viernes, 19 de abril de 2019

Trivento Gaudeo: el disfrute de conocer el terruño

El Premio Nobel de Medicina Albert Szent-Györgyi dijo alguna vez que “investigar es ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar lo que nadie más ha pensado”, o sea develar lo que está al alcance de todos, pero pasa desapercibido ante nuestra mirada. En el vertiginoso mundo de la enología argentina y su incansable búsqueda por mostrar nuestro potencial y diversidad, en los últimos años surgió la tendencia de sacar líneas de vinos que exploren terruños (o microterruños) y que se ajusta bastante a lo expresado por Szent-Györgyi. “Antes en el Valle de Uco se cosechaba todo junto, como una sola cosa” prácticamente al ritmo de la logística, asegura Germán Di Césare, enólogo de Trivento que ahora se suma a estas exploraciones con la nueva línea Gaudeo.


Hace días nomás, pude probar los tres Malbec de Valle de Uco que actualmente integran la línea Gaudeo. Su nombre hace referencia a la palabra latina Gaudere, que significa alegrarse, disfrutar, gustar. “Nosotros disfrutamos recorrer y aprender de los lugares que recorremos”, dice el enólogo Germán Di Césare quien explica que a diferencia de lo que sucedía antes, se busca cosechar en el momento justo de cada lugar. Si bien, por ahora son solo tres vinos, nos anticiparon que la exploración de zonas se profundizará en un futuro cercano, mientras que hoy se explora en terruños bien conocidos por Trivento. La idea es buscar que hablen más las zonas que los varietales.


El primer vino que catamos fue el Trivento Gaudeo Paraje Altamira 2015, un tinto elegante y con una agradable textura al paladar. Sus aromas son expresivos y algo maduros, donde prevalece la fruta negra, las aceitunas negras, el tabaco y lo floral. Se lo siente fresco y vivaz con una textura que es su identidad y que perdura en la boca. Una muy agradable expresión de Altamira.
Con el Trivento Gaudeo Tupungato 2015 llegamos a las alturas de Gualtallary, una zona que tiene fue registrada como marca y no puede usarse (sí, cualquiera). Es un vino más tímido y austero que el de Altamira, donde predomina la fruta y las notas de crianza. La acidez, la mineralidad y lo jugoso es lo que el enólogo quiere rescatar de esta zona a 1300 msnm. Con todo, creo que es una visión sosegada, aunque nada despreciable, de Gualtallary y Germán aseguró que busca que las nuevas añadas sean más jugadas.
La escalada en alturas llegó a su punto máximo con el Trivento Gaudeo Tunuyán 2015, proveniente de San Pablo, a 1450 msnm. Este vino es la austeridad misma, con acidez y estructuras marcadas. Hay mucha concentración, típica de las pieles gruesas que se consiguen en San Pablo. Da la impresión de provenir de un lugar más salvaje, con una frutita que aparece luego de un rato en copa. “Es un vino tensionado”, cierra Di Césare.
Los tres vinos me gustaron mucho y están a un mismo nivel. En el día de la cata me incliné más por el de Tunuyán, una aplanadora, aunque a la hora del refill y pensando en acompañar algo para comer opté por Paraje Altamira. En ese sentido me parecen tres zonas con tres estilos diferentes y que pueden pensarse para ocasiones y consumidores diversos. Puestos uno junto a otro, sé cuál le gustará al que prefiera vinos complejos, cuál al que prefiera la acidez y cuál al que quiere algo más extremo. Hay vino para todos los paladares, esa es la gracia de nuestros terruños.

Germán Di Césare


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