miércoles, 31 de octubre de 2018

Cuando el vino da miedo


Cuando decimos que el vino es cultura, que es más que una bebida, o usamos la expresión “el mundo del vino”, no lo hacemos a la ligera. Una copa es un mundo y hay tanto que hablar sobre esta noble bebida que podría llenar estanterías enteras.
Si dividiéramos todas esas historias por géneros o materias, tendríamos geografía, botánica, historia, gastronomía… y también el género de terror. Sí, hay historias de miedo que involucran botellas de vino, leyendas incomprobables que quisiera compartir con ustedes:

Cuerpos en barricas
Hay una leyenda urbana que se repite mucho en Internet y cuenta que una pareja compra una vieja propiedad en Escocia (comprensiblemente algunas versiones hablan de Francia) y comienzan las tareas de refacción. Entre los objetos que dejaron los antiguos propietarios había una barrica de vino que por su peso, parecía estar llena. Los empleados que realizaban las tareas de mantenimiento no podían moverla y empezaron a llenar algunas botellas de vino para alivianar el peso. Aunque no lograron vaciar completamente la barrica, ya podían moverla y los nuevos dueños pidieron que la llevaran cerca de un patio donde iban a brindar una fiesta de inauguración.
Como era previsible, la barrica se volvió el centro de la fiesta y si bien el vino sabía algo raro, los invitados se sirvieron hasta que quedó vacía. Cuando ya se habían retirado todos, los dueños empezaron la tediosa tarea de acomodar y limpiar el patio. Al querer mover la barrica, notaron que seguía pesada y alguien sugirió abrirla. Para su sorpresa, en el interior había un hombre muerto.
La leyenda es más que inverosímil y hasta sorprende que siga proliferando por la web. Sin embargo, como toda leyenda así, tiene un punto de contacto con la realidad. Antiguamente, cuando alguien moría en altamar era arrojado al agua salvo que fuera un personaje importante. Para conservar su cuerpo durante la travesía lo metían en los grandes toneles que llevaban los barcos. El alcohol de bebidas como el ron preservaba el cadáver. Es la suerte que sufrió el famoso Almirante Horatio Nelson: al morir en la batalla de Trafalgar, su cuerpo fue guardado en una barrica de Cognac custodiada día y noche hasta que llegó a Inglaterra.


La caja Dybbuk
En 2003 un objeto muy curioso salió a subasta en eBay. Se trataba de un pequeño mueble para guardar vino, supuestamente habitado por un Dybbuk, un espíritu malvado según la tradición hebrea. El propietario informaba que había adquirido la caja en un remate para restaurarla y venderla, pero al notar que formaba parte del legado familiar pensó en devolverla a la nieta del antiguo dueño, un sobreviviente del Holocausto. La joven heredera le dijo que de ninguna manera deseaba tocar o abrir ese objeto porque su abuela le había dicho que allí había encerrado un Dybbuk.
Kevin Mannis decidió llevar el antiguo gabinete para vinos a su tienda de antigüedades. Al abrirlo encontró dos monedas estadounidenses de la década del 20, un pedazo de mármol con la palabra hebrea Shalom, un candelabro y una pequeña copa (no, nada de vino kosher). Ese mismo día empezó a soñar con una anciana junto a la caja, su negocio empezó a ir cada vez peor y los objetos se movían y rompían en la tienda.
El ganador de la subasta también experimentó problemas de salud y tuvo que consultar con un rabino para encerrar al espíritu otra vez en su prisión. Una vez hecho, escribió un libro que terminó inspirando la película Posesión Satánica de 2012.
Al parecer el demonio no solo habita dentro de las botellas…


El Casillero del Diablo
La última es una historia bastante conocida en el mundo del vino y no por eso menos interesante. Don Melchor de Concha y Toro fundó en 1883 la que luego sería una de las bodegas más grandes y prestigiosas de Chile. En 1891 tuvo su primera vendimia y siempre se guardó, reservados en un casillero especial, una selección de los mejores vinos para consumo personal. Con los días notaba que su colección personal iba decreciendo más rápido de lo que él los bebía, por lo tanto los trabajadores o vecinos le estaban robando sus botellas más preciadas. Aprovechando lo supersticioso de sus empleados, don Melchor hizo correr el rumor de que en ese lugar se le apareció el Diablo y que estaba maldito. Así nació el nombre de uno de los vinos más famosos del mundo y también se ahorró algunos disgustos. Por las dudas, de noche soltaba un toro bravo en las cercanías que al oír ruidos en la oscuridad corría y bufaba. Los invasores aseguraban que era el Diablo que rondaba la bodega.




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