martes, 9 de agosto de 2016

O Fournier vuelve al ataque


“Hoy está lleno de topillos haciendo pozos y del agua nadie habla. Influye mucho más y me parece más importante que las piedras”, así arranca la degustación con José Luis Ortega Gil-Fournier y ya nos damos cuenta de que el español será directo y sin versos, con la seguridad de quien tiene muy en claro lo que piensa. Encima en unos minutos salía su vuelo y el apuro hacía parecer sus palabras aún más filosas.
Mientras nos servían el primer vino nos contaba que O Fournier tiene 286 hectáreas en San Carlos, Valle de Uco, específicamente en un lugar peculiarmente frío conocido como El Cepillo. De estas hectáreas tienen implantadas unas 100 principalmente con Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec, Syrah y Sauvignon blanc, más algunas variedades en etapa de experimentación como Viognier, Petit Verdot y Gewürztraminer. Como buenos españoles, el énfasis está en el Tempranillo y los que amamos esta cepa no podríamos estar más agradecidos.  En especial ahora que están lanzándose nuevamente con fuerza en el mercado interno luego de un período de poca visibilidad.
Empezamos catando el B Crux Blend 2011, un corte que en esta añada está compuesto por un 40% Tempranillo, 40% Malbec, 10% Merlot y 10% Syrah. En la copa se percibe claramente el Tempranillo, acompañado de notas herbales y fruta roja. Un vino jugoso, con taninos pequeños, buena acidez y cuerpo medio. “De los que más me gustan por calidad/precio”, cerrará Ortega Fournier y tengo que coincidir.


Blend contra blend, qué mejor que comparar el B Crux con su hermanito mayor, el Alfa Crux Blend 2007. Acá tenemos un 65% de Tempranillo, 25% de Malbec y 15% de Cabernet Sauvignon y después de casi 10 años el vino está increíble, lo que habla de la longevidad que alcanzan los vinos de O Fournier. Es un vino que conserva una buena estructura, pero con frescura y elegancia. Los Alfa Crux pasan unos 20 meses en barricas nuevas y, si bien se siente, no tapa todo lo que tiene para expresar el vino. “Creemos que la madera debe acompañar a la fruta” nos explican mientras termino la copa de uno de los vinos que más me gustaron en esa velada en Lo de Joaquín Alberdi.
Los nombres de los vinos provienen de las estrellas de la constelación de la Cruz del Sur (Crux), por eso también la particular forma de las etiquetas. El pájaro que aparece es un Choique o Ñandú de Darwin, típico de los climas fríos de nuestro país. En ese sentido hay una interesante convivencia de idiosincracias: las variedades usadas, la forma de plantarlas en vaso (sistema de conducción de los viñedos muy conocido en el Viejo Mundo), incluso el estilo de vinos, los acerca mucho a la forma de trabajar en España, sin embargo el espíritu, la impronta y la estética argentina está presente. Un buen ejemplo es el Alfa Crux Malbec 2011, donde las notas de la crianza acompañan toda la fruta roja que puede transmitir el Malbec. En boca tiene un punch particular, es jugoso, elegante y sabroso.
El vino ícono de la bodega es el que lleva su nombre y su composición siempre varía porque eligen para elaborarlo las mejores uvas. En este caso probamos el O Fournier Malbec 2008, el primer 100% Malbec que eligieron para esta línea. Sus aromas despliegan una gran paleta que contiene chocolate, higo, fruta negra, especias y podríamos seguir… Al beberlo no se queda atrás, es un vino ampuloso y a la vez elegante, largo y fresco. Un Malbec de los importantes, con alto precio también.


Cerramos la noche con una novedad que va a enloquecer a todos los burbujeros cuando se empiece a ver en el mercado: Alfa Crux Sparkling Wine o Alfa Crux Cuvée, como figura en el reporte de Tim Atkin. Está elaborado bajo el método champenoise con un 80% de Chardonnay y 20% de Pinot Noir. Sin lugar a dudas, uno de los mejores espumosos que probé en el año con una nariz muy perfumada de frutas tropicales, una burbuja fina que llena la boca y un gran balance.
Cuando ya creíamos todo finalizado apareció algo más de las profundidades de JA! Y probamos el B Crux Sauvignon Blanc 2014, un blanco que siempre se me escapa y no puedo probar. Esta vez pude catar tranquilo este vino sin madera, pero que queda 9 meses sobre sus lías, como un espumoso. Tiene aromas muy seductores, cítricos, algo de durazno y ruda. En boca se siente un gran balance y acidez, con largo y untuoso final de boca.
Siempre me gustaron los vinos de O Fournier. Se pueden consumir tranquilamente hoy o guardar por muchos años.  He participado de hermosas verticales de estos vinos. La mano de José Mario Spisso, su enólogo, para crear un estilo y lograr vinos argentinos de guarda se nota con cada añada y ahora se suma ese espumoso que la va a romper.


Otras miradas sobre esta degustación:
Degustación de O Fournier en JA! - Argentina y sus vinos
O. Fournier en JA! - Nicolás Orsini Blog




2 comentarios:

  1. Ariel, gran repaso de lo que fue ese encuentro, gracias por la cita :). Abrazo!

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