para dar color. Cuando empezó la moda de la concentración y los vinos de colores negro-violáceos, se dispararon el precio y la superficie cultivada de esta vid. Nadie, o casi nadie, declara su uso al consumidor, pero tiene buenas condiciones enológicas más allá de lo colorante. El Invasor Malbec-Aspirant Bouchet 2008 es un corte de 70% Malbec y 30% Aspirant que pasa 14 meses en barricas americanas y que trata de demostrar las cualidades de esta uva. En la nota de 2013 había probado el 2009 y me había gustado mucho. En esta oportunidad, Sebastián me desafío a probar un 2008 para que pueda comprobar la buena evolución del vino. Sus aromas siguen manteniendo una buena fruta, ya tirando para el lado de la mermelada, acompañado de notas herbales. Su fuerte está al beberlo, donde los taninos se sienten aterciopelados y envuelven el paladar. Un vino equilibrado y de agradable final, para quienes buscan algo diferente sin irse a los extremos.
Siguiendo las bodegas y enólogos de moda, a veces nos olvidamos de todos los productores que silenciosamente y desde hace décadas hacen un trabajo firme en las primeras zonas vitivinícolas. Generación tras generación hicieron grandes a los vinos argentinos y son buena parte del motor laboral de estos lugares. No debemos dejar que el árbol nos tape el bosque.




2 comentarios:

  1. Ariel, qué bueno es que existan este tipos de proyectos y mejor aun que los difundas. Los anotaré para probar. Abrazo!

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  2. ARIEL:
    Sacando al INVASOR (que también accedí a la cosecha 2009 en su momento y me gustó), no tengo nada más probado de esta bodega...
    Voy a ver que consigo por Córdoba, después te cuento !!
    Abrazo. ROBERTO

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