lunes, 29 de febrero de 2016

Tras cada puerta

Fuente

Tras cada puerta hay más de una historia que no conocemos.
Un padre da un consejo a su hijo mientras sodea su tinto; dos amantes brindan por muchos años más; cinco amigos juntan cinco botellas de cinco años distintos para hacer una cata vertical de su vino favorito (a uno no le gusta, pero está igual); un poeta busca inspiración en una negra copa que repetirá los mismos versos de Baudelaire; un trabajador se da un gustito y abre un vino muy caro para él, del otro lado de la calle su patrón hace lo mismo como algo habitual; un anciano muestra a su nieto cómo su familia hace vino desde que tiene memoria y la mejor manera es probando ese mosto dulce que fermenta en un rincón oscuro pero glorioso; simultáneamente se disparan cien corchos de vino espumoso, por un nuevo arquitecto, por un cumpleaños, por un amigo que vuelve, por un barco que zarpa, por una alianza hasta que la muerte los separe, por una noche loca, por una libertad, por saber que se vive; tras una puerta alguien gira una copa para relajarse después de una larga jornada; otro encandila a sus invitados hablando de algo que no entiende; cientos brindan porque se repita, muchos menos brindan cumpliendo la promesa; una mujer elige el vino perfecto para acompañar lo que cocina su pareja; tras una puerta se descorcha porque se alumbra una nueva esperanza; en la casa de enfrente, unos chicos giran una botella para ganar su primer beso; en el último minuto de la noche alguien bebe porque sí.



viernes, 19 de febrero de 2016

Reseña: Los buenos vinos argentinos 2016

Foto de Mariana Bergutz Fotografía y Comunicación
Recuerdo la primera vez que fui al Barrio Chino y quise comprar una salsa de soja, algo relativamente nuevo para mí en esa época. Me encontré toda una góndola repleta de variantes en un idioma que no conocía que hicieron que terminara comprando la marca que ya había probado. En forma análoga, me imagino que algo similar le pasará a un chino que quiere comprar un paquete de yerba. Ya no recuerdo cuál fue la primera vinoteca que pisé, pero seguro habré tenido una experiencia similar, es que muchas veces el “mundo gourmet” nos apabulla. Por eso, aunque nos cueste reconocerlo a los que ya estamos más metidos en el tema, necesitamos alguien que nos oriente, un guiño amigo que nos señale eso que está bueno o nos brinde una información que nos hace falta.
Las reseñas y recomendaciones de comunicadores, periodistas, sommeliers y críticos hoy nos llegan al instante y pueden ayudarnos o confundirnos. Hay concordancias, pero también hay distanciamientos, criterios encontrados y gustos diferentes entre ellos. Entonces ¿a quién creerle? ¿a quién brindarle mi cuota de confianza? Otra tarea difícil para el consumidor que solo quiere llegar a casa y tomar un buen vino. ¡Solo eso!
Una de las poquísimas guías que se editan en nuestro país es Los buenos vinos argentinos de Elisabeth Checa que ya lleva nueve ediciones consecutivas. “La Checa” no necesita presentación, baste decir que es una de las más aclamadas periodistas gastronómicas argentinas y seguramente la habrás oído en la radio, visto en la TV o leído en tantísimos diarios y revistas para los que escribió. Este año su compañero de catas fue Javier Menajovsky, sommelier y cofundador de GlamOut. Juntos cataron más de 600 muestras de alrededor de 100 bodegas argentinas e hicieron una selección de 320 productos, entre vinos, espumosos y aceites de olivas para confeccionar la guía.
He leído varias ediciones de la guía y debo confesar que recién este año pude hacer una valoración de la misma. Siempre fue muy fácil de leer y muy clara en sus conceptos, pero yo no terminaba de definir mis impresiones sobre Los buenos vinos argentinos. Finalmente comprendí que entre tanta información que apabulla al consumidor (y a los que comunicamos desde algún lugar) es necesario ese “alguien que nos oriente” del que hablábamos antes. Y ese alguien no puede ser cualquiera, debe ser alguien con experiencia, criterio y buen gusto. Son tres aspectos que todo periodista de vinos debería tener en cuenta. Parece obvio, pero después de leer a muchos noto que no lo es tanto.
La guía está ordenada por bodegas y de cada una se han seleccionado lo que los catadores consideraron los mejores vinos. No se han dejado llevar por las modas, ni enceguecer por los nuevos terruños. Allí están, sí, pero la experiencia les permite tener el ojo atento. En una nota reciente para ElGourmet.com Elisabeth escribió que “Nos gusta asombrarnos, descubrir para nosotros y los lectores-consumidores vinos que expresen el terruño, que te cuenten historias y paisajes, que te remitan a la genialidad de un enólogo, conocer la múltiples posibilidades de esta tierra donde crecen vinos en las regiones más inesperadas.”
Como en las ediciones anteriores, hay varios artículos que acompañan la selección vínica y tratan sobre maridajes, variedades, tendencias y hasta tragos con vinos. Son altamente recomendables los artículos Piedras en la nariz, sobre aromas y mucho de su chamuyo, y Carne & Vino, un solo corazón, sobre el maridaje preferido de los argentinos.
La edición 2016 de la guía pone además un pie en lo digital ya que podemos descargar la aplicación homónima en forma gratuita y disfrutar del libro en forma interactiva. La aplicación funciona muy bien, es rápida, fácil de leer y permite búsquedas sin conexión. También incluye los artículos mencionados, zonas comentadas y maridajes.
Como toda selección, no estará exenta de críticas y polémicas. Hay quienes prefieran otros vinos u odien alguno de los citados, es algo inevitable. A mí me hubiera gustado ver más rosados (algunos buenos más se pueden encontrar en el mercado) y una selección tipo “Los 10 mejores del año”.
En conclusión, Los buenos vinos argentinos 2016 me parece una buena herramienta para el consumidor porque lo orienta y le enseña y porque Elisabeth Checa escribe muy bien sobre vinos. Además tiene un criterio amplio que seguramente nos permitirá expandir nuestra experiencia enófila a través de etiquetas que no teníamos en cuenta o hace mucho que no probábamos. Como dice en su prólogo: “para disfrutes cotidianos o momentos y platos particulares. Para regalar o regalarnos ese producto único hijo de los hombres, del suelo y de las estaciones.”



jueves, 18 de febrero de 2016

Nueva estética del blog


Y un día volvimos... Como hablábamos en diciembre, Vinarquía tuvo que entrar en unas obligadas vacaciones debido a problemas de salud. Estoy bastante mejor (digamos unos 9 puntos) y con ganas de volver a escribir en el blog.  Así que antes de publicar algo quise hacer un cambio estético, "una refrescadita" como dicen las señoras de la TV.
La idea es tener un diseño más limpio e integrado con las redes sociales.  Por ejemplo, ahora podés leer mis últimos tweets y compartir las notas a través de tus perfiles sociales desde la botonera que aparece al final de cada nota.  En cuanto al contenido seguimos con la propuesta del blog, volcándonos más hacia las historias del vino algo que costó un poco en los últimos meses.
Estos días de vacaciones sirvieron también para arrancar un proyecto del que todavía no puedo contar nada y que había quedado colgado el año pasado.  Todavía queda trabajo por hacer, pero esperemos poder verlo en el aire para marzo-abril.
En los próximos días saldrá la primera nota.