miércoles, 14 de junio de 2017

Vinos para tomar (y pensar)

Los vinos deben ser como la buena literatura. Tienen que ser fáciles de beber, pero también dejar un margen para leer entre líneas, para pensar.


En los últimos años, junto al crecimiento y desarrollo de un vino nacional de cada vez mayor calidad, han surgido temas de discusión de lo más variados. Terroir, acidez, huevos de concreto, toneles, maceración carbónica, levaduras indígenas y un montón de detalles a los que es difícil seguir su vaivén.  Estamos en un punto de la discusión donde muchos consumidores levantan la ceja, empinan el vaso y dejan la mesa.   Es que se está volviendo tan técnico, preciso y hasta obsesivo que a muchos deja de interesarles el tema.   Pareciera que repetimos el viejo modelo de que el vino es solo para entendidos.  Personalmente me parece excelente esta profundización en el conocimiento de nuestros terroirs y la experimentación con nuevas técnicas.  Lo que no debemos dejar de hacer nunca es vinos para disfrutar, algo que parece una obviedad, pero me refiero a vinos que cualquiera pueda disfrutar.   Si el vino pierde su esencia de bebida estamos errando el camino.
Siempre me gusta comparar los vinos con la literatura, porque con estos dos mundos ocurren hechos similares.  Generalizando un poco, podemos decir que hay tres tipos de libros: los comerciales, los complejos/sofisticados y muchos que se ubican en el punto intermedio.
Hay libros que están hechos para ser leídos con facilidad, sin tener que detenernos mucho para pensar y sin que podamos encontrar mayores complejidades en ellos.  En fin, son libros para entretener, comerciales.  Pueden gustarnos mucho, pero aceptemos que no son obras maestras de la literatura.
En el otro lado del arco iris literario están los otros libros.  Es esa literatura compleja, para entendidos, para aquellos que quieren desentrañar entramados de la teoría literaria e intrincadas reflexiones filosóficas.  Son hermosos, pero no cualquiera puede leerlos y disfrutarlos.  Un ejemplo sería el inefable Ulysses de James Joyce, el libro más comentado y menos leído.
Justo entremedio de estos irreconciliables hay libros que conjugan lo mejor de ambos polos.  Son textos fáciles de leer y de disfrutar, pero también permiten la reflexión y el análisis de aquellos que quieran hacerlo.  Es decir, cualquiera podría leerlos y entenderlos, pero también tienen la cualidad de ser obras lo suficientemente complejas como para poder discutirlas en la sobremesa o la academia.
Con los vinos pasa igual.   Están aquellos para ser consumidos en la mesa diaria, vinos simples y que apuntan a acompañar la comida, una tarde con amigos en la terraza o la previa.  No buscan ser perfectos, su calidad es irregular, son económicos y por todo eso no dan mucho espacio para “hablar de vinos”.


También están los otros, los difíciles, esos que puestos en una mesa con diferentes niveles y estilos de consumidores generan discusión y aplausos (a veces más discusión que aplausos). Son grandilocuentes, te piden un decantador y un lento consumo, son pretensiosos y de partidas pequeñísimas, te hacen llegar a los 100 puntos o crean tendencias.  También son los vinos que los coleccionistas compran para guardar y no tomar.
En un amplio sector intermedio están esos vinos que saben que no van a obtener 100 puntos, ni pretenden hacerlo.  Son esos que quieren asegurar una experiencia de disfrute para un público más amplio.  Ante estas botellas, el inexperto sabe que está tomando algo muy bueno, que sobrepasa la media, y le abren la curiosidad para querer saber más del tema.  Así caemos todos y nos vamos volviendo cada vez más conocedores y empezamos a buscar el terroir, las texturas, el aroma esquivo, el balance perfecto.  Estos vinos también tienen todo eso y permiten hablar largo rato de ellos.  Están hechos para beber y también para pensar.
De lo último que bebí en este grupo podría citar dos casos completamente opuestos, pero que encajan a la perfección.  Se elaboran completamente diferentes, provienen de dos generaciones distintas, parten de conceptos opuestos y, sin embargo, coinciden en que están hechos para beber fácilmente y para hablar largo y tendido sobre ellos.
Uno es un clásico, el Montchenot de Bodegas López. Es un típico corte de Cabernet Sauvignon, Merlot y Malbec provenientes de viñedos plantados en 1940.   El vino se realiza de forma tradicional, en tanques de acero inoxidable, y luego se pasa a toneles de entre 5000 y 20.000 litros donde reposa durante 10 años.  Luego de esa larga y lenta crianza en toneles que son una rareza en nuestro país salen al mercado o la bodega los guarda en perfectas condiciones durante 5 o 10 años más para las líneas Montchenot 15 años y Montchenot 20 años.   Es decir, en esta línea de Bodegas López el vino más joven que podemos tomar tiene 10 años de crianza, no hay necesidad de esperarlo.   Esto le otorgó una suavidad especial, todos estos vinos son una seda, livianos y muy complejos de aromas.  En cada añada se repite el estilo y los taninos suaves, cada vez más sutiles. Y es su grata acidez lo que los sostiene a lo largo de los años.
¿Dónde estabas hace 10 años? Miremos para atrás y veamos todo lo que pasó.  Esta botella viene desde esa época y nos habla, guarda en sus memorias de cristal secretos, historias y risas.  Y ni te cuento si te contactás con la bodega y comprás un vino de hace 30, 40 o 50 años, porque guardan y venden botellas de hasta la década del 30 guardadas perfectamente.
El otro vino que quería comentar es el Zuccardi Concreto. Pertenece a la línea de los íconos de Familia Zuccardi y se elabora 100% con Malbec de su Finca Piedra Infinita, en el Paraje Altamira, uno de los terruños de moda.   Proviene de suelos con gran carga de Carbonato de Calcio (característico de la zona) y se vinifica en recipientes de hormigón sin epoxi.   Sí, así, con el cemento pelado.  Sebastián Zuccardi comenta que esto le permite una microoxigenación relativa, control de temperatura y evitar la corriente eléctrica que se genera en los tanques de acero.  Además así se respetarían más las características de Altamira.  Sebastián siempre dice que es como amasar en una mesada de acero inoxidable o una de granito o madera, no es lo mismo la sensación que provocan.
Es un vino distinto, que parece venir de un futuro de la enología argentina.  Con aromas muy frutados, nada de dulzor, una textura y acidez muy interesantes, y esa sensación eléctrica que nos provocan los suelos calcáreos.  Eso que muchos llamamos mineralidad.  Se bebe fácil, pero te hace pensar a cada sorbo, a reflexionar sobre las posibilidades de los vinos y cómo un Malbec puede diferenciarse de todos los conocidos.
En ellos todo es distinto: el estilo, la edad de sus creadores, la forma de hacerlos, la crianza, el resultado final, etc. Pero mirá que causalidad, ambos supieron obtener 95 puntos del crítico Tim Atkin, uno de los que mejor conoce nuestros vinos. No quieren ser perfectos, o lo son a su modo. Quieren invitarnos a beber y a pensar.



10 comentarios:

  1. Muy buena nota Ariel. Me quedo con esto: " Es que se está volviendo tan técnico, preciso y hasta obsesivo que a muchos deja de interesarles el tema." ya que hay que tener cuidado para no espantar a los consumidores.
    De los vinos qué decir? Dos grandes ejemplos, distintos y diversos. Salú!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay que encontrar un difícil equilibrio. Más cuando uno viene comentando vinos desde hace varios años y sin querer te vas a lo técnico.

      ¡Salú!

      Eliminar
  2. Excelente. Coincido. Nos encontramos de pronto discutiendo mas que disfrutando. Y hasta a veces terminamos aislándonos por tanta especificidad. El mejor vino es el que tomaste con amigos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Somos de lo que no hay, jaja. La pasión nos ciega parece.

      ¡Saludos!

      Eliminar
  3. Comienzo felicitando al autor y lo cito en merito a su certeza "y le abren la curiosidad para querer saber más del tema. Así caemos todos y nos vamos volviendo cada vez más conocedores y empezamos a buscar..." entonces me parece inevitable "el volverse mas", coincido totalmente que hay que cuidarse de no ser aburrido y alentar a disfrutar mas y a meterle pasión, que esa experiencia sea para todos, sin importar que vino haya de por medio, ahora... si es uno de estos dos... mejor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Claudio, gracias por leer y comentar. Ante tantos vinos que tenemos en la góndola estos son de esos que te hacen querer saber más, que te despiertan la curiosidad y después... bueno, un camino de ida.

      ¡Saludos!

      Eliminar
  4. Hola Ariel!!!
    Me gusta la analogía con la literatura y coincido con algunos conceptos vertidos.
    A mi también me gusta que los vinos sean fáciles de beber pero que me dejen pensando o reflexionando. Ojalá esos vinos tuvieran el mismo precio que los libros, de ser así todos los días bebería la divina comedia, 100 años de soledad, las 1000 y 1 noches, etc.. Te juro que muchas veces pago por el quijote y termino bebiendo revista caras. La literatura es mucho mas honesta a mi humilde mirada.
    Gracias por hacerme reflexionar.
    Un gran abrazo!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como pasa con la literatura el marketing es la forma más rápida de posicionar la marca/autor, más allá de la calidad. Los que nos dejan pensando o nos dejan un algo extra (llamémosle como sea) son muy pocos. Y algunos desconocidos.

      ¡Abrazo!

      Eliminar
  5. Muy buena nota y me sumo a Nico, los Bloggers nos estamos alejando de los consumidores probando vinos difíciles y muchas veces incomprables por su precio.
    Hay demasiado para hablar sobre piletas (con y sin epoxi) y acero, sostengo que mucho de eso es "verso".
    Finalmente, intenté 2 veces leer el Ulysses Joyce que sigue durmiendo en mi bibliotreca; y lo de Tim Atkin es impresentable como lo de todos que ponen puntos, un vino no se califica, se cualifica; sino no sabes nunca cual es tu paladar. Como estos dos vinos, de concepciones totalmente diferentes tienen los mismos puntos?. A mi criterio habría que describir el vino y su vinificación para que el consumidor sepa que va a encontrar en la botella. Sino a ciegas vos le pones a un simple consumidor estos dos vinos de 95 puntos y no sabe a donde disparar.
    Salute

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Problemas de los puntajes. Pero ojo que una descripción super técnica solo brindará información valiosa a quien sepa decodificarla. Y otra vez sale riéndose el señor puntuador.
      Más allá de eso, creo que es muy positivo la descripción honesta del vino para que el consumidor sepa que se va a encontrar antes de descorchar.

      ¡Salute!

      Eliminar

¡Opiná con libertad!
Voy a tratar de que tu comentario aparezca en la entrada cuanto antes
¡Gracias!