viernes, 6 de septiembre de 2019

Nadie bebe dos veces el mismo vino


En “El sueños de los héroes”, una de las mejores novelas de Adolfo Bioy Casares, se narra la historia de Emilio Gauna, quien gana una buena suma en el hipódromo y decide gastársela en tres días de farra en los carnavales de 1924. Gauna termina despertándose en los lagos de Palermo con más dudas que certezas y su memoria alcoholizada solo guarda retazos de esas noches con amigos en el Armenonville, uno de los cabarets más lujosos de la época.
Tres años después, ya casado y alejado de su vida de malevo, vuelve a ganar dinero con los caballos y decide repetir aquellos “días locos”. Íntimamente quiere reconstruir al detalle todo lo vivido para llegar a la noche última que lo obsesiona desde hace tres años. El final es fantástico (en el sentido de género y de valoración de la obra), pero no voy a contarlo. Lo que me interesa es la sensación que tiene Gauna de que a pesar del esfuerzo no se puede volver a lo vivido tres años atrás, la ciudad ha cambiado, él y los otros ya no son como antes y, sobre todo, su percepción de los otros es completamente diferente.
Hace poco terminé de releerlo y me puse a pensar en cómo la experiencia cambia las percepciones que tenemos. Y llevándolo al tema vinos esto es bastante evidente, al menos para mí (y otros tantos como yo, tal vez vos) que me “tomo” la cosa en serio, estudiando, catando y aprendiendo con cada copa. Aquel vino favorito de hace unos años, ese que fuera nuestro caballito de batalla, ya no es lo mismo hoy. ¿Qué ha pasado en este tiempo? Nuestro paladar ha cambiado y las tendencias del vino argentino también.

Nosotros
Nuestro paladar va cambiando, es un hecho. Piensen en cuánta cosas que no nos gustaban de niños/jóvenes nos fascinan de adultos. Con respecto al vino evolucionamos como catadores y la razón es que el vino es un gusto adquirido, cultural. Lo dulce, por ejemplo, nos gusta desde la cuna, es un gusto innato y que nos agrada. Lo amargo como el café o los ácidos más intensos son gustos que incorporamos a medida que crecemos. “La apreciación del vino es un gusto adquirido”, explica la enóloga chilena Adriana Cerón, “requiere ir probando y entrenándose hasta que su aroma y su sabor se hagan familiares. En este sentido hay un camino lógico que es iniciarse en el consumo con vinos que impongan menos desafíos, con acidez moderada en el caso de los blancos y muy suaves en el paladar en el caso de los tintos”.
A medida que crecemos como consumidores vamos dejando de caer en la trampa de lo dulce y disfrutando la parte “difícil” del vino: descubrir aromas ocultos, disfrutar de la acidez vibrante de algunos, prestar atención a las texturas, reconocer varietales y formas de vinificación. A veces nos lleva a pensar que los vinos deben contenerlo todo, ser difíciles, y ahí nos equivocamos, porque nada es malo sino que es diferente y válido en sí mismo. Es como gozar un día de la literatura despojada y maledicente de Bukowski y otro del ingenio borgeano sin que la existencia de uno niegue la del otro o la posibilidad de disfrutarlos.

Los vinos
En nuestro país, la industria ha ido transformándose desde la década del 90 cuando resurgió desde sus cenizas. En aquella época que nos parece tan lejana, el nivel de tecnología aplicado a la elaboración de vinos era mucho más bajo que ahora (que no te extrañe ver drones sobrevolando viñedos para hacer mapeos), la búsqueda iba más para el lado de la cantidad que de la calidad y el estilo francamente atrasaba. Con la llegada de los flying winemakers y el descubrimiento de esa joya en bruto que era el Malbec el nivel de crecimiento fue geométrico y nos hicimos un lugar en la escena mundial.
Sin embargo, el camino no era seguir una fórmula como pareció en un primer momento y el estilo se fue ajustando. Por supuesto que caemos en modas todo el tiempo, de ponerle madera nueva y con tostado intenso a todo (quizá el memorioso recuerde la tendencia del 200% de barrica) a la búsqueda desesperada actual por los suelos calcáreos, la acidez extrema y la crianza en recipientes de concreto como sea.
Más allá de las modas, hay cambios que quedaron y le hicieron bien a nuestros vinos: la bajada paulatina del grado alcohólico, la cosecha menos madura, la disminución del uso del roble, la búsqueda y el respeto de la expresión del terruño. Quizá tu vino de cabecera de hace unos años, ese que te hizo apasionarte por esta noble bebida haya vivido alguno de estos cambios.


Nadie bebe el mismo vino

Uno de los primeros libros sobre el tema que leí fue el “Manual del vino argentino” de Jorge Dengis, en uno de sus capítulos el autor jugaba con la idea de Heráclito del cambio constante y que, por lo tanto, “ningún hombre se baña dos veces en el mismo río”. Como el vino es materia viva que evoluciona en nuestra botella es virtualmente imposible tomar dos veces el mismo vino. En sentido estricto dos vinos embotellados uno tras otro evolucionarán de distinta manera, una diferencia en el corcho, en la forma de guardado o pequeños detalles harán que a la larga un vino difiera del otro. Aunque suene a exagerado es técnicamente cierto.
Al respecto podría agregar algo que nos pasó en una cata a ciegas realizada en una vinoteca. Se iban a beber alrededor de unos doce Malbec y a quien guiaba la cata se le ocurrió hacernos la travesura de meter tres veces el mismo vino. Uno fue el primero, otro estuvo al medio y, como es de esperar, el tercero al final. Como la cata era a ciegas no sabíamos qué nos servían, pero lo curioso es que percibimos cada vino en forma diferente y hubo catadores que lo manifestaban de forma muy efusiva. La subjetividad pudo haber pesado, pero en el fondo lo que pasó es que tras varios vinos probados nuestro paladar deja de ser el mismo.
En fin, disfrutemos nuestra copa de vino de hoy, porque el de mañana no será igual.

lunes, 2 de septiembre de 2019

¡¡Cumplimos 8 años!!


Todavía me cuesta pensar el número.  Ocho me parece algo tan grande que tuve que ir a recorrer el historial del blog.  ¡Ha corrido vino bajo el puente!
Allí quedan como monolitos las catas, los festejos, las broncas; la revista, que tanto me dolió abandonar; las vinografías, que debería rescatar; los momentos en que escribí "para afuera" del blog; y un larguísimo etcétera.  Como escribí para otro aniversario "A veces lo hicimos bien, a veces nos equivocamos, pero estoy muy orgulloso de lo logrado. A pesar de que cada vez cuesta más conseguir tiempo para escribir, no hemos aflojado y conseguimos que nos reconozcan como una voz válida en el mundo de la comunicación de los vinos argentinos. Un reconocimiento que viene de parte de los consumidores, al fin de cuentas ese es el público al que siempre apunté."
Empezó como un hobby para despuntar el vicio de la escritura y lo sigue siendo, aunque debo reconocer que la falta de tiempo de los últimos 2 o 3 años ha impactado fuertemente en la cantidad de notas publicadas.  Afortunadamente este año voy encontrando nuevamente mi ritmo y el entusiasmo y cuando miro para atrás veo que no me aleje de los principios de este espacio.
Del otro lado de la balanza veo todo lo que conseguí con Vinarquía: aprendizaje, amigos, momentos inolvidables y el disfrute de hacer algo que me gusta.
Por eso agradezco a todos los que considero compañeros de ruta: los Argentina Wine Bloggers, los otros blogueros amigos, el lector silencioso pero fiel, el que interactúa a través de las redes sociales, el que no coincide con lo que digo pero me banca igual, el que llegó hace poco, el que está desde el principio, el que busca un consejo, el que lee Vinarquía.


¡¡Muchas gracias!!




lunes, 26 de agosto de 2019

Mendoza 2019 ¿la cosecha perfecta?

Vendimia 2019 en El Cepillo. Pinot Noir de Canopus para su Pintom

En nuestro país todavía hablar de añadas precisas suena a snobismo o tecnicismo. En gran parte debido a que tenemos la dicha de que el clima mendocino es bastante regular como para que, dentro de ciertos márgenes, las condiciones se repitan. ¡Vaya uno a encontrar esto en Europa!. Además, a fuerza de que cada vez haya un mayor conocimiento técnico (ergo, mejores vinos), podemos mejorar año a año y mantener una consistencia única. Sin embargo, los años no son todos iguales, hay cosechas mejores y peores en términos de volumen y calidad; o sencillamente diferentes, ni mejores ni peores. Es parte de la gracia del vino, que se niega a ser algo estandarizado.
En 2016 se habló de una añada muy difícil, llovió tanto que hubo poca uva y de calidad regular. Sin embargo, quien pudo seleccionar sus mejores racimos obtuvo vinos más ligeros y frutados que terminaron siendo una bocanada fresca que el mercado recibió con satisfacción. De estas uvas salió, por ejemplo, el Catena Zapata Adrianna Vineyard River Stones 2016 que obtuvo los prestigiosos 100 puntos Parker junto al Gran Enemigo Single Vineyard Gualtallary Cabernet Franc 2013, máximo representante de aquella otra gloriosa añada. Si tenemos en cuenta esto que venimos diciendo, entenderemos que más allá de los detalles técnicos tenemos que prestar atención al año. Aunque sea para tener un paneo general o saber qué podemos llegar a encontrarnos en una botella.
Después del ruido de la 2016, vinieron cosechas más normales y todo indicaba que la 2019 sería una cosecha tranquila. Poco se decía de ella con los vinos aún en fermentación, los que tienen varias vendimias a sus espaldas aventuraban algo más, pero por lo general se mostraron cautelosos. Hasta que ya con vinos algo más terminados se tiró la bomba en la feria de la distribuidora Umami que se realizó en mayo en Buenos Aires: la 2019 era la mejor cosecha de los últimos 25 años. ¿Quiénes lo aseguraban? Edgardo del Pópolo (Susana Balbo Wines), Gabriel Bloise (Chakana), Leonardo Puppato (Familia Schroeder), Leandro Azin (Casarena), Juan Carlos Muñoz y Fernando Losilla (Viña Las Perdices), Paco Puga (El Porvenir de Cafayate), Marcos Fernández (Doña Paula) y Bernarndo Bossi (Toneles). Algo saben estos pibes.

Cabernet Sauvignon de La Pirámide. Foto: Catena Zapata

Fue el punto de partida para un runrún de comentarios que coincidían con lo planteado en aquella cata. En líneas generales, se coincide en que en Mendoza y Patagonia el 2019 tuvo un invierno frío y una primavera fresca, mientras que el verano tuvo poquísimas lluvias (importante para que el grano no engorde demasiado y el viñedo no contraiga enfermedades provocadas por la humedad). La frescura general de este verano permitió una maduración lenta que dio granos de uva equilibrados y de gran calidad. El resultado será de vinos con mucha fruta, frescura y balanceados. “Consideramos que los vinos de 2019, si bien pueden beberse jóvenes, presentan un excelente potencial de añejamiento”, agregan desde Catena Zapata.
Germán Di Césare, enólogo de Trivento, asegura que el Malbec fue la tinta por excelencia de esta vendimia, “su tonalidad violácea se apreciará durante varios años en los vinos de alta gama”. Tanto en Valle de Uco como en Luján de Cuyo, la uva Malbec entregó fruta roja fresca y madura, un potencial alcohólico menor que 2018 y una acidez naturalmente elevada.
Con respecto a la acidez de este año se ha hablado bastante. Gabriel Bloise, Leonardo Puppato y Marcos Fernández, entre otros, resaltaron la mayor concentración de ácido málico en general, lo que nos dará blancos vibrantes y tintos frescos. “Los que cosecharon temprano no habrán notado diferencias, pero los que cosecharon tarde sí”, observó Edgardo del Pópolo, responsable de la línea Benmarco en Susana Balbo Wines. “Fue un año frío y seco. En un año cálido cosechar tarde te hace perder mucho y en un año lluvioso podés perderlo todo. En líneas generales, esta añada tiene lo mejor de la 2013 con lo mejor de la 2016”.
En cada consulta hay coincidencias y entusiasmo. Sebastián Zuccardi lo resume así: “ha sido muy muy buena. En cantidad fue una cosecha normal, un poco más chica que la 2018. Lo que tuvo de maravillosa para mí la 2019 es que fue frío y seco. Normalmente cuando son fríos, son húmedos; y cuando son secos, son calientes. Este año en particular que fue seco y fresco, es algo extraordinario, diferente. Lo que hay es un gran balance, los alcoholes no subieron tan rápido, hay frescura. Para el estilo de mis vinos es ideal, porque me gustan más frescos.”
Para algunos de los consultados la cosecha fue “normal”, una cosecha típica mendocina luego de unos años marcados por varios vaivenes climáticos. Incluso un famoso winemaker dijo off the record que le resultó aburrida, sin desafíos, aunque destacaba la calidad. En ese sentido, varios agrónomos coincidieron en que no hubo grandes sobresaltos y se “levantó” la uva con mucha calma, sin el apuro del granizo o la lluvia.

Último racimo de la vendimia 2019, por Pablo Ponce de The Big Wine Theory

Para Pepe Martínez Rosell, la mano maestra detrás de las burbujas de Rosell Boher, “el dueño de la verdad es el vino. No obstante, el asegurar una buena fruta, al momento de la vendimia nos anima a presagiar un mejor resultado y soñar con una excelente añada.” Sin embargo, en los espumosos es difícil presagiar el resultado final: “poder contar con excelente materia prima nos asegura calidad en los vinos "base". En nuestro caso, con elaboración tradicional y largo periodo de madurez sobre borras, sería muy pronto para asegurar o marcar diferencias notables”. Tendremos que esperar un poco más para disfrutar burbujas 2019, aunque por la excelente calidad de blancos que promete no es descabellado pensar en gratas sorpresas.
“La mejor cosecha es la próxima”, suele retrucarte la gente de la industria cuando preguntamos sobre cómo vienen los vinos de la añada actual. Hay algo de verdad en eso y también algo de presión, porque los vendedores suelen decir que la mejor añada es la que hay que vender. Sin embargo, y quizá alguien me tilde de naïf, noto mucho sinceramiento en los bodegueros con respecto a la información que brindan a los consumidores especializados o simplemente interesados en tener un producto de calidad. La información se agradece y a la vez nos llena de expectativas y ansiedad. Como dice un vinotequero amigo, estamos todos “manija” por empezar a probar los 2019 que ya empiezan a asomarse en las góndolas. Especialmente después de escuchar decir a Seba Zuccardi que “es quizá la mejor cosecha de mi vida”.



martes, 13 de agosto de 2019

¿Por qué López?


Han salido varias notas a lo largo de los años en este blog y también he escrito sobre Bodegas López en las redes sociales más de una vez. Quienes han seguido esos posteos sabrán que los apoyé siempre y los últimos vinos catados de la bodega me llevaron a reflexionar nuevamente.
Soy amigo de la diversidad, un caprichoso bebedor que un día quiere beber sin más vueltas y otras veces busca olisquear la copa y disfrutar de los aromas de las largas crianzas. Alguien que a veces busca lo divertido de las nuevas voces y otras veces la tranquilidad de los clásicos (la analogía musical no es casual). Por eso siempre le di un sí gigante a López. Representan un paradigma distinto, un paradigma que los expertos no dejan de exaltar y que el consumidor reconoce desde siempre en la mesa familiar. Como escribió Patricio Tapia en su última Descorchados, “se trata de una forma de ver el vino, una mirada de vieja escuela que (…) no solo aplaudimos, sino que admiramos”.
En una cata, Eduardo López nos dijo: "Nosotros nos quedamos con un estilo tradicional, con los toneles grandes, etc. Lo hacemos por convicción y porque nos fijamos seguir así y debemos mantenerlo. Buscamos el estilo de vinos bebibles, para acompañar comidas (...) nos quedamos con el mercado de las bodegas tradicionales, peleando contracorriente. Veinte años después de la aparición del nuevo estilo, hacemos el balance y los números dicen que hicimos buen negocio. Por eso moriremos con las botas puestas. (...) Fue una decisión tomada, no ocurrió por inacción. Podemos decir que hoy somos lo distinto". Épico.
Este año tuve la oportunidad de volver a probar todos sus vinos, en parte en su degustación anual “López de punta a punta” y en parte en casa, más tranquilo. Pude notar que varios vinos han cobrado un aire nuevo, una “refrescadita” que no les sienta nada mal. Para muestra, los clásicos tintos Chateau Vieux 2013 y Rincón Famoso 2016, con mayor carga de fruta y concentración sin perder su estilo de crianza en grandes toneles. Una clara muestra de cómo podés adaptarte al paladar del consumidor sin perder el alma en ello.


Los grandes toneles de roble de entre 5000 y 20000 litros, unas joyas de bosques que ya no existen como cuando fueron elaborados, marcan más su presencia en la línea Montchenot y en algunos varietales como el Casona López Cabernet Sauvignon 2014. Pero su magia reside en la capacidad de lograr fusionarse armónicamente con el vino, redondearlo y lograr algo que hoy es muy raro de encontrar.
Con los blancos pude ratificar algo que ya venía observando, la búsqueda de un estilo cada vez más fresco y frutal. De las nuevas cosechas recomiendo el Montchenot Blanco 2017, un 100% Chenin directo y herbal; el Chateau Vieux Blanco 2018, un Chardonnay agradable y expresivo; o el Casona López Chardonnay 2018, donde se busca respetar la expresión varietal sumando uvas de Tupungato.
Una vez más, ¿por qué López? Porque representa otra forma de concebir el vino, pero que para nada está peleada con el gusto del consumidor actual. Hoy que rescatamos formas ancestrales, que celebramos la diversidad, que volvemos los ojos sobre tierras olvidadas y uvas que no notábamos, el llamado “estilo López” está tan vivo como siempre y con un sentido nuevo.




miércoles, 31 de julio de 2019

Mariana Onofri o como poner el alma en los vinos

La leyenda se repite con variantes a lo largo de las épocas y las latitudes. Griegos, celtas y hasta pueblos nativos de América del Norte tenían la creencia de que nuestras almas eran más “grandes” y por distintos motivos fuimos divididos y separados. Aunque sea un capricho o la sabiduría de los dioses, los seres humanos nos empecinamos en buscar eternamente nuestra otra parte.
La idea de encontrar a alguien que nos complemente pareciera obsesionarnos. En Francia, las mujeres solteras clavan agujas en los pies de Saint Guénolé o Sant Winwaleo a la espera de que el santo cumpla con el milagro de conseguirles su alma gemela y así liberarlo de esta “tortura”; Felisberto Hernández imaginó que las almas de los gordos podían encarnar en múltiples cuerpos y eso explicaría muchas cosas; otros creen que las almas gemelas no son iguales, sino muy diferentes, justamente porque buscan complementarse; personalmente siempre creí que la bebida puede ser una buena forma de encontrar nuestra alma gemela, o al menos pasar un buen rato con quienes no lo son.
Quienes conocen de almas gemelas y vinos son Mariana Onofri y Adán Giangiulio, los componentes principales del proyecto Onofri Wines. Mariana es sommelier y directora de vinos en The Vines y Adán es viticultor. En pareja desde hace varios años, empezaron hace relativamente poco a elaborar sus propios vinos. Algunas uvas provienen de The Vines y otras de Gral. Lavalle, al norte de la ciudad de Mendoza. Lavalle es una de las regiones más productivas de Mendoza, pero más destinada a producir vinos de volumen. Sin embargo, el proyecto de Mariana y Adán apuntó a revalorizar esa zona y esos vinos con una cuidada elaboración y trabajo del viñedo.

Mariana Onofri y Adán Giangiulio junto a sus vinos

En su constante búsqueda, hace dos años injertaron la variedad Carignan, una desconocida en nuestro país, sobre el pie de plantas de más de 40 años. El Informe Anual de Superficie 2018 del INV canta 12,8 hectáreas de Carignan y mi memoria (con la ayuda de Google) no me permitió ir más allá de dos etiquetas en el mercado local. Es una uva muy conocida en Francia, Chile y España donde se la conoce como Cariñena y se estima que es su origen.
Según Jancis Robinson, “Carignan es una curiosa uva tinta que provoca fuertes reacciones en quienes la conocen. Sin embargo, a pesar del hecho de que era la variedad de vid más común plantada en Francia, hasta que Merlot la superó a fines del siglo XX, la mayoría de los bebedores de vino nunca han oído hablar de ella”. La variedad tiene fama de ser difícil, por su tendencia a dar vinos tánicos, alta producción y ser sensible a la podredumbre. Que la hayan injertado en Lavalle es interesante, porque es una uva que gusta de climas cálidos y secos, por eso fue la estrella de los viticultores franceses en Argelia. Hoy que cada vez buscamos más las alturas y las latitudes más australes para plantar, pensar en el futuro de estas zonas es una jugada estratégica.

Parrales en Lavalle

Increíblemente al primer año de injertado la vid dio suficientes frutos como para producir unos 2000 litros que se fermentaron en bines y luego reposaron 12 meses en barricas usadas desde 2013 para que el impacto de la madera sea poco. En diálogo con Mariana me confió que los vinos de la cosecha 2019 están mejor gracias a que la planta se va afianzando cada vez más. “Hacemos los vinos lo más naturalmente posible, sin maquillajes”, dice Onofri y agrega que no buscan el estilo de gran concentración de Chile o de ciertas zonas de Francia y España, sino que prefieren cosechar temprano y realizar extracciones breves para ganar fluidez y ese estilo ameno que caracteriza sus vinos.
El Alma Gemela Carignan 2018 es un vino que se bebe fácilmente y creo que es su gran mérito. Mientras lo tomaba notaba detalles que iban y volvían, como cierta rusticidad o sabores ahumados, pero lo que más llamaba la atención era cómo el nivel de líquido en la botella bajaba. ¡Y para qué está el vino, si no es para beberlo!
Con todo, es un vino que va a ir creciendo porque tiene buena acidez y taninos. Los que lo han probado anteriormente coinciden en este detalle y personalmente voy a guardar una botella para descorchar en el verano. Ni que decir que estoy ansioso por probar el 2019.
Afortunadamente la escena del vino argentino está viviendo un momento lleno de innovación, de pequeños productores que revitalizan zonas, que prueban con variedades no tradicionales y técnicas de baja intervención, que arriesgan con estilos nuevos y viticultura sustentable. Se alejan de aquel estilo fotocopiado del que rezongaba Miguel Brascó hace 20 años y eso es lo lindo: la posibilidad de que podamos corrernos del paradigma, porque como con los buenos vinos nuestra alma gemela no viene a sumarse a nuestra zona de confort sino a hacernos ver las cosas de otra manera


Para leer más sobre este proyecto, algunas notas de blogueros amigos:


domingo, 21 de julio de 2019

#AmigosDelBolsillo: 4 vinos por menos de $300


Para acompañar esta semana del Día del Amigo, los Argentina Wine Bloggers decidimos repetir nuestra movida conjunta “Amigos del bolsillo” donde recomendamos etiquetas que disfrutamos sin desembolsar grandes sumas de dinero. Aunque hablábamos de U$S 10 como tope, preferí publicar en el rango de hasta $300 y mostrando variedad de estilos, zonas y tipos de vino.


Un blanco fresco
La Puerta Alta Torrontés 2018. Cuando los riojanos se ponen las pilas te pueden sacar los mejores Torrontés del país cómodos. Para los que gustan de nuestra cepa blanca más emblemática está La Puerta, una bodega que siempre ofrece buenos producto a precios ideales. Este vino abunda en frutas cítricas y notas de flores blancas como el azahar. Se lo siente equilibrado, agradable pero con carácter y un buen final. Es un vino muy versátil a la hora de comer (no me vengas con que los blancos son solo para piletear en verano), nosotros lo acompañamos con un pollo a las finas hierbas y un puré champ. $259


Viejas zonas, nuevos vinos
Astor’s Malbec 2018. Las uvas de este vino provienen de Alto Chapanay, departamento de San Martín, una de las zonas de mayor tradición y productividad del país, de la mano de Garvaglia Winery. Anteriormente hablé de los vinos de esta bodega (aquí y aquí), pero este tinto joven no estaba en su portfolio aún. “Es un segmento que no habíamos exploramos todavía, pero nos está yendo muy bien en Paraguay y Brazil. Pronto estará en Buenos Aires también”, me confió Sebastián Garavaglia. Se trata de un Malbec (apenas cortado con algo de Merlot) de estilo joven, sin madera: pura fruta y un estilo que invita a beber copa tras copa. $200


Malbec de Primera Zona
Cordero con piel de lobo Malbec 2018. Este Malbec proviene de viñedos de la llamada Primera Zona, la más tradicional de Mendoza: Perdriel, Luján de Cuyo y Barrancas. Es moderno, pero a la vez con esa sensación old school que le aporta la fruta madura de la zona y el breve contacto con madera que tiene una parte del vino. Si hay que caracterizarlo en breves palabras diría que es un vino de trago fácil, por lo menos en la cena familiar lo terminamos sin darnos cuenta. $260


Dulces burbujas para brindar
Deseado: cerramos esta cata imaginaria, con uno de los espumosos dulces mejor conocidos y exitosos del país. Elaborado en una sola fermentación con 100% Torrontés patagónico, conserva unos 65 gramos de azúcar por litro para el deleite de los dulceros y la acidez del nuestro sur que la equilibra. En casa es uno de esos pedidos recurrentes para el brindis y las “lady’s nights”, donde un par de botellas pueden volar fácilmente con sushi. $300

Las recomendaciones del resto de los AWB:
Argentina y sus Vinos
CazaVinos
El Vino del Mes
El Ángel del Vino

lunes, 24 de junio de 2019

Historia del Negroni: 100 años no son nada


Los cocteles clásicos de vieja escuela son inmortales y suelen combinar ingredientes simples, pero pulidos por el paso del tiempo para terminar logrando la perfección. Tienen un halo mágico y son también los que los habitués de las barras más han probado. Por eso no es raro encontrar en las redes sociales debates sobre, por ejemplo, el Martini perfecto o qué bartender hace el mejor Old Fashioned. Son cocteles con pocos ingredientes, pero donde el consumidor se pone quisquilloso hasta el punto del snobismo.
En los últimos años se dio en nuestro país un resurgimiento de la coctelería que, cruzada por la restricción de las importaciones, se apoyó mucho en los bitters y vermouths. Los tragos de la vieja escuela se vieron beneficiados y el Negroni volvió con brillo propio y como santo y seña de muchos bares.
Aparentemente el coctel fue creado en 1919 a pedido del dudoso Conde Camillo Negroni. Este hombre, habitué del Caffe Casoni tenía como trago favorito el Americano (una parte de Campari, una parte de vermouth rojo y un toque de soda), pero estaba buscando una versión más fuerte. El barman Fosco Scarselli fue quien tomó la posta y bajo las direcciones del Conde reemplazó la soda por gin. El detalle final se lo dio con una rodaja de naranja en vez del típico limón del Americano. Y nació uno de los grandes clásicos.
El Negroni gustó tanto que se popularizó rápidamente y para que se den una idea de lo que hablo, la familia fundó la Negroni Antica Distilleria en Treviso, Italia, y produjo una versión lista para consumir de la bebida, vendida como Antico Negroni 1919. Con la fama llegó la controversia (siempre pasa) y los descendientes del General Conde Pascal Olivier de Negroni pusieron en duda la versión florentina al decir que su antepasado había inventado el cóctel en 1857 en Senegal.
Dejando de lado el debate sobre su origen, para la Asociación Internacional de Bartenders el perfecto Negroni se prepara mezclando partes iguales de gin, vermouth rojo y Campari. Para ser más precisos, 30 mililitros de cada uno y adornando el vaso con una rodaja de naranja. Se sirve en un vaso corto, conocido mundialmente como vaso Old Fashioned, otro clásico del que vamos a hablar próximamente. Finalmente, dos recomendaciones: primero, está bueno tener refrescadas las bebidas para que no se derrita pronto el hielo y quede aguado (un Negroni no debería quedar aguado); segundo, usar ingredientes de calidad.
Si llegan ir a Florencia busquen el Caffè Roberto Cavalli, sobre la Via de Tornabuoni, y tómense allí un Negroni. Aunque ha cambiado el nombre, sigue siendo el lugar de nacimiento del coctel y esa es parte de la magia. Si te asalta la duda de porqué es tan perfecto algo tan simple, deberías recordar las palabras de Orson Welles: “los bitters son excelentes para tu hígado, el gin el malo es para ti. Pero se balancean entre sí”.



martes, 4 de junio de 2019

Las Perdices sale a explorar


El año pasado, la reconocida Viña Las Perdices lanzó una nueva línea de vinos bajo el nombre Exploración con la intención de adentrarse en nuevas zonas vitivinícolas. Fiel a su estilo inquieto y constantemente a la busca de nuevas variedades, arriesgaron a una línea premium subida a la tendencia de los microterroir de la que ya hablábamos en una nota anterior.
Realmente estas exploraciones son dignas de aplaudir por varias razones. Por un lado así se muestra la diversidad que tiene nuestro país. Contamos con zonas gloriosas y otras invisibilizadas detrás un blend, a la vez que pequeños sectores con grandísimo potencial terminan en vinos genéricos porque esos viñateros deben vender la uva a quién quiera comprarla. Y ni hablar de los sitios que no tienen un nombre prestigioso y que si no fuera por esta búsqueda seguirían siendo ignotos.
Por otra parte estas búsquedas muestran el respeto del enólogo y de la bodega por el lugar de origen. Decir Valle de Uco ya no nos alcanza a los consumidores inquietos y, cualquiera sea la región, generalizar bajo un amplio paraguas no le hace justicia a aquellas zonas que aportan buena cantidad de uva de alta calidad.
Finalmente, contra eso de “dejar que el terruño se exprese” o la baja intervención, creo que estas nuevas búsquedas requieren un trabajo a conciencia del equipo técnico de las bodegas. Llegar a demostrar qué es Gualtallary, Molinos o Chapadmalal requiere una experiencia acumulada de años de labor, observación, prueba y error. Porque cosechar en San Juan a principios del año no es lo mismo que esperar hasta marzo; ralear una vid, regar por goteo o usar un clon determinado también influye en el producto final; entonces, lograr la “expresión” de un lugar es también una búsqueda.
El año pasado Viña Las Perdices decidió salir de su zona de confort e ir más allá de los límites de Agrelo. Reconocer, potenciar e investigar nuevas zonas y estilos es un poco su búsqueda, por ahora centrada en un blanco y el consabido Malbec, pero ya se rumorean nuevas cepas.
“En el comienzo vimos que habían productores, o pequeños minifundios, que estaban un poco relegados porque le entregaban las uvas a las grandes bodegas y tenían algunos inconvenientes para el cobro, manejo y traslado de la uva. Entonces vimos una muy buena posibilidad de contactarlos y ofrecerles recibir la uva en la zona. Así fue que decidimos alquilar una bodega en el centro de La Consulta, donde logramos optimizar toda la logística del proceso, es decir: cosecha y trasporte. Estos pequeños minifundios tienden a desaparecer porque les cuesta mucho competir con los grandes viñedos o con producciones más eficientes. Son viñedos que tienen varios años, la calidad es inigualable, son muy equilibrados y era interesante empezar a vinificar esa uva”, afirma el Ing. Fernando Losilla, quien está a cargo de la parte enológica de este proyecto.


Afortunadamente pude probar los vinos en varias oportunidades y así tener una mirada más completa de ellos. En el más de medio año que tienen en la calle han ido evolucionando y transformándose de forma muy satisfactoria.
Si empezamos por el blanco, debemos decir que la exploración salió de los límites nacionales. El Exploración Casablanca Sauvignon Blanc 2018 surgió de las ganas de la bodega de traer uno de los prestigiosos Sauvignon Blanc chilenos a nuestro país. Lamentablemente en 2016 por el clima y en 2017 por la cantidad de producción no pudo ser posible, pero en 2018 todas las condiciones se dieron y parece que el acuerdo con el productor trasandino se sostendrá con los años. Estamos ante un blanco que se aleja un poco del consabido estilo de Casablanca, yendo en este caso más para los aromas a espárragos, hoja de tomate y piedra mojada. Se lo siente redondo, algo untuoso y con una acidez moderada que le da balance. Lo probamos con sushi y la salsa de soja despertó un poco la acidez del vino, cosa que no jodió para nada; también con una entrada de pulpo y espárragos en Anchoíta y el maridaje fue una cosa increíble.


Los tintos lanzados en esta oportunidad tienen una crianza de 12 meses en barricas francesas y americanas de primer y segundo uso, fiel al estilo de la bodega, pero sin querer perder la expresión de fruta característica de los lugares elegidos. Exploración Paraje Altamira Malbec 2016 muestra lo indómito de la zona, con un vino austero, lineal, mineral y de cuerpo medio. La fruta roja se mantiene al frente y hay toques florales y hasta de jarilla. Lo probamos con carnes rojas y va bien; en una segunda oportunidad arriesgamos un sushi dada su acidez vibrante y realmente nos sorprendió.
Del Altamira también está en góndolas la añada 2017 (parece que la 2016 voló) y hay que señalar que se lo nota un poco más redondeado, con menos austeridad. Ese es más para las carnes rojas, por ejemplo.


En un lugar más amigable se encuentra el Exploración La Consulta Malbec 2017. Cómo dije en Malbec World Day, es el estilo que me enamoró cuando empecé a interiorizarme en el mundo del vino: violetas, frutos rojos maduros, toques de crianza. De esos vinos que llenan la boca con taninos redondeados y amables. Es claramente el más “Las Perdices” de los tres y con un buen asado la rompe.

Me ha gustado mucho la línea Exploración y espero con ansias cuáles serán las próximas búsquedas. Creo que son una interesante apuesta para sorprender en una cena en casa, porque ninguno de los tres pasará desapercibido. Y, al margen de los vinos, me gusta que una bodega se corra de su zona de confort y explore (lo que sea), porque en esas exploraciones hay mucho de aprendizaje. Y es divertido.



viernes, 19 de abril de 2019

Trivento Gaudeo: el disfrute de conocer el terruño

El Premio Nobel de Medicina Albert Szent-Györgyi dijo alguna vez que “investigar es ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar lo que nadie más ha pensado”, o sea develar lo que está al alcance de todos, pero pasa desapercibido ante nuestra mirada. En el vertiginoso mundo de la enología argentina y su incansable búsqueda por mostrar nuestro potencial y diversidad, en los últimos años surgió la tendencia de sacar líneas de vinos que exploren terruños (o microterruños) y que se ajusta bastante a lo expresado por Szent-Györgyi. “Antes en el Valle de Uco se cosechaba todo junto, como una sola cosa” prácticamente al ritmo de la logística, asegura Germán Di Césare, enólogo de Trivento que ahora se suma a estas exploraciones con la nueva línea Gaudeo.


Hace días nomás, pude probar los tres Malbec de Valle de Uco que actualmente integran la línea Gaudeo. Su nombre hace referencia a la palabra latina Gaudere, que significa alegrarse, disfrutar, gustar. “Nosotros disfrutamos recorrer y aprender de los lugares que recorremos”, dice el enólogo Germán Di Césare quien explica que a diferencia de lo que sucedía antes, se busca cosechar en el momento justo de cada lugar. Si bien, por ahora son solo tres vinos, nos anticiparon que la exploración de zonas se profundizará en un futuro cercano, mientras que hoy se explora en terruños bien conocidos por Trivento. La idea es buscar que hablen más las zonas que los varietales.


El primer vino que catamos fue el Trivento Gaudeo Paraje Altamira 2015, un tinto elegante y con una agradable textura al paladar. Sus aromas son expresivos y algo maduros, donde prevalece la fruta negra, las aceitunas negras, el tabaco y lo floral. Se lo siente fresco y vivaz con una textura que es su identidad y que perdura en la boca. Una muy agradable expresión de Altamira.
Con el Trivento Gaudeo Tupungato 2015 llegamos a las alturas de Gualtallary, una zona que tiene fue registrada como marca y no puede usarse (sí, cualquiera). Es un vino más tímido y austero que el de Altamira, donde predomina la fruta y las notas de crianza. La acidez, la mineralidad y lo jugoso es lo que el enólogo quiere rescatar de esta zona a 1300 msnm. Con todo, creo que es una visión sosegada, aunque nada despreciable, de Gualtallary y Germán aseguró que busca que las nuevas añadas sean más jugadas.
La escalada en alturas llegó a su punto máximo con el Trivento Gaudeo Tunuyán 2015, proveniente de San Pablo, a 1450 msnm. Este vino es la austeridad misma, con acidez y estructuras marcadas. Hay mucha concentración, típica de las pieles gruesas que se consiguen en San Pablo. Da la impresión de provenir de un lugar más salvaje, con una frutita que aparece luego de un rato en copa. “Es un vino tensionado”, cierra Di Césare.
Los tres vinos me gustaron mucho y están a un mismo nivel. En el día de la cata me incliné más por el de Tunuyán, una aplanadora, aunque a la hora del refill y pensando en acompañar algo para comer opté por Paraje Altamira. En ese sentido me parecen tres zonas con tres estilos diferentes y que pueden pensarse para ocasiones y consumidores diversos. Puestos uno junto a otro, sé cuál le gustará al que prefiera vinos complejos, cuál al que prefiera la acidez y cuál al que quiere algo más extremo. Hay vino para todos los paladares, esa es la gracia de nuestros terruños.

Germán Di Césare


miércoles, 17 de abril de 2019

Infografía: Malbec

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martes, 16 de abril de 2019

#AWBDescorcha Malbec de extrema altura

Cuando una vez más todos los Argentina Wine Bloggers nos propusimos la tarea conjunta de recomendar Malbec para conmemorar su día, la duda me invadió como siempre. Hay tanto Malbec y tan bueno que uno no sabe por dónde empezar. ¿Qué recomiendo, lo top de lo top? ¿lo que está al alcance de buena parte de los consumidores? ¿lo que compro añada tras añada con confianza? ¿los últimos lanzamientos? Pensalo, es como que un extranjero te pare en la calle y te pida que le recomiendes un par, ¿vas a lo seguro o das opciones de estilo, precio, bodega, etc? Las dudas existenciales (?) del recomendador de vinos son variopintas.
Por eso esta vez me decanté por dos Malbec que me volvieron loco en los últimos tiempos. Coincidentemente combinan uvas de diferentes terruños de extrema altura calchaquí, un terruño (si se puede hablar de uno y no de cientos en el NOA) que viene dando qué hablar, sorprendiendo con la nueva cara que muestra desde hace unos años a esta parte. El boom del Malbec tiene gran carga de ADN salteño así que no es de extrañar que sigan haciendo historia con vinos que siempre le dan una vuelta de tuerca más.


Cola de Zorro Malbec 2018. Este tinto es un blend de diferentes Malbecs de la zona alta del valle calchaquí salteño, son en total tres vinos que se elaboran por separado y antes de embotellar se decide el porcentaje y corte final. “La idea del proyecto es mostrar en esa etiqueta el potencial de la variedad en diferentes zonas del valle” dice el Álvaro Dávalos, un joven enólogo perteneciente a uno de los apellidos más vínicos de Salta. Las uvas provienen mayoritariamente de Angastaco a 2400 msnm, “de donde creo que sale toda la potencia y la estructura”, aclara Álvaro; Seclantás, un pequeño viñedo al fondo de una quebrada a 2100 msnm “que nos da todo el aporte de fruta y la frescura”; y finalmente una porción de Molinos, a 2500 msnm, que aporta “la fruta madura y los toques especiados”.
Su etiqueta juega entre la planta conocida como Cola de Zorro y la figura del animal, dos típicos habitantes de la extrema altura salteña, con un aire moderno y divertido. Se trata de un vino potente, que te lleva puesto y muestra un Malbec desnudo, sin madera, con todo el ímpetu de estos terruños. Es pura fruta y estructura, más concentrado que 2017 y, a mi entender, con mucho por delante para crecer y ser una añada memorable. Me guardé una botella para probar dentro de dos años y no sé si podré aguantarme las ganas.


Sunal Ilógico Malbec 2017. Luego de vinificar en Italia, Agustín Lanús volvió con la idea clara de explorar aquellas zonas extremas y poco consideradas de nuestro país. Su amor se volcó especialmente hacia el norte donde se conjuga gran potencial general, poca exploración y zonas de difícil acceso. “Es realmente ilógico producir vinos en esos lugares, no tiene lógica desde el punto de vista económico, de logística, de trabajo enológico y un montón de otros factores, de allí el nombre”, me indica el enólogo que no deja de entusiasmarse/nos cada vez que describe esos rinconcitos cuya uva muchas veces no tenía los mejores destinos.
Para el Sunal Ilógico combinó tres terruños de los Valles Calchaquíes que para él “son los de mayor potencialidad enológica del Valle”. Por un lado está Angastaco (2400 msnm), Salta, que aporta el cuerpo, color, largor y medio de boca más muchos de los aromas que impactan primero; los suelos pedregosos y salinos de Amaicha (2200 msnm), Tucumán, aportan la textura de tiza; finalmente Hualfín (2100 msnm), Catamarca, aporta la acidez natural necesaria para balancear tanta potencia. A este equilibrado blend de Malbecs se le da luego una crianza de repartida entre barricas sin tostar y huevos de concreto de unos 15 meses.
Cuando lo probé la primera impresión que tuve es la de que estaba ante un vino “rico”(por más genérico que pueda sonar esto), agradable, sabroso, con la potencia justa y mucha fruta.  Me sedujeron todo su abanico de aromas, entre frutales, aceituna negra, romero y sutiles notas ahumadas. Lo sentí redondeado, pero vigoroso y que llena la boca. Un gran vino, a un precio ilógico por todo lo que aporta.




lunes, 15 de abril de 2019

Malbec, la historia sin fin


El Malbec, como muchísimas otras cepas, tiene origen francés. Según quienes investigaron su historia, en Europa recibió hasta un millar de nombres dependiendo de la zona de cultivo, pero el más famoso fue el de Côt, en Cahors. Tuvo su mayor auge entre los siglos XII y XIV cuando los reyes y papas lo elegían para engalanar sus mesas y su exportación representaba el 50% de los vinos que salían del puerto de Bordeaux. Entre el surgimiento de nuevas zonas, la epidemia de filoxera (una plaga que se comió la mayoría de los viñedos europeos) del siglo XIX y la gigantesca helada de 1956, el Malbec venía en picada y cedía su terreno a otras cepas más valoradas. Su futuro era oscuro como los vinos que dan sus uvas hasta que en los 90 reapareció ante el mundo de la mano de los vinos argentinos y reescribió la historia.


Aquí debemos hacer una pausa, porque la historia del Malbec en nuestro país empieza mucho antes y se emparenta con la del vino chileno. El Malbec llegó a Chile en 1841, introducido por un grupo de franceses que contaban con el apoyo de las clases gobernantes. Había un interés creciente por Francia y por trabajar con cepas de calidad. “El espacio más importante de este proceso fue la Quinta Normal de Santiago. Fundada en 1841 por iniciativa del exiliado argentino Domingo Faustino Sarmiento, su nombre se inspiraba en la Escuela Normal de París, donde se cultivaban distintas plantas, particularmente vides. La Quinta Normal de Santiago operó como una estación experimental, en el sentido de introducir nuevas especies y variedades de plantas europeas, adaptarlas a los suelos y climas americanos, y luego difundirlas en la región para mejorar la producción agrícola y agroindustrial”, explica el historiador Pablo Lacoste en su artículo Historia del Malbec.
Una vez vuelto de su exilio, Sarmiento funda la Quinta Normal de Mendoza con similares intensiones. El proyecto se presentó ante la Legislatura Provincial mendocina el 17 de abril de 1853 y se aprobó rápidamente, quedando a cargo de la Quinta Agronómica de Mendoza el francés Michel Aimé Pouget. Según William Beezley en La senda del Malbec, Pouget se trajo “una gran carga de plantas y semillas que incluía cepas de varios tipos, como por ejemplo, Cabernet Sauvignon y Pinot Noir; una de ellas era la uva Malbec”.


La cepa se adaptó muy bien al clima y suelo de nuestro país, especialmente en Mendoza donde los viñateros la adoptaron y comenzaron a llamarla “uva francesa” o “la francesa” a secas. Para darse una idea de la popularidad de la cepa (principalmente para los que siguen creyendo que es una moda contemporánea) bastan los números: en 1944 había implantadas 49000 hectáreas de Malbec; en 1966, 57690 hectáreas y en 1974, 50000.
En la década del 80 se produce una gran crisis para el Malbec y la vitivinicultura argentina en general. “Lamentablemente, y al amparo de beneficios impositivos, se comenzaron a implantar variedades criollas de mucho rendimiento y de baja calidad enológica que dejó en desventaja a este cepaje de rendimientos limitados cuya consecuencia fue un importante porcentaje de erradicación”, explican Carlos Catania y Silvia Avagnina. En 1990 solo quedaban 10.400 hectáreas de Malbec y en 1996 se registró el pico más bajo con 9.700 hectáreas implantadas en todo el país. Afortunadamente, en forma paralela se estaba gestando una revolución de la mano un puñado de enólogos que querían modernizar la industria y hacer un producto de calidad.
“En 1980, mi padre ya tenía conciencia plena de que el vino en la Argentina se estaba transformando en una commodity y que, como tal, la competencia con otras bebidas que ganaban popularidad se limitaría a una cuestión de precio”, comenta Laura Catena en su libro Vino argentino y agrega que, tras conocer el famoso Juicio de París (donde los vinos norteamericanos vencen a los franceses en una cata a ciegas), se obsesionó con lograr un vino de calidad mundial. A principios de la década de 1990 Nicolás Catena empezó a trabajar fuerte en ese sentido y no era el único. “El proceso empezó con la llegada de Jess Jackson en la década de 1990”, continúa Laura Catena, “después lo hizo el mundialmente famoso Michel Rolland y luego fue el turno de los italianos (Antonini, Pagli, Cipresso), los otros franceses, los españoles y los chilenos, que llegaron a fines de esa década, con posterioridad a la crisis financiera de 2001. De un listado de bodegas publicado en The Wine Advocate en 2009, el 45% de los establecimientos ubicados en la Argentina pertenecía a extranjeros o tenía un asesor enólogo extranjero”. Los enólogos argentinos empezaron a trabajar a la par de los flying winemakers y encontraron el apoyo de las bodegas para desarrollar sus conocimientos y capacidades. Lejos parecían ir quedando los vinos de baja calidad y las hectáreas de Malbec crecían año a año hasta llegar a las 43.000 actuales.


A partir de 2002, con la devaluación de nuestra moneda, se produce el gran despegue del Malbec. Consumidores de todo el mundo acceden a un vino de clase mundial a un precio conveniente para ellos. Los críticos empiezan a mirar con más atención el fenómeno y ratifican lo que los consumidores ya sabían: que el Malbec argentino era muy bueno.
Lentamente nuestra cepa de bandera fue creciendo en prestigio y adaptándose a diversos estilos. Se fue pasando del “Malbec fotocopia”, como lo llamaba Miguel Brascó, a la búsqueda de la identidad del terruño. Cada día parece surgir una nueva búsqueda, alguna más que interesante, demostrando que este varietal todavía tiene mucho que decir en nuestro país. Lejos de ya haber encontrado su techo y su estilo definitivo, el Malbec escribe su historia interminable minuto a minuto.

Bibliografía:
Beezley, William. La senda del Malbec: la cepa emblemática de Argentina. En: Universum 20, 2, 2005
Catena, Laura. Vino argentino.  Buenos Aires: Catapulta, 2011



jueves, 11 de abril de 2019

Área Metropolitana de Mendoza: el paisaje patrimonial agro-vitivinícola

La siguiente nota es un trabajo de divulgación científica del CONICET Mendoza que me pareció interesante poder compartir con ustedes.  Se pidió autorización expresa para replicarlo en el blog.

Por Lorena Manzini Marchesi - Equipo Historia y Conservación Patrimonial, INCIHUSA-CONICET

El paisaje agrícola – vitivinícola del Área Metropolitana de Mendoza (AMM) en el Oasis Norte de Mendoza, es una manifestación de una realidad dinámica, de naturaleza geográfica e histórica, resultado de un proceso en el tiempo, cultural y evolutivo, que involucra tanto al pasado que determinó su estado presente como a las tendencias que condicionan su futuro. El mismo es percibido por las poblaciones y articula el territorio con el patrimonio cultural, lo que permite una lectura integrada, tanto de los bienes como del territorio que los contiene y significa.
Este paisaje, como la calidad del vino producida en sus tierras en la actualidad, es reconocido nacional e internacionalmente en los mercados económicos, turísticos y culturales. A ello se le suma que el paisaje, como un bien cultural, es un recurso escaso y no renovable disponible como un capital de la sociedad. Las relaciones significativas del paisaje agrícola-vitivinícola y sus elementos constitutivos son comprendidos como un sistema patrimonial en tensión y en estrecha relación al paisaje provincial y regional.
Si bien el paisaje integra todas las etapas históricas en un todo observable, el estudio en el tiempo sobre sus cambios permite detectar capas históricas en su conformación. Los elementos patrimoniales del paisaje son: edificios, sitios, ejes y áreas de valor histórico; de ellos se destacan tipologías patrimoniales como la: molinera; vitivinícola; habitacional; ferroviaria; del agua; caminera; urbano - poblados; del petróleo; arqueológico; espacios verdes, entre otros. Del estudio realizado las capas temporales detectadas son:


A. Período capa del paisaje agro - vitivinícola proto-industrial (1850 – 1885):
En este período se produjo la transición del modelo productivo ganadero- molinero al vitivinícola capitalista decimonónico. El espacio agrícola puede integrar testimonios de diversas actividades productivas como la producción de vino, forraje, harinas, el ganado. El espacio agrícola se organiza de una forma introvertida alrededor de un espacio central. Los elementos de mayor jerarquía son la casa familiar y el oratorio. Las haciendas fueron hitos en el territorio que contribuyeron a su expansión y consolidación.


B. Período capa del paisaje agro - vitivinícola de la industrialización (1885 – 1930):
Comprende un momento de intenso crecimiento de la actividad vitivinícola, que se desarrolla entre 1885 y 1930 de una fuerte impronta industrial positivista. Éste adquirió una organización racional geométrica y eficiente, inspirada por una idea de progreso transformador propio de la modernidad al servicio de la producción industrial y el transporte. Los elementos principales son: redes de infraestructura, la red de riego es una matriz que cubre el territorio y que está vinculada a los caminos, y a la trama interna de los paños de vides. Los caminos y las calles y sus árboles que forman túneles. Los límites de las propiedades con arboledas, que forman barreras protectoras del viento. Los edificios en general se encuentran próximos al camino. Los establecimientos vitivinícolas se convirtieron en núcleos generadores de pequeños pueblos en su entorno. Las bodegas se convirtieron en edificios monumentales que cubren una amplia gama de estilos, de tipos y de materiales: fachadas italianas, de ladrillo visto y de proporciones clásicas, los estilos modernistas, pintorescos, neocoloniales y finalmente los racionalistas.


C. Período capa del paisaje agro - vitivinícola de la expansión industrial (1930 –1990):
Sentó las bases sobre las que se desarrollaron las características del período vitivinícola de la expansión industrial (1930 – 1990). La diferencia fundamental radicaba en que las características generales se manifiestan en el crecimiento de los establecimientos ya fundados; en la incorporación de grandes tanques externos a los cuerpos productivos que consolidaron la producción de masa; en el cambio de los estilos en las fachadas de las bodegas; en la incorporación de los edificios de administración; en la ausencia de casas patronales en las nuevas bodegas; en la consolidación de los poblados obreros cercanos a los establecimientos, y en las viviendas rurales para los trabajadores encargados de las viñas.


D. Período capa del paisaje agro - vitivinícola de la 2da modernización (desde 1990 hasta la actualidad):
A partir de la última década del siglo XX, se desarrolla una nueva etapa de modernización de la producción vitivinícola con una orientación hacia vinos de gran calidad, que apuntan al mercado nacional e internacional y exaltan la identidad territorial y la producción varietal, para ello fueron buscados terrenos a mayor altura, a fin de tener una mejor calidad de vino. Las bodegas se encuentran alejadas de los caminos de circulación y están rodeadas de paños de viñedos. La vista de la cordillera es un elemento mucho más importante, por la altitud y la ausencia de construcciones. Los viñedos y los edificios responden a nuevas demandas de calidad en elaboración del vino y de la sostenibilidad en la conservación medioambiental. Las bodegas son resueltas en una estética completamente moderna, alejada de modelos históricos.


E. Período capa del paisaje agro - vitivinícola de la metropolización (desde 1990 hasta la actualidad):
Este paisaje es producto del crecimiento de las ciudades cabecera, que van avanzando sobre los terrenos agrícolas. Se ha efectuado una transición de una morfología compacta tradicional a una estructura espacial discontinua, generando cambios en la localización de las actividades y usos del suelo. Conviven características de los períodos anteriores con la introducción de nuevos usos del suelo como el de barrios privados entre los cultivos, sumado a la presencia tanto de bodegas antiguas, como de las nuevas tipologías de bodegas construidas en suelos agrícolas pretéritos.

En conclusión, consideramos que el reconocimiento por la comunidad de las características distintivas patrimoniales del paisaje contribuye a su valoración como recurso y testimonio de nuestro legado cultural, que nos identifica contribuyendo de esta manera a su protección.






martes, 9 de abril de 2019

5 propuestas de enoturismo para Semana Santa

Se acercan los feriados de Semana Santa y los destinos vitivinícolas son una gran opción por varias razones.  Hay diversidad de propuestas, el turismo tiene una atención privilegiada, todavía hay trabajo para ver en las bodegas, el clima acompaña y si sabemos buscar hay posibilidades que se ajustan a todos los presupuestos.
En nuestro país hay más de 200 bodegas abiertas al enoturismo de diversas formas y la tendencia va en alza.  Entre tantas opciones, hice un pequeño recorte con propuestas que me llegaron y me parecieron interesantes.  Hay propuestas lujosas como la del Rosell Boher Lodge, distendidas y románticas como la de Séptima, o gourmet como la de Finca Quara.  Cada una se ajusta a un presupuesto diferente y trata de cubrir buena parte del mapa del vino argentino.


Rosell Boher Lodge: descanso de lujo con burbujas
Con su emprendimiento Rosell Boher supo ganar en 2017 el premio al Mejor Alojamiento de Vinos y en 2019 el premio al Mejor Desarrollo Arquitéctónico en el concurso Best of Wine Capitals y para esta Semana Santa trae dos propuestas especiales para conocerlo.
Rodeado de 40 hectáreas de viñedos propios en Alto Agrelo, el Rosell Boher Lodge Cuenta hoy con un guest-house de 3 habitaciones, 3 Casas de Viñas con su propio hogar, jacuzzi y fogón individual en cada terraza y 8 a punto de inaugurarse. El lugar incluye circuitos para trekking, running, bicicletas, cabalgatas, spa y propuestas de degustación en un clima íntimo y con los detalles cuidados al máximo.
Punto imperdible: la cava subterránea con 25000 botellas.
La propuesta para dos personas incluye tres noches de alojamiento con desayuno, en una de las Casas de Viñas, copa de bienvenida, un almuerzo de seis pasos especialmente pensado para estas fechas, cabalgata por los viñedos y masaje desintoxicante con aceite de pepitas de uvas y olivas, o una clase de yoga y meditación.
Pero además, quienes no se alojen en el Lodge, durante los días 18, 19 y 20 de abril, tendrán a disposición un menú de seis pasos maridados con productos de la bodega, especialmente diseñado por el Chef Ejecutivo, Lucas Olcese. Para el domingo, el cierre de lujo es un gran asado a la llama.
Contacto y más información: https://www.rosellboherlodge.com/es-es


Alfredo Roca: arte y vinos
En San Rafael la propuesta de esta emblemática bodega viene de la mano del arte. Durante abril tendrá lugar la exposición de la obra de la artista plástica Cecilia Fonzalida en el espacio de arte de la Bodega Alfredo Roca, de lunes a viernes hábiles con visitas por bodega y viñedo que se inician a las 8, 9, 10, 11, 12, 13:30, 14:30 y 15:30 hs.
Tanto la degustación como la visita al viñedo y a la bodega son con cargo y para la visita al viñedo se requiere además reserva previa, así que organicen con tiempo.
Durante la próxima Semana Santa la bodega contará además con horarios especiales de visitas guiadas:
Jueves 18 de abril: 8, 9, 10, 11, 12, 13:30, 14:30 y 15:30 hs
Viernes 19 de abril: 10:00, 11:00, 12:00 y 13:00 hs
Sábado 20 de abril : 10:00, 11:00, 12:00 y 13:00 hs
Asimismo el viernes 19 de abril , a las 15 hs, dentro del ciclo Música Clásica por los Caminos del Vino, se podrá disfrutar de la interpretación de los artistas del ensamble "Viva la Lírica" en las instalaciones de la bodega. El par de entradas se canjean por una caja de leche en polvo de 800 gr. o su equivalente.
Contacto y más información: http://www.rocawines.com/es/visitas


Finca Quara: más de una experiencia en el NOA
Si tu elección de Semana Santa es el norte, Finca Quara te espera para disfrutar de sus Experiencias Finca Quara. Algunas de ellas son sin cargo como la visita guiada a la bodega que incluye recorrido por los viñedos, visita a la bodega, degustación de dos vinos y guía durante todo el recorrido. Dura 30 minutos y no requiere reserva previa. Otra opción sin cargo, pero que requiere reserva previa es la experiencia La magia del sabor: Malbec + Cacao. Con los vinos de la línea Alpaca y Quara Reserva se busca jugar con el maridaje de una selección de chocolates.
Para quienes busquen una actividad más intensa, hay opciones aranceladas y que requieren una reserva previa de al menos 48 horas, pero que son muy interesantes:
Cata privada en la cava: degustación de las líneas de vinos de alta gama acompañados por quesos y frutos secos. Tiene una duración de 1 hora e incluye visita guiada a la bodega
Experiencias eno-gastronómicas: a la visita a la bodega se suma una propuesta de cocina salteña con vista a las montañas. Hay tres opciones: Picoteo salteño; Terroir, con sabores norteños; y Criollo, donde se maridan carnes y vinos.
Contacto y más información: turismo@fincaquara.com


Bodega Suter: recorrido por una bodega tradicional
Una buena opción para quienes visiten San Rafael y quieran meterse en las raíces de la viticultura argentina es ir a conocer la clásica Bodega Suter.
Los asistentes pueden recorrer la zona de molienda y el área de fermentación, además de las cavas subterráneas en las cuales se almacena la colección de vinos y espumantes históricos de la bodega. El recorrido finaliza con la degustación de vinos en el hall principal del Centro de Visitas; el cual, luego del proceso de renovación; brinda a los visitantes un espacio de calidez extrema para disfrutar del universo del vino.
Horarios de Visita
Lunes a viernes: De 9:30 a 19:00 hs.
Sábados y Feriados: De 9:30 a 17:00 hs.
Dato importante: las visitas guiadas son gratuitas y la bodega queda apenas afuera de la ciudad.
Contacto y más información: www.bodegasuter.com.ar


Bodega Séptima: disfrutar de una tarde increíble
Bodega Séptima continúa con su ciclo Atardeceres en Semana Santa. Es una propuesta distendida y singular, disfrutando del atardecer mendocino junto a una esmerada propuesta gastronómica, DJ en vivo y buenos vinos.
El tapeo incluye minichurros, chorizo con muzzarella, cazuela de filet y crema de papas, miniburger de cordero, más delicias dulces. Una experiencia total que se completa con los vinos María Codorníu Rosat, Confiado Pinot Noir Blanco y Séptima Obra Cabernet Sauvignon.
Hay que estar atentos porque este disfrute para todos los sentidos no ocurre todos los días. La próxima fecha es el viernes 19 de abril a partir de las 19 horas.
Contacto y más información: septimaturismo@codorniu.com o redes sociales de la bodega.


viernes, 5 de abril de 2019

Las cartas de Familia Zaina


La familia Zaina se encuentra establecida en Villa Seca desde hace muchos años. Sus raíces se mezclan con la de nombres icónicos de nuestra vitivinicultura como Gargantini o Furlotti, sin embargo recién en 2014 se animaron a vinificar comercialmente y poco a poco van creciendo. De las 35 hectáreas que poseen en el mencionado paraje del Valle de Uco solo ocho se destinan a la elaboración de sus vinos. Son unos pocos litros que tímidamente, pero con pasión, van saliendo a la luz.
La idea es ir dando pasos seguros y concientes de que deben mostrar calidad, sin perder el toque artesanal. “Afortunadamente la gente busca cada vez más este tipo de vinos artesanales, muy diferenciados” dijo Federico Zaina y recalca que son artesanales, no por el tipo de vino en sí sino por el volumen producido (hasta 12.000 litros para la categoría según el INV) y por el cuidado en los detalles y el trabajo familiar que hay atrás. Quizá por eso apuestan a los blends, aunque un año tengan que resignar una etiqueta para que salga una nueva propuesta superadora.


De la mano Andy Barquin, su distribuidora en Buenos Aires, pude probar los vinos de Familia Zaina y tener una impresión más cercana de la búsqueda. Cada vino toma su nombre y concepto de las cartas del Tarot y la significación enraíza con momentos particulares que se vivieron en la bodega o la vendimia.  Veamos un pequeño repaso de lo bebido (seguro algo vas a querer probar):

El Mago 2018. Este Sauvignon Blanc de Villa Seca está elaborado según la bodega “a la antigua”, con un prensado suave, luego de 10 horas de horas sobre lías. Tiene un perfil encantadoramente cítrico, con toques de durazno y una acidez filosa. Que ya esté agotado dice más de este vino que cualquier descripción esmerada. Hace magia.
Los enamorados 2016. Este blend (como corresponde a cualquier enamorado) fue elaborado con un 55% de Malbec y un 45% de Merlot, que tuvieron una crianza de 10 meses en barricas de segundo uso. Si bien no buscaron un perfil de roble nuevo, los aromas de la barrica se perciben claramente acompañando la fruta. Disfruté especialmente el reconocer el perfil que adquiere el Merlot con crianza y los taninos del Malbec. Para una cena romántica, obvio.
El Ermitaño 2016. Reza la contraetiqueta que este vino “se recluyó pacientemente del mundo en barricas de roble por un largo período, reposando en silencio”. Su larga crianza de 14 meses en barricas francesas y americanas dieron a este corte de 70% Malbec y 30% Cabernet Franc un estilo austero, estructurado y con complejos aromas de tabaco y ciruelas. Ideal para quienes gustan de un estilo con crianza, guardar botellas o permanecer largo rato con sus copas.
El Loco 2018. Con solo ocho meses de crianza en barricas, este complejo corte de Malbec, Merlot y Ancellota es el más juvenil de los tintos de Familia Zaina. Claramente es el más frutado y joven, pero goza del vigor que aporta la Ancellota. Un apto para todo público, de perfil moderno y versátil con las comidas.
La Templanza 2014. La templanza es el momento de equilibrio logrado con el tiempo y la reflexión. Así, tras largos 24 meses de crianza en barricas francesas de segundo uso, llegaron al vino que representa ese estado de madurez de la bodega. Cinco varietales distintos se combinaron y criaron juntos en estas barricas para lograr un corte con gran complejidad de aromas: hierbas, flores secas, tabaco. Pero sobre todo hay un balance logrado que se siente al beberlo.
La Templanza 2015. Esta era una muestra de bodega de la nueva añada, todavía sin etiquetar y con un buen camino por delante para crecer y estar a la altura del 2014. Si el anterior era austero y redondeado, este se percibe lineal y estructurado. Hay que esperarlo.

Me resultó muy interesante el concepto de la bodega de hacer todos vinos distintos y no ir subiendo en la escala de joven, reserva, gran reserva… que solo termina siendo crianzas más largas en barrica, como si ese fuera el leit motiv de la vinificación. En ese sentido, presentan un portfolio bien variado: un blanco, un tinto joven, otros más estructurados y un “ícono” redondeado y complejo con lo mejor que tienen.
Cada consumidor sabrá encontrar la etiqueta que se ajusta a su estilo o el momento de descorche que elija; personalmente, mis favoritos fueron La Templanza 2014, El Loco 2018El Mago 2018.