lunes, 5 de septiembre de 2016

Cruzat: hogar de las burbujas

 

Quienes me leen de hace rato saben de mi amor por los vinos espumosos. Algo que cada año se acrecienta más y se lleva buena parte de mi presupuesto vínico porque uno quiere probar  todo lo de acá más los Champagnes para mantener el paladar afilado. Los que me leen sabrán también que para mí los mejores espumosos de argentina son los que salen de las manos de Pedro Rosell. No es un capricho ni una tara de mi gusto personal, sino que es algo que año a año refrenda la crítica nacional e internacional. Por eso en mi último viaje no podía dejar de visitar Cruzat y hablar aunque sea un rato con Don Pedro.
Cuando uno admira el trabajo de una bodega o un enólogo, el siguiente paso luego de haber probado todo sus vinos es conocer su lugar de trabajo.   En ese momento es cuando te das cuenta de que no es magia lo que hace, ni producto del azar.   Por más poesía que le pongamos a explicar un vino, atrás de él hay conocimiento, laburo y experiencia.


En Cruzat pude entender porqué sus espumosos se destacan sobre el resto. Cada detalle está puesto en lograr la perfección. Para entenderlo, fíjense en los siguientes ejemplos. Cuando llegan las uvas, la prensa que las “aprieta” para extraer el jugo trabaja a un 45%, ni un poco más ni un poco menos. Por supuesto que se pierde mosto, pero han hecho pruebas superando ese porcentaje y lo que salió ya era distinto, tenía imperfecciones en el resultado final que se alejaban del estándar de calidad de la bodega. Este tipo de cosas solo pasan en una rara avis como Cruzat que solo produce espumosos.
Otro ejemplo es el uso de levaduras seleccionadas que provienen del Instituto de la Champagne. Estas levas están modificadas para no producir histaminas que en el consumidor provocan dolores de cabeza (cuántas veces tomamos champán barato y terminamos con el cráneo partido). Otro, los tanques de fermentación son más altos y angostos que los que encontramos en otras bodegas. De ese modo se logra una fermentación más tranquila y el mismo carbónico lentamente mueve el mosto. En fin, mil detalles que Pedro Rosell explica más clara y técnicamente que yo y que te hacen entender porque hace bien lo que hace. “Todo está en los libros”, dirá el maestro.
Con su paciencia de santo varón y mis oídos siempre dispuesto a escucharlo y aprender catamos todos los vinos de Cruzat y para no repetir mis palabras los remito a una nota anterior donde detallo cada uno de ellos. Permítanme tan solo agregar uno más.
Hace unos días me encontré con Pedro Rosell en Buenos Aires y pude probar junto a él uno de los vinos más esperados del año: Cruzat Millésime 2006. Sí, un espumoso argentino que sale 10 años después de empezar a elaborarse, 10 años sobre lías, algo único porque ninguna bodega querrá bancar el costo financiero de esperar un vino tanto tiempo.

Pedro Rosell a las puertas de Cruzat

La cosa empezó a gestarse en 2005. Por esa época, Rosell tentó a sus socios chilenos a lanzar un millésime, algo que él mismo no había hecho nunca. Cuando consiguió la aprobación buscó un viñedo particular: quería que fuera de suelo limopedregoso, de una ladera expuesta al Este y que se pudiera ralear en un 50% al momento del envero (es decir, quitar el 50% de las uvas cuando estas empiezan a tomar color). Uno de sus alumnos tenía un viñedo de esas características en San José, Tupungato, y tras algunas pruebas ese año, se compró la uva en 2006.
El proceso inicial fue el normal y eligieron una proporción de 85% Pinot Noir y 15% Chardonnay. Sin embargo, el vino base fue mantenido 36 meses en contacto con levaduras. Una vez embotellado, pasó otros 90 meses en contacto con levaduras o sobre lías, como le decimos. El licor de expedición agregado en esa ocasión fue elaborado a partir de un espumoso con 20 años de guarda y sin agregado de azúcar. Cada detalle fue pensado al máximo, cada paso analizado tres veces, no podían esperarse 10 años y que un mínimo error tirara tanto trabajo a la basura.
Cuando pude probarlo quedé descolocado. No era nada de lo que esperaba. Me imaginé que en mi copa abundarían los aromas a levaduras y una nota licorosa, a vino oxidado, y me equivoqué. Es un vino de aromas sutiles, con una delicadeza que pocos en el país pueden lograr. Pero sobre todo, tiene el balance perfecto que solo pareciera alcanzarse en Champagne. Nada sobra, nada falta, nada incomoda.
No hay muchas botellas. Agénciense una caja y disfruten el mejor espumoso que ha dado nuestro país.





4 comentarios:

  1. Querido ARIEL:

    Que buena experiencia la de estar con Don Pedro Rosell !!
    Yo estoy acomodando todo, para ver si puedo hacer su curso de espumosos...

    No soy fan de las burbujas, pero no me puedo resistir a un Cruzat Nature !!
    Espero tener la ocasión de probar este espumoso de lujo en breve...

    Hermosa nota, como ya nos tenes acostumbrados.
    Abrazo. ROBERTO

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    1. Gracias Roberto. no te pierdas una charla con Don Pedro porque salís sabiendo un montón de cosas con su lógica implacable.

      Abrazo

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  2. Ariel, gran nota! Y qué rico el Millesime... pude probarlos en Clusters, gran experiencia. Anoto la bodega para visitar. Abrazo!

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    1. Nico, no te pierdas la posibilidad de visitarla, es muy interesante y hacen unas burbujas que... bueno, ya sabemos.

      ¡Abrazo!

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