jueves, 27 de abril de 2017

Vinarquía hace su vino: Etapa 2 – prensado y trasiego

Como les contaba en una nota anterior, estoy haciendo vino casero junto al equipo de Hago Mi Vino. En la primera “clase” elegimos la uva, la molimos, tomamos mediciones y la dejamos descansar a la espera de la fermentación. Para hacerla más natural, no agregamos levaduras seleccionadas y dejamos las levaduras indígenas que ya vienen adheridas a la uva desde el viñedo.
La fermentación se produjo dos días después y, aunque no estuve allí, “la tumultuosa” (así le dicen) se dio muy bien. Así que técnicamente tenemos vino, pero falta para que esté terminado.
En la segunda clase nos tocó uno de los momentos más emblemáticos y sucios de la elaboración artesanal de vinos: el prensado. La imagen del productor haciendo girar el trapiche está tan arraiga que es incluso el nombre de una de las bodegas más importantes de nuestro país.


Las clases de Hago Mi Vino pueden sonar formales, pero son muy distendidas y para nada técnicas. Más bien son lo contrario, en un clima de buena onda y camaradería se aprende a hacer-haciendo. Siempre hay alguien que necesita una mano y siempre hay una duda que puede ser la nuestra.


Después del prensado, el vino pasa a recipientes donde seguirá su lento proceso de acomodarse. Los residuos que hayan pasado y las levaduras muertas van decantando al fondo y a la semana se hace el primer trasiego que consiste en separar esa borra del vino. Al mes se realiza un segundo trasiego y más adelante un tercero. La idea es hacer todo de la forma más casera posible, sin los filtros de las bodegas, para que cualquiera que haga el curso pueda después elaborar vino por su cuenta.  La diferencia es que hay un conocimiento técnico que te aportan que los abuelos que hacían su patero no tenían o habían adquirido a través del ensayo y error.


El hecho de hacer el vino, de tener que esperar medio año (incluso más) para que se acomode en sus botellas, de prensar, de estar atento a si fermenta o no, etc. nos permite entender más todo lo que cuesta elaborar una botella. Hay un trabajo atrás que hay que hacer para conocer su dimensión. Es algo que ennoblece a la bebida y la aleja drásticamente de los productos industrializados elaborados con polvos y conservantes. Y si nos ponemos a pensar en cuántos siglos le llevó al hombre conocer los procesos para llegar a esta noble bebida… el respeto por el vino se agiganta.
Para difundir su trabajo, acercar al público general el proceso del cual venimos hablando y mantener viva una tradición de vino casero, el domingo 24 de abril estuvieron elaborando en la Pulpería Quilapán, en San Telmo. Abierto a quien quisiera sumarse, despalillaron a mano 300 kilos de uva y luego la pisaron. Sí, la pisaron como se hacía antes.
El año pasado ya habían hecho está Vendimia Porteña y mucha gente se acercó nuevamente para divertirse y vivir una experiencia diferente. Ese Moscatel Rosado, con algo de Criolla, se convertirá en el Vino del Pulpero de Quilapán, un lugar muy pintoresco para conocer y comprar productos fuera del circuito masivo.


Ahora viene un momento más tranquilo.  Luego de los trasiegos, la actividad en la bodega baja muchísimo.  Es hora de pensar en otras cosas como la etiqueta, aprender a sanitizar botellas o a realizar un blend.  En próximas entradas les iré contando más.






2 comentarios:

  1. Muy bueno !!! y cuando lo probamos?
    Salute

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  2. Hola Fabi, falta un poco todavía, jaja. Calculo que para octubre-noviembre podremos probar las primeras botellas.

    Salute

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