sábado, 23 de diciembre de 2017

Visitamos Bodega Chandon, hogar de las burbujas

Chandon Argentina

Cuando en 2013 alcanzamos la meta de producir una botella per cápita, nos dimos cuenta de que el espumoso argentino había logrado encontrar su lugar. Ya no era algo que se reservaba para las fiestas de fin de año, casamientos y cumpleaños, descubrimos su versatilidad para acompañar con la comida, su amplio mundo y su toque delicado. Claro que no fue una cuestión de hacer botellas y que la gente compre, hubo un proceso de crecimiento como consumidores y también en la calidad general del producto.
Entre los responsables de esto no podemos negar el rol que cumplió Bodegas Chandon. Desde aquel lejano 1958 cuando la bodega perteneciente a la firma de lujo LVMH (Louis Vuitton-Moët-Hennessy) decidió invertir por primera vez en viñedos fuera de Francia hasta hoy, se ha convertido en la líder indiscutible en la elaboración de espumosos de alta gama en nuestro país. Conseguir equilibrar la difícil ecuación de calidad y cantidad es uno de sus grandes logros y uno se da cuenta cabal de esto al recorrer su bodega. Paseando entre enormes tanques de acero inoxidable, el Director Hervé Birnie-Scott nos decía que “cada uno vale lo que una Ferrari” y entonces entendimos que para lograr hacer lo que hacen se necesita mucha inversión.


El enólogo Gustavo Sánchez nos explicó que inicialmente las líneas más bajas de Chandon se elaboraban “prácticamente con lo que había”, UgniBlanc, Semillón, PinotNoir de Maipú. Poco a poco se fue ajustando la selección de uvas hasta lograr lo que querían y hoy siempre trabajan con las mismas fincas. Para la alta gama de la bodega las uvas provienen de los viñedos más elevados ya que aportan frescura, fineza y complejidad.
Junto a Gustavo Sánchez hicimos una recorrida por los productos de Chandon y pudimos reconocer las diferencias y estilos particulares. Consultado al respecto de cómo veía él los distintos métodos de elaboración de espumosos nos dijo que “el Charmat mantiene la fruta, el Charmat Largo le da cremosidad y el Champenoise, complejidad”. De esta manera se entiende el camino buscado en cada línea de elaboración.
Empezamos la cata con el Chandon Extra Brut de toda la vida. El corte es un 60% Chardonnay y 40% Pinot Noir que pueden llegar a variar en algunos años para mantener un estilo constante. Se lo elabora mediante el método charmat lungo o charmat largo, cuya segunda fermentación se hace en tanques de acero inoxidable. Su burbuja es fina y sus aromas recuerdan a las peras, el ananá, algo de la fruta roja del Pinot Noir y un detalle de bizcocho. Lo notamos balanceado, largo y con una sensación de refrescante acidez final. Un todo terreno que siempre cumple.
Con el Chandon Brut Nature hay un salto de calidad y varios coincidimos en que es uno de esos secretos a voces. El argentino compra el Extra Brut casi por inercia, pero por prácticamente el mismo precio este producto lo supera. El secreto está en las uvas de Valle de Uco, “la mayor altitud nos permitió sumar tiempo de contacto con las levaduras” explicó Gustavo Sánchez. Este detalle le aportó complejidad, tostados y fruta. Hay una mayor acidez, cremosidad y un final más largo con un regusto agradable. Con unos blinis de salmón o todo un plato de pescado va espectacular.


Luego pasamos a la línea Baron B, todo un clásico de la alta gama argentina. El nombre es en honor al barón Bertrand de Ladoucette, primer presidente de la filial local de Moët & Chandon y quien fuera el pionero en ver el potencial de nuestro país para consumir y producir este tipo de vinos. En esta línea de vinos utilizan la uva proveniente de los viñedos más altos, entre 1450 y 1600 metros sobre el nivel del mar y la elaboración se realiza con el método champenoise de segunda fermentación en botella.
El primero que probamos fue el Baron B Cuvée Spéciale Extra Brut, en cuya composición hay un poco más de Chardonnay que Pinot Noir. El contacto con sus lías (en la segunda fermentación en botella) es de unos 18 meses, lo que da aromas más complejos de frutos secos, cítricos y un aromita a “bizcocho Canale”. Es un espumoso muy logrado, balanceado y sin aristas, cremoso, de buena acidez y largo final. De esos para momentos especiales.
El cierre de lujo estuvo a cargo del Baron B Cuvée Millésimé Brut Nature 2014, un con poca azúcar y una crianza sobre lías de 36 meses. Sus aromas abarcaban un gran rango donde la fruta cítrica se conjugaba con las notas de bizcocho (incluso un fugaz café). La acidez está bien marcada, pero compensada por un regusto cremoso. Largo y redondo, es una joyita para descorchar junto a platos finos como ostras o trucha con salsa ácida.
Al venir probando uno tras otro, fuimos descubriendo las sutiles diferencias que los separan y también el hilo conductor que los hermana. Son espumosos de elaboración cuidadosa, donde la tecnología y la experiencia ayudan a hacer grandes volúmenes sin perder calidad. El resultado final se nota en la copa: delicadeza, expresión y constancia.

Chandon Baron B



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