miércoles, 29 de marzo de 2017

Vinos de famosos, aventuras y desventuras de celebrities entre viñedos

El actor Sam Neill con su Pinot Noir de Nueva Zelanda


¿En qué lugar se pueden dar cita sin pelearse Sting, Slayer y Andrea Bocelli? ¿En los Premios MTV? ¿En un recital de beneficencia? No, en una vinoteca.

Ya no sé si es que el vino está de moda o está atravesando una edad dorada, pero las celebridades y demás gente famosa no desdeñan la posibilidad de hacer negocio con su imagen. Es así como se asocian a bodegas o compran viñedos para producir sus propios vinos. Aunque se ha ralentizado un poco en los años más recientes, el fenómeno es tan grande que Wikipedia ya tiene su propio artículo sobre vinos de celebrities.
Algunas stars simplemente ponen su cara para acompañar un producto especial. Se hacen ediciones limitadas con su nombre y de esa manera se disparan las ventas. Es el caso de Carlos Santana y Bob Dylan o del cocinero Gordon Ramsay que prestan su imagen y nombre para acompañar un producto de edición especial.
También están aquellos que se involucran un poco más en el proceso de winemaking. Hay celebridades que vienen de familias con tradición vitivinícola, al menos eso dicen, como Francis Ford Coppola (sus vinos ahora se llaman Inglenook) o Andrea Bocelli y pretenden mantener viva la tradición con el empuje de su fama. Otros no arrastran una raigambre enológica pero son serios entusiastas y quién puede resistirse a tener su propia etiqueta. Entre ellos tenemos a la ex estrella porno Savanna Samson que hizo un vino con Roberto Cipresso que consiguió 91 puntos Parker; a Brad Pitt y Angelina Jolie que compraron viñedos en 2012 y no saben quién se los quedará ahora que anunciaron su divorcio; al rapero Jay Z que adquirió la marca de lujo Armand de Brignac a Champagne Cattier; a Gerard Depardieu que está involucrado con vinos franceses desde hace más de 30 años; o a David y Victoria Beckham que tienen viñedos para elaborar vinos de consumo personal.
Yo no voy a emitir juicios valorativos porque estoy lejos de probarlo, pero sí podemos decir que estos vinos de "famosos" tienen un par de características en común: mucho marketing, un vino correcto o un poco más, una buena etiqueta y el hecho de estar pagando un plus por ser la marca de una estrella del cine o el deporte. Sin embargo, muy pocos vinos consiguen volver a salir, terminan siendo un capricho o un negocio temporal.

Juanchi Baleiron y Marcelo Pelleritti

¿Quién se ha tomado todo el vino?
En el ámbito local no nos quedamos afuera de este fenómeno. Hace unos años Jorge Rial, gran aficionado al mundo del vino, lanzó Rocío Moreno en honor al nombre de sus hijas. Eran vinos muy buenos, pero no se los volvió a ver. Uno que apostó fuerte al tema es Marcelo Tinelli, quien además de los vinos y la bodega juega fuerte al desarrollo inmobiliario.
Sin embargo, a los que más les gusta el tema es a los músicos nacionales: Gustavo Santaolalla con su bodega Cielo y Tierra hace rato que cosecha premios; Pedro Aznar se sumó a Marcelo Pelleriti y lanzó Abremundos, una serie de vinos que recibió aclamación de la crítica y viene sumando añadas; Andrés Ciro Martínez (ex cantante de Los Piojos) lanzó un interesantísimo corte junto a Bodega Toneles que llamó Tonel 27, su número fetiche. En la larga lista de músicos locales que sucumbieron al sueño del vino propio están Juanchi Baleiron (Los Pericos) con su vino llamativo Malbecaster, Felipe Staiti (Los Enanitos Verdes) que tuvo una etiqueta con su nombre hace unos años o el consagrado Jaime Torres que hace poco presentó su Sumaj Tica.
El fenómeno del vino y el rock no es solo local, claro. Por ejemplo, entre las bandas de heavy metal internacionales hay tal furor que incluso ya hay páginas que solo venden vinos metaleros.


Dave Mustaine, cantante de Megadeth


Estrellas estrelladas
El vino es visto como glamour, arte embotellado, lujo, condensa aspiraciones y seduce. Los famosos se rodean y viven de eso, por eso se asocian a él como también a las marcas de ropa exclusivas y los perfumes. Sin embargo, colocar unas miles de botellas se ve fácil en los papeles y es un trabajo duro en la realidad. En un mercado saturado estos nombres ayudan a vender, pero no lo son todo. Se necesita una estructura de negocios más compleja que una cara bonita o una buena voz y si se falla en algo el retorno de la inversión es lento. Como no están en la industria resulta difícil arriesgarse a una nueva añada. ¿Será por eso que Susana Giménez, reconocida enófila, nunca sacó su propia línea de vinos?
Un estudio hecho recientemente sobre el mercado chino profundizó en el impacto de las celebridades a la hora de vender vino. Comprobaron que una cara famosa ayuda a crear simpatía (likability) por una marca, pero no cualquier cara transmite credibilidad y confianza (trustworthiness). En última instancia el enófilo se preguntará cuánto sabe o cuánto tiene para ofrecerme Drew Barrymore como para que yo compre su vino. Tener en cuenta el mercado al que se apunta es un factor clave.
Si los números están bien hechos, si se piensan las cosas en serio y se tienen en cuenta mil pequeños factores, no tiene por qué salir mal. Por ejemplo, la apuesta de la dupla Jolie-Pitt fue comprar Château Miraval, en Coteaux Varois, Provence, y contratar a un enólogo prestigioso como Marc Perrin para hacer un rosado típico de la zona. En 5 horas de anunciado su lanzamiento, es decir 5 horas después de la primer publicidad, habían vendido 6000 botellas solo en Gran Bretaña de su Château Miraval Rosé. Esperemos que el vino sea tan bueno como el marketing porque el costo del château fue de unos U$S 55 millones.
“Los ricos contratan a Michel Rolland porque se lo pueden permitir. Compran tecnología porque se lo pueden permitir. Compran tierras en zonas de moda porque se lo pueden permitir. Compran botellas que pesan tanto como el vino porque se lo pueden permitir. Compran estatus porque se lo pueden permitir. Su mundo consiste en ‘llevar una etiqueta’, igual que la gente lleva bolsos de Louis Vuitton impregnados de vinilo. Se puede comprar el cuerpo de un vino, pero no se puede comprar su alma.” Así de duro remata el tema la crítica Alice Feiring, una de las figuras más contestatarias del mundo del vino. No es la única que dice cosas así, aunque es de las pocas que se anima a contradecir a una estrella. Otro que les pegó duro fue el veterano winemaker californiano Stuart Smith dijo: “mi primer pensamiento sobre las celebridades que se involucran con el vino es que Dios les está diciendo que tienen demasiado dinero”.
Exclusividad, excentricidad, moda, snobismo, dinero, entre otros, son los factores que marcan el nicho de los vinos de famosos. Como pasa con todo negocio, hay a quienes les va bien y a quienes no. Hay un público (su público) que los apoya y un público que lo ve con horror, como si frivolizaran algo sagrado. El punto intermedio de la mesura es una buena guía para los consumidores: el nombre de un artista que admiro no garantiza un buen vino ni que al menos me guste. En un mercado inundado de etiquetas (imagínate lo que es la góndola de EE.UU.) parece un despropósito que se discuta tanto por el vino de un puñado de advenedizos, pero como decía Raúl Portal “un pelo de tele tira más que una yunta de bueyes”.


Ariel Rodríguez
nota para Pausa Magazine


4 comentarios:

  1. Una nota muy interesante Ariel, cómo dices en muchas ocasiones al comprar estos vinos compramos marketing. Pero igual me gustaría tener el vino de lo Stones en mi cava, o el de los Simpsons... sólo para que mis amigos envidien... XD

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    1. Son un buen tema de conversación, no? jaja

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  2. Querido ARIEL:
    Genial tu nota !! Felicitaciones !!
    Me encanta como escribís "sobre vinos" sin hablar necesariamente de "vinos" !!
    Se entiende ?? Jeje
    Abrazo. ROBERTO

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    1. Roberto,
      me gusta hacer estas notas, aunque entiendo que muchos prefieren las recomendaciones. Hay que escribir un poquito y un poquito para que haya para todos los gustos.

      Abrazo

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