lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Qué tiene de especial el Paraje Altamira?



Que el Valle de Uco es hoy la zona top de Mendoza no lo discute nadie. Pero Uco es grande, dinámico y complejo. Dentro de sus límites hay subzonas cuya identidad crece y empiezan a destacarse. Primero fue La Consulta, luego Gualtallary y ahora Altamira. Todo el mundo quiere tener un Malbec de allí o un viñedo entre los acotados límites de la Indicación Geográfica Paraje Altamira.
Si algo define el paisaje local es la piedra, el lugar es casi un desierto y estas rocas blanquean las matas de la flora autóctona. Incluso si subimos más a la montaña se pueden hallar restos fósiles marinos. Sus suelos tienen un antiguo origen fluvial cubierto por depósitos aluviales más jóvenes por lo que hay una gran diversidad en su composición. Debido a ese mismo origen las rocas están recubiertas por carbonato de calcio, el famoso suelo calcáreo que transmite una impronta muy peculiar a los vinos de la región.
Las primeras plantaciones del Paraje Altamira datan de alrededor de 100 años y todavía perduran algunas vides originarias. Algunas fuentes aseguran que antiguamente la zona era conocida como Furlotti y que para fines de la década del 70 empieza a ser conocida como Altamira ya que era un sitio alto y permitía observar el paisaje. En 2013, luego de 2 años de estudio del clima y unas 250 calicatas para entender el suelo, el Instituto Nacional de Vitivinicultura reconoce al Paraje Altamira como Indicación Geográfica. En ese momento hubo toda una polémica por su nombre, ya que una bodega tenía registrada la palabra Altamira y no podía usársela a secas así que se le agregó lo de “Paraje”.
En total la I.G. Paraje Altamira abarca unas 3660 hectáreas de las cuales aproximadamente 1900 están implantadas, con la particularidad de que hay una gran cantidad de productores con fincas relativamente pequeñas. Este año, esos pequeños productores y bodegueros se unieron para formar PIPA (Productores Independientes de Paraje Altamira), un movimiento organizado para frenar la concentración de viñedos y la “comoditización” del vino argentino. Su misión es apoyarse mutuamente, promocionar Altamira y preservar a las familias que trabajan el lugar desde hace generaciones.
Claude Bourguignon, un microbiólogo que cambió completamente la cara de la Borgoña, se acercó a estudiar el lugar y luego de un intenso relevamiento dijo que “los suelos calcáreos franco arenosos y ricos en gravas de Paraje Altamira en el Valle de Uco, formados por el río Tunuyán, son verdaderos terroirs ricos en rocas, con diversos componentes minerales y no muy diferentes de los suelos que se pueden encontrar en ‘Chateneuf du Pape’, una de las regiones vitivinícolas más prestigiosas del mundo.” La grava es de origen terciario, a diferencia de los suelos de otras zonas de Mendoza que tienen origen cuaternario. Según el experto francés, en Europa los suelos de origen terciario producen vinos de mayor calidad que los de origen cuaternario por razones todavía no explicadas. Bourguignon se interesó también en las bodegas que hacen un manejo orgánico de sus viñedos y agregó que “el manejo orgánico que lleva adelante la bodega Chakana ha preservado la vitalidad de los subsuelos, conservando hongos simbióticos que mejoran la capacidad de las raíces de explorar el suelo por agua y nutrientes (micorrizas)”.
En el Paraje Altamira mandan las cepas tintas. Si bien hay algunos Chardonnay y Semillón muy destacables, el fuerte está en el Malbec y en menor medida Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. El Malbec de Altamira suele dar unos aromas muy frescos y luego de catar varios uno puede identificarlos con relativa facilidad. Abunda, decíamos, la fruta fresca y un aroma que muchos definen vagamente como balsámico, pero que hilando fino recuerda al durazno, el té y la manzanilla cuando no los tapa la madera. En boca da vinos muy elegantes, con buena acidez y una textura que convenimos en nombrar como “de tiza”.
Los vinos de Paraje Altamira tienen algo que decir y ya lo están haciendo. Se instalaron en lo más alto de los rankings locales y todos quieren uva de allí. Si te apasionan los vinos no les pierdas el rastro, porque te vas a perder algo importante.


Ariel Rodríguez para Pausa Magazine



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