martes, 31 de diciembre de 2019

##AWBdescorcha 9 recomendados entre $350 y $1200 para el 31 (y otros tantos brindis)

Los Argentina Wine Bloggers no queríamos terminar el año sin algunos recomendados para brindar en las Fiestas. Uno a uno los blogueros argentinos fuimos tirando nuestros elegidos y casi sobre la campana llegó el turno de los míos. No creo que tengas tiempo de correr a la vinoteca, pero un diciembre cargado de albañiles, responsabilidades y otras excusas me hicieron llegar un poco tarde. Igualmente, las recomendaciones valen para todo el año 😉


Opción 1 (vinos $350 a $500)
Blanco: Goyenechea Centenerario Sauvignon Blanc 2018 ($360)
Si hay algo que buscamos en los blancos jóvenes es tipicidad, vivacidad y fruta. El Sauvignon Blanc de la línea Centenario de Goyenechea conjuga todo eso con un muy buen precio y disponibilidad. Está un poco más arriba que sus entry level y el salto de calidad es notorio. Para la pileta y los platos livianos de un verano que promete ser sofocante.

Tinto: Chakana Estate Malbec Orgánico de Finca los Cedros 2018 ($450)
Esta fue una de las grandes sorpresas que me llevé en 2019. Chakana es una bodega que sigo de cerca y está sacando unos tintos tremendos, sumando al diferencial de lo orgánico y la sensación de lugar, lo rico. En este caso Altamira gana presencia en cada copa y se expresa en texturas, sabor a uva y unos aromas cautivantes. Tiene suficiente personalidad para plantársele a cualquier tinto de este precio.

Burbujas: Deseado Extra Brut ($463)
El espumoso Deseado debe ser una de las etiquetas más vendidas de Argentina, posicionado fuertemente entre las burbujas dulces. Sin embargo, hace muy poco Familia Schroeder lanzó su nueva versión Extra Brut con solo 10,9 gramos de azúcar por litro, muy lejos del estilo de su antecesor. Como todos los espumosos de la bodega, tiene burbujas y sensaciones agradables, más la frescura de la fruta patagónica. Para sorprender a quienes ya conocen la etiqueta y a aquellos que prefieren los vinos más secos.


Opción 2 (vinos de $500 a $1000)
Blanco: Norton Altura White Blend 2018 ($858)
Desde que David Bonomi llegó a Norton, la bodega no para de sorprenderme con sus novedades y un cambio de estilo que la modernizó sin perder su identindad. En este caso, estamos ante un corte blanco 50% Sauvignon Blanc, 30% Semillón y 20% Grüner Veltliner de viñedos a más de 1300 metros en el Valle de Uco sin más crianza que la botella misma. Sus aromas tienden a lo cítrico y destaca por combinar frescura, volumen y persistencia. Un gran blanco que promete ganar también con la guarda.

Tinto: Develado Syrah-Garnacha 2019 ($600)
Este año, la joven bodega Solo Contigo Wines se corrió de su estilo de Malbecs con crianza para lanzar unos novedosos blends sin madera. El Syrah-Garnacha es una cofermentación de estas dos cepas, logrando una explosión de fruta en la copa con las complejidades del Syrah.
Toda la tomabilidad y expresión de fruta que logra Los Chacayes en un tinto para paladares cansados que buscan salirse de lo habitual.

Burbujas: Osadía de Crear Brut Nature ($826)
Osadía de Crear es el reconocido restaurante que fundó Ana Lovaglio Balbo en Susana Balbo Wines en 2013 y que cuenta con la asesoría del prestigioso chef Hernán Giponni. Además de los vinos de la bodega, el restó ofrece algunas etiquetas especiales que solo se consiguen allí o en su flamante tienda online. El primer vino que sacaron fue el Osadía de Crear Brut Nature, un delicado espumoso 100% Pinot Noir, lleno de aromas de frutos rojos, buena burbuja y largo final. Su poca cantidad de azúcar añadido lo vuelve perfecto para los dulces de fin de año sin empalagarnos.


Opción 3 (vinos de más de $1000)
Blanco: Benmarco Sin Límites Gualtallary Chardonnay ($1000)
Edgardo del Pópolo está haciendo historia grande con sus vinos y la línea Benmarco de Susana Balbo Wines. No solo tiene la buena mano necesaria, sino también un conocimiento de cada rincón del extremo Gualtallary. El primer blanco de la familia Benmarco fue, sin dudas, uno de los grandes vinos del año: filoso, pero con cuerpo; mineral, pero con fruta; extremo, pero apto para todo público. Para beber y guardar un par de botellas.

Tinto: Anaia Gran Cabernet Sauvignon 2016 ($1000)
Ando complicado con los Cabernets, de ser mis favoritos pasé al “o me gustan mucho o muy poco”. Por eso puedo decir que esta novedad del año debe ser el que más me gustó: complejo y de tanino amable. Perfecto para el asado por su estructura, pero suficientemente versátil para acompañar variedad de platos.
Es un proyecto joven, de apasionados enófilos que cumplen el gran sueño de la bodega propia, y que seguramente irán sacando cada vez mejores vinos.

Burbujas: Encarnación Brut Nature ($1200)
Con este espumoso Alejandro “Pepe” Martínez Rosell honró la memoria de su abuela Encarnación. Se trata del primer Brut Nature de la bodega y he tenido la fortuna de probarlo varias veces desde que salió al mercado en 2018, cautivándome siempre. Sus aromas son un perfume de frutos secos, durazno, vainilla, membrillos y peras; se lo siente seco, con estilo elegante, una burbuja que llena la boca y un largo final. En resumen, burbujas de lujo para cerrar el año, porque como dijo Napoleón sobre este tipo de vinos: “en la victoria nos los merecemos y en la derrota los necesitamos”.


¡Salud, nos vemos en el 2020!



lunes, 30 de diciembre de 2019

Época de burbujas: 6 consejos a tener en cuenta


Llega diciembre y los eventos que estaban en las gateras salen a la pista… ¡todos juntos! Reencuentros, festejos laborales, brindis familiares, asado de cierre del año y todas las formas de celebrar que se nos puedan ocurrir. Si fueran en otra época del año, iríamos por vinos tranquilos sin dudarlo, pero diciembre viene cargado de burbujas. Es que por más que los espumosos ya se hayan instalado entre los consumos habituales de muchas familias, todavía tienen un fuerte componente estacional y un gran arraigo a la hora de brindar, celebrar o augurar buenos deseos.
Como se acerca esa época llena de bellas burbujas, acá van algunos tips a tener en cuenta a la hora de comprar u organizar el brindis.
1- Con la fruta al frente: Hay personas y momentos que requieren de mucha frescura. Para un brindis algo informal, donde no se busqué complejidad especial en un vino, con consumidores de otras bebidas o simplemente no se importe mucho qué se bebe, las opciones frescas y con la fruta al frente son la mejor opción. La recomendación es ir por espumosos elaborados con el método charmat que mantiene más esas características que decíamos, suelen ser más económicos y han logrado gran calidad en los últimos años. Lo ideal es que sean del año, por lo que la cantidad de polvo acumulado sobre ellos y las etiquetas despegadas o rotas van a ser un buen indicador para nosotros. En este caso, cuánto más viejo, peor; así que hay que comprar en sitios de confianza.
2- Burbujas sofisticadas: en cambio si la celebración requiere un poco más de formalidad o simplemente queremos darnos el gusto de tomar un espumoso con más burbujas, complejidad y elegancia tenemos que ir por uno elaborado bajo el método champenoise o tradicional. La prolongada crianza con sus levaduras le da más finura a sus burbujas y aromas y sabores más complejos (entre otros, a panificados), además por el tiempo y la mano de obra que demandan suelen ser más costosos. También constituyen un regalo ideal para esta época.
3- Dulzor, cuestión de gustos: un aspecto a tener en cuenta a la hora de elegir estos “vinos diablos” es el grado de azúcar residual que tienen. Para saberlo hay que leer la etiqueta y tener en cuenta que: el Nature tiene menos de 3 g/l, el Brut Nature menos de 7 g/l, el Extra Brut menos de 11 g/l, Brut menos de 15 g/l, Demi Sec de 15 a 40 g/l, Dulce más de 40 g/l y Extra Dulce más de 60 g/l. Hay quienes no toleran los espumosos tan secos y otros se empalagan con lo dulce. Si tenés un público variado una buena opción es el punto intermedio y, por lo general, el Extra Brut está siempre al límite de los 11 gramos por lo que es una elección bastante balanceada. Si tenés abundancia de público joven o van a querer hacer algo de coctelería, andá por lo seguro de los Dulces.
4- Guarda con la luz solar: mucho cuidado con dejar los espumosos expuestos al sol, podrían arruinarte la fiesta. La riboflavina (vitamina B2) está muy presente en este tipo de vinos y es extremadamente fotosensible, por lo que expuesta al sol puede oxidarse y dar aromas horribles a cebolla podrida y otras ranciedades similares. El color oscuro de las botellas viene a proteger el vino de los rayos ultravioletas, pero no siempre son 100% efectivas. Si no me creés, hacé la prueba con el sol del mediodía.
5- Atención al freezer: con tantos brindis no es raro que se nos olvide enfriar previamente nuestras botellas de champaña. La respuesta automática es meterla al freezer, pero ojo porque con tantas distracciones se nos puede pasar más allá de lo aceptable y perder burbujas o arriesgarnos a una explosión. Al congelarse el líquido, el gas disuelto se separa, por lo que se pierde en cuanto abrimos la botella. La solución es una frappera o balde con mucho hielo y agua. Si están muy apurados, agregarle sal al agua. Palabra.
6- El lavavajillas puede ser tu enemigo: si querés disfrutar las burbujas en todo su esplendor, los químicos que utilizan los lavavajillas para abrillantar las copas pueden ser tu enemigo.  Estas sustancias tienen un efecto inhibidor de las burbujas que perduran luego del enjuague.  La explicación completa y cómo lavar las copas te lo cuento en una nota anterior.



jueves, 12 de diciembre de 2019

El brindis


Llega diciembre y brindamos por todas las veces que no lo hicimos el resto del año. Uno tras otro, se suceden los brindis para cerrar el 2016 y augurarnos lo mejor para el 2017, pero pocas veces nos detenemos a pensar en el acto del brindis en sí. ¿Por qué chocamos las copas? ¿Por qué decimos “salud” y “brindis”? ¿A quién se le ocurrió todo esto?
La palabra “brindis” parece provenir de la expresión en alemán “bring dir’s” (yo te ofrezco) y la tradición dice que aparece por nuestro idioma en 1527. Ese año, las tropas del Emperador Carlos I de España y V de Alemania lograron una victoria épica sobre la ciudad de Roma. Al resultar herido de muerte el duque que comandaba los soldados, estos, sin autoridad aparente, se dejaron llevar por la euforia del momento tomando las murallas de Roma ese mismo día. La victoria se convirtió en una gran masacre y los soldados alemanes llenaron sus copas de vino y las alzaron dirigiéndose al monarca al grito de “bring dir’s” (“yo te la ofrezco”). La ciudad eterna había caído.
El origen del choque de copas es más incierto. Normalmente se atribuye a que en la antigüedad era muy común el asesinato en las altas esferas por envenenamiento. Al chocar las copas aseguraban que se mezclaran las bebidas y era una forma de demostrar que no estaban envenenando al anfitrión. Claro, para ello debería llenarse la copa hasta el borde y aceptar el enchastre posible. Esta idea está muy difundida, sin embargo no hay evidencia histórica que la sostenga.
Con respecto a la expresión “¡salud!” que decimos al brindar y que está muy expandida por todo el mundo hay varios posibles orígenes, aunque no se contradigan entre sí. En la antigüedad, cuando se regresaba de una guerra, los reyes organizaban fabulosos banquetes. Dado que no existían buenos métodos de conservación de los alimentos, la comida solía fermentar y generar problemas gástricos. Con el correr del tiempo se observó que si se tomaba vino antes de comer se mejoraba el proceso digestivo. A raíz de esto, antes de tomar una copa de vino se desea “¡Salud!”.
Por otra parte, era habitual brindar a la salud del rey de turno, incluso el emperador romano Augusto decretó la obligatoriedad de brindar por él. Con el tiempo la expresión se hizo extensiva a cualquier brindis, por la salud de los presentes.
En el libro International Handbook on Alcohol and Culture se explica que el brindis es “una práctica social que probablemente se remonta a las antiguas libaciones de los banquetes griegos, sacrificios en los que se ofrecía un líquido sagrado a los dioses: sangre o vino a cambio de un deseo, elevando una súplica que se resume en las palabras ‘¡que sea por muchos años!’ o ‘¡a tu salud!’”. Por su parte la Encyclopædia Britannica explica que “la costumbre de beber ‘a la salud’ de los vivos muy probablemente se deriva del antiguo rito religioso de brindar por los dioses y por los muertos. En las comidas, los griegos y los romanos efectuaban libaciones [derramaban vino o licores] en honor de sus dioses, y en banquetes ceremoniales brindaban por ellos y por los fallecidos (...) Íntimamente relacionado con estas costumbres de beber casi sacrificiales tiene que haber estado siempre el acto de brindar por la salud de hombres vivos.”
Aunque no haya un protocolo escrito y de entre casa no nos pongamos estrictos con estas cosas, el acto del brindis tiene tres pasos que, si prestan atención, todos hacemos: el brindis verbal, el acuerdo y el trago simbólico. Primero se dicen unas palabras, a veces un breve discurso y otras un simple “salud” o expresión de deseo. Luego se chocan las copas, ese es el acuerdo, y, finalmente, todos beben un simbólico trago. ¿Por qué nunca se brinda con una copa vacía? Porque estaríamos brindando por o llamando a la escasez.



jueves, 5 de diciembre de 2019

Domaine Bousquet: nacidos para ser elegantes



"Si volviera a empezar, te encontraría sin buscarte", Paul Eluàrd


Imaginate un paisaje de campiña francesa, una ciudad amurallada con castillo medieval incluído, una fuerte tradición vitivinícola, un paisaje maravilloso lleno del romanticismo de las postales turísticas. Ahora imaginate dejarlo todo por ir a vivir en medio de las montañas mendocinas, a un lugar apenas habitado y casi sin las comodidades modernas. Aunque suena un poco a locura, es lo que hizo Jean Bousquet en 1997. Dejó atrás la bella Carassonne y cuatro generaciones de historia ligada a los viñedos franceses para empezar nuevamente en Gualtallary. En 2002 pudieron disfrutar de su primera cosecha comercial y a partir de allí no pararon de crecer, enfocados en la exportación. Hoy Jean Bousquet sigue con una pequeña porción de viñedos donde elabora vinos con su nombre, pero las 240 hectáreas del viñedo original de Domaine Bousquet lo manejan su hija Anne Bousquet y su esposo Labid Ameri.
En una entrevista realizada por la Asociación Argentina de Sommeliers Anne Bousquet explicó que “en aquel entonces, Gualtallary era un territorio virgen: extensiones semi desiertas, sin plantaciones, sin agua, sin electricidad y al que solo se podía acceder por medio de un único camino de tierra. Los lugareños descartaron el área por considerarla demasiado fría para el cultivo de uvas. Jean, en cambio, sintió que había encontrado la perfecta combinación entre su patria francesa (con baja acidez y clima cálido) y el Nuevo Mundo (soleado, con elevada acidez natural y un gran potencial para vinos relativamente frutales).”

Anne Bousquet, Rodrigo Serrano Alou y Labid Ameri

Desde un comienzo decidieron trabajar con prácticas orgánicas y en 2005 obtuvieron la certificación internacional que los termina de avalar. Eso los convirtió en la mayor bodega orgánica de Argentina, en una época en que muy pocos consumidores se interesaban en el tema. Esta filosofía los llevó a plantar la huerta de la que se nutre su restaurante, a cuidar los recursos hídricos y sumarse a las políticas de fair trade con sus vendimiadores. Y también a explorar el terreno de los vinos sin sulfitos, un campo bastante poco desarrollado en nuestro país, pero que se expande en el mundo. Rodrigo Serrano Alou, Jefe de Enología de Domaine Bousquet dijo que “para elaborar Virgen tuvimos que tener un control más estricto en los análisis sanitarios, que en este caso fueron semanales para prevenir de reacciones innecesarias, ya que al no tener sulfitos, es un vino que está más desprotegido de los microorganismos que pueden encontrarse en bodega. Además, se cuidó mucho la temperatura de fermentación y conservación en tanques”. Domaine Bousquet Virgen es una nueva línea que muestra su compromiso con esta búsqueda de vinos naturales y lo mejor del caso es que son muy sabrosos, cosa que no siempre pasa.
El lema de Domaine Bousquet es “Vinos naturalmente elegantes”, sumando el abstracto concepto de la elegancia a su forma de producir. Y digo abstracto porque definir la elegancia es realmente algo difícil y subjetivo. Si elegante es la sutileza y la armonía entre las partes que componen un todo, entonces diría que efectivamente sus vinos cumplen con la premisa. Personalmente creo que con los años el balance entre madera y fruta se ha ido ajustando hasta lograr vinos de gran clase. Un claro ejemplo de esto es Ameri, uno de sus tintos ícono, que con el correr de las añadas va bajando los decibeles de la madera para lograr una expresión más limpia sin dejar de ser un terciopelo.


Para quienes su nombre se nos va haciendo más habitual, Gualtallary no es uno solo. Hay muchas expresiones de esta zona, algunas más extremas, de vinos filosos y minerales; otras más elegantes, de vinos fluidos; y un gran abanico difícil de reducir a unas pocas palabras. Cualquiera sea la búsqueda de la bodega, lo que siempre te entrega Gualta es personalidad, una calidad por sobre el promedio y una expresión de fruta fresca imposible de dejar de lado. En una cata reciente de la bodega pudimos notar como esto, que es muy claro en los vinos jóvenes, es un rasgo que no se pierde a medida que se suman los meses de crianza. En algunos casos es la pura fruta del Malbec, en otros la tipicidad del Cabernet Sauvignon o la frescura de los blancos de altura. Siempre es un detalle que aparece y te dice: aquí está el Nuevo Mundo acompañando el savoir faire europeo.
A pesar de haber probado en varias oportunidades sus vinos, puedo decir con seguridad que no los he probado todos. Siempre tienen algo nuevo, un estilo que se ajusta constantemente y que seguramente se adaptará a tu gusto o tu búsqueda. El giro hacia una fruta más nítida, la elaboración orgánica y hasta natural (sin sulfitos) son un plus para sus vinos que personalmente me gusta reconocerles. Y principalmente, las inquietas ganas de avanzar, de explorar, de perfeccionar.



viernes, 29 de noviembre de 2019

La forma de tu cuerpo


En la antigüedad el hombre era la medida de todas las cosas, tal como lo expresó un viejo filósofo griego. Pulgada, palmo, codo, pie, son unidades de medida que hemos escuchado nombrar más de una vez y que aún se siguen usando en muchos países. Su origen es tan antiguo que no podemos precisarlo, pero surgieron de la necesidad de medir sin los instrumentos portables de hoy en día y sin una convención concreta. Los que adoptamos el sistema métrico las dejamos atrás hace mucho tiempo, pero vaya uno a comprar un caño de gas y ya tendrá que lidiar con pulgadas y fracciones.
Cualquiera podía medir un par de pulgadas con sus dedos o un par de pasos caminando por la habitación, pero había un grave problema: cada región tenía unas medidas sutilmente diferentes y los palmos de una mano egipcia podían ser distintos a los de una mano griega. Digámoslo claramente, no había lugar a precisiones. Protágoras, el filósofo de la frase, se reía cínicamente porque también quería decir que como cada hombre es la medida de las cosas, estas se volvían relativas.
Las medidas de los hombres también se aplicaron al vino. Una de las teorías más difundidas sobre el volumen de las botellas tiene aquí su base. ¿Alguna vez te preguntaste por qué las botellas de vino tienen una capacidad de 750 mililitros y no un litro o medio? Hay quienes sostienen que la capacidad pulmonar de un soplador promedio de botellas está entre los 700 y 800 mililitros. Por supuesto que puede esforzarse más, pero a la hora de producir botellas en masa debe haber un trabajo constante y esa era la medida. Por otra parte, era considerada la medida de la moderación en una época que castigaba los excesos. Hay quienes refutan todo esto y proponen otras teorías igual de dudosas, pero dejémoslo para una próxima nota.



El mundo del vino nos ha deparado formas más curiosas de medir la capacidad de un recipiente. Muchos hombres poderosos de la historia han llevado a tal punto su ardorosa pasión por mujeres y amantes que han hecho de sus pechos copas para beber. Una leyenda asegura que Paris hizo una copa en honor al busto de Helena de Troya. “¿Has visto (…) la copa a la que sirvió de modelo el seno izquierdo de Helena?” se pregunta el Premio Nobel de Literatura Henryk Sienkiewicz en su novela Quo Vadis?. Otro que hizo un pedido similar de artesanía fue Enrique II, enamorado Rey de Francia sobre el modelo de los pechos de Diana de Poitiers. Con una finalidad más comercial, en 2014 el restaurante londinense 34 encargó al escultor Jake McAdam Freud, hijo del pintor Lucian Freud, la realización de una copa a partir de la forma de la mama izquierda de la modelo Kate Moss, quien cumplía 25 años sobre las pasarelas. Sin embargo, las más famosas por su trascendencia son las copas de Champagne hechas a “la medida” de María Antonieta.
No me refiero a las copas flautas (lo que hubiera sido una aberración) sino a esas copas anchas y bajas, bastante desusadas ya, para servir vinos espumosos. Aunque puedan sonar a conjeturas producto de la imagen glamorosa y decadente de los últimos reyes de Francia, lo cierto es que en Versalles se encuentran unos tazones con forma de seno conocidos como jattes tétons (cuencos pezones), inspirados en la desafortunada Reina y elaborados en cerámica de Sèvres. No se sabe a ciencia cierta qué se bebía en esos cuencos, pero sí que las copas de cristal de las que hablábamos se popularizaron rápidamente entre la aristocracia. Algunos historiadores indican que estas copas tipo María Antonieta ya se utilizaban en Inglaterra desde hace unos 100 años antes. Lo que no dicen es si se inspiraron en la teta de alguna celebridad de la época.

Jattes tétons

Si sobre formas hablamos las botellas son algo icónico. Sus curvas no son la copia de las de ninguna aristócrata sino que responden a necesidades prácticas. Los hombros permiten que la borra producida con los años se quede allí. Sin embargo hay un tipo de botella, conocida como Botella Borgoña que tiene hombros caídos. Son las que tradicionalmente se usan para Pinot Noir y Chardonnay (cepajes típicos de Bourgogne). Como el Pinot y el Chardonnay no tienen precipitados no hacen falta que tengan hombros, sin embargo a los borgoñones les gusta contar que estos envases se inspiran en ellos. Mientras que el productor de Bordeaux tiene una fisonomía y estilo burgués, el de Bourgogne es más campesino, acostumbrado a andar por superficies accidentadas y orgulloso de su trabajo. Por eso, y para picar aún más la rivalidad que tienen con los otros grandes productores franceses, dicen que ellos son gente de hombros cansados de tanto trabajar, como sus botellas.
En el mundo del vino hay muchas tradiciones y algunas nos pueden sonar absurdas. De hecho, tal vez lo son. Y es que el vino es un producto humano y puede tener sus momentos absurdos como nosotros mismos. Pero de lo que no me quedan dudas es que como producto humano está hecho a semejanza de nosotros, la copa presupone una mano, el líquido existe por el genio humano, cada cepa representa nuestra identidad. En fin, el vino es cultura.



lunes, 18 de noviembre de 2019

Reconocimientos para Argentina

Algunos premios y reconocimientos para bodegas, vinos y aceites de oliva argentinos que vale la pena compartir

El vino premiado y su lugar de origen: Paraje Altamira

100 puntos Parker para Zuccardi
En su informe sobre Argentina para Robert Parker (The Wine Advocate), Luis Gutiérrez otorgó los tan codiciados (y difíciles) 100 puntos para el Zuccardi Finca Piedra Infinita 2016. El crítico español dijo que la bodega “ha alcanzado un nivel de precisión estratosférico, la simetría y elegancia de esta cosecha es realmente cautivante. Todo parece estar en su correcto lugar, hay una grandiosa armonía, sus aromas son limpios y puros y su textura de tiza liquida es marcada. Combina potencia y elegancia, energía y fineza. Creo que es el mejor vino que Zuccardi ha producido hasta ahora y le ha valido lograr una puntuación de tres dígitos”.
En palabras de Sebastián Zuccardi “Finca Piedra Infinita 2016, es un vino muy especial, ya que conjuga la historia del lugar, de un productor y de una añada en particular”. Recordemos que la 2016 fue una cosecha muy difícil, pero que sin embargo ha dado lugar a vinos soberbios. La clave para lograrlo estuvo en el trabajo meticuloso de algunas bodegas, que Gutiérrez reconoce en su informe: “El 2016 fue el año decisivo, cuando la precisión de su trabajo alcanzó niveles inauditos”.


Rosell Boher Lodge: mejor restaurante de bodega del mundo
El restaurante de Rosell Boher Lodge ganó el premio ORO en la categoría global de las Great Wine Capitals, lo que lo posiciona como el mejor restaurante de bodega a nivel mundial.
Los Best Of son un reconocimiento a las mejores prácticas relacionadas con el turismo del vino. Las distinciones se realizan en bronce, plata y oro, y la premiación tiene lugar anualmente en cada una de las ciudades miembro de la red global de las Grandes Capitales del Vino, de la cual Mendoza es parte desde 2005. Los ganadores del oro de cada Great Wine Capital participaron hoy en los Best Of a nivel global.
“Este premio es un honor y al mismo tiempo, un impulso para todos aquellos que día a día, trabajamos en que Rosell Boher Lodge siga manteniendo los más altos estándares de calidad a nivel mundial. Llevar tan alto la bandera de nuestra provincia nos enorgullece”, dijo Alejandra Gil Posleman, al frente del emprendimiento que acaba de ganar el premio a nivel mundial.
El restaurante del Lodge está a cargo del Chef Lucas Olcese, quien junto a un importante equipo desarrolló una propuesta integral, que va desde el desayuno a la cena. Elaborando los panificados y demás platos in house y convocando a productores locales para favorecer la economía regional. Está desarrollando la propia huerta orgánica que ya ha comenzado a proveer de algunos insumos a nuestra cocina.


Gran Medalla de Oro para los aceites de Rosell Boher Lodge
El Rosell Boher Lodge festejará por partida doble, porque los aceites de oliva elaborados allí acaban de ganar dos Gran Medalla de Oro en el reciente concurso internacional Cuyoliva 2019.
Se trata de las variedades Frantoio y Blend, que se elaboran con las plantas de olivos que se encuentran en el Lodge, en la zona de Alto Agrelo, bajo el nombre de Olivares del Lodge.
La producción es absolutamente artesanal y mediante cosecha manual. La misma se procesa por método de centrifugado durante las primeras 24hs, para evitar fermentaciones que deterioren su calidad. La molienda y el centrifugado se realizan en el Lodge, gracias a la posibilidad de trasladar la maquinaria de última tecnología de CIAMO Oilmakers.
En el caso del Frantoio, que obtuvo 91 puntos, se trata de aceite típico estilo italiano de la Toscana: ligero, picante y con final amargo. Por su lado, el Blend, que obtuvo 93 puntos, es ideal para carnes, pescados asados a la parrilla y carnes de caza, quesos fuertes bien estacionados, ensaladas con rúcula y salsas intensas. Esto se debe a que las tres variedades que lo componen aportan mucho frutado, mientras que en el picor se equilibran desde el Arauco (alto), pasando por la Manzanilla (medio), hasta la Arbequina (bajo).
Las cantidades resultantes de cada cosecha son extremadamente limitadas por lo que sólo puede consumirse o o ser adquirido por los huéspedes en el Restaurante de Rosell Boher Lodge, a un precio de $450 la botella de 500cc.


Olivícola Laur ya es la 4ta mejor olivícola del mundo
Olivícola Laur continúa escalando posiciones en el ranking de las 100 mejores olivícolas del mundo, ubicándose este año en la posición número 4 (en 2018 había obtenido el noveno lugar), y se mantiene como la número uno de Argentina.
Así lo indicó el EVOO World Ranking (Ranking Mundial de AOVE), elaborado de acuerdo al puntaje asignado por los premios obtenidos por los aceites de oliva virgen extra que participaron en los 30 concursos internacionales llevados a cabo en 2019.
“Este logro es el fruto del trabajo constante y esmero por la excelencia que venimos desarrollando desde Olivícola Laur para seguir posicionando a Mendoza y a Argentina en el mundo. Estamos muy orgullosos del camino recorrido y comprometidos a seguir apostando por nuestra querida provincia y por el crecimiento de esta industria”, asegura José Millán, el dueño de la empresa.
Con 34 nuevos premios otorgados este año a sus 7 aceites de oliva virgen extra (AOVE) en los principales concursos del mundo, Olivícola Laur continúa rompiendo sus propios récords.  En los últimos 8 años, su medallero acumuló 140 premios en todas sus líneas: 22 con Laur Clásico, 26 para Blend de Terroir Cruz de Piedra , 24 de Blend de Terroir Altos Limpios, 22 con Blend de Terroir Medrano, 34 con Gran Mendoza, 2 para Contraviento y 10 para el super premium Gran Laur (en sólo dos años de concursar).
A estos se suman otros 23 premios recibidos por aceites de oliva virgen extra elaborados por Laur para las marcas Mágica Lila (de Fernando Ruiz Díaz), Distinto Tiempo (Nito Mestre) y Oil ´N Roll (Juanchi Baleirón) y para segundas marcas como Abrasado y Santa Augusta.




jueves, 14 de noviembre de 2019

Viñedo Canopus, contra viento, marea y frío

“Todo gran vino nace en el viñedo” repite una y otra vez la industria del vino. Por eso esta vez los Argentina Wine Bloggers nos metimos tras bambalinas para ver el punto de partida de algunos de nuestros vinos favoritos. Mi elección para este #AWBFincas fue explorar el origen de uno de los vinos más cautivantes de los últimos años.

Foto gentileza: Ángel y vino

En la copa tengo un Malbec con mucho color que al beberlo ingresa fácil, pero al segundo explota de sensaciones. No es metáfora, es literal; rápidamente el paladar se llena de texturas, de sensaciones y sabores. “Esa es la idea de nuestros vinos. Que tengan carácter y personalidad. De nada sirve hacernos los modernos buscando vinos lánguidos que al fin de cuentas no tienen nada que mostrar”, acota Gabriel Dvoskin mientras le transmito mis impresiones sobre Y la nave va Malbec 2018. Coincidimos en muchas cosas, entre ellas que los vinos no deben ser una cosa intelectual, difícil y que necesite una guía para entender la búsqueda. Él considera que los vinos deben ser para beber, pero también permitirnos ir más allá y poder reflexionar sobre ellos si nos place. Vinos para beber (y pensar) escribí alguna vez, e insisto que los grandes vinos, como los buenos libros, nos permiten un juego que no funciona a la inversa.
Lo difícil es lograrlos, aunque no hay recetas que valgan. “Cuando decidí emprender este proyecto tenía en claro que quería tres cosas: clima frío, suelo calcáreo y viña viva”. La voz de Gabriel suena segura, pero no grave; es la voz de quien tiene claro hacia dónde quiere dirigir sus naves porque no le da lo mismo que las cosas sean de otra manera.
Dejando de lado los cotizados metros cuadrados de Gualtallary (zona fría y con buena presencia de calcáreo), el destino lo llevó al límite sur de El Cepillo, a una zona que los vaqueanos llaman “el cementerio de los turcos” por su larga fama de heladas. Realmente, para muchos ir a plantar algo allí era una locura desaconsejada. Pero corrieron el riesgo porque querían Pinot Noir y sabían que el Malbec en las zonas frías adquiere un carácter peculiar. Madura más lentamente, logra equilibrio, fruta más vivaz y una gran frescura producto de la acidez natural.


En Canopus Wines les interesan las texturas, las sensaciones que dejan los vinos como un tapiz sobre nuestra lengua. Y esto es curioso, porque cuando muchos han adoptado el minimalismo casi como un leitmotiv, ellos saben que el vino tiene que transmitir su personalidad al beberlo. Gran responsable de esto son los suelos con carbonato de calcio que encontraron a fuerza de estudios y calicatas. Observaron que el lugar poseía caliche (calcio compactado) en estratos a diferentes profundidades y una estructura principalmente pedregosa. Aunque hacer un pozo suena sencillo, el estudio de ese suelo todavía no ha terminado. Año a año se realizan mediciones para poder determinar milimétricamente qué ocurre en cada sector y de esa manera intervenir.
El último parámetro de Gabriel Dvoskin y sus socios era conseguir una “viña viva”, es decir trabajada sin químicos, de una forma sustentable y orgánica. Al oír esto, me transporté inmediatamente al documental “Resistencia Natural” de Jonathan Nossiter cuyo mejor momento es, a mi entender, aquel en que el viticultor Stefano Bellotti compara dos paladas de tierra, una de su finca biodinámica y otra de un vecino tratada químicamente a dos metros de distancia. Las imágenes son elocuentes y muestran lo que es una tierra “viva”, una es un mazacote compacto y la otra está suelta, con restos orgánicos. Siguiendo esa premisa, plantaron las 10 hectáreas en 2010 bajo principios orgánicos y biodinámicos.


Pero no todo son alegrías. Si bien el frío permite que las uvas se desarrollen más lentamente y de esa manera lograr una mejor expresión de fruta y equilibrio general, también es un enemigo incontrolable que puede arruinar todo un viñedo en el plazo de una mañana. Las temidas heladas son una constante en El Cepillo y los afectó en 2015, por ejemplo. Así fue que surgió su famoso Pintom Rosado Subversivo tras una segunda floración de las plantas. Como su hermano Malbec, es un vino fácil de beber, pero lleno de sutilezas aromáticas y una estructura que aventura poder guardarlo por años (ojo al dato).
En Canopus hablan de que “la Naturaleza no es la manera correcta de definir las derrotas del ser humano. Observar la naturaleza en el viñedo Canopus es entonces un ejercicio perpetuo, sin trampas, de pura paciencia y aceptación”. Así, el frío es algo que hay que aceptar y entender. Para paliar sus efectos plantaron árboles, armaron corredores para que el frío circule e instalaron quemadores entre las hileras. Más allá de la intuición, hay un trabajo meticuloso para entender cómo se comporta el aire en la zona.
Si hay que sintetizar el trabajo que se hace en el viñedo Canopus diría que es detalle, detalle y más detalle. Cada aspecto, hasta la cuestión más nimia como la forma en que se atan los racimos al espaldero, está en constante supervisión y exploración. Prácticamente se ha convertido en un chiche que todos los agrónomos quieren conocer y esos vinos lineales y apretados como gavilla son su resultado. 
Parafraseando al inmortal Federico Fellini, las películas, como los vinos, “tienen algo para decirte o no lo tienen. Si te emocionan, no necesitás que te expliquen nada. Y si no, ninguna explicación te va a emocionar.”

Mapa de electroconductividad, una "radiografía" del suelo

Para leer más sobre este proyecto:
Ángel y vino: Canopus, los vinos que enfrentan al frío (Pintom y La Nave va)Acercate al vino: Gabriel Dvoskin: Vinos del frío

Notas publicadas de la movida #AWBFincas:
Por las catas: Funckenhausen Vineyards
Mr. Wines: Finca Alto los Cuises
Cazavinos: Finca Nuna
Ángel y Vino: Luracatao

viernes, 11 de octubre de 2019

Dostoievski Gourmet


De adolescente viví una breve obsesión por la literatura rusa, especialmente la de Dostoievski. Crimen y castigo fue una obra que me llevó un buen tiempo terminar y mientras más me demoraba más me sentía identificado o persuadido por los planteos de Raskolnikov. Algo que me llamaba la atención de este personaje de Dostoievski era que tomaba constantemente té, incluso iba a tabernas donde lo pedía. Mucho tiempo después leí que el escritor era un peculiar caso gourmet.
Lyubov Fiódorovna, su segunda hija, cuenta que su padre tenía ciertas manías a la hora de preparar el té, bebida que consumía a grandes cantidades y con dos terrones de azúcar. “Primero lavaba la tetera con agua caliente, ponía tres cucharillas de té y vertía sólo un tercio de agua en el samovar y lo cerraba con una servilleta”, así empezaba el ritual dostoievskiano del té. “Unos minutos más tarde llenaba el samovar y también lo cubría. Cuando lo vertía siempre miraba el color del té.” Su obsesión por hacer una infusión perfecta lo llevaba en muchas ocasiones a tirar todo y volver a hacerlo. La clave parecía estar en el color. “Era habitual que llevase la taza a su gabinete y volviese de nuevo para servirse más agua o té”, continúa su hija y agrega una frase que su padre repetía a menudo: “Viertes el té, parece que el color es bueno y al llevarlo al gabinete, el color no sirve”.
Quien también comenta varias de sus curiosidades gastronómicas es Anna Grigórievna Dostoievskaia, la segunda mujer del escritor. En sus memorias comenta que tras comer pollo hervido le gustaba tomar leche caliente y antes del postre no faltaba media copa de Cognac. Sin embargo, sus elecciones culinarias fluctuaban según su humor: cuando estaba melancólico pedía una taza de caldo, escalope de ternera (básicamente una milanesa), té y vino. Y cuando estaba de buen humor prefería queso, nueces, naranjas, limón, hongos, caviar y mostaza francesa.


Además del té, al escritor de Los hermanos Karamazov le gustaba el alcohol, principalmente el Vodka. Un contemporáneo suyo comenta que no era raro encontrarlo desayunando con esta bebida y siguiendo uno de sus extraños rituales. Mijaíl Alexándrovich Alexándrov testimonia que llegó “una vez a casa de Fiódor Mijáilovich durante su desayuno y vi como tomaba vodka: mordía el pan negro y daba un pequeño sorbo a la copa del aguardiente. Masticaba entonces todo junto”. Según Dostoievski esta era la mejor y más sana manera de consumir Vodka.
Una manía más entre las que se cuentan del escritor ruso es que gustaba mucho de los dulces, que en esa época eran más del tipo de la fruta abrillantada. Sus favoritos eran los higos, dátiles, nueces, pasas, mermeladas y también las frutas frescas. Al igual que el té, los comía a toda hora y tenía la extraña costumbre de guardar dulces en los cajones de su escritorio y entre su biblioteca.
Afortunadamente mi obsesión por la literatura rusa se quedó en los libros, aunque algo se me ha pegado. Ocasionalmente cuando me hago un té recuerdo vagas tardes leyendo Crimen y castigo con una taza en la mano. Entonces voy a ese estante de mi biblioteca y disfruto algunas páginas de Gógol o de Maiakovski.



miércoles, 2 de octubre de 2019

Mendoza Tour 2019 – Día 2 – Catena Zapata

Para mí (y para muchos), decir Catena Zapata es decir la meca del vino argentino. Tiene un magnetismo propio por sus vinos, por su historia, por sus enólogos y la seguridad de que siempre son referentes. Cuando vi que el cronograma del viaje incluía visitar La Pirámide, me sentí fascinado por la idea de volver.
Nos recibió el enólogo Ernesto Nesti Bajda y tras la recorrida de reconocimiento nos fuimos directo al grano porque la jornada prometía ser extensa y jugosa. Mientras tanto en el Catena Institute, el centro de investigación y desarrollo de la bodega, nos esperaban Roy Urvieta y Fernando Buscema con copas, barricas y mucha información.


Catena Institute: las revoluciones del vino argentino

Algo que el Viejo Mundo le ha enrostrado al Nuevo Mundo es justamente lo que lo vuelve Viejo: los años de experiencia. Esos cientos de años elaborando vino no pueden compararse con los nuestros y merece todo el respeto. Sin embargo, el Nuevo Mundo trata de compensarlo con ciencia aplicada al estudio de su terruño y así lograr adquirir el conocimiento para estar en la cima del mundo. “No estamos aquí para enseñar, sino para aprender” dirá Fernando Buscema en la recorrida y explica en cierto modo el Catena Institute, un lugar de investigación.
Como hitos en la historia de la bodega, y también de la vinicultura argentina por su influencia, el Catena Institute reconoce tres revoluciones en el vino argentino. La primera revolución implica un trabajo en la bodega y los viñedos. Por un lado, Nicolás Catena le dio un vuelco a sus vinos al buscar seguir el estilo moderno/californiano donde la fruta predomina. Y la otra parte es conocida como los Catena cuttings. Laura Catena observó que no todas las parcelas del viñedo histórico Angélica Zapata se comportaban igual y que el Cuartel 18 era magnífico. Prestando atención a cómo se fueron implantando notaron que cada cuartel se componía de estacas de las mejores plantas de un viñedo anterior. Es decir, que el cuartel 18 provenía de las mejores plantas que fueron seleccionándose año tras año del cuartel 17, 16, 15, etc.
De esta selección natural también surgieron los primeros estudios del Malbec y notaron que menos quintales por hectárea no significan necesariamente mejor calidad y que tampoco todas las plantas son iguales. Como no es algo matemático, hay que buscar el balance y entender que hay muchas variables que influyen.


La segunda revolución se da cuando Jacques Lurton prueba los vinos de Catena y dice que le recuerdan a los de Languedoc (no considerados como de alta calidad) y que parecían provenir de una zona cálida. Allí comienza la búsqueda del frío del Doctor Catena quien se la juega por el viñedo Adrianna. Plantar en Gualtallary, a 1500 metros de altura, era una locura desaconsejada en aquella época. Iniciaron plantando Pinot Noir y Chardonnay, pensando en lo bien que les sienta ese clima, y Malbec, solo para experimentar. Lo increíble era que el Malbec maduraba y nadie podía explicarlo. La razón estaba en la intensidad solar de aquellas alturas extremas que compensaba el frío.
Para fines de los ’90 y principio de 2000, se tenía la impresión de que las 100 hectáreas del Viñedo Adrianna eran una pesadilla con diferentes suelos e inclinaciones. La primera decisión fue “homogeneizarlo”, volverlo parejo, algo común en aquella época. Sin embargo, el ojo científico de Laura prefirió estudiar por qué algunos sectores del viñedo eran diferentes. Así entendieron que había distintas composiciones geológicas, estilos de suelos, mayor o menor presencia de carbonato de calcio e, incluso, la presencia de microbiomas (bacterias que están en el suelo e interactúan con las plantas de forma casi simbiótica). Esta fue la tercera revolución, el origen del trabajo de parcelas que se hace con el viñedo Adrianna, “el más estudiado del mundo”, cuyos vinos están escapando a la varietalidad para ser la pura expresión de su terruño.
¿Cuál es la próxima revolución? Hay muchas investigaciones en proceso, desde mapear e identificar otras zonas, estudiar enfermedades y virus que afectan a las vides, y desarrollar el potencial de guarda de los vinos argentinos.


De la teoría a la práctica

De tanto hablar de vino nos dio sed así que para comprobar si todo lo que investigaron era cierto tuvimos que abrir algunas botellas.
Las nuevas añadas de los vinos de parcela demuestran lo que decía unas líneas más arriba: menos varietalidad, más terruño. Como ejemplo, valgan los White Stones y White Bones Chardonnay, que no tienen las notas típicas de la cepa; o sus Malbec, que van de lo más frutal a lo austero como el River Stones, hasta lo rugoso y estructurado como el Mundus Bacilus. La distancia entre unos y otros son algunos metros, pero en la copa son un mundo en sí mismo.
También pudimos hacer una vertical del afamado Malbec Argentino, catando las añadas 2006, 2010, 2013, 2015 y 2017. Me agradó ver un 2006 entero y reencontrarme con la añada 2010, mi primer Malbec Argentino, que siempre guardo en mi memoria porque fue uno de esos momentos que te hacen enamorarte del vino. Por su parte, la 2013 siempre hace notar por qué fue una gran cosecha y las últimas dos significan un cambio de estilo (y etiqueta) ya que ahora las uvas provienen de los viñedos Angélica y Nicasia. La búsqueda está orientada hacia la consistencia del producto a lo largo de los años y ganar en frescura.
Nesti Bajda y Fer Buscema no paraban de descorchar y, entre anécdota y anécdota, llegó la hora de brillar de Roy Urvieta, a cargo del nuevo proyecto de Laura Catena: Domaine Nico. Estos vinos son todo el conocimiento aplicado a la elaboración de pequeñas parcelas de Pinot Noir. Cada uno de ellos es un exponente de excelencia de la cepa y su lugar de origen, sin nada que envidiar a los mejores del mundo. Todos los tintos son magistrales, llenos de sutilezas y una elaboración meticulosa. Tienen toda la elegancia que disfrutamos los amantes del Pinot Noir, sin resignar modernidad. Hay una nota muy completa en el blog amigo Acercate al vino.
Al final, cuando pensaste que ya habías probado lo mejor, empiezan a aparecer las perlitas guardadas y esas que no saldrán nunca al mercado. Catena es así, siempre tiene algo más para sorprenderte y demostrar su solidez con los años: desde un glorioso Catena Alta Chardonnay 2001, hasta un clásico Catena Cabernet Sauvignon 1994 que soporta los años con dignidad.
Claramente, imbatibles. Una gran experiencia.



Nota en Cazavinos sobre la visita de los Argentina Wine Bloggers a Catena Zapata:



jueves, 26 de septiembre de 2019

3 vinos al toque: Rosados 2019


En el afán de hacer notas en profundidad, de querer decir algo más que datos duros, la sección 3 vinos al toque quedó bastante olvidada en el blog. Eso conllevó a que muchos vinos catados quedaran solo en el ámbito de las redes sociales (que no está mal) porque me resulta imposible hacer notas extensas de cada uno de ellos. Por eso, para una nueva edición de #AWBdescorcha me pareció interesante revitalizar este espacio donde comento etiquetas en forma breve.
El #AWBdescorcha es una movida en conjunto de todos los Argentina Wine Bloggers que, bajo un motivo común, recomendamos vinos para ocasiones puntuales. En este caso, aprovechando la llegada de la primavera y ese espíritu de renovación que trae consigo, recomendamos rosados. Justamente ya están saliendo los rosés 2019, así que sin pensarlo mucho busqué tres exponentes de esta estupenda añada y sin más vueltas van mis recomendados:

Livverá Rosé Sangiovese 2019. Una nueva entrega de los vinos de Germán Massera, un pibe incansable que gusta de revalorizar viñas y zonas algo olvidadas en el frenesí de los terruños de moda. En este caso estamos ante uvas Sangiovese de una zona de Tupungato conocida como Campo Vidal (pegado a Gualtallary). Motivado por el deseo de su esposa de tener un rosado delicado eligió ese parral que protegía las uvas del sol. Y le salió un vinazo, elegante, con unos aromas perfumados florales, afrutados sutiles y hasta algo cítricos. Su excelente acidez y estilo austero lo vuelven ideal para platos como sushi, ceviche o cualquier cocción esmerada y delicada. Para aplaudir.

Críos Rosé de Malbec 2019. Una nueva añada de este vino que sobresale por su color más pálido y una estética renovada, más elegante y siempre manteniendo esas “manitos” que representan a las mujeres de la familia, sus hijos y su trabajo. Se lo elaboró como hasta ahora, producto de una sangría de las uvas de Altamira de su Susana Balbo Signature Malbec, pero cuidando conseguir un color más tenue que en otras añadas. Lo que no resigna este vino es frescura y frutosidad, en un gran balance. Su estilo redondeado y amigable gustarán en cualquier mesa y creo que con pollo a las finas hierbas, un escabeche o como aperitivo es una buena opción.

Puercovin Puercoespin Rosado 2019. Este rosé viene de la mano de Giuseppe Franceschini, un enólogo italiano establecido en nuestro país que nos tiene acostumbrados a sus vinos jugados, con acidez vibrante. En este caso elaboró un rosado de Cabernet Franc del que pocos datos técnicos puedo aportar (ni sus vendedores saben decirme algo), pero al fin y al cabo el vino es el que manda: abunda en aromas a guinda y si bien tiene una acidez algo mordiente al principio, se nota bastante volumen en boca lo que le da un estilo redondeado. Ideal para acompañar platos fríos en una primavera y verano que prometen temperaturas altas.



viernes, 20 de septiembre de 2019

Mendoza Tour 2019 – Día 1 – Casa Tano

Mendoza se convirtió para mí en uno de esos destinos sagrados a los que todo fiel debe peregrinar alguna vez en su vida. Cumplí bastante, porque he recorrido buena parte de la Tierra Santa del vino argentino más de una vez. Sin embargo, cada año me pica el bichito de querer volver. Puedo trocarlo por Salta o algunos destinos vitivinícolas que no conozco, pero Mendoza tira. Así que con la excusa de asistir nuevamente a la Premium Tasting (una de las mayores catas que se hacen en Mendoza), junto a varios integrantes de Argentina Wine Bloggers le agregamos unos días a la agenda oficial para recorrer bodegas.
Después de nuestra jornada laboral, buena parte del grupo se subió al avión y llegamos a El Plumerillo pasadas las 19 hs. Íbamos con una agenda pensada por la mente siniestra de Francisco de Logia Petit Verdot como para aprovechar cada momento del viaje, aunque sin la locura de meter más de dos bodegas/eventos por día. Ya lo hicimos así alguna vez y está bien, pero vale la pena relajar y extender las charlas. Nuestro primer día no iba a ser la excepción, así que apenas llegados nos esperaban con un asado y mucho vino de pequeños productores.


El punto de encuentro era Casa Tano, un antiguo taller mecánico devenido en bodega urbana. A la cabeza de este peculiar proyecto se encuentran Lucas Richardi (proveniente de una familia de prestigiosos enólogos y enólogo él también, en Sposato Family Vineyards), Cristian Santos, Santiago Diez y Luca Aguilera. Entre los cuatro dan vida a esta bodega artesanal de Godoy Cruz que no cuenta con viñedos propios, pero compra uva de los mejores lugares de Mendoza para hacer su vino y barricas personalizadas para terceros. Abrimos botellas y probamos barricas de todo tipo y puedo asegurar que los vinos están más que bien y se venden a buen precio. ¡Incluso cuentan con un sector champañero para elaborar espumosos con el método rural o ancestral de una única fermentación en botella!
El lugar es tan dinámico que nos contaron las mil cosas que hacían: tapeos y menú del día, clases de elaboración de vinos, venta por botella y por copa, vinos personalizados para grupos de amigos, recitales y eventos culturales bajo su lema “Vino por el arte”, etc. Claramente no hay más límites que el que ellos quieran ponerle y ese ámbito dinámico atrae público de todo tipo.
El concepto me enamoró. Pibes jóvenes, haciendo buen vino en un lugar descontracturado y en medio de la ciudad, con la posibilidad de tomar algo al paso o llevar una botella para la cena. Cuando veo el crecimiento de bares y cervecerías, me pregunto por qué el vino no puede replicar algo así. Cómo puede crearse un espacio de vinos lejos de solemnidades y que, sin perder su esencia y peso cultural, sea algo moderno. Casa Tano es una posibilidad concreta.


Productores amigos

Además de Casa Tano en sí, la juntada era un excusa para catar vinos de alta calidad de pequeños productores.


BeBa Vinos. BeBa es un corte de Malbec y Bonarda elaborado entre Matt Berrondo y Pablo Bassin, quienes se conocieron cuando trabajaban juntos en Bodega Toneles. Básicamente, un vino joven, directo, con un estilo gustador y un precio pensado para volver a atraer a los consumidores ($180 por botella o $1000 por caja). El nombre es la suma de los dos apellidos, por eso en la nueva etiqueta lo definen como un “blend de personas”, buenas y apasionadas personas. Al cierre de esta nota ya tenían su primera partida totalmente vendida y buscando fraccionar una nueva añada.


Pacto Wines. A la cabeza de este proyecto está Rodolfo Dhuin, flamante enólogo Bodega y Cavas de Weinert. Su lema es “pacta sunt servanta”, un principio del derecho romano que significa que los pactos deben ser honrados y refiere al pacto que tiene con su socio y con un principio de elaboración a mano, involucrados en cada detalle. Probamos el Pacto Malbec 2018 que, como en un pacto, incluye un pequeño porcentaje de Bonarda de Tupungato y es una explosión de fruta como la ciruela y la frambuesa. Redondito, joven, con personalidad y a buen precio.


Khaliméra Wines. Detrás de la etiqueta de increíble diseño hay un Malbec de la zona límite entre El Cepillo y Altamira, elaborado en forma clásica y con una breve crianza de 6 meses en barricas francesas nuevas. Han cuidado cada detalle y su nombre significa "buenos días" en griego, que es el deseo de estos productores para quien pruebe su vino.  La idea no es hacer algo extremo sino que guste, por eso antes del embotellado se le agregan unas nanoproteínas de origen natural que lo vuelven muy amable al paladar, dando como resultado un vino muy balanceado, redondo y de altísima “chupabilidad”.


Malajunta Wines. Ya había probado los vinos de Malajunta en varias oportunidades y, aunque los comenté en las redes, todavía no había podido escribir nada de ellos por aquí. Aquella noche presentaron una de sus novedades: Perdona y Olvida Merlot, un corte de añadas 2017, 2018 y 2019 de Los Árboles, al límite con Gualtallary. Tiene un perfil más clásico que sus Malajunta, con mayor madurez, cuerpo y una complejidad lograda al combinar añadas y crianzas distintas. Un Merlot que los amantes de la cepa deben probar y esperar en la copa o decanter.
La línea Perdona y Olvida incluye también un Pinot Noir y un Ancelotta.

Unas últimas palabras

Al margen de que me encantan esos proyectos pequeños, el marco sumaba para mostrarnos con humildad el esfuerzo y el trabajo de cientos de emprendedores. Después vendrían en la semana los altos puntajes, la arquitectura monumental y los grandes nombres que a veces te impiden ver este otro lado. Para mí, este comienzo fue un gran punto de partida para el viaje.



Nota sobre Casa Tano en El Ángel del Vino: 



viernes, 6 de septiembre de 2019

Nadie bebe dos veces el mismo vino


En “El sueños de los héroes”, una de las mejores novelas de Adolfo Bioy Casares, se narra la historia de Emilio Gauna, quien gana una buena suma en el hipódromo y decide gastársela en tres días de farra en los carnavales de 1924. Gauna termina despertándose en los lagos de Palermo con más dudas que certezas y su memoria alcoholizada solo guarda retazos de esas noches con amigos en el Armenonville, uno de los cabarets más lujosos de la época.
Tres años después, ya casado y alejado de su vida de malevo, vuelve a ganar dinero con los caballos y decide repetir aquellos “días locos”. Íntimamente quiere reconstruir al detalle todo lo vivido para llegar a la noche última que lo obsesiona desde hace tres años. El final es fantástico (en el sentido de género y de valoración de la obra), pero no voy a contarlo. Lo que me interesa es la sensación que tiene Gauna de que a pesar del esfuerzo no se puede volver a lo vivido tres años atrás, la ciudad ha cambiado, él y los otros ya no son como antes y, sobre todo, su percepción de los otros es completamente diferente.
Hace poco terminé de releerlo y me puse a pensar en cómo la experiencia cambia las percepciones que tenemos. Y llevándolo al tema vinos esto es bastante evidente, al menos para mí (y otros tantos como yo, tal vez vos) que me “tomo” la cosa en serio, estudiando, catando y aprendiendo con cada copa. Aquel vino favorito de hace unos años, ese que fuera nuestro caballito de batalla, ya no es lo mismo hoy. ¿Qué ha pasado en este tiempo? Nuestro paladar ha cambiado y las tendencias del vino argentino también.

Nosotros
Nuestro paladar va cambiando, es un hecho. Piensen en cuánta cosas que no nos gustaban de niños/jóvenes nos fascinan de adultos. Con respecto al vino evolucionamos como catadores y la razón es que el vino es un gusto adquirido, cultural. Lo dulce, por ejemplo, nos gusta desde la cuna, es un gusto innato y que nos agrada. Lo amargo como el café o los ácidos más intensos son gustos que incorporamos a medida que crecemos. “La apreciación del vino es un gusto adquirido”, explica la enóloga chilena Adriana Cerón, “requiere ir probando y entrenándose hasta que su aroma y su sabor se hagan familiares. En este sentido hay un camino lógico que es iniciarse en el consumo con vinos que impongan menos desafíos, con acidez moderada en el caso de los blancos y muy suaves en el paladar en el caso de los tintos”.
A medida que crecemos como consumidores vamos dejando de caer en la trampa de lo dulce y disfrutando la parte “difícil” del vino: descubrir aromas ocultos, disfrutar de la acidez vibrante de algunos, prestar atención a las texturas, reconocer varietales y formas de vinificación. A veces nos lleva a pensar que los vinos deben contenerlo todo, ser difíciles, y ahí nos equivocamos, porque nada es malo sino que es diferente y válido en sí mismo. Es como gozar un día de la literatura despojada y maledicente de Bukowski y otro del ingenio borgeano sin que la existencia de uno niegue la del otro o la posibilidad de disfrutarlos.

Los vinos
En nuestro país, la industria ha ido transformándose desde la década del 90 cuando resurgió desde sus cenizas. En aquella época que nos parece tan lejana, el nivel de tecnología aplicado a la elaboración de vinos era mucho más bajo que ahora (que no te extrañe ver drones sobrevolando viñedos para hacer mapeos), la búsqueda iba más para el lado de la cantidad que de la calidad y el estilo francamente atrasaba. Con la llegada de los flying winemakers y el descubrimiento de esa joya en bruto que era el Malbec el nivel de crecimiento fue geométrico y nos hicimos un lugar en la escena mundial.
Sin embargo, el camino no era seguir una fórmula como pareció en un primer momento y el estilo se fue ajustando. Por supuesto que caemos en modas todo el tiempo, de ponerle madera nueva y con tostado intenso a todo (quizá el memorioso recuerde la tendencia del 200% de barrica) a la búsqueda desesperada actual por los suelos calcáreos, la acidez extrema y la crianza en recipientes de concreto como sea.
Más allá de las modas, hay cambios que quedaron y le hicieron bien a nuestros vinos: la bajada paulatina del grado alcohólico, la cosecha menos madura, la disminución del uso del roble, la búsqueda y el respeto de la expresión del terruño. Quizá tu vino de cabecera de hace unos años, ese que te hizo apasionarte por esta noble bebida haya vivido alguno de estos cambios.


Nadie bebe el mismo vino

Uno de los primeros libros sobre el tema que leí fue el “Manual del vino argentino” de Jorge Dengis, en uno de sus capítulos el autor jugaba con la idea de Heráclito del cambio constante y que, por lo tanto, “ningún hombre se baña dos veces en el mismo río”. Como el vino es materia viva que evoluciona en nuestra botella es virtualmente imposible tomar dos veces el mismo vino. En sentido estricto dos vinos embotellados uno tras otro evolucionarán de distinta manera, una diferencia en el corcho, en la forma de guardado o pequeños detalles harán que a la larga un vino difiera del otro. Aunque suene a exagerado es técnicamente cierto.
Al respecto podría agregar algo que nos pasó en una cata a ciegas realizada en una vinoteca. Se iban a beber alrededor de unos doce Malbec y a quien guiaba la cata se le ocurrió hacernos la travesura de meter tres veces el mismo vino. Uno fue el primero, otro estuvo al medio y, como es de esperar, el tercero al final. Como la cata era a ciegas no sabíamos qué nos servían, pero lo curioso es que percibimos cada vino en forma diferente y hubo catadores que lo manifestaban de forma muy efusiva. La subjetividad pudo haber pesado, pero en el fondo lo que pasó es que tras varios vinos probados nuestro paladar deja de ser el mismo.
En fin, disfrutemos nuestra copa de vino de hoy, porque el de mañana no será igual.

lunes, 2 de septiembre de 2019

¡¡Cumplimos 8 años!!


Todavía me cuesta pensar el número.  Ocho me parece algo tan grande que tuve que ir a recorrer el historial del blog.  ¡Ha corrido vino bajo el puente!
Allí quedan como monolitos las catas, los festejos, las broncas; la revista, que tanto me dolió abandonar; las vinografías, que debería rescatar; los momentos en que escribí "para afuera" del blog; y un larguísimo etcétera.  Como escribí para otro aniversario "A veces lo hicimos bien, a veces nos equivocamos, pero estoy muy orgulloso de lo logrado. A pesar de que cada vez cuesta más conseguir tiempo para escribir, no hemos aflojado y conseguimos que nos reconozcan como una voz válida en el mundo de la comunicación de los vinos argentinos. Un reconocimiento que viene de parte de los consumidores, al fin de cuentas ese es el público al que siempre apunté."
Empezó como un hobby para despuntar el vicio de la escritura y lo sigue siendo, aunque debo reconocer que la falta de tiempo de los últimos 2 o 3 años ha impactado fuertemente en la cantidad de notas publicadas.  Afortunadamente este año voy encontrando nuevamente mi ritmo y el entusiasmo y cuando miro para atrás veo que no me aleje de los principios de este espacio.
Del otro lado de la balanza veo todo lo que conseguí con Vinarquía: aprendizaje, amigos, momentos inolvidables y el disfrute de hacer algo que me gusta.
Por eso agradezco a todos los que considero compañeros de ruta: los Argentina Wine Bloggers, los otros blogueros amigos, el lector silencioso pero fiel, el que interactúa a través de las redes sociales, el que no coincide con lo que digo pero me banca igual, el que llegó hace poco, el que está desde el principio, el que busca un consejo, el que lee Vinarquía.


¡¡Muchas gracias!!




lunes, 26 de agosto de 2019

Mendoza 2019 ¿la cosecha perfecta?

Vendimia 2019 en El Cepillo. Pinot Noir de Canopus para su Pintom

En nuestro país todavía hablar de añadas precisas suena a snobismo o tecnicismo. En gran parte debido a que tenemos la dicha de que el clima mendocino es bastante regular como para que, dentro de ciertos márgenes, las condiciones se repitan. ¡Vaya uno a encontrar esto en Europa!. Además, a fuerza de que cada vez haya un mayor conocimiento técnico (ergo, mejores vinos), podemos mejorar año a año y mantener una consistencia única. Sin embargo, los años no son todos iguales, hay cosechas mejores y peores en términos de volumen y calidad; o sencillamente diferentes, ni mejores ni peores. Es parte de la gracia del vino, que se niega a ser algo estandarizado.
En 2016 se habló de una añada muy difícil, llovió tanto que hubo poca uva y de calidad regular. Sin embargo, quien pudo seleccionar sus mejores racimos obtuvo vinos más ligeros y frutados que terminaron siendo una bocanada fresca que el mercado recibió con satisfacción. De estas uvas salió, por ejemplo, el Catena Zapata Adrianna Vineyard River Stones 2016 que obtuvo los prestigiosos 100 puntos Parker junto al Gran Enemigo Single Vineyard Gualtallary Cabernet Franc 2013, máximo representante de aquella otra gloriosa añada. Si tenemos en cuenta esto que venimos diciendo, entenderemos que más allá de los detalles técnicos tenemos que prestar atención al año. Aunque sea para tener un paneo general o saber qué podemos llegar a encontrarnos en una botella.
Después del ruido de la 2016, vinieron cosechas más normales y todo indicaba que la 2019 sería una cosecha tranquila. Poco se decía de ella con los vinos aún en fermentación, los que tienen varias vendimias a sus espaldas aventuraban algo más, pero por lo general se mostraron cautelosos. Hasta que ya con vinos algo más terminados se tiró la bomba en la feria de la distribuidora Umami que se realizó en mayo en Buenos Aires: la 2019 era la mejor cosecha de los últimos 25 años. ¿Quiénes lo aseguraban? Edgardo del Pópolo (Susana Balbo Wines), Gabriel Bloise (Chakana), Leonardo Puppato (Familia Schroeder), Leandro Azin (Casarena), Juan Carlos Muñoz y Fernando Losilla (Viña Las Perdices), Paco Puga (El Porvenir de Cafayate), Marcos Fernández (Doña Paula) y Bernarndo Bossi (Toneles). Algo saben estos pibes.

Cabernet Sauvignon de La Pirámide. Foto: Catena Zapata

Fue el punto de partida para un runrún de comentarios que coincidían con lo planteado en aquella cata. En líneas generales, se coincide en que en Mendoza y Patagonia el 2019 tuvo un invierno frío y una primavera fresca, mientras que el verano tuvo poquísimas lluvias (importante para que el grano no engorde demasiado y el viñedo no contraiga enfermedades provocadas por la humedad). La frescura general de este verano permitió una maduración lenta que dio granos de uva equilibrados y de gran calidad. El resultado será de vinos con mucha fruta, frescura y balanceados. “Consideramos que los vinos de 2019, si bien pueden beberse jóvenes, presentan un excelente potencial de añejamiento”, agregan desde Catena Zapata.
Germán Di Césare, enólogo de Trivento, asegura que el Malbec fue la tinta por excelencia de esta vendimia, “su tonalidad violácea se apreciará durante varios años en los vinos de alta gama”. Tanto en Valle de Uco como en Luján de Cuyo, la uva Malbec entregó fruta roja fresca y madura, un potencial alcohólico menor que 2018 y una acidez naturalmente elevada.
Con respecto a la acidez de este año se ha hablado bastante. Gabriel Bloise, Leonardo Puppato y Marcos Fernández, entre otros, resaltaron la mayor concentración de ácido málico en general, lo que nos dará blancos vibrantes y tintos frescos. “Los que cosecharon temprano no habrán notado diferencias, pero los que cosecharon tarde sí”, observó Edgardo del Pópolo, responsable de la línea Benmarco en Susana Balbo Wines. “Fue un año frío y seco. En un año cálido cosechar tarde te hace perder mucho y en un año lluvioso podés perderlo todo. En líneas generales, esta añada tiene lo mejor de la 2013 con lo mejor de la 2016”.
En cada consulta hay coincidencias y entusiasmo. Sebastián Zuccardi lo resume así: “ha sido muy muy buena. En cantidad fue una cosecha normal, un poco más chica que la 2018. Lo que tuvo de maravillosa para mí la 2019 es que fue frío y seco. Normalmente cuando son fríos, son húmedos; y cuando son secos, son calientes. Este año en particular que fue seco y fresco, es algo extraordinario, diferente. Lo que hay es un gran balance, los alcoholes no subieron tan rápido, hay frescura. Para el estilo de mis vinos es ideal, porque me gustan más frescos.”
Para algunos de los consultados la cosecha fue “normal”, una cosecha típica mendocina luego de unos años marcados por varios vaivenes climáticos. Incluso un famoso winemaker dijo off the record que le resultó aburrida, sin desafíos, aunque destacaba la calidad. En ese sentido, varios agrónomos coincidieron en que no hubo grandes sobresaltos y se “levantó” la uva con mucha calma, sin el apuro del granizo o la lluvia.

Último racimo de la vendimia 2019, por Pablo Ponce de The Big Wine Theory

Para Pepe Martínez Rosell, la mano maestra detrás de las burbujas de Rosell Boher, “el dueño de la verdad es el vino. No obstante, el asegurar una buena fruta, al momento de la vendimia nos anima a presagiar un mejor resultado y soñar con una excelente añada.” Sin embargo, en los espumosos es difícil presagiar el resultado final: “poder contar con excelente materia prima nos asegura calidad en los vinos "base". En nuestro caso, con elaboración tradicional y largo periodo de madurez sobre borras, sería muy pronto para asegurar o marcar diferencias notables”. Tendremos que esperar un poco más para disfrutar burbujas 2019, aunque por la excelente calidad de blancos que promete no es descabellado pensar en gratas sorpresas.
“La mejor cosecha es la próxima”, suele retrucarte la gente de la industria cuando preguntamos sobre cómo vienen los vinos de la añada actual. Hay algo de verdad en eso y también algo de presión, porque los vendedores suelen decir que la mejor añada es la que hay que vender. Sin embargo, y quizá alguien me tilde de naïf, noto mucho sinceramiento en los bodegueros con respecto a la información que brindan a los consumidores especializados o simplemente interesados en tener un producto de calidad. La información se agradece y a la vez nos llena de expectativas y ansiedad. Como dice un vinotequero amigo, estamos todos “manija” por empezar a probar los 2019 que ya empiezan a asomarse en las góndolas. Especialmente después de escuchar decir a Seba Zuccardi que “es quizá la mejor cosecha de mi vida”.