martes, 30 de agosto de 2016

Clos de Chacras: crónica de una visita


Clos de Chacras es una bodega que me gusta visitar. Es pintoresca, tiene mucha historia y hace buenos vinos. De hecho, la historia de la bodega concentra mucho de la historia de Mendoza.
La bodega data de 1921 y formaba parte de Bodegas y viñedos Gargantini. Su dueño era Bautista Gargantini, hijo de un suizo de igual nombre que fundó junto con Juan Giol la mítica bodega La Colina de Oro. Hacia principios de siglo XX eran la bodega más grande del mundo, produciendo 300 millones de litros. Cuando Bautista Gargantini padre decidió vender todo para volver a Suiza le dejó unos viñedos en Rivadavia y Chacras de Coria a su hijo que no quiso acompañarlo a Europa.
No le iba mal a Gargantini hijo, pero con el tiempo se fueron vendiendo viñedos, cambiando la cultura del vino, ramificando el árbol genealógico, etcétera y para fines de la década del 80 la bodega estaba prácticamente abandonada. Silvia Gargantini, nieta de Bautista, junto a su esposo, Alejandro Genoud, se lanzaron a invertir sobre la vieja bodega de Chacras de Coria con el afán de rescatar la tradición y el patrimonio familiar.


Como decíamos más arriba, concentra la historia de Chacras de Coria y un poco de todo Mendoza: los inmigrantes que “vienen a hacer la América” y se arraigan, los vinos de volumen, la presión inmobiliaria, el abandono, el rescate último. Lo de la presión inmobiliaria no es un dato menor, la mayoría de las bodegas que estaban dentro del actual ejido urbano fueron desapareciendo y dando lugar a casas y otros emprendimientos residenciales. Clos de Chacras está en el centro mismo de Chacras de Coria, un distrito coqueto pegado a Mendoza y cuyas tierras son muy codiciadas.
Aunque ya la conocía no pude dejar de pasar aunque sea brevemente. Allí me recibió muy amable Juan Pablo Grillo y empezamos a recorrer los tanques de cemento, probando la cosecha 2016. Las impresiones que tuvieron en la bodega son muy similares a las de otras zonas de Mendoza: hubo cierta merma en la producción, pero lo que quedó es muy muy bueno. Principalmente vinos frescos y con unos aromas maravillosos. Me sorprendí con la frescura del Chardonnay que saldrá para el Cavas de Crianza, la línea más baja de la bodega. Los Cavas de Crianza son unos best buys que funcionan muy bien: jóvenes, frescos, expresivos.


Luego de recorrer la bodega nos dispusimos a la cata. Empezamos con el Ereditá Malbec 2013, donde se combinan uvas de Luján de Cuyo y de Tupungato en proporciones iguales antes de pasar 12 meses en barricas francesas. Resulta un Malbec donde la fruta se siente madura y con buena estructura, pero sin perder la frescura que se busca en esta línea. Lo seguimos con el Ereditá Blend 2013 que ya venía con mucha chapa porque había ganado la primera etapa del Desafío Federal. Es un corte 50% Malbec, 35% Cabernet Sauvignon (ambos de Gualtallary) y 15% Petit Verdot (Vista Flores) donde el enólogo Silvio Alberto mostró su mano para sacar un vino moderno, expresivo y que lo tiene todo.
Luego de probar los Ereditá pasamos a la línea top de la bodega, los Gran Estirpe. Aquí se conjugan la mejor uva de que dispone la bodega con una crianza de alrededor de 18 meses en barricas de primer uso. Probamos el Gran Estirpe Blend 2010 compuesto en un 60% de Malbec de Lunlunta y el resto de Cabernet Sauvignon y Merlot de La Consulta. Ha adquirido cierto bouquet de aromas complejos. En boca se lo siente intenso, pero con buena frescura que le da armonía. “Calculamos un potencial de guarda de hasta 10 años”, aseguraron en la bodega.
Cerramos la cata con una novedad. Están proyectando una línea superior de partidas limitadas que irá cambiando año a año, incluyendo un vino fijo hecho con uvas de Chacras de Coria. En este caso era un Cabernet Franc 2014, 100% de Tupungato y con una crianza de 12 meses en barricas. Como estaba recién embotellado todavía se lo siente algo cerrado de aromas y con fuerte impronta de la barrica, pero en la bodega se lo toman con calma y le darán un buen tiempo de estiba. Al beberlo se siente elegante, fácil de beber y con buen peso en boca. Cuando salga al mercado va a ser una joyita imperdible.
Herencia, tradición, savoir faire y  búsqueda constante se combinan en esta bodega.  Uno de los puntos que no te podés perder en tu próximo viaje a Mendoza.  Cruzás un portón y estás en otro mundo, parece imposible que te rodeen viviendas y comercios.  Es la magia del vino y su cultura.



6 comentarios:

  1. Interesante... Una bodega más a la lista para visitar.

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    1. Te recomiendo que vayas al mediodía, así te puedes quedar a comer en el restaurante.
      ¡Saludos!

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  2. Christian Díaz1/9/16 0:11

    Este blog lo disfruto tanates, Argentina tan cerca. Excelente recomendación, habrá que esperar por estos vinos, en particular el Cabernet Franc una variedad que hemos visto como ha ido ganando terreno y como la oferta va creciendo.

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    1. Hola Christian, gracias por tus palabras. El Franc va creciendo y ganando terreno, no hay que perderle pisada porque está en pleno proceso de buscar un estilo.

      ¡Saludos!

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  3. Muy buena bodega chica, con Vinos de buenos a excelentes.
    Como visita también son un gran valor, diría una fija de Chacras de Coria, encima bien en el centro de la ciudad.
    Me pareció entender que solo ofrecen almuerzos y salvo que hayan cambiado, atienden para cenar también (la última vez fui en Noviembre pasado). Me falta ir alguna noche de calorcito para comer afuera, pero hasta ahora lo mejor fue un almuerzo en las mesas de afuera, bajo las sombrillas: el microclima que logran es genial y a eso le suman muy buena comida y Vinos.
    Abrazo!

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    1. Tal cual, tiene muy buena onda la bodega en general y te desconcectás totalmente de donde estás.

      Abrazo

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