miércoles, 3 de agosto de 2016

Recorrida a fondo en Bodega Toneles

Foto gentileza Bodega Toneles

Hace 100 años el acceso a Mendoza se hacía por una ruta que era un antiguo resabio de los caminos virreinales llamado Carril Nacional. El camino era un paso obligado para todos los que entraban a la ciudad por el lado este y allí podía observarse parte de la incipiente industria mendocina, grandes casonas y varias bodegas. Una de las que más llamaba la atención era la bodega Armando Hermanos que a través de sus ventanales permitía ver en el interior unos grandes toneles. Con los años pasó a ser conocida simplemente como “la bodega de los toneles”.
Terminó corriendo la suerte de muchas grandes bodegas de antaño hasta que cerró. En venta, esperaba la demolición o el milagro. A decir verdad, estaba más cerca de la demolición dado que se ubica en un punto estratégico de la ciudad de Mendoza.
En 2002, justo ochenta años después de inaugurada, la bodega de Armando Hermanos cambió de dueños. Los nuevos propietarios eran la familia Millán, conocidos empresarios mendocinos, que no se pudieron resistir al encantó de los detalles art nouveau de la antigua bodega. La decisión de restaurarla no era fácil, se necesitaría mucho dinero y sobre todo las ganas de recuperar esa pieza de la historia del vino argentino. Finalmente, pusieron manos a la obra y fundaron su propia bodega, bautizándola Toneles.
Después de una remodelación profunda más que una simple bodega para hacer vinos es una “bodega multiespacios” ya que cuenta con restaurante, salas de degustación, shop, salones de eventos y un montón de ideas que continuamente surgen de las cabezas de José Millán y sus hijas. En cuanto a vinos, elaboran 3 líneas bastante completas: Tonel, Mosquita Muerta y Fuego Blanco. Algunos son más clásicos, otros más extremos, pero ninguno te dejará indiferente.

Pablo Bassin en la sala de barricas

“Yo creo que el vino es como una pintura y cada vino es un color para componer el cuadro final” me dijo de entrada el enólogo Pablo Bassin para ilustrar su filosofía de trabajo. Le gusta vinificar distintas cepas, de distintas maneras y en variopintos recipientes para tener más elementos para hacer el corte final de sus vinos. En la bodega abundan las piletas de hormigón, tanques de acero inoxidable, barricas, toneles, cubas, huevos de concreto y hasta tinajas de barro. “Yo prefiero pintar mi vino con muchos colores”, remata y ahora entiendo esas complejas fichas técnicas.
Junto a Marisel y Melisa Millán compartimos un almuerzo en Abrasado, el restaurante de la bodega, donde me mostraron su visión del negocio y Pablo Bassin nos guió en la cata de los vinos. Antes de pasar a ellos, el restaurante merece un párrafo aparte. Lo componen detalles de calidad por todos lados y distintos espacios que buscan la privacidad o diferentes experiencias gastronómicas. Algo que resalta para los ojos (y paladares) de todos es la vitrina de carnes maduradas con indicación de trazabilidad de cada corte, algo que los pone en un lugar único de la restauración mendocina. Un menú cuidado y de primer nivel acompañan estas carnes por lo que no es raro verlo lleno.

Algunas postales de Abrasado

Nuestro recorrido por los vinos de Toneles empezó por lo blancos. El Perro Callejero Blend de Sauvignon Blanc 2015 proviene de distintos viñedos de Valle de Uco y se muestra bien fresco y liviano. Un Sauvignon Blanc apto para todo público y gastronómico. “Esa es la búsqueda de Perro Callejero” me dirá Marisel Millán, vinos directos, frescos, pensando en la comida, pero con personalidad.
Luego pasamos a los Fuego Blanco, provenientes del Valle de Pedernal en San Juan. Es el lugar que se viene, al que todos están mirando y pensando en la posibilidad de la alta gama sanjuanina. Las condiciones enológicas del Valle de Pedernal son ideales: mucha amplitud térmica, un clima frío, buena maduración, salubridad general y agua, algo que puede ser un problema serio en Mendoza. Ya había probado los Fuego Blanco a finales de 2015, seis meses después los encontré más equilibrados y armónicos. El Fuego Blanco Sauvignon Blanc 2015, expresivo, lineal, vertical; y el Fuego Blanco Chardonnay 2015, más complejo, pero con acidez que le da un carácter único.
El cierre de los blancos vino dado por el Mosquita Muerta Blend de Blancas 2014. Está compuesto en un 80% por Chardonnay (mitad de Los Árboles y mitad de Gualtallary), 10% Viognier, 5% Moscatel de Alejandría y 5% de Sauvignon Blanc. En la ficha técnica se explica su vinificación de la siguiente manera: “El Chardonnay de Gualtallary, se elaboró con método hiperoxidativo durante toda la etapa de desborre, luego se fermentó durante 23 días a 14°C, logrando de esta manera un vino mucho más estable en el tiempo y una mayor complejidad aromática. El 40 % del chardonnay de Los Arboles se fermentó en barricas de roble francés tostado intenso a 15° C durante 20 días, donde se mantuvo durante 8 meses sobre lías, de esta forma se logra mayor untuosidad en boca y sutiles aromas a tostado. El resto de los varietales se elaboraron por método reductivo, y se utilizaron en el corte para incorporar aromas orales y cítricos, incrementando el abanico de aromas presentes en este vino.” Faltará agregar la combinación de huevos de cemento, piletas y distintas maderas. ¿Se acuerdan de la paleta del pintor? Mi impresión fue la de un corte complejo, con un gran equilibrio. Lo tiene todo sin exagerar, untuosidad, acidez, fruta. Gran balance general y potencial en este vino.


Mientras esperábamos la llegada de los tintos y nuestro T-Bone, no podía dejar de mencionar lo bien hecho que está el rescate de la bodega original. Se mantuvo la estética de la belle epoque de la industria, resaltando detalles, rescatando lo atemporal y modernizando lo que se debía. Por ejemplo, la antigua casa de los propietarios hoy es Abrasado y conserva sus pisos de madera original. Por algo en 2008 Toneles fue declarada “Patrimonio Cultural” de la provincia de Mendoza por los trabajos de refuncionalización, remodelación y puesta en valor.
La ronda de tintos empezó con el Perro Callejero Blend de Malbec 2014, un corte de Malbecs de Luján de Cuyo y Valle de Uco y una contacto con madera de 6 meses. El resultado es un vino juvenil, dinámico y con cierta complejidad de aromas. Como esos perros callejeros despiertos, bichos, inquietos y con personalidad. La línea de Perro Callejero se completa con dos blancos más y algunos proyectos que están dando vueltas, pero que no puedo contarles hasta que salgan.
La línea superior de Mosquita Muerta está compuesta por tres vinos que no pude dejar de puntuar sobre los 93 puntos: Pispi, Sapo de otro Pozo y Mosquita Muerta. Los nombres inspirados en la cultura popular son muy originales, igual que las etiquetas, y eso también suma a la hora de la compra.
Pispi Blend de Tintas 2013 es un complejo corte de Malbec, Petit Verdot, Bonarda, Cabernet Franc y Merlot de distintas procedencias y con distintas técnicas de fermentación en cada uno. Lo interesante de la forma de trabajar de Pablo Basin es que es muy transparente a la hora de comunicarlo y también de beberlo, porque toda esa complejidad está en la copa y se puede percibir si nos concentramos. Un vino para paladares curiosos que gustan detenerse y descubrir las múltiples capas de un vino.
El Sapo de otro Pozo Blend de Tintas 2013 toma su nombre de la sensación que tenían los miembros de la familia Millán cuando entraron en la industria. Como no provienen del palo vitivinícola muchas veces sintieron que les hacían notar eso, que no pertenecían. Pero lo bien que lo están haciendo. En este caso estamos ante un assemblage con mayoría Malbec y pequeños aportes de Cabernet Franc y Syrah. Ese 80% de Malbec lo hace muy bebible y se transforma en una de esas botellas que se terminan antes de que nos demos cuenta.
El cierre lo hicimos con el Mosquita Muerta Blend de Tintas 2013 donde todas las uvas provienen de distintas zonas del Valle de Uco y es el vino que más tiempo pasa en barricas: el 60% se cría durante 16 meses en barricas nuevas de roble francés. En los anteriores vinos comentados el porcentaje de crianza en barricas es bastante bajo y con tendencia a ser de segundo o tercer uso, ya que la filosofía de la bodega es intentar minimizar el impacto de la madera en sus etiquetas. Para este corte se eligió un 50% de Malbec, 20% de Cabernet Franc, 20% de Cabernet Sauvignon y 10% de Merlot logrando la gran complejidad de aromas a que nos tienen acostumbrados en Toneles. Siendo un vino moderno, es el más clásico, pero también el que tiene la mayor selección de uvas y estructura final. Sin querer hacer futurología, podremos disfrutarlo por largos años.
En conclusión, sus vinos son hoy una compra inteligente. Tienen una relación precio/calidad muy buena y también un amplio abanico de propuestas. Podemos jugar con los extremos de Fuego Blanco, con los simpáticos Perro Callejero o con la complejidad de los Mosquita Muerta. 
No son solo etiquetas bonitas, hay un sólido (líquido) contenido que las acompaña.



4 comentarios:

  1. Anónimo3/8/16 11:46

    Que sugeridos tiene los vinos?

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    Respuestas
    1. Hola,
      Perro Callejero: $160-180
      Pispi: $290
      Sapo de otro Pozo: $340
      Mosquita: $250 blanco y $380 el tinto
      Fuego Blanco: $210

      Precios al día de hoy.

      ¡Saludos!

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  2. Ariel, gran repaso de la historia de la Bodega y su edificación. Estuve en mayo y es un imperdible de la ciudad. Abrazo!

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  3. Buenísima la nota Ariel, e impecable la descripción de los vinos, me diste sed.

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