jueves, 23 de marzo de 2017

5 etiquetas para descubrir el Cabernet Franc

Fuente: Pausa Magazine

El Malbec es el Malbec, pero los paladares inquietos andan buscando nuevas aventuras y el Cabernet Franc está de moda. A continuación reseñamos 5 etiquetas y 5 rangos de precios para que descubras (o profundices) la cepa.
El origen de esta uva es francés y allí se lo suele destinar para acompañar el clásico corte bordelés de Cabernet Sauvignon y Merlot. De hecho el Franc es el padre de ambas cepas y también del Carménère.
Es un poco menos potente que su hijo Cabernet Sauvignon y de un perfil de aromas frutado que recuerdan a las grosellas y frambuesas. Suele dar también particulares aromas herbales y de especias como el tomillo.
En nuestro país se lo destino siempre a un segundo lugar, acompañando los cortes para aportar complejidad. Sin embargo, esta uva tiene una gran plasticidad que le permite expresarse y adaptarse muy bien a terroirs diferentes. De a poco lo fuimos entendiendo y empezaron a aparecer Francs elegantes y de interesante textura. Su estilo más austero marcó un contrapunto con el Malbec goloso y la cepa “explotó” entre los enófilos de nuestro país, en especial cuando llegaron los grandes premios internacionales.

Desierto 25 Cabernet Franc 2014. Este vino proviene de la única bodega productiva de La Pampa, sobre el margen norte del Río Colorado. Es un Franc de carácter que demuestra lo bien que se da la cepa en climas fríos. Aquí vas a encontrar aromas intensos que tiran para el lado de las especias y las hierbas, ideal para los que buscan potencia sin llegar a la rusticidad.

Casa Boher Cabernet Franc 2015. Este vino le compite de igual a igual a otros de mayor rango de precios por lo que su RPC es increíble. Se destaca por sus aromas complejos y distinguidos que te van a entretener un largo rato si sos de los que gustan detenerse en ese aspecto. Esa nariz va de la mano de un vino de buena intensidad en boca que acompañará a la perfección carnes asadas o quesos duros.

Las Perdices Ala Colorada Cabernet Franc 2012. Un fiel representante del estilo de la bodega: vinos rotundos, bien hechos, de sensaciones marcadas, en cierto modo clásicos, pero sin caer en lo anticuado. Sus aromas muestran muy bien el perfil del varietal y tienden hacia la fruta negra y cerezas, pimientos y notas herbales. Un vino robusto, bien balanceado e intenso con 12 meses de crianza en barricas francesas nuevas.

Salentein Numina Cabernet Franc 2013. Como decíamos, al Cabernet Franc le sienta bien el frío y este de Salentein se cultiva a 1100 metros de altura en el Valle de Uco. Tras 14 meses de crianza se obtiene un vino elegante, lleno de sutilezas y fruta. Su estilo va para el lado de vinos más delgados, de acidez vibrante e interesante textura. Siempre da qué hablar.

Gran Enemigo SV Gualtallary Cabernet Franc 2012. Esta es “la bestia” de los vinos argentinos. En todas sus añadas ha sacado 97 y 98 puntos de los más grandes críticos internacionales. La uva se obtiene en cuatro momentos de cosecha distintos y se cría durante 7 meses en foudres de madera usada para que no sea invasiva. El resultado es un vino increíble, de textura intraducible y complejidad aromática. Uno de los mejores tintos argentinos, para darse el gran gusto.


Ariel Rodríguez
nota para Pausa Magazine

martes, 21 de marzo de 2017

Finca Las Payas, la guerrilla del vino


Creo que nos vimos dos o tres veces, pero me gusta hablar con Santiago Salgado. Me parece interesante su concepción del vino, se corre del mainstream y está orgulloso de su trabajo como productor casero de calidad. Inquieto, experimental, curioso, díscolo, son palabras que lo definen a él y a sus vinos.
Además, no tiene filtro y te cuenta cómo consigue la uva y el resto de sus recursos sin todo el chamuyo de otros bodegueros. Acá no hay miedo a decir que la uva se compra, se canjea o se roba (bueno, robar, lo que se dice robar no, pero si puede aprovechar la uva de un viñedo abandonado la va a aprovechar), tampoco hay mistificaciones sobre dónde se fermenta, etc. Santiago Salgado es transparente y sus “hijos” líquidos buscan serlo también.
Le gusta elaborar varietales olvidados o que forman parte de cultivos experimentales del INV para la zona de San Rafael como Gamay, Nero D’Avola, Caladoc, Croatina, Moscatel Rosado. Muchas de esas uvas siempre estuvieron ahí, entreveradas con otros viñedos y plantadas por los pioneros de la zona que a veces no sabían bien qué plantaban o, a sabiendas, las mezclaban para obtener rinde y la seguridad de que la mala cosecha de un varietal no fuera un fracaso de todo el viñedo. A esos viejos plantíos va Salgado a buscar su uva para Finca Las Payas. Casi una guerrilla de la uva.
Con motivo de un acuerdo con Vino a mi Copa para distribuir sus vinos en Buenos Aires, pudimos reunirnos una vez más con Santiago Salgado y probar sus vinos. Vayan preparando las copas porque algo seguramente van a querer llevarse.


Empezamos con su Moscato di Cardinale, tres Moscatel Rosados elaborados de distintas maneras y que suelen gustar mucho. “Me estoy concentrando en el Moscatel Rosado, porque es una uva criolla y está adaptada” explica Salgado. Moscato di Cardinale I 2016 está vinificado como blanco y muestra un perfil de aromas melosos de fruta tropical que recuerdan al Torrontés. Es apenas dulce y con interesante acidez, lo que lo vuelve un vino con elegancia. Su contraparte es el Moscato di Cardinale II 2016, cosechado en el mismo momento y vinificado como tinto. Se lo siente más rústico, más dulce y con algo de aguja. También se diferencia en aromas, tendiendo más a lo floral y miel. Para compararlos, pudimos probar también el Moscato di Cardinale III 2015, la añada anterior. Se diferencia de los anteriores en que tuvo una crianza de 6 meses en barricas de roble americano, siguiendo un camino oxidativo intencional. “Yo creo que el Moscatel Rosado se banca la barrica” dispara Santiago Salgado y agrega que “son trescientas botellas y es algo que la producción artesanal permite y la de gran escala no”. Se percibe intensamente una nota ahumada y melosa que perdura en boca y que encontró el mejor maridaje con un Camembert. Mi favorito de los tres fue el Moscato di Cardinale I 2016 por su terminación más prolija y elegante, sin embargo los otros no están nada mal y su estilo más jugado, hasta rústico, puede resultar divertido.
Como la legislación actual para vinos caseros no les permite colocar el nombre de los varietales en las etiquetas, en Finca Las Payas se las rebuscan para poder darlo a entender. Sumado a lo original de los nombres, logran etiquetas de nombres muy curiosos como el ExTinto Rosado de Mlbc. Es un rosado de sangría de Malbec (de ahí lo de ExTinto) con mucho color, intensos aromas frutados que recuerdan a frutillas, buena acidez y 13° de alcohol por las condiciones del año. Es el perfil que le gusta a su creador para los rosados.
A la hora de los tintos empieza gran parte del show de la bodega. El primero fue el Finca Las Payas Syrh + Bnrd 2014, uno de mis favoritos en esta cata. Es un corte de 50-50 de Syrah y Bonarda, una interesante y bien lograda combinación. Se impone el Bonarda en general y en boca se percibe más lo vegetal y la estructura del Syrah.


San Rafael, donde queda la bodega, es una región de Bonarda y quien sabe buscar puede encontrar viñedos de gran calidad. Santiago es un gran explorador de la zona y descubrió que lo que muchas veces estaba catalogado como Bonarda no lo era sino que se trataba de cepas similares que los viticultores pioneros introdujeron y cultivaron por recordarles a los vinos de sus tierras natales. La Croatina que vinifica para la línea Exóticos es un buen ejemplo de ello. Y si de Bonarda se trata, un interesante exponente es el Finca Las Payas Bnrd 2014. Clásica, con buena nariz frutada, boca redondeada y algo golosa. Una Bonarda típicamente sanrafaelina, “50% barricada” como le gusta decirle.
A partir de este punto pasamos a los vinos con más madera y añejamiento. Primero descorchamos el Don Nadie Mlbc 2015, que supo obtener 91 puntos del crítico Patricio Tapia y se muestra como un Malbec de típica fruta roja, frutos del bosque, redondo. “Don Nadie no tiene tradición de familia viticultora. Es una referencia a quién soy yo en el mundo de los vinos”, dice Santiago Salgado con la mirada puesta un poco en su presente y en su pasado, cuando lo dejó todo para ir a buscar una vida distinta.
El Anarco Cabernarda 2011 es uno de los que tienen etiquetas más llamativas, gustadas y significativas para el estilo de Las Payas. Son 1500 botellas (“la mayor cantidad que hice de un vino”) compuestas de un 60% de Cabernet Sauvignon y 40% de Bonarda que descansaron cuatro años en piletas. El Bonarda se impone y el Cabernet da estructura. Es algo rústico, pero no lo desmerece, con mucha expresión al beberlo y un color que se sostiene muy bien. El lema del vino es toda una síntesis de lo que venimos hablando: “sin glam – sin linaje – sin gurú – sin verso”.
El Malarriado Cbnt Franc + Gamay es un blend de cepas y añadas: 40% Cabernet Franc 2013, 40% Cabernet Franc 2015 y 20% de Gamay con un paso por barricas francesas de 9 meses. El resultado es un tinto interesante, redondo y con buena acidez, donde “lo casero” se hace bastante presente sin que sea algo malo. Con el Syrh + Syrh se procedió en forma similar, el corte es mitad y mitad de Syrah de 2009 y 2010 que pasó unos cuantos años en recipientes contenedores antes de encontrar su destino final. “Mis vinos hablan más de mí que de la añada. Son mis búsquedas”, explica el creador mientras nos sirve este último y explica cómo se puso redondo con los años, casi delicado, sin ese costado salvaje del Syrah.
Cerramos la cata probando algunos de sus Exóticos, pequeñas botellas de pequeñísimas producciones de cepas raras. Tiene Ancelotta, Nero D’avola, Croatina, Corvina, Caladoc, Verdicchio, Gamay, Dolcetto y siempre aparece algo más como un vino pasificado y otras experimentaciones que vende a pedido.
La cabeza de Santiago no para y más que crear unas líneas constantes busca profundizar en esas “búsquedas”, ir en contra de lo instituido, arriesgar. No sé a ustedes, pero a mí me gusta la gente así.




lunes, 6 de marzo de 2017

#QueSeCepa Chardonnay, Reina de Corazones

Chardonnay en la bodega Costa & Pampa, enero de 2017

Los Argentina Wine Bloggers decidimos lanzar una nueva movida conjunta.  En este caso #QueSeCepa, donde cada uno de los integrantes analiza y recomienda un varietal.


El Chardonnay o la Chardonnay es la uva blanca para vinificar más plantada del mundo y la tercera en nuestro país, detrás del Torrontés y la Pedro Ximénez. Es tan famosa y reconocida que casi no tiene sinónimos y ha dado lugar a algunos de los vinos más aclamados del mundo, como los Montrachet o Chablis. Según Jancis Robinson parte del éxito de esta uva se debe a que es relativamente fácil de beber, con “un encanto exuberante” y baja acidez. Debemos agregar que es la base para gran parte de los espumosos que consumimos y que es una de las variedades blancas que mejor soportan la madera y que puede ganar mucho con ella.
Su fama, sus características y su encanto la han vuelto la reina de las uvas blancas, así como el Cabernet Sauvignon es el rey de los tintos. Por eso el consumidor identifica rápidamente sus nombres en las góndolas y busca la seguridad del producto reconocido. También por eso todos quieren tenerla en su portfolio de vinos, pero siendo sincero no a todos le sale tan bien.
Si bien es bastante sencilla de cultivar, la Chardonnay toma muy fácilmente las características del terruño y eso puede ser un problema para algunos productores. Querer enmascarar el suelo, el clima o las elecciones de cultivo con madera puede empeorar las cosas, por eso para muchos enólogos es una de las pruebas de fuego a superar para ser un experto.
En nuestro país conviven muchos estilos de Chardonnay. El de fruta tropical y gran peso en boca como se aprecia en las zonas de Luján de Cuyo y NOA; el fresco y más lineal de Valle de Uco; el juvenil de la Patagonia; y un largo etcétera y excepciones que dependerán de cuándo se cosechen las uvas y si tienen crianza. Algo que sí se vuelve más extensivo es la tendencia del consumidor de buscar Chardos más frescos, escapándole al cuco de la acidez, con sabores y aromas menos oxidados, propuestas más jugadas y aceptando pagar más por vinos excepcionales y escasos.
Las bodegas escuchan mucho más a los consumidores de lo que creemos, por eso es una de las industrias más dinámicas de nuestro país y se vuelve difícil seguirle el ritmo. Para conocer el mercado internacional oyen las opiniones de los expertos extranjeros y ya Jancis Robinson, Tim Atkin y Patricio Tapia han advertido el potencial latente de los Chardonnay argentinos. Para ellos hay que explotar la mineralidad y acidez de zonas como Gualtallary.
En las líneas de precios bajas y medias nos encontraremos con vinos de gran frescura, buena acidez y mucha fruta. Subiendo en el rango de precios la madera empieza a hacerse presente y nos encontramos con Chardos untuosos y notas de miel, pero sin perder frescura. No debemos olvidar cómo copia el terruño esta uva, por eso no será fácil hallar vinos iguales ni podremos pedirles a todos lo mismo.
Una posible selección de estilos, zonas y bodegas podría ser la siguiente:
El 505 Chardonnay, de bodega Casarena es simple, vibrante y de muy buena relación precio/calidad. En ese competitivo rango de precios también podemos optar por el Clara Benegas Chardonnay que guarda el secreto de tener un pequeño porcentaje de Sauvignon Blanc que le da un tono salvaje. Y si te animás a explorar nuevas zonas no podés dejar de sorprenderte con el Desierto 25 Chardonnay un vino de La Pampa con mucha tipicidad, fruta y buena acidez.
Subiendo en la escala de precios, podríamos pensar en el Felino Chardonnay de Viña Cobos, que en su añada 2015 no incorpora madera, o el Rutini Colección Chardonnay que me ha sorprendido más de una vez. Para explorar senderos más extremos te recomiendo buscar los chardo que hace Matias Michelini o Giuseppe Franceschini, bien filosos.
Finalmente, si querés probar los mejores Chardonnay argentinos, los que han sabido granjearse los más altos puntajes y elogios, debés probar el Catena Zapata Adrianna Vineyard White Stones o Catena Zapata Adrianna Vineyard White Bones, vinos que han rozado los tan ansiados 100 puntos en un país de notoria tintocracia.