viernes, 25 de agosto de 2017

Vinarquía en la Premium Tasting (1ra parte)


3000 copas, 1500 botellas abiertas, 500 catadores, 80 sommeliers en el servicio, 32 vinos, 6 seminarios y un runrún que duró dos intensos días son los números de la Premium Tasting, uno de los eventos de cata más convocantes del país. No es una feria, no es una muestra, es una cata a ciegas donde se prueban los vinos mejor puntuados por la crítica internacional. Este año, tanto en la degustación como en los seminarios, se apostó fuerte por mostrar el lado más innovador del vino argentino.
Allí estuvimos, reportando el minuto a minuto desde las redes sociales y ahora, más tranquilo, sacando las notas del evento y las bodegas recorridas (hay que aprovechar el viaje).


Los seminarios
Primero asistimos a las clínicas o seminarios, pensados para aprender sobre nuevas tendencias en el vino argentino. El primero, a modo de desayuno diría, fue el seminario de Pequeños Productores.  Grandes historias donde 9 proyectos nuevos fueron desfilando ante nuestras copas con propuestas frescas e innovadoras. Germán Masera (Escala Humana Wines) presentó su Livverá Malvasía, proveniente de un viñedo olvidado de El Zampal, cerca de Tupungato. El vino se elabora en contacto con sus pieles en una maceración que dura 60 días antes de pasar 8 meses en barricas usadas. “Huele más a un paquete de yerba que a uva” dijo riéndose el enólogo y todos coincidimos. Muy perfumado, con estructura, volumen y, a la vez, fluidez. Te sorprende y enamora.
Llegando sobre la hora (algo que no asusta a los mendocinos) Federico Schneidewind presentó su Contento Semillón 1. Con la “intención de hacer vinos diferentes” elabora este Semillón de solo 10° de alcohol, cosechado a punto de espumoso, y proveniente solo del jugo flor o primera prensada. Es un vino de expresión sutil, con cierta tipicidad, acidez marcada y un estilo “crudo”, algo buscado por su autor.
Eduardo Soler de Ver Sacrum presentó una novedad que viene haciendo ruido desde hace rato en las redes: La dama del abrigo rojo Nebbiolo. Elaborado con una cepa poco conocida con el método de maceración carbónica, tiene una nariz divertida, unos taninos delicados y un largo final. De los mejores de la clínica.


El Pala Corazón Garnacha de Lucas Nivén nos dejó una “sonrisa de tigre” con sus taninos de punta y confirmó la tendencia de que haya cada vez más vinos de esta cepa en el mercado. Mientras tanto Norberto Páez nos trajo Paso a Paso Bonarda, de uvas provenientes de El Cepillo. Se levantaron apuestas de si no es la Bonarda más al sur del Valle de Uco.
Por su parte, Gonzalo Tamagnini develó la nueva añada añada de Desquiciado Cabernet Franc y dijo que “no queremos resaltar tanto el verde de los Cabernet Franc, sino los rojos”. En el estilo se nota la búsqueda. Seguido vino Juanfa Suarez y su Traslapiedra Blend con quien coincidían en lo bueno que dejó la añada 2016 a pesar de haber sido bastante sufrida. “Ya extraño la cosecha 2016”, dijo Juanfa orgulloso de un vino cada vez con más personalidad.
El cierre de la clínica estuvo de la mano de Matias Prieto y su Entrevero Blue Moustache, un blend de Agrelo con 55% de Cabernet Franc y 45% de Malbec. Redondo, de lindos aromas, tal vez el menos "raro", pero sí el más armónico


El primer seminario fue muy interesante. Si bien ya conocía gran parte de los vinos (y algunos ya fueron comentados en el blog o las redes sociales) siempre es interesante ver qué tienen para contar los productores pequeños, esos que hacen de la innovación su diferencial y su búsqueda. Se habló mucho de maceración carbónica, de vinificar con raspón o racimo entero para dar estructura a vinos cosechados antes (a veces cagándola con taninos amargos o verdes), de crianza biológica como en Jerez, de huevos de concreto y de rescatar y revalorizar viejas zonas. Hay mucho por hacer y descubrir en el mundo del vino argentino y si me extendí bastante en esta primera parte es porque no quiero dejar de hablar de todo esto.
En la próxima entrega, el resto de los seminarios.



miércoles, 9 de agosto de 2017

Maridajes distintos con espumosos

Foto vía Pixabay

La situación quizá te resulte familiar, decidiste abrir un espumoso y las elecciones a la hora de acompañarlo con comida se vuelven limitadas. Están los que solo lo usan como aperitivo, los que solo para brindar y acompañar postres, los que no se animan a nada más allá del horizonte del sushi y el salmón… siempre es una carta acotada a sabores sutiles y texturas “blandas”. La elección no es mala, pero hay muchas combinaciones para explorar más allá de los mariscos y pescados.
No es que seamos unos fundamentalistas del maridaje, de hecho siempre alentamos a que bebas tus vinos como más te guste. Sin embargo, frente el champagne muchos consumidores no se animan a ir más allá. ¿Cuántos acompañarían un Extra Brut con asado o con las comidas de todos los días?
Desde la champañera Veuve Clicquot sugieren que pensemos los maridajes de dos maneras: por similitud y por contraste. Es decir, si ambos elementos se parecen (dulce/dulce, especiado/especiado) o están en puntos opuestos (dulce/salado, graso/ácido) pueden lograr un buen equilibrio.
Los vinos espumosos son muy versátiles gracias a su frescor, acidez y burbujas. Por ejemplo, un clásico de España es el Cava con jamón serrano, el sabor salado encuentra su balance con el efecto refrescante del gas carbónico y su acidez. Lo mismo pasa con los dulces y los alimentos grasos como los quesos blandos.
Recientemente me vi sorprendido cuando Carlos Oliva, gerente comercial de la bodega Rosell Boher, me invitó a acompañar su Rosell Boher Grande Cuvée Millésimé con el txuletón de Sagardi. “Nuestro producto tiene la estructura suficiente para acompañar un plato de carne como este”, me dijo mientras llegaba el corte de carne de vaca vieja que es todo un símbolo de Sagardi en San Telmo. Está hecha como en el País Vasco, prácticamente “vuelta y vuelta” y lo primero que sugiere es un vino tinto. Sin embargo, el Extra Brut con 40 meses de maduración sobre borras finas logró salir bien parado. La textura suave del txuletón se combinaba bien con la cremosidad del Rosell Boher Grande Cuvée Millésimé y el sabor frutado de este lograba un contraste interesante (no extremo) con la carne. Nunca lo hubiera imaginado y quizá la potente estructura de un Cabernet Sauvignon hubiera sido demasiado avasalladora para el plato.
Otro secreto bien guardado es lo bien que se llevan los espumosos con comidas fritas. Langostinos empanizados, pollo o unos hongos fritos pueden sorprender a los paladares más exigentes, en especial si se los acompaña con salsas dulces.
También se puede lograr una gran combinación con ensaladas o sopas livianas (esas veraniegas que incluyen hasta frutas). La complejidad de sabores y las sensaciones ácidas van a acompañar muy bien aunque no hay que abusar con el vinagre. Un secreto, incluir hojas de mostaza en la ensalada o un aliño con mostaza de Dijón.
Pavo, codorniz, ceviche, risotto, tarta de manzana, queso brie con mermelada son combinaciones que pueden acompañar muy bien tu próxima burbuja. Como este tipo de vinos son ricos en sabor umami (el quinto sabor) pueden complementarse con una infinidad de platos. Solo queda experimentar.