viernes, 11 de octubre de 2019

Dostoievski Gourmet


De adolescente viví una breve obsesión por la literatura rusa, especialmente la de Dostoievski. Crimen y castigo fue una obra que me llevó un buen tiempo terminar y mientras más me demoraba más me sentía identificado o persuadido por los planteos de Raskolnikov. Algo que me llamaba la atención de este personaje de Dostoievski era que tomaba constantemente té, incluso iba a tabernas donde lo pedía. Mucho tiempo después leí que el escritor era un peculiar caso gourmet.
Lyubov Fiódorovna, su segunda hija, cuenta que su padre tenía ciertas manías a la hora de preparar el té, bebida que consumía a grandes cantidades y con dos terrones de azúcar. “Primero lavaba la tetera con agua caliente, ponía tres cucharillas de té y vertía sólo un tercio de agua en el samovar y lo cerraba con una servilleta”, así empezaba el ritual dostoievskiano del té. “Unos minutos más tarde llenaba el samovar y también lo cubría. Cuando lo vertía siempre miraba el color del té.” Su obsesión por hacer una infusión perfecta lo llevaba en muchas ocasiones a tirar todo y volver a hacerlo. La clave parecía estar en el color. “Era habitual que llevase la taza a su gabinete y volviese de nuevo para servirse más agua o té”, continúa su hija y agrega una frase que su padre repetía a menudo: “Viertes el té, parece que el color es bueno y al llevarlo al gabinete, el color no sirve”.
Quien también comenta varias de sus curiosidades gastronómicas es Anna Grigórievna Dostoievskaia, la segunda mujer del escritor. En sus memorias comenta que tras comer pollo hervido le gustaba tomar leche caliente y antes del postre no faltaba media copa de Cognac. Sin embargo, sus elecciones culinarias fluctuaban según su humor: cuando estaba melancólico pedía una taza de caldo, escalope de ternera (básicamente una milanesa), té y vino. Y cuando estaba de buen humor prefería queso, nueces, naranjas, limón, hongos, caviar y mostaza francesa.


Además del té, al escritor de Los hermanos Karamazov le gustaba el alcohol, principalmente el Vodka. Un contemporáneo suyo comenta que no era raro encontrarlo desayunando con esta bebida y siguiendo uno de sus extraños rituales. Mijaíl Alexándrovich Alexándrov testimonia que llegó “una vez a casa de Fiódor Mijáilovich durante su desayuno y vi como tomaba vodka: mordía el pan negro y daba un pequeño sorbo a la copa del aguardiente. Masticaba entonces todo junto”. Según Dostoievski esta era la mejor y más sana manera de consumir Vodka.
Una manía más entre las que se cuentan del escritor ruso es que gustaba mucho de los dulces, que en esa época eran más del tipo de la fruta abrillantada. Sus favoritos eran los higos, dátiles, nueces, pasas, mermeladas y también las frutas frescas. Al igual que el té, los comía a toda hora y tenía la extraña costumbre de guardar dulces en los cajones de su escritorio y entre su biblioteca.
Afortunadamente mi obsesión por la literatura rusa se quedó en los libros, aunque algo se me ha pegado. Ocasionalmente cuando me hago un té recuerdo vagas tardes leyendo Crimen y castigo con una taza en la mano. Entonces voy a ese estante de mi biblioteca y disfruto algunas páginas de Gógol o de Maiakovski.



miércoles, 2 de octubre de 2019

Mendoza Tour 2019 – Día 2 – Catena Zapata

Para mí (y para muchos), decir Catena Zapata es decir la meca del vino argentino. Tiene un magnetismo propio por sus vinos, por su historia, por sus enólogos y la seguridad de que siempre son referentes. Cuando vi que el cronograma del viaje incluía visitar La Pirámide, me sentí fascinado por la idea de volver.
Nos recibió el enólogo Ernesto Nesti Bajda y tras la recorrida de reconocimiento nos fuimos directo al grano porque la jornada prometía ser extensa y jugosa. Mientras tanto en el Catena Institute, el centro de investigación y desarrollo de la bodega, nos esperaban Roy Urvieta y Fernando Buscema con copas, barricas y mucha información.


Catena Institute: las revoluciones del vino argentino

Algo que el Viejo Mundo le ha enrostrado al Nuevo Mundo es justamente lo que lo vuelve Viejo: los años de experiencia. Esos cientos de años elaborando vino no pueden compararse con los nuestros y merece todo el respeto. Sin embargo, el Nuevo Mundo trata de compensarlo con ciencia aplicada al estudio de su terruño y así lograr adquirir el conocimiento para estar en la cima del mundo. “No estamos aquí para enseñar, sino para aprender” dirá Fernando Buscema en la recorrida y explica en cierto modo el Catena Institute, un lugar de investigación.
Como hitos en la historia de la bodega, y también de la vinicultura argentina por su influencia, el Catena Institute reconoce tres revoluciones en el vino argentino. La primera revolución implica un trabajo en la bodega y los viñedos. Por un lado, Nicolás Catena le dio un vuelco a sus vinos al buscar seguir el estilo moderno/californiano donde la fruta predomina. Y la otra parte es conocida como los Catena cuttings. Laura Catena observó que no todas las parcelas del viñedo histórico Angélica Zapata se comportaban igual y que el Cuartel 18 era magnífico. Prestando atención a cómo se fueron implantando notaron que cada cuartel se componía de estacas de las mejores plantas de un viñedo anterior. Es decir, que el cuartel 18 provenía de las mejores plantas que fueron seleccionándose año tras año del cuartel 17, 16, 15, etc.
De esta selección natural también surgieron los primeros estudios del Malbec y notaron que menos quintales por hectárea no significan necesariamente mejor calidad y que tampoco todas las plantas son iguales. Como no es algo matemático, hay que buscar el balance y entender que hay muchas variables que influyen.


La segunda revolución se da cuando Jacques Lurton prueba los vinos de Catena y dice que le recuerdan a los de Languedoc (no considerados como de alta calidad) y que parecían provenir de una zona cálida. Allí comienza la búsqueda del frío del Doctor Catena quien se la juega por el viñedo Adrianna. Plantar en Gualtallary, a 1500 metros de altura, era una locura desaconsejada en aquella época. Iniciaron plantando Pinot Noir y Chardonnay, pensando en lo bien que les sienta ese clima, y Malbec, solo para experimentar. Lo increíble era que el Malbec maduraba y nadie podía explicarlo. La razón estaba en la intensidad solar de aquellas alturas extremas que compensaba el frío.
Para fines de los ’90 y principio de 2000, se tenía la impresión de que las 100 hectáreas del Viñedo Adrianna eran una pesadilla con diferentes suelos e inclinaciones. La primera decisión fue “homogeneizarlo”, volverlo parejo, algo común en aquella época. Sin embargo, el ojo científico de Laura prefirió estudiar por qué algunos sectores del viñedo eran diferentes. Así entendieron que había distintas composiciones geológicas, estilos de suelos, mayor o menor presencia de carbonato de calcio e, incluso, la presencia de microbiomas (bacterias que están en el suelo e interactúan con las plantas de forma casi simbiótica). Esta fue la tercera revolución, el origen del trabajo de parcelas que se hace con el viñedo Adrianna, “el más estudiado del mundo”, cuyos vinos están escapando a la varietalidad para ser la pura expresión de su terruño.
¿Cuál es la próxima revolución? Hay muchas investigaciones en proceso, desde mapear e identificar otras zonas, estudiar enfermedades y virus que afectan a las vides, y desarrollar el potencial de guarda de los vinos argentinos.


De la teoría a la práctica

De tanto hablar de vino nos dio sed así que para comprobar si todo lo que investigaron era cierto tuvimos que abrir algunas botellas.
Las nuevas añadas de los vinos de parcela demuestran lo que decía unas líneas más arriba: menos varietalidad, más terruño. Como ejemplo, valgan los White Stones y White Bones Chardonnay, que no tienen las notas típicas de la cepa; o sus Malbec, que van de lo más frutal a lo austero como el River Stones, hasta lo rugoso y estructurado como el Mundus Bacilus. La distancia entre unos y otros son algunos metros, pero en la copa son un mundo en sí mismo.
También pudimos hacer una vertical del afamado Malbec Argentino, catando las añadas 2006, 2010, 2013, 2015 y 2017. Me agradó ver un 2006 entero y reencontrarme con la añada 2010, mi primer Malbec Argentino, que siempre guardo en mi memoria porque fue uno de esos momentos que te hacen enamorarte del vino. Por su parte, la 2013 siempre hace notar por qué fue una gran cosecha y las últimas dos significan un cambio de estilo (y etiqueta) ya que ahora las uvas provienen de los viñedos Angélica y Nicasia. La búsqueda está orientada hacia la consistencia del producto a lo largo de los años y ganar en frescura.
Nesti Bajda y Fer Buscema no paraban de descorchar y, entre anécdota y anécdota, llegó la hora de brillar de Roy Urvieta, a cargo del nuevo proyecto de Laura Catena: Domaine Nico. Estos vinos son todo el conocimiento aplicado a la elaboración de pequeñas parcelas de Pinot Noir. Cada uno de ellos es un exponente de excelencia de la cepa y su lugar de origen, sin nada que envidiar a los mejores del mundo. Todos los tintos son magistrales, llenos de sutilezas y una elaboración meticulosa. Tienen toda la elegancia que disfrutamos los amantes del Pinot Noir, sin resignar modernidad. Hay una nota muy completa en el blog amigo Acercate al vino.
Al final, cuando pensaste que ya habías probado lo mejor, empiezan a aparecer las perlitas guardadas y esas que no saldrán nunca al mercado. Catena es así, siempre tiene algo más para sorprenderte y demostrar su solidez con los años: desde un glorioso Catena Alta Chardonnay 2001, hasta un clásico Catena Cabernet Sauvignon 1994 que soporta los años con dignidad.
Claramente, imbatibles. Una gran experiencia.



Nota en Cazavinos sobre la visita de los Argentina Wine Bloggers a Catena Zapata:



jueves, 26 de septiembre de 2019

3 vinos al toque: Rosados 2019


En el afán de hacer notas en profundidad, de querer decir algo más que datos duros, la sección 3 vinos al toque quedó bastante olvidada en el blog. Eso conllevó a que muchos vinos catados quedaran solo en el ámbito de las redes sociales (que no está mal) porque me resulta imposible hacer notas extensas de cada uno de ellos. Por eso, para una nueva edición de #AWBdescorcha me pareció interesante revitalizar este espacio donde comento etiquetas en forma breve.
El #AWBdescorcha es una movida en conjunto de todos los Argentina Wine Bloggers que, bajo un motivo común, recomendamos vinos para ocasiones puntuales. En este caso, aprovechando la llegada de la primavera y ese espíritu de renovación que trae consigo, recomendamos rosados. Justamente ya están saliendo los rosés 2019, así que sin pensarlo mucho busqué tres exponentes de esta estupenda añada y sin más vueltas van mis recomendados:

Livverá Rosé Sangiovese 2019. Una nueva entrega de los vinos de Germán Massera, un pibe incansable que gusta de revalorizar viñas y zonas algo olvidadas en el frenesí de los terruños de moda. En este caso estamos ante uvas Sangiovese de una zona de Tupungato conocida como Campo Vidal (pegado a Gualtallary). Motivado por el deseo de su esposa de tener un rosado delicado eligió ese parral que protegía las uvas del sol. Y le salió un vinazo, elegante, con unos aromas perfumados florales, afrutados sutiles y hasta algo cítricos. Su excelente acidez y estilo austero lo vuelven ideal para platos como sushi, ceviche o cualquier cocción esmerada y delicada. Para aplaudir.

Críos Rosé de Malbec 2019. Una nueva añada de este vino que sobresale por su color más pálido y una estética renovada, más elegante y siempre manteniendo esas “manitos” que representan a las mujeres de la familia, sus hijos y su trabajo. Se lo elaboró como hasta ahora, producto de una sangría de las uvas de Altamira de su Susana Balbo Signature Malbec, pero cuidando conseguir un color más tenue que en otras añadas. Lo que no resigna este vino es frescura y frutosidad, en un gran balance. Su estilo redondeado y amigable gustarán en cualquier mesa y creo que con pollo a las finas hierbas, un escabeche o como aperitivo es una buena opción.

Puercovin Puercoespin Rosado 2019. Este rosé viene de la mano de Giuseppe Franceschini, un enólogo italiano establecido en nuestro país que nos tiene acostumbrados a sus vinos jugados, con acidez vibrante. En este caso elaboró un rosado de Cabernet Franc del que pocos datos técnicos puedo aportar (ni sus vendedores saben decirme algo), pero al fin y al cabo el vino es el que manda: abunda en aromas a guinda y si bien tiene una acidez algo mordiente al principio, se nota bastante volumen en boca lo que le da un estilo redondeado. Ideal para acompañar platos fríos en una primavera y verano que prometen temperaturas altas.



viernes, 20 de septiembre de 2019

Mendoza Tour 2019 – Día 1 – Casa Tano

Mendoza se convirtió para mí en uno de esos destinos sagrados a los que todo fiel debe peregrinar alguna vez en su vida. Cumplí bastante, porque he recorrido buena parte de la Tierra Santa del vino argentino más de una vez. Sin embargo, cada año me pica el bichito de querer volver. Puedo trocarlo por Salta o algunos destinos vitivinícolas que no conozco, pero Mendoza tira. Así que con la excusa de asistir nuevamente a la Premium Tasting (una de las mayores catas que se hacen en Mendoza), junto a varios integrantes de Argentina Wine Bloggers le agregamos unos días a la agenda oficial para recorrer bodegas.
Después de nuestra jornada laboral, buena parte del grupo se subió al avión y llegamos a El Plumerillo pasadas las 19 hs. Íbamos con una agenda pensada por la mente siniestra de Francisco de Logia Petit Verdot como para aprovechar cada momento del viaje, aunque sin la locura de meter más de dos bodegas/eventos por día. Ya lo hicimos así alguna vez y está bien, pero vale la pena relajar y extender las charlas. Nuestro primer día no iba a ser la excepción, así que apenas llegados nos esperaban con un asado y mucho vino de pequeños productores.


El punto de encuentro era Casa Tano, un antiguo taller mecánico devenido en bodega urbana. A la cabeza de este peculiar proyecto se encuentran Lucas Richardi (proveniente de una familia de prestigiosos enólogos y enólogo él también, en Sposato Family Vineyards), Cristian Santos, Santiago Diez y Luca Aguilera. Entre los cuatro dan vida a esta bodega artesanal de Godoy Cruz que no cuenta con viñedos propios, pero compra uva de los mejores lugares de Mendoza para hacer su vino y barricas personalizadas para terceros. Abrimos botellas y probamos barricas de todo tipo y puedo asegurar que los vinos están más que bien y se venden a buen precio. ¡Incluso cuentan con un sector champañero para elaborar espumosos con el método rural o ancestral de una única fermentación en botella!
El lugar es tan dinámico que nos contaron las mil cosas que hacían: tapeos y menú del día, clases de elaboración de vinos, venta por botella y por copa, vinos personalizados para grupos de amigos, recitales y eventos culturales bajo su lema “Vino por el arte”, etc. Claramente no hay más límites que el que ellos quieran ponerle y ese ámbito dinámico atrae público de todo tipo.
El concepto me enamoró. Pibes jóvenes, haciendo buen vino en un lugar descontracturado y en medio de la ciudad, con la posibilidad de tomar algo al paso o llevar una botella para la cena. Cuando veo el crecimiento de bares y cervecerías, me pregunto por qué el vino no puede replicar algo así. Cómo puede crearse un espacio de vinos lejos de solemnidades y que, sin perder su esencia y peso cultural, sea algo moderno. Casa Tano es una posibilidad concreta.


Productores amigos

Además de Casa Tano en sí, la juntada era un excusa para catar vinos de alta calidad de pequeños productores.


BeBa Vinos. BeBa es un corte de Malbec y Bonarda elaborado entre Matt Berrondo y Pablo Bassin, quienes se conocieron cuando trabajaban juntos en Bodega Toneles. Básicamente, un vino joven, directo, con un estilo gustador y un precio pensado para volver a atraer a los consumidores ($180 por botella o $1000 por caja). El nombre es la suma de los dos apellidos, por eso en la nueva etiqueta lo definen como un “blend de personas”, buenas y apasionadas personas. Al cierre de esta nota ya tenían su primera partida totalmente vendida y buscando fraccionar una nueva añada.


Pacto Wines. A la cabeza de este proyecto está Rodolfo Dhuin, flamante enólogo Bodega y Cavas de Weinert. Su lema es “pacta sunt servanta”, un principio del derecho romano que significa que los pactos deben ser honrados y refiere al pacto que tiene con su socio y con un principio de elaboración a mano, involucrados en cada detalle. Probamos el Pacto Malbec 2018 que, como en un pacto, incluye un pequeño porcentaje de Bonarda de Tupungato y es una explosión de fruta como la ciruela y la frambuesa. Redondito, joven, con personalidad y a buen precio.


Khaliméra Wines. Detrás de la etiqueta de increíble diseño hay un Malbec de la zona límite entre El Cepillo y Altamira, elaborado en forma clásica y con una breve crianza de 6 meses en barricas francesas nuevas. Han cuidado cada detalle y su nombre significa "buenos días" en griego, que es el deseo de estos productores para quien pruebe su vino.  La idea no es hacer algo extremo sino que guste, por eso antes del embotellado se le agregan unas nanoproteínas de origen natural que lo vuelven muy amable al paladar, dando como resultado un vino muy balanceado, redondo y de altísima “chupabilidad”.


Malajunta Wines. Ya había probado los vinos de Malajunta en varias oportunidades y, aunque los comenté en las redes, todavía no había podido escribir nada de ellos por aquí. Aquella noche presentaron una de sus novedades: Perdona y Olvida Merlot, un corte de añadas 2017, 2018 y 2019 de Los Árboles, al límite con Gualtallary. Tiene un perfil más clásico que sus Malajunta, con mayor madurez, cuerpo y una complejidad lograda al combinar añadas y crianzas distintas. Un Merlot que los amantes de la cepa deben probar y esperar en la copa o decanter.
La línea Perdona y Olvida incluye también un Pinot Noir y un Ancelotta.

Unas últimas palabras

Al margen de que me encantan esos proyectos pequeños, el marco sumaba para mostrarnos con humildad el esfuerzo y el trabajo de cientos de emprendedores. Después vendrían en la semana los altos puntajes, la arquitectura monumental y los grandes nombres que a veces te impiden ver este otro lado. Para mí, este comienzo fue un gran punto de partida para el viaje.



Nota sobre Casa Tano en El Ángel del Vino: 



viernes, 6 de septiembre de 2019

Nadie bebe dos veces el mismo vino


En “El sueños de los héroes”, una de las mejores novelas de Adolfo Bioy Casares, se narra la historia de Emilio Gauna, quien gana una buena suma en el hipódromo y decide gastársela en tres días de farra en los carnavales de 1924. Gauna termina despertándose en los lagos de Palermo con más dudas que certezas y su memoria alcoholizada solo guarda retazos de esas noches con amigos en el Armenonville, uno de los cabarets más lujosos de la época.
Tres años después, ya casado y alejado de su vida de malevo, vuelve a ganar dinero con los caballos y decide repetir aquellos “días locos”. Íntimamente quiere reconstruir al detalle todo lo vivido para llegar a la noche última que lo obsesiona desde hace tres años. El final es fantástico (en el sentido de género y de valoración de la obra), pero no voy a contarlo. Lo que me interesa es la sensación que tiene Gauna de que a pesar del esfuerzo no se puede volver a lo vivido tres años atrás, la ciudad ha cambiado, él y los otros ya no son como antes y, sobre todo, su percepción de los otros es completamente diferente.
Hace poco terminé de releerlo y me puse a pensar en cómo la experiencia cambia las percepciones que tenemos. Y llevándolo al tema vinos esto es bastante evidente, al menos para mí (y otros tantos como yo, tal vez vos) que me “tomo” la cosa en serio, estudiando, catando y aprendiendo con cada copa. Aquel vino favorito de hace unos años, ese que fuera nuestro caballito de batalla, ya no es lo mismo hoy. ¿Qué ha pasado en este tiempo? Nuestro paladar ha cambiado y las tendencias del vino argentino también.

Nosotros
Nuestro paladar va cambiando, es un hecho. Piensen en cuánta cosas que no nos gustaban de niños/jóvenes nos fascinan de adultos. Con respecto al vino evolucionamos como catadores y la razón es que el vino es un gusto adquirido, cultural. Lo dulce, por ejemplo, nos gusta desde la cuna, es un gusto innato y que nos agrada. Lo amargo como el café o los ácidos más intensos son gustos que incorporamos a medida que crecemos. “La apreciación del vino es un gusto adquirido”, explica la enóloga chilena Adriana Cerón, “requiere ir probando y entrenándose hasta que su aroma y su sabor se hagan familiares. En este sentido hay un camino lógico que es iniciarse en el consumo con vinos que impongan menos desafíos, con acidez moderada en el caso de los blancos y muy suaves en el paladar en el caso de los tintos”.
A medida que crecemos como consumidores vamos dejando de caer en la trampa de lo dulce y disfrutando la parte “difícil” del vino: descubrir aromas ocultos, disfrutar de la acidez vibrante de algunos, prestar atención a las texturas, reconocer varietales y formas de vinificación. A veces nos lleva a pensar que los vinos deben contenerlo todo, ser difíciles, y ahí nos equivocamos, porque nada es malo sino que es diferente y válido en sí mismo. Es como gozar un día de la literatura despojada y maledicente de Bukowski y otro del ingenio borgeano sin que la existencia de uno niegue la del otro o la posibilidad de disfrutarlos.

Los vinos
En nuestro país, la industria ha ido transformándose desde la década del 90 cuando resurgió desde sus cenizas. En aquella época que nos parece tan lejana, el nivel de tecnología aplicado a la elaboración de vinos era mucho más bajo que ahora (que no te extrañe ver drones sobrevolando viñedos para hacer mapeos), la búsqueda iba más para el lado de la cantidad que de la calidad y el estilo francamente atrasaba. Con la llegada de los flying winemakers y el descubrimiento de esa joya en bruto que era el Malbec el nivel de crecimiento fue geométrico y nos hicimos un lugar en la escena mundial.
Sin embargo, el camino no era seguir una fórmula como pareció en un primer momento y el estilo se fue ajustando. Por supuesto que caemos en modas todo el tiempo, de ponerle madera nueva y con tostado intenso a todo (quizá el memorioso recuerde la tendencia del 200% de barrica) a la búsqueda desesperada actual por los suelos calcáreos, la acidez extrema y la crianza en recipientes de concreto como sea.
Más allá de las modas, hay cambios que quedaron y le hicieron bien a nuestros vinos: la bajada paulatina del grado alcohólico, la cosecha menos madura, la disminución del uso del roble, la búsqueda y el respeto de la expresión del terruño. Quizá tu vino de cabecera de hace unos años, ese que te hizo apasionarte por esta noble bebida haya vivido alguno de estos cambios.


Nadie bebe el mismo vino

Uno de los primeros libros sobre el tema que leí fue el “Manual del vino argentino” de Jorge Dengis, en uno de sus capítulos el autor jugaba con la idea de Heráclito del cambio constante y que, por lo tanto, “ningún hombre se baña dos veces en el mismo río”. Como el vino es materia viva que evoluciona en nuestra botella es virtualmente imposible tomar dos veces el mismo vino. En sentido estricto dos vinos embotellados uno tras otro evolucionarán de distinta manera, una diferencia en el corcho, en la forma de guardado o pequeños detalles harán que a la larga un vino difiera del otro. Aunque suene a exagerado es técnicamente cierto.
Al respecto podría agregar algo que nos pasó en una cata a ciegas realizada en una vinoteca. Se iban a beber alrededor de unos doce Malbec y a quien guiaba la cata se le ocurrió hacernos la travesura de meter tres veces el mismo vino. Uno fue el primero, otro estuvo al medio y, como es de esperar, el tercero al final. Como la cata era a ciegas no sabíamos qué nos servían, pero lo curioso es que percibimos cada vino en forma diferente y hubo catadores que lo manifestaban de forma muy efusiva. La subjetividad pudo haber pesado, pero en el fondo lo que pasó es que tras varios vinos probados nuestro paladar deja de ser el mismo.
En fin, disfrutemos nuestra copa de vino de hoy, porque el de mañana no será igual.

lunes, 2 de septiembre de 2019

¡¡Cumplimos 8 años!!


Todavía me cuesta pensar el número.  Ocho me parece algo tan grande que tuve que ir a recorrer el historial del blog.  ¡Ha corrido vino bajo el puente!
Allí quedan como monolitos las catas, los festejos, las broncas; la revista, que tanto me dolió abandonar; las vinografías, que debería rescatar; los momentos en que escribí "para afuera" del blog; y un larguísimo etcétera.  Como escribí para otro aniversario "A veces lo hicimos bien, a veces nos equivocamos, pero estoy muy orgulloso de lo logrado. A pesar de que cada vez cuesta más conseguir tiempo para escribir, no hemos aflojado y conseguimos que nos reconozcan como una voz válida en el mundo de la comunicación de los vinos argentinos. Un reconocimiento que viene de parte de los consumidores, al fin de cuentas ese es el público al que siempre apunté."
Empezó como un hobby para despuntar el vicio de la escritura y lo sigue siendo, aunque debo reconocer que la falta de tiempo de los últimos 2 o 3 años ha impactado fuertemente en la cantidad de notas publicadas.  Afortunadamente este año voy encontrando nuevamente mi ritmo y el entusiasmo y cuando miro para atrás veo que no me aleje de los principios de este espacio.
Del otro lado de la balanza veo todo lo que conseguí con Vinarquía: aprendizaje, amigos, momentos inolvidables y el disfrute de hacer algo que me gusta.
Por eso agradezco a todos los que considero compañeros de ruta: los Argentina Wine Bloggers, los otros blogueros amigos, el lector silencioso pero fiel, el que interactúa a través de las redes sociales, el que no coincide con lo que digo pero me banca igual, el que llegó hace poco, el que está desde el principio, el que busca un consejo, el que lee Vinarquía.


¡¡Muchas gracias!!




lunes, 26 de agosto de 2019

Mendoza 2019 ¿la cosecha perfecta?

Vendimia 2019 en El Cepillo. Pinot Noir de Canopus para su Pintom

En nuestro país todavía hablar de añadas precisas suena a snobismo o tecnicismo. En gran parte debido a que tenemos la dicha de que el clima mendocino es bastante regular como para que, dentro de ciertos márgenes, las condiciones se repitan. ¡Vaya uno a encontrar esto en Europa!. Además, a fuerza de que cada vez haya un mayor conocimiento técnico (ergo, mejores vinos), podemos mejorar año a año y mantener una consistencia única. Sin embargo, los años no son todos iguales, hay cosechas mejores y peores en términos de volumen y calidad; o sencillamente diferentes, ni mejores ni peores. Es parte de la gracia del vino, que se niega a ser algo estandarizado.
En 2016 se habló de una añada muy difícil, llovió tanto que hubo poca uva y de calidad regular. Sin embargo, quien pudo seleccionar sus mejores racimos obtuvo vinos más ligeros y frutados que terminaron siendo una bocanada fresca que el mercado recibió con satisfacción. De estas uvas salió, por ejemplo, el Catena Zapata Adrianna Vineyard River Stones 2016 que obtuvo los prestigiosos 100 puntos Parker junto al Gran Enemigo Single Vineyard Gualtallary Cabernet Franc 2013, máximo representante de aquella otra gloriosa añada. Si tenemos en cuenta esto que venimos diciendo, entenderemos que más allá de los detalles técnicos tenemos que prestar atención al año. Aunque sea para tener un paneo general o saber qué podemos llegar a encontrarnos en una botella.
Después del ruido de la 2016, vinieron cosechas más normales y todo indicaba que la 2019 sería una cosecha tranquila. Poco se decía de ella con los vinos aún en fermentación, los que tienen varias vendimias a sus espaldas aventuraban algo más, pero por lo general se mostraron cautelosos. Hasta que ya con vinos algo más terminados se tiró la bomba en la feria de la distribuidora Umami que se realizó en mayo en Buenos Aires: la 2019 era la mejor cosecha de los últimos 25 años. ¿Quiénes lo aseguraban? Edgardo del Pópolo (Susana Balbo Wines), Gabriel Bloise (Chakana), Leonardo Puppato (Familia Schroeder), Leandro Azin (Casarena), Juan Carlos Muñoz y Fernando Losilla (Viña Las Perdices), Paco Puga (El Porvenir de Cafayate), Marcos Fernández (Doña Paula) y Bernarndo Bossi (Toneles). Algo saben estos pibes.

Cabernet Sauvignon de La Pirámide. Foto: Catena Zapata

Fue el punto de partida para un runrún de comentarios que coincidían con lo planteado en aquella cata. En líneas generales, se coincide en que en Mendoza y Patagonia el 2019 tuvo un invierno frío y una primavera fresca, mientras que el verano tuvo poquísimas lluvias (importante para que el grano no engorde demasiado y el viñedo no contraiga enfermedades provocadas por la humedad). La frescura general de este verano permitió una maduración lenta que dio granos de uva equilibrados y de gran calidad. El resultado será de vinos con mucha fruta, frescura y balanceados. “Consideramos que los vinos de 2019, si bien pueden beberse jóvenes, presentan un excelente potencial de añejamiento”, agregan desde Catena Zapata.
Germán Di Césare, enólogo de Trivento, asegura que el Malbec fue la tinta por excelencia de esta vendimia, “su tonalidad violácea se apreciará durante varios años en los vinos de alta gama”. Tanto en Valle de Uco como en Luján de Cuyo, la uva Malbec entregó fruta roja fresca y madura, un potencial alcohólico menor que 2018 y una acidez naturalmente elevada.
Con respecto a la acidez de este año se ha hablado bastante. Gabriel Bloise, Leonardo Puppato y Marcos Fernández, entre otros, resaltaron la mayor concentración de ácido málico en general, lo que nos dará blancos vibrantes y tintos frescos. “Los que cosecharon temprano no habrán notado diferencias, pero los que cosecharon tarde sí”, observó Edgardo del Pópolo, responsable de la línea Benmarco en Susana Balbo Wines. “Fue un año frío y seco. En un año cálido cosechar tarde te hace perder mucho y en un año lluvioso podés perderlo todo. En líneas generales, esta añada tiene lo mejor de la 2013 con lo mejor de la 2016”.
En cada consulta hay coincidencias y entusiasmo. Sebastián Zuccardi lo resume así: “ha sido muy muy buena. En cantidad fue una cosecha normal, un poco más chica que la 2018. Lo que tuvo de maravillosa para mí la 2019 es que fue frío y seco. Normalmente cuando son fríos, son húmedos; y cuando son secos, son calientes. Este año en particular que fue seco y fresco, es algo extraordinario, diferente. Lo que hay es un gran balance, los alcoholes no subieron tan rápido, hay frescura. Para el estilo de mis vinos es ideal, porque me gustan más frescos.”
Para algunos de los consultados la cosecha fue “normal”, una cosecha típica mendocina luego de unos años marcados por varios vaivenes climáticos. Incluso un famoso winemaker dijo off the record que le resultó aburrida, sin desafíos, aunque destacaba la calidad. En ese sentido, varios agrónomos coincidieron en que no hubo grandes sobresaltos y se “levantó” la uva con mucha calma, sin el apuro del granizo o la lluvia.

Último racimo de la vendimia 2019, por Pablo Ponce de The Big Wine Theory

Para Pepe Martínez Rosell, la mano maestra detrás de las burbujas de Rosell Boher, “el dueño de la verdad es el vino. No obstante, el asegurar una buena fruta, al momento de la vendimia nos anima a presagiar un mejor resultado y soñar con una excelente añada.” Sin embargo, en los espumosos es difícil presagiar el resultado final: “poder contar con excelente materia prima nos asegura calidad en los vinos "base". En nuestro caso, con elaboración tradicional y largo periodo de madurez sobre borras, sería muy pronto para asegurar o marcar diferencias notables”. Tendremos que esperar un poco más para disfrutar burbujas 2019, aunque por la excelente calidad de blancos que promete no es descabellado pensar en gratas sorpresas.
“La mejor cosecha es la próxima”, suele retrucarte la gente de la industria cuando preguntamos sobre cómo vienen los vinos de la añada actual. Hay algo de verdad en eso y también algo de presión, porque los vendedores suelen decir que la mejor añada es la que hay que vender. Sin embargo, y quizá alguien me tilde de naïf, noto mucho sinceramiento en los bodegueros con respecto a la información que brindan a los consumidores especializados o simplemente interesados en tener un producto de calidad. La información se agradece y a la vez nos llena de expectativas y ansiedad. Como dice un vinotequero amigo, estamos todos “manija” por empezar a probar los 2019 que ya empiezan a asomarse en las góndolas. Especialmente después de escuchar decir a Seba Zuccardi que “es quizá la mejor cosecha de mi vida”.



martes, 13 de agosto de 2019

¿Por qué López?


Han salido varias notas a lo largo de los años en este blog y también he escrito sobre Bodegas López en las redes sociales más de una vez. Quienes han seguido esos posteos sabrán que los apoyé siempre y los últimos vinos catados de la bodega me llevaron a reflexionar nuevamente.
Soy amigo de la diversidad, un caprichoso bebedor que un día quiere beber sin más vueltas y otras veces busca olisquear la copa y disfrutar de los aromas de las largas crianzas. Alguien que a veces busca lo divertido de las nuevas voces y otras veces la tranquilidad de los clásicos (la analogía musical no es casual). Por eso siempre le di un sí gigante a López. Representan un paradigma distinto, un paradigma que los expertos no dejan de exaltar y que el consumidor reconoce desde siempre en la mesa familiar. Como escribió Patricio Tapia en su última Descorchados, “se trata de una forma de ver el vino, una mirada de vieja escuela que (…) no solo aplaudimos, sino que admiramos”.
En una cata, Eduardo López nos dijo: "Nosotros nos quedamos con un estilo tradicional, con los toneles grandes, etc. Lo hacemos por convicción y porque nos fijamos seguir así y debemos mantenerlo. Buscamos el estilo de vinos bebibles, para acompañar comidas (...) nos quedamos con el mercado de las bodegas tradicionales, peleando contracorriente. Veinte años después de la aparición del nuevo estilo, hacemos el balance y los números dicen que hicimos buen negocio. Por eso moriremos con las botas puestas. (...) Fue una decisión tomada, no ocurrió por inacción. Podemos decir que hoy somos lo distinto". Épico.
Este año tuve la oportunidad de volver a probar todos sus vinos, en parte en su degustación anual “López de punta a punta” y en parte en casa, más tranquilo. Pude notar que varios vinos han cobrado un aire nuevo, una “refrescadita” que no les sienta nada mal. Para muestra, los clásicos tintos Chateau Vieux 2013 y Rincón Famoso 2016, con mayor carga de fruta y concentración sin perder su estilo de crianza en grandes toneles. Una clara muestra de cómo podés adaptarte al paladar del consumidor sin perder el alma en ello.


Los grandes toneles de roble de entre 5000 y 20000 litros, unas joyas de bosques que ya no existen como cuando fueron elaborados, marcan más su presencia en la línea Montchenot y en algunos varietales como el Casona López Cabernet Sauvignon 2014. Pero su magia reside en la capacidad de lograr fusionarse armónicamente con el vino, redondearlo y lograr algo que hoy es muy raro de encontrar.
Con los blancos pude ratificar algo que ya venía observando, la búsqueda de un estilo cada vez más fresco y frutal. De las nuevas cosechas recomiendo el Montchenot Blanco 2017, un 100% Chenin directo y herbal; el Chateau Vieux Blanco 2018, un Chardonnay agradable y expresivo; o el Casona López Chardonnay 2018, donde se busca respetar la expresión varietal sumando uvas de Tupungato.
Una vez más, ¿por qué López? Porque representa otra forma de concebir el vino, pero que para nada está peleada con el gusto del consumidor actual. Hoy que rescatamos formas ancestrales, que celebramos la diversidad, que volvemos los ojos sobre tierras olvidadas y uvas que no notábamos, el llamado “estilo López” está tan vivo como siempre y con un sentido nuevo.




miércoles, 31 de julio de 2019

Mariana Onofri o como poner el alma en los vinos

La leyenda se repite con variantes a lo largo de las épocas y las latitudes. Griegos, celtas y hasta pueblos nativos de América del Norte tenían la creencia de que nuestras almas eran más “grandes” y por distintos motivos fuimos divididos y separados. Aunque sea un capricho o la sabiduría de los dioses, los seres humanos nos empecinamos en buscar eternamente nuestra otra parte.
La idea de encontrar a alguien que nos complemente pareciera obsesionarnos. En Francia, las mujeres solteras clavan agujas en los pies de Saint Guénolé o Sant Winwaleo a la espera de que el santo cumpla con el milagro de conseguirles su alma gemela y así liberarlo de esta “tortura”; Felisberto Hernández imaginó que las almas de los gordos podían encarnar en múltiples cuerpos y eso explicaría muchas cosas; otros creen que las almas gemelas no son iguales, sino muy diferentes, justamente porque buscan complementarse; personalmente siempre creí que la bebida puede ser una buena forma de encontrar nuestra alma gemela, o al menos pasar un buen rato con quienes no lo son.
Quienes conocen de almas gemelas y vinos son Mariana Onofri y Adán Giangiulio, los componentes principales del proyecto Onofri Wines. Mariana es sommelier y directora de vinos en The Vines y Adán es viticultor. En pareja desde hace varios años, empezaron hace relativamente poco a elaborar sus propios vinos. Algunas uvas provienen de The Vines y otras de Gral. Lavalle, al norte de la ciudad de Mendoza. Lavalle es una de las regiones más productivas de Mendoza, pero más destinada a producir vinos de volumen. Sin embargo, el proyecto de Mariana y Adán apuntó a revalorizar esa zona y esos vinos con una cuidada elaboración y trabajo del viñedo.

Mariana Onofri y Adán Giangiulio junto a sus vinos

En su constante búsqueda, hace dos años injertaron la variedad Carignan, una desconocida en nuestro país, sobre el pie de plantas de más de 40 años. El Informe Anual de Superficie 2018 del INV canta 12,8 hectáreas de Carignan y mi memoria (con la ayuda de Google) no me permitió ir más allá de dos etiquetas en el mercado local. Es una uva muy conocida en Francia, Chile y España donde se la conoce como Cariñena y se estima que es su origen.
Según Jancis Robinson, “Carignan es una curiosa uva tinta que provoca fuertes reacciones en quienes la conocen. Sin embargo, a pesar del hecho de que era la variedad de vid más común plantada en Francia, hasta que Merlot la superó a fines del siglo XX, la mayoría de los bebedores de vino nunca han oído hablar de ella”. La variedad tiene fama de ser difícil, por su tendencia a dar vinos tánicos, alta producción y ser sensible a la podredumbre. Que la hayan injertado en Lavalle es interesante, porque es una uva que gusta de climas cálidos y secos, por eso fue la estrella de los viticultores franceses en Argelia. Hoy que cada vez buscamos más las alturas y las latitudes más australes para plantar, pensar en el futuro de estas zonas es una jugada estratégica.

Parrales en Lavalle

Increíblemente al primer año de injertado la vid dio suficientes frutos como para producir unos 2000 litros que se fermentaron en bines y luego reposaron 12 meses en barricas usadas desde 2013 para que el impacto de la madera sea poco. En diálogo con Mariana me confió que los vinos de la cosecha 2019 están mejor gracias a que la planta se va afianzando cada vez más. “Hacemos los vinos lo más naturalmente posible, sin maquillajes”, dice Onofri y agrega que no buscan el estilo de gran concentración de Chile o de ciertas zonas de Francia y España, sino que prefieren cosechar temprano y realizar extracciones breves para ganar fluidez y ese estilo ameno que caracteriza sus vinos.
El Alma Gemela Carignan 2018 es un vino que se bebe fácilmente y creo que es su gran mérito. Mientras lo tomaba notaba detalles que iban y volvían, como cierta rusticidad o sabores ahumados, pero lo que más llamaba la atención era cómo el nivel de líquido en la botella bajaba. ¡Y para qué está el vino, si no es para beberlo!
Con todo, es un vino que va a ir creciendo porque tiene buena acidez y taninos. Los que lo han probado anteriormente coinciden en este detalle y personalmente voy a guardar una botella para descorchar en el verano. Ni que decir que estoy ansioso por probar el 2019.
Afortunadamente la escena del vino argentino está viviendo un momento lleno de innovación, de pequeños productores que revitalizan zonas, que prueban con variedades no tradicionales y técnicas de baja intervención, que arriesgan con estilos nuevos y viticultura sustentable. Se alejan de aquel estilo fotocopiado del que rezongaba Miguel Brascó hace 20 años y eso es lo lindo: la posibilidad de que podamos corrernos del paradigma, porque como con los buenos vinos nuestra alma gemela no viene a sumarse a nuestra zona de confort sino a hacernos ver las cosas de otra manera


Para leer más sobre este proyecto, algunas notas de blogueros amigos:


domingo, 21 de julio de 2019

#AmigosDelBolsillo: 4 vinos por menos de $300


Para acompañar esta semana del Día del Amigo, los Argentina Wine Bloggers decidimos repetir nuestra movida conjunta “Amigos del bolsillo” donde recomendamos etiquetas que disfrutamos sin desembolsar grandes sumas de dinero. Aunque hablábamos de U$S 10 como tope, preferí publicar en el rango de hasta $300 y mostrando variedad de estilos, zonas y tipos de vino.


Un blanco fresco
La Puerta Alta Torrontés 2018. Cuando los riojanos se ponen las pilas te pueden sacar los mejores Torrontés del país cómodos. Para los que gustan de nuestra cepa blanca más emblemática está La Puerta, una bodega que siempre ofrece buenos producto a precios ideales. Este vino abunda en frutas cítricas y notas de flores blancas como el azahar. Se lo siente equilibrado, agradable pero con carácter y un buen final. Es un vino muy versátil a la hora de comer (no me vengas con que los blancos son solo para piletear en verano), nosotros lo acompañamos con un pollo a las finas hierbas y un puré champ. $259


Viejas zonas, nuevos vinos
Astor’s Malbec 2018. Las uvas de este vino provienen de Alto Chapanay, departamento de San Martín, una de las zonas de mayor tradición y productividad del país, de la mano de Garvaglia Winery. Anteriormente hablé de los vinos de esta bodega (aquí y aquí), pero este tinto joven no estaba en su portfolio aún. “Es un segmento que no habíamos exploramos todavía, pero nos está yendo muy bien en Paraguay y Brazil. Pronto estará en Buenos Aires también”, me confió Sebastián Garavaglia. Se trata de un Malbec (apenas cortado con algo de Merlot) de estilo joven, sin madera: pura fruta y un estilo que invita a beber copa tras copa. $200


Malbec de Primera Zona
Cordero con piel de lobo Malbec 2018. Este Malbec proviene de viñedos de la llamada Primera Zona, la más tradicional de Mendoza: Perdriel, Luján de Cuyo y Barrancas. Es moderno, pero a la vez con esa sensación old school que le aporta la fruta madura de la zona y el breve contacto con madera que tiene una parte del vino. Si hay que caracterizarlo en breves palabras diría que es un vino de trago fácil, por lo menos en la cena familiar lo terminamos sin darnos cuenta. $260


Dulces burbujas para brindar
Deseado: cerramos esta cata imaginaria, con uno de los espumosos dulces mejor conocidos y exitosos del país. Elaborado en una sola fermentación con 100% Torrontés patagónico, conserva unos 65 gramos de azúcar por litro para el deleite de los dulceros y la acidez del nuestro sur que la equilibra. En casa es uno de esos pedidos recurrentes para el brindis y las “lady’s nights”, donde un par de botellas pueden volar fácilmente con sushi. $300

Las recomendaciones del resto de los AWB:
Argentina y sus Vinos
CazaVinos
El Vino del Mes
El Ángel del Vino

lunes, 24 de junio de 2019

Historia del Negroni: 100 años no son nada


Los cocteles clásicos de vieja escuela son inmortales y suelen combinar ingredientes simples, pero pulidos por el paso del tiempo para terminar logrando la perfección. Tienen un halo mágico y son también los que los habitués de las barras más han probado. Por eso no es raro encontrar en las redes sociales debates sobre, por ejemplo, el Martini perfecto o qué bartender hace el mejor Old Fashioned. Son cocteles con pocos ingredientes, pero donde el consumidor se pone quisquilloso hasta el punto del snobismo.
En los últimos años se dio en nuestro país un resurgimiento de la coctelería que, cruzada por la restricción de las importaciones, se apoyó mucho en los bitters y vermouths. Los tragos de la vieja escuela se vieron beneficiados y el Negroni volvió con brillo propio y como santo y seña de muchos bares.
Aparentemente el coctel fue creado en 1919 a pedido del dudoso Conde Camillo Negroni. Este hombre, habitué del Caffe Casoni tenía como trago favorito el Americano (una parte de Campari, una parte de vermouth rojo y un toque de soda), pero estaba buscando una versión más fuerte. El barman Fosco Scarselli fue quien tomó la posta y bajo las direcciones del Conde reemplazó la soda por gin. El detalle final se lo dio con una rodaja de naranja en vez del típico limón del Americano. Y nació uno de los grandes clásicos.
El Negroni gustó tanto que se popularizó rápidamente y para que se den una idea de lo que hablo, la familia fundó la Negroni Antica Distilleria en Treviso, Italia, y produjo una versión lista para consumir de la bebida, vendida como Antico Negroni 1919. Con la fama llegó la controversia (siempre pasa) y los descendientes del General Conde Pascal Olivier de Negroni pusieron en duda la versión florentina al decir que su antepasado había inventado el cóctel en 1857 en Senegal.
Dejando de lado el debate sobre su origen, para la Asociación Internacional de Bartenders el perfecto Negroni se prepara mezclando partes iguales de gin, vermouth rojo y Campari. Para ser más precisos, 30 mililitros de cada uno y adornando el vaso con una rodaja de naranja. Se sirve en un vaso corto, conocido mundialmente como vaso Old Fashioned, otro clásico del que vamos a hablar próximamente. Finalmente, dos recomendaciones: primero, está bueno tener refrescadas las bebidas para que no se derrita pronto el hielo y quede aguado (un Negroni no debería quedar aguado); segundo, usar ingredientes de calidad.
Si llegan ir a Florencia busquen el Caffè Roberto Cavalli, sobre la Via de Tornabuoni, y tómense allí un Negroni. Aunque ha cambiado el nombre, sigue siendo el lugar de nacimiento del coctel y esa es parte de la magia. Si te asalta la duda de porqué es tan perfecto algo tan simple, deberías recordar las palabras de Orson Welles: “los bitters son excelentes para tu hígado, el gin el malo es para ti. Pero se balancean entre sí”.



martes, 4 de junio de 2019

Las Perdices sale a explorar


El año pasado, la reconocida Viña Las Perdices lanzó una nueva línea de vinos bajo el nombre Exploración con la intención de adentrarse en nuevas zonas vitivinícolas. Fiel a su estilo inquieto y constantemente a la busca de nuevas variedades, arriesgaron a una línea premium subida a la tendencia de los microterroir de la que ya hablábamos en una nota anterior.
Realmente estas exploraciones son dignas de aplaudir por varias razones. Por un lado así se muestra la diversidad que tiene nuestro país. Contamos con zonas gloriosas y otras invisibilizadas detrás un blend, a la vez que pequeños sectores con grandísimo potencial terminan en vinos genéricos porque esos viñateros deben vender la uva a quién quiera comprarla. Y ni hablar de los sitios que no tienen un nombre prestigioso y que si no fuera por esta búsqueda seguirían siendo ignotos.
Por otra parte estas búsquedas muestran el respeto del enólogo y de la bodega por el lugar de origen. Decir Valle de Uco ya no nos alcanza a los consumidores inquietos y, cualquiera sea la región, generalizar bajo un amplio paraguas no le hace justicia a aquellas zonas que aportan buena cantidad de uva de alta calidad.
Finalmente, contra eso de “dejar que el terruño se exprese” o la baja intervención, creo que estas nuevas búsquedas requieren un trabajo a conciencia del equipo técnico de las bodegas. Llegar a demostrar qué es Gualtallary, Molinos o Chapadmalal requiere una experiencia acumulada de años de labor, observación, prueba y error. Porque cosechar en San Juan a principios del año no es lo mismo que esperar hasta marzo; ralear una vid, regar por goteo o usar un clon determinado también influye en el producto final; entonces, lograr la “expresión” de un lugar es también una búsqueda.
El año pasado Viña Las Perdices decidió salir de su zona de confort e ir más allá de los límites de Agrelo. Reconocer, potenciar e investigar nuevas zonas y estilos es un poco su búsqueda, por ahora centrada en un blanco y el consabido Malbec, pero ya se rumorean nuevas cepas.
“En el comienzo vimos que habían productores, o pequeños minifundios, que estaban un poco relegados porque le entregaban las uvas a las grandes bodegas y tenían algunos inconvenientes para el cobro, manejo y traslado de la uva. Entonces vimos una muy buena posibilidad de contactarlos y ofrecerles recibir la uva en la zona. Así fue que decidimos alquilar una bodega en el centro de La Consulta, donde logramos optimizar toda la logística del proceso, es decir: cosecha y trasporte. Estos pequeños minifundios tienden a desaparecer porque les cuesta mucho competir con los grandes viñedos o con producciones más eficientes. Son viñedos que tienen varios años, la calidad es inigualable, son muy equilibrados y era interesante empezar a vinificar esa uva”, afirma el Ing. Fernando Losilla, quien está a cargo de la parte enológica de este proyecto.


Afortunadamente pude probar los vinos en varias oportunidades y así tener una mirada más completa de ellos. En el más de medio año que tienen en la calle han ido evolucionando y transformándose de forma muy satisfactoria.
Si empezamos por el blanco, debemos decir que la exploración salió de los límites nacionales. El Exploración Casablanca Sauvignon Blanc 2018 surgió de las ganas de la bodega de traer uno de los prestigiosos Sauvignon Blanc chilenos a nuestro país. Lamentablemente en 2016 por el clima y en 2017 por la cantidad de producción no pudo ser posible, pero en 2018 todas las condiciones se dieron y parece que el acuerdo con el productor trasandino se sostendrá con los años. Estamos ante un blanco que se aleja un poco del consabido estilo de Casablanca, yendo en este caso más para los aromas a espárragos, hoja de tomate y piedra mojada. Se lo siente redondo, algo untuoso y con una acidez moderada que le da balance. Lo probamos con sushi y la salsa de soja despertó un poco la acidez del vino, cosa que no jodió para nada; también con una entrada de pulpo y espárragos en Anchoíta y el maridaje fue una cosa increíble.


Los tintos lanzados en esta oportunidad tienen una crianza de 12 meses en barricas francesas y americanas de primer y segundo uso, fiel al estilo de la bodega, pero sin querer perder la expresión de fruta característica de los lugares elegidos. Exploración Paraje Altamira Malbec 2016 muestra lo indómito de la zona, con un vino austero, lineal, mineral y de cuerpo medio. La fruta roja se mantiene al frente y hay toques florales y hasta de jarilla. Lo probamos con carnes rojas y va bien; en una segunda oportunidad arriesgamos un sushi dada su acidez vibrante y realmente nos sorprendió.
Del Altamira también está en góndolas la añada 2017 (parece que la 2016 voló) y hay que señalar que se lo nota un poco más redondeado, con menos austeridad. Ese es más para las carnes rojas, por ejemplo.


En un lugar más amigable se encuentra el Exploración La Consulta Malbec 2017. Cómo dije en Malbec World Day, es el estilo que me enamoró cuando empecé a interiorizarme en el mundo del vino: violetas, frutos rojos maduros, toques de crianza. De esos vinos que llenan la boca con taninos redondeados y amables. Es claramente el más “Las Perdices” de los tres y con un buen asado la rompe.

Me ha gustado mucho la línea Exploración y espero con ansias cuáles serán las próximas búsquedas. Creo que son una interesante apuesta para sorprender en una cena en casa, porque ninguno de los tres pasará desapercibido. Y, al margen de los vinos, me gusta que una bodega se corra de su zona de confort y explore (lo que sea), porque en esas exploraciones hay mucho de aprendizaje. Y es divertido.



viernes, 19 de abril de 2019

Trivento Gaudeo: el disfrute de conocer el terruño

El Premio Nobel de Medicina Albert Szent-Györgyi dijo alguna vez que “investigar es ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar lo que nadie más ha pensado”, o sea develar lo que está al alcance de todos, pero pasa desapercibido ante nuestra mirada. En el vertiginoso mundo de la enología argentina y su incansable búsqueda por mostrar nuestro potencial y diversidad, en los últimos años surgió la tendencia de sacar líneas de vinos que exploren terruños (o microterruños) y que se ajusta bastante a lo expresado por Szent-Györgyi. “Antes en el Valle de Uco se cosechaba todo junto, como una sola cosa” prácticamente al ritmo de la logística, asegura Germán Di Césare, enólogo de Trivento que ahora se suma a estas exploraciones con la nueva línea Gaudeo.


Hace días nomás, pude probar los tres Malbec de Valle de Uco que actualmente integran la línea Gaudeo. Su nombre hace referencia a la palabra latina Gaudere, que significa alegrarse, disfrutar, gustar. “Nosotros disfrutamos recorrer y aprender de los lugares que recorremos”, dice el enólogo Germán Di Césare quien explica que a diferencia de lo que sucedía antes, se busca cosechar en el momento justo de cada lugar. Si bien, por ahora son solo tres vinos, nos anticiparon que la exploración de zonas se profundizará en un futuro cercano, mientras que hoy se explora en terruños bien conocidos por Trivento. La idea es buscar que hablen más las zonas que los varietales.


El primer vino que catamos fue el Trivento Gaudeo Paraje Altamira 2015, un tinto elegante y con una agradable textura al paladar. Sus aromas son expresivos y algo maduros, donde prevalece la fruta negra, las aceitunas negras, el tabaco y lo floral. Se lo siente fresco y vivaz con una textura que es su identidad y que perdura en la boca. Una muy agradable expresión de Altamira.
Con el Trivento Gaudeo Tupungato 2015 llegamos a las alturas de Gualtallary, una zona que tiene fue registrada como marca y no puede usarse (sí, cualquiera). Es un vino más tímido y austero que el de Altamira, donde predomina la fruta y las notas de crianza. La acidez, la mineralidad y lo jugoso es lo que el enólogo quiere rescatar de esta zona a 1300 msnm. Con todo, creo que es una visión sosegada, aunque nada despreciable, de Gualtallary y Germán aseguró que busca que las nuevas añadas sean más jugadas.
La escalada en alturas llegó a su punto máximo con el Trivento Gaudeo Tunuyán 2015, proveniente de San Pablo, a 1450 msnm. Este vino es la austeridad misma, con acidez y estructuras marcadas. Hay mucha concentración, típica de las pieles gruesas que se consiguen en San Pablo. Da la impresión de provenir de un lugar más salvaje, con una frutita que aparece luego de un rato en copa. “Es un vino tensionado”, cierra Di Césare.
Los tres vinos me gustaron mucho y están a un mismo nivel. En el día de la cata me incliné más por el de Tunuyán, una aplanadora, aunque a la hora del refill y pensando en acompañar algo para comer opté por Paraje Altamira. En ese sentido me parecen tres zonas con tres estilos diferentes y que pueden pensarse para ocasiones y consumidores diversos. Puestos uno junto a otro, sé cuál le gustará al que prefiera vinos complejos, cuál al que prefiera la acidez y cuál al que quiere algo más extremo. Hay vino para todos los paladares, esa es la gracia de nuestros terruños.

Germán Di Césare


miércoles, 17 de abril de 2019

Infografía: Malbec

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martes, 16 de abril de 2019

#AWBDescorcha Malbec de extrema altura

Cuando una vez más todos los Argentina Wine Bloggers nos propusimos la tarea conjunta de recomendar Malbec para conmemorar su día, la duda me invadió como siempre. Hay tanto Malbec y tan bueno que uno no sabe por dónde empezar. ¿Qué recomiendo, lo top de lo top? ¿lo que está al alcance de buena parte de los consumidores? ¿lo que compro añada tras añada con confianza? ¿los últimos lanzamientos? Pensalo, es como que un extranjero te pare en la calle y te pida que le recomiendes un par, ¿vas a lo seguro o das opciones de estilo, precio, bodega, etc? Las dudas existenciales (?) del recomendador de vinos son variopintas.
Por eso esta vez me decanté por dos Malbec que me volvieron loco en los últimos tiempos. Coincidentemente combinan uvas de diferentes terruños de extrema altura calchaquí, un terruño (si se puede hablar de uno y no de cientos en el NOA) que viene dando qué hablar, sorprendiendo con la nueva cara que muestra desde hace unos años a esta parte. El boom del Malbec tiene gran carga de ADN salteño así que no es de extrañar que sigan haciendo historia con vinos que siempre le dan una vuelta de tuerca más.


Cola de Zorro Malbec 2018. Este tinto es un blend de diferentes Malbecs de la zona alta del valle calchaquí salteño, son en total tres vinos que se elaboran por separado y antes de embotellar se decide el porcentaje y corte final. “La idea del proyecto es mostrar en esa etiqueta el potencial de la variedad en diferentes zonas del valle” dice el Álvaro Dávalos, un joven enólogo perteneciente a uno de los apellidos más vínicos de Salta. Las uvas provienen mayoritariamente de Angastaco a 2400 msnm, “de donde creo que sale toda la potencia y la estructura”, aclara Álvaro; Seclantás, un pequeño viñedo al fondo de una quebrada a 2100 msnm “que nos da todo el aporte de fruta y la frescura”; y finalmente una porción de Molinos, a 2500 msnm, que aporta “la fruta madura y los toques especiados”.
Su etiqueta juega entre la planta conocida como Cola de Zorro y la figura del animal, dos típicos habitantes de la extrema altura salteña, con un aire moderno y divertido. Se trata de un vino potente, que te lleva puesto y muestra un Malbec desnudo, sin madera, con todo el ímpetu de estos terruños. Es pura fruta y estructura, más concentrado que 2017 y, a mi entender, con mucho por delante para crecer y ser una añada memorable. Me guardé una botella para probar dentro de dos años y no sé si podré aguantarme las ganas.


Sunal Ilógico Malbec 2017. Luego de vinificar en Italia, Agustín Lanús volvió con la idea clara de explorar aquellas zonas extremas y poco consideradas de nuestro país. Su amor se volcó especialmente hacia el norte donde se conjuga gran potencial general, poca exploración y zonas de difícil acceso. “Es realmente ilógico producir vinos en esos lugares, no tiene lógica desde el punto de vista económico, de logística, de trabajo enológico y un montón de otros factores, de allí el nombre”, me indica el enólogo que no deja de entusiasmarse/nos cada vez que describe esos rinconcitos cuya uva muchas veces no tenía los mejores destinos.
Para el Sunal Ilógico combinó tres terruños de los Valles Calchaquíes que para él “son los de mayor potencialidad enológica del Valle”. Por un lado está Angastaco (2400 msnm), Salta, que aporta el cuerpo, color, largor y medio de boca más muchos de los aromas que impactan primero; los suelos pedregosos y salinos de Amaicha (2200 msnm), Tucumán, aportan la textura de tiza; finalmente Hualfín (2100 msnm), Catamarca, aporta la acidez natural necesaria para balancear tanta potencia. A este equilibrado blend de Malbecs se le da luego una crianza de repartida entre barricas sin tostar y huevos de concreto de unos 15 meses.
Cuando lo probé la primera impresión que tuve es la de que estaba ante un vino “rico”(por más genérico que pueda sonar esto), agradable, sabroso, con la potencia justa y mucha fruta.  Me sedujeron todo su abanico de aromas, entre frutales, aceituna negra, romero y sutiles notas ahumadas. Lo sentí redondeado, pero vigoroso y que llena la boca. Un gran vino, a un precio ilógico por todo lo que aporta.




lunes, 15 de abril de 2019

Malbec, la historia sin fin


El Malbec, como muchísimas otras cepas, tiene origen francés. Según quienes investigaron su historia, en Europa recibió hasta un millar de nombres dependiendo de la zona de cultivo, pero el más famoso fue el de Côt, en Cahors. Tuvo su mayor auge entre los siglos XII y XIV cuando los reyes y papas lo elegían para engalanar sus mesas y su exportación representaba el 50% de los vinos que salían del puerto de Bordeaux. Entre el surgimiento de nuevas zonas, la epidemia de filoxera (una plaga que se comió la mayoría de los viñedos europeos) del siglo XIX y la gigantesca helada de 1956, el Malbec venía en picada y cedía su terreno a otras cepas más valoradas. Su futuro era oscuro como los vinos que dan sus uvas hasta que en los 90 reapareció ante el mundo de la mano de los vinos argentinos y reescribió la historia.


Aquí debemos hacer una pausa, porque la historia del Malbec en nuestro país empieza mucho antes y se emparenta con la del vino chileno. El Malbec llegó a Chile en 1841, introducido por un grupo de franceses que contaban con el apoyo de las clases gobernantes. Había un interés creciente por Francia y por trabajar con cepas de calidad. “El espacio más importante de este proceso fue la Quinta Normal de Santiago. Fundada en 1841 por iniciativa del exiliado argentino Domingo Faustino Sarmiento, su nombre se inspiraba en la Escuela Normal de París, donde se cultivaban distintas plantas, particularmente vides. La Quinta Normal de Santiago operó como una estación experimental, en el sentido de introducir nuevas especies y variedades de plantas europeas, adaptarlas a los suelos y climas americanos, y luego difundirlas en la región para mejorar la producción agrícola y agroindustrial”, explica el historiador Pablo Lacoste en su artículo Historia del Malbec.
Una vez vuelto de su exilio, Sarmiento funda la Quinta Normal de Mendoza con similares intensiones. El proyecto se presentó ante la Legislatura Provincial mendocina el 17 de abril de 1853 y se aprobó rápidamente, quedando a cargo de la Quinta Agronómica de Mendoza el francés Michel Aimé Pouget. Según William Beezley en La senda del Malbec, Pouget se trajo “una gran carga de plantas y semillas que incluía cepas de varios tipos, como por ejemplo, Cabernet Sauvignon y Pinot Noir; una de ellas era la uva Malbec”.


La cepa se adaptó muy bien al clima y suelo de nuestro país, especialmente en Mendoza donde los viñateros la adoptaron y comenzaron a llamarla “uva francesa” o “la francesa” a secas. Para darse una idea de la popularidad de la cepa (principalmente para los que siguen creyendo que es una moda contemporánea) bastan los números: en 1944 había implantadas 49000 hectáreas de Malbec; en 1966, 57690 hectáreas y en 1974, 50000.
En la década del 80 se produce una gran crisis para el Malbec y la vitivinicultura argentina en general. “Lamentablemente, y al amparo de beneficios impositivos, se comenzaron a implantar variedades criollas de mucho rendimiento y de baja calidad enológica que dejó en desventaja a este cepaje de rendimientos limitados cuya consecuencia fue un importante porcentaje de erradicación”, explican Carlos Catania y Silvia Avagnina. En 1990 solo quedaban 10.400 hectáreas de Malbec y en 1996 se registró el pico más bajo con 9.700 hectáreas implantadas en todo el país. Afortunadamente, en forma paralela se estaba gestando una revolución de la mano un puñado de enólogos que querían modernizar la industria y hacer un producto de calidad.
“En 1980, mi padre ya tenía conciencia plena de que el vino en la Argentina se estaba transformando en una commodity y que, como tal, la competencia con otras bebidas que ganaban popularidad se limitaría a una cuestión de precio”, comenta Laura Catena en su libro Vino argentino y agrega que, tras conocer el famoso Juicio de París (donde los vinos norteamericanos vencen a los franceses en una cata a ciegas), se obsesionó con lograr un vino de calidad mundial. A principios de la década de 1990 Nicolás Catena empezó a trabajar fuerte en ese sentido y no era el único. “El proceso empezó con la llegada de Jess Jackson en la década de 1990”, continúa Laura Catena, “después lo hizo el mundialmente famoso Michel Rolland y luego fue el turno de los italianos (Antonini, Pagli, Cipresso), los otros franceses, los españoles y los chilenos, que llegaron a fines de esa década, con posterioridad a la crisis financiera de 2001. De un listado de bodegas publicado en The Wine Advocate en 2009, el 45% de los establecimientos ubicados en la Argentina pertenecía a extranjeros o tenía un asesor enólogo extranjero”. Los enólogos argentinos empezaron a trabajar a la par de los flying winemakers y encontraron el apoyo de las bodegas para desarrollar sus conocimientos y capacidades. Lejos parecían ir quedando los vinos de baja calidad y las hectáreas de Malbec crecían año a año hasta llegar a las 43.000 actuales.


A partir de 2002, con la devaluación de nuestra moneda, se produce el gran despegue del Malbec. Consumidores de todo el mundo acceden a un vino de clase mundial a un precio conveniente para ellos. Los críticos empiezan a mirar con más atención el fenómeno y ratifican lo que los consumidores ya sabían: que el Malbec argentino era muy bueno.
Lentamente nuestra cepa de bandera fue creciendo en prestigio y adaptándose a diversos estilos. Se fue pasando del “Malbec fotocopia”, como lo llamaba Miguel Brascó, a la búsqueda de la identidad del terruño. Cada día parece surgir una nueva búsqueda, alguna más que interesante, demostrando que este varietal todavía tiene mucho que decir en nuestro país. Lejos de ya haber encontrado su techo y su estilo definitivo, el Malbec escribe su historia interminable minuto a minuto.

Bibliografía:
Beezley, William. La senda del Malbec: la cepa emblemática de Argentina. En: Universum 20, 2, 2005
Catena, Laura. Vino argentino.  Buenos Aires: Catapulta, 2011