jueves, 20 de octubre de 2016

Kalós: lo bello y bueno


A los griegos les gustaba beber, se sabe. Beber y comer, porque los banquetes o simposios eran habituales. Se celebraban con motivo de fiestas familiares, celebrar victorias, despedir a un amigo o porque sí. Entre entretenimientos varios, música y etairas los griegos solían beber mucho vino y siempre agradecían a Dioniso por semejante regalo divino. Las características de los simposios nos han llegado de la mano de la literatura y de la decoración en vasos y jarras. En estos últimos no es raro que aparezca la palabra kalós, para designar algo hermoso o de gran belleza. La palabra tenía una significación erótica o de belleza física, pero empezó a hacerse extensiva para describir un ideal de conducta personal, en especial entre los aristócratas (kalós kai agathos, bello y bueno).
Más acá en el tiempo, la familia Losada eligió para su proyecto vitivinícola el acertado nombre de Kalós Wines, enfocado en hacer vinos de calidad. En el marco siempre distendido y copado de la vinoteca Vinology compartimos una presentación de la bodega junto a Pablo Benavides, enólogo, y Juan Ignacio Losada, de la familia propietaria.
El primer vino que probamos fue el 59N Malbec 2015. El curioso nombre se debe a una anécdota familiar. El abuelo Calixto siempre contaba a sus nietos, no sin ánimos de desafío, que él tuvo 59 novias antes de casarse y en recuerdo a esta historia se eligió el nombre.
El vino está elaborado con uvas provenientes de San Pablo y Rodeo del Medio y un porcentaje del mismo se guarda 6 meses en barricas. Es un Malbec joven y fresco, de sabores intensos y un buen caudal de aromas que recuerdan a las ciruelas y los higos. Al precio que se lo consigue en vinotecas es de una gran RPC.
Como entre el 59N y su vino ícono tenían un vacío decidieron lanzar un nuevo producto. Se trata de un corte (que tampoco tenían) aún sin nombre ni etiqueta que por sus características encajaría perfectamente en medio. Vamos a decirle Blend 2015 provisoriamente y contiene en un 45% Malbec de Altamira, 35% Cabernet Franc también de Altamira y 20% Petit Verdot de Barrancas. Este vino pasó 12 meses en barricas de varios usos y pudimos probar una muestra de tanque, donde comprobamos su gran potencial.
Combina la suavidad del Malbec con el punch de las otras cepas. La nariz todavía tiene la impronta de la madera, pero se nota que no va a ser invasiva. Donde muestra toda su furia es en boca, lo que demuestra un vino aún sin terminar pero que genera expectativas. Hay que ver que otra anécdota tiene Don Calixto para contar e inspirar el nombre.
El nacimiento de este blend nos muestra cómo va creciendo el proyecto y off the record nos contaron que están tanteando la posibilidad de un blanco no tradicional. Crucemos los dedos por el bien de la diversidad del vino argentino.


Finalmente probamos el vino que lleva el nombre de la bodega, su línea reserva, en la que se pone más esmero. Pudimos comparar dos añadas del Kalós Cru, hecho con la mejor selección posible de uvas de Altamira, una crianza de 16 meses en barricas francesas y 24 meses de estiba en la botella.
Empezamos por la añada más reciente, el Kalós Cru Reserva Malbec 2012. Es un vino muy ameno, que se abre lentamente. Es de esos para ir disfrutando de a poco y ver cómo sus aromas se expresan con el tiempo. Primero se muestra cerrado, luego aparecen las notas propias de la larga crianza, la fruta, el higo y ese aroma peculiar del terruño de Altamira. En boca se siente suave, aterciopelado y con algo de esa sensación de tiza que tanto se busca hoy. Se siente también una mayor tensión que en el 2011.
Por su parte el Kalós Cru Reserva Malbec 2011 fue menos tímido a la hora de desenvolverse en la copa. Sus aromas se mostraron más expresivos y dieron una paleta floral, de ciruela, higo y algo de tabaco. Al paladar se siente una buena estructura, con esa textura de tiza de la que hablábamos y buen final. Nunca había probado estos vinos, pero tenía una buena referencia del WineMDQ Malbec Tasting 2016 donde el Kalós Cru 2011 ganó la tercera etapa.
De la mano del Malbec Kalós Wines se fue abriendo un camino que ahora crece en iniciativas y estilos. Van de a poco y pisando sobre firme, una buena variable para los consumidores que cada vez exigimos más vinos de calidad y bien pensados.



martes, 18 de octubre de 2016

Esos tintos confiables

Fuente: Pausa Magazine

Usualmente me piden recomendaciones de vinos. Quizás a vos también te pase, como somos “locos por el vino” nos preguntan por el mejor Malbec, un buen vino para regalar al jefe o simplemente un par de etiquetas que destaquemos. Y nos ponen en un brete, porque no a todos nos gusta ni apreciamos lo mismo. Ojalá tuviera el ingenio de Miguel Brascó que ante la misma pregunta contestaba que el mejor vino es el que “a usted más le gusta”. Siendo objetivos debe haber algo más para elegir que nuestro vino favorito, simplemente porque no lo hemos probado todo y porque sino no nos harían la pregunta. Tampoco hay que caer en el cinismo de recomendar los que tienen valores astronómicos.   No comparto eso de que el mejor es el más caro, ejemplos para dar por tierra con esa zoncera los hay de sobra.
Sin embargo, aunque me pongan en un apuro cuando me piden consejo, hay una lista de vinos que siempre vienen a mi mente cuando hablamos de alguna cepa en particular.  Son esos tintos confiables que añada tras añada se mantienen constantes y se vuelven un número puesto a la hora de elegir o recomendar.  Por ejemplo, si pienso en nuestra cepa insignia me gusta mucho el Alamos Malbec y en general cualquier Malbec que haya craneado Alejandro Vigil y su equipo, con esa obra de arte que es el Catena Zapata Malbec Argentino. Entre esos dos rangos de precios hay cientos para recomendar y muchas zonas para explorar: de Salta no puedo dejar de mencionar el Colomé Malbec Auténtico surgido de vides de 150 años, unas de las más antiguas del país, y sin roble para mantener su esencia.
Con el Malbec es fácil y me llueven nombres como el Sophenia Synthesis, todo flores y frescura; el Altos Las Hormigas, un best buy siempre; los que salen de Cobos y Achával Ferrer, siempre rozando la perfección; y un largo etcétera que de a poco iremos descubriendo.
Con otros varietales la lista lógicamente se reduce, pero quiero jugar este juego de recomendarles distintos precios, zonas y estilos. Por ejemplo, sobre el Merlot que viene tan cabizbajo en nuestro país siempre tengo dos que me dan vueltas en la cabeza: Salentein Reserve Merlot y Marcus Gran Reserva Merlot. Ambos tienen en común la frescura y sobre todo la elegancia que puede lograr la cepa, el primero en el Valle de Uco, el segundo en nuestra Patagonia. El frío le sienta bien.
¿Y el Cabernet? Siempre fue la estrella de las mesas argentinas y ahora anda algo opacado, pero no deja de ser el Rey de las cepas tintas. Son muchos los enamorados del Cabernet salteño y sus aromas a pimiento morrón, para ellos podemos recomendar el siempre correcto Don David o redoblar la apuesta por el Gran Linaje Cabernet Sauvignon, pura elegancia salteña. Y si buscan un Cabernet más fresco y de gran expresión no pueden dejar de probar el Zorzal Gran Reserva, un misil a los sentidos.
Para Pinot Noir siempre es bueno mirar al sur de nuestro país de donde salen buenas cosas como el reconocido Chacra 32, tranquilamente el Pinot mejor puntuado de Argentina. Pero si no podés desembolsar lo que vale un Chacra te invito a probar el Altocedro Año Cero, un Pinot Noir de La Consulta que literalmente me enamoró por su sutileza.
Cabernet Franc y Petit Verdot son las cepas que todos quieren conocer, nuevas joyitas de las que hay poco, pero muy bueno y original. Para conocer la versatilidad del Franc pueden probar el Andeluna Pasionado o Las Perdices Ala Colorada; para conocer toda la elegancia del PV iría por el Decero Mini Ediciones o el Casarena Lauren’s Vineyard. Cuatro vinazos para disfrutar gota a gota.
¿Hay más? Sí, afortunadamente nuestro país nos da mucho más. Podría seguir la lista y nombrar clásicos y modernos, zonas de lo más diversas, otras variedades como el Syrah o el Bonarda, incluso estilos. Tengo muchos más vinos que se han ganado mi corazón por diversas razones y junto a ellos los blancos, que cada día me deslumbran más.
Hacé tu lista y contame ¿cuáles son tus favoritos?


Ariel Rodríguez, para Pausa Magazine


miércoles, 12 de octubre de 2016

¿Se puede oír un vino?

Fuente: Pausa Magazine

La cata de vino implica casi todos los sentidos: observamos el color y el brillo, percibimos sus aromas, disfrutamos su sabor y también sentimos la textura que nos deja en el paladar. Sin embargo, el oído es el gran ausente en la cata de vinos profesional. Más allá de oír el sonido de algún corcho de Champagne que sale disparado o el gorgoteo del líquido saliendo de la botella, pareciera no haber mucho más.
El sonido del descorche se da al sacar rápidamente el tapón. La diferencia de presión generará ese chasquido peculiar tan asociado al vino. Sin embargo, el perfecto sommelier evitará ese ruido haciéndolo lentamente, incluso con un espumoso.
He oído decir que hay quien puede identificar un varietal o tipo de vino con solo oírlo verter desde la botella. Más allá de la fanfarronada de estos farsantes, el sonido cantarín puede llegar a indicarnos la densidad de un vino. Pero no mucho más.
Realmente el choque de copas, el ruido de un corcho a nuestras espaldas que nos hace girar la cabeza, el vino cayendo sobre la concavidad de la copa son cosas que disfruto mucho como parte del folklore del vino, pero que no me aportan nada para la apreciación de lo que tengo sobre la mesa. Al contrario, un ambiente ruidoso nos distrae y hace difícil la cata. Asimismo, se ha comprobado que la música puede predisponer al catador.
Georg Riedel es dueño de la cristalería Riedel, la marca más famosa de copas y decantadores, con productos específicos para cada vino. En una de las catas que da en todo el mundo para que se aprecien las propiedades de sus copas, Georg Riedel puso vino en un decantador de forma muy aflautada, lo agitó enérgicamente e invito a los asistentes a posar su oreja sobre la estrecha boca del decanter. Claramente se oía un chisporroteo y todos estaban asombrados y curiosos preguntándose qué era ese ruido. Era el gas carbónico residual que guardaba el vino y el decantador ayudaba a liberar.
El ejercicio se puede hacer en casa si encontramos un vino con algo de gas carbónico (lo podemos identificar porque nos da una sensación de burbuja o agujas en la punta de la lengua). Lo servimos en una copa, la agitamos y apoyamos nuestro oído. Podremos percibir el gas carbónico que se escapa sin necesidad de un costoso decantador Riedel. Al perder ese carbónico el vino se percibirá más suave y redondeado, sin ese cosquilleo en la punta de la lengua. Muchos blancos y vinos caseros tienen esta particularidad.
Aunque sea la cenicienta de los sentidos a la hora de catar un vino, el oído puede brindar algo de información. Tal vez no sea la fundamental, pero en ocasiones puede ser interesante y hasta divertido.

Ariel Rodríguez
Publicado originalmente en Pausa Magazine




viernes, 7 de octubre de 2016

DV Catena Malbec-Grenache: un distinto


Uno de los lanzamientos más comentados del año en las redes, por la bodega que lo elabora, por el cambio que implica y la búsqueda de tendencias que propone, debe ser el DV Catena Malbec-Grenache 2015. La aparición de una etiqueta de la bodega que contuviera Grenache (o Garnacha) como un componente principal sorprendió a muchos, no hay otros vinos de la bodega con esa designación varietal y mostraba su tendencia a seguir innovando y prenderse a la incipiente movida garnachera y de vinos livianos.
Sin embargo, el viñedo La Antonia, ubicado en Rivadavia, es uno de los más viejos del grupo Catena. De allí sale la uva Grenache que corresponde al 50% de este vino, mientras que el Malbec proviene del viñedo Angélica Sur. Los componentes son fermentados por separado con levaduras nativas o indígenas y luego se le da un sutil añejamiento de 6 meses en barricas de segundo y tercer uso. Los DV Catena salen a la calle con entre 14 y 18 meses de crianza en barricas (salvo el Chardonnay) por lo que es otro punto que lo vuelve un distinto dentro de la línea.
En la presentación que tuvimos el honor de compartir los miembros de Argentina Wine Bloggers nos contaban que la Garnacha tiende a “pasarse de alcohol”, es decir, acumula mucho azúcar y luego salen vinos de alta graduación. Por eso, y porque es una uva que da mucha producción, la vendimiaron bastante temprano e hicieron un raleo intensivo, como resultado obtuvieron un vino liviano con solo 12,2° de alcohol.

Arnaldo Gometz, Director Comercial de Catena Zapata, explica la historia de este vino a los AWB

Los que me leen con asiduidad habrán notado que muy pocas veces hablo del aspecto visual de un vino, salvo que aporte algo. Entrar en polémicas por el tono del color rojo no es algo que necesitemos, pero en ocasiones es interesante tenerlo en cuenta. En este caso me llamó la atención que su rojo vivaz tenía poca profundidad comparado con otros vinos de la bodega y con 50% de Malbec de Uco. Ya con esa primera aproximación al vino mis hipótesis de que estábamos ante “un distinto” se iban confirmando.
Sus aromas abundaban en fruta roja como la frutilla y unas notas herbales como de lavanda o hierbas salvajes. Más allá de todos los descriptores que podamos encontrar hay un detalle que no quiero dejar pasar, al llevar el vino a mi nariz tuve un fugaz recuerdo del pasado, de los vinos de antes cuando la Garnacha abundaba en los vinos de mesa de nuestro país. No es que tenga una onda old style, sino la personalidad del varietal que te mueve fibras de la memoria.
El punto fuerte de este vino aparece al beberlo. Tiene un cuerpo medio y taninos suaves acompañados de un estilo fresco y jugoso. Cuando se va nos deja su textura delicada y una sensación agradable que lo vuelve un vino ideal para acompañar comidas de lo más variadas o simplemente beberlo solo porque se toma muy (muy) fácil.
Por su crianza, su estilo, su varietal, su bajo alcohol y todos los detalles comentados es casi un paracaidista, un vino que se corre del resto de la línea DV. Quizás no logre los 100 puntos de un Fortuna Terrae, pero es de esos vinos que son puro disfrute de principio a fin. Se viene un verano intenso y estos tintos más livianos y delicados serán un oasis.