lunes, 29 de mayo de 2017

El hilo rojo del Malbec



En la mitología china y japonesa hay una creencia de fuerte arraigo en la cultura popular conocida como el “hilo rojo del destino”. Según el mito, los dioses atan un hilo rojo alrededor del tobillo (o el dedo meñique según los japoneses) de aquellas personas destinadas a conocerse, ayudarse o amarse. Eso las convierte en almas gemelas a pesar de no saberlo y, tarde o temprano, sus vidas se unirán para no separarse más. La historia original dice que “un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper”.
Como argentinos amantes del vino, todos tenemos indefectiblemente alguna preferencia por el Malbec. Hay tanta variedad en las estanterías de la vinoteca que seguramente hemos probado una gran cantidad de etiquetas, etilos, bodegas y orígenes.
Nos gusta el Malbec, lo que significa y representa, nos gusta cómo se adapta a nuestra gastronomía, conocemos las mil caras que nos dan los terruños argentinos y sin embargo podemos sentirnos un poco saturados de él. Alguien dice “Malbec” y ya te viene una sensación y sabores familiares a la boca. Para contrastar un poco recurrimos a otros cepajes tratando de limpiar el paladar y cambiar el chip hasta abrir la próxima botella del querido Malbec. Nos sale tan bien que es imposible no volver sobre él una y otra vez... y siempre quererlo. Ahí le pedimos perdón y volvemos a enamorarnos. Una relación tempestuosa, digamos.
Pero a fuerza de fatigar nuestras copas, hemos descubierto que tiene mil caras: hay Malbecs golosos de sabor a fruta madura; los hay florales donde las violetas mandan; existen los especiados y picantes; están los que ceden ante la madera; los hay mutables, que cambian a cada revolución de la copa; existen los de tensión, con su estilo vibrante… y también se adapta de mil maneras a nuestra geografía, con la elegancia de Agrelo, la textura de Altamira, el ímpetu y el color de Salta, con la sutileza de la Patagonia o la acidez de los valles de altura… y entonces hay mil combinaciones posibles. Entre todas ellas tiene que estar el tuyo.
Esperado en los estantes de la vinoteca está el Malbec al que te une un hilo rojo. “Rojo-violáceo” dirá alguno. Tal vez ya lo encontraste, o creés que lo encontraste, quizá no y sigas desilusionado con nuestra cepa de bandera. “El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper”. Algún día vas a llegar a TU Malbec, ese día te vas a dar cuenta, lo vas a sentir. Y la única manera de hacerlo es probarlos todos.



3 comentarios:

  1. El que busca encuentra, dicen. Linda nota Ariel!

    ResponderEliminar
  2. Excelente descripción de los amantes del Malbec!!! A tu salud...

    ResponderEliminar
  3. El único problema es que todos tienen aromas y gusto a Malbec !
    y esto por mas que Rollando nos diga renegados.... jeje
    Salute

    ResponderEliminar

¡Opiná con libertad!
Voy a tratar de que tu comentario aparezca en la entrada cuanto antes
¡Gracias!