miércoles, 31 de julio de 2019

Mariana Onofri o como poner el alma en los vinos

La leyenda se repite con variantes a lo largo de las épocas y las latitudes. Griegos, celtas y hasta pueblos nativos de América del Norte tenían la creencia de que nuestras almas eran más “grandes” y por distintos motivos fuimos divididos y separados. Aunque sea un capricho o la sabiduría de los dioses, los seres humanos nos empecinamos en buscar eternamente nuestra otra parte.
La idea de encontrar a alguien que nos complemente pareciera obsesionarnos. En Francia, las mujeres solteras clavan agujas en los pies de Saint Guénolé o Sant Winwaleo a la espera de que el santo cumpla con el milagro de conseguirles su alma gemela y así liberarlo de esta “tortura”; Felisberto Hernández imaginó que las almas de los gordos podían encarnar en múltiples cuerpos y eso explicaría muchas cosas; otros creen que las almas gemelas no son iguales, sino muy diferentes, justamente porque buscan complementarse; personalmente siempre creí que la bebida puede ser una buena forma de encontrar nuestra alma gemela, o al menos pasar un buen rato con quienes no lo son.
Quienes conocen de almas gemelas y vinos son Mariana Onofri y Adán Giangiulio, los componentes principales del proyecto Onofri Wines. Mariana es sommelier y directora de vinos en The Vines y Adán es viticultor. En pareja desde hace varios años, empezaron hace relativamente poco a elaborar sus propios vinos. Algunas uvas provienen de The Vines y otras de Gral. Lavalle, al norte de la ciudad de Mendoza. Lavalle es una de las regiones más productivas de Mendoza, pero más destinada a producir vinos de volumen. Sin embargo, el proyecto de Mariana y Adán apuntó a revalorizar esa zona y esos vinos con una cuidada elaboración y trabajo del viñedo.

Mariana Onofri y Adán Giangiulio junto a sus vinos

En su constante búsqueda, hace dos años injertaron la variedad Carignan, una desconocida en nuestro país, sobre el pie de plantas de más de 40 años. El Informe Anual de Superficie 2018 del INV canta 12,8 hectáreas de Carignan y mi memoria (con la ayuda de Google) no me permitió ir más allá de dos etiquetas en el mercado local. Es una uva muy conocida en Francia, Chile y España donde se la conoce como Cariñena y se estima que es su origen.
Según Jancis Robinson, “Carignan es una curiosa uva tinta que provoca fuertes reacciones en quienes la conocen. Sin embargo, a pesar del hecho de que era la variedad de vid más común plantada en Francia, hasta que Merlot la superó a fines del siglo XX, la mayoría de los bebedores de vino nunca han oído hablar de ella”. La variedad tiene fama de ser difícil, por su tendencia a dar vinos tánicos, alta producción y ser sensible a la podredumbre. Que la hayan injertado en Lavalle es interesante, porque es una uva que gusta de climas cálidos y secos, por eso fue la estrella de los viticultores franceses en Argelia. Hoy que cada vez buscamos más las alturas y las latitudes más australes para plantar, pensar en el futuro de estas zonas es una jugada estratégica.

Parrales en Lavalle

Increíblemente al primer año de injertado la vid dio suficientes frutos como para producir unos 2000 litros que se fermentaron en bines y luego reposaron 12 meses en barricas usadas desde 2013 para que el impacto de la madera sea poco. En diálogo con Mariana me confió que los vinos de la cosecha 2019 están mejor gracias a que la planta se va afianzando cada vez más. “Hacemos los vinos lo más naturalmente posible, sin maquillajes”, dice Onofri y agrega que no buscan el estilo de gran concentración de Chile o de ciertas zonas de Francia y España, sino que prefieren cosechar temprano y realizar extracciones breves para ganar fluidez y ese estilo ameno que caracteriza sus vinos.
El Alma Gemela Carignan 2018 es un vino que se bebe fácilmente y creo que es su gran mérito. Mientras lo tomaba notaba detalles que iban y volvían, como cierta rusticidad o sabores ahumados, pero lo que más llamaba la atención era cómo el nivel de líquido en la botella bajaba. ¡Y para qué está el vino, si no es para beberlo!
Con todo, es un vino que va a ir creciendo porque tiene buena acidez y taninos. Los que lo han probado anteriormente coinciden en este detalle y personalmente voy a guardar una botella para descorchar en el verano. Ni que decir que estoy ansioso por probar el 2019.
Afortunadamente la escena del vino argentino está viviendo un momento lleno de innovación, de pequeños productores que revitalizan zonas, que prueban con variedades no tradicionales y técnicas de baja intervención, que arriesgan con estilos nuevos y viticultura sustentable. Se alejan de aquel estilo fotocopiado del que rezongaba Miguel Brascó hace 20 años y eso es lo lindo: la posibilidad de que podamos corrernos del paradigma, porque como con los buenos vinos nuestra alma gemela no viene a sumarse a nuestra zona de confort sino a hacernos ver las cosas de otra manera


Para leer más sobre este proyecto, algunas notas de blogueros amigos:


domingo, 21 de julio de 2019

#AmigosDelBolsillo: 4 vinos por menos de $300


Para acompañar esta semana del Día del Amigo, los Argentina Wine Bloggers decidimos repetir nuestra movida conjunta “Amigos del bolsillo” donde recomendamos etiquetas que disfrutamos sin desembolsar grandes sumas de dinero. Aunque hablábamos de U$S 10 como tope, preferí publicar en el rango de hasta $300 y mostrando variedad de estilos, zonas y tipos de vino.


Un blanco fresco
La Puerta Alta Torrontés 2018. Cuando los riojanos se ponen las pilas te pueden sacar los mejores Torrontés del país cómodos. Para los que gustan de nuestra cepa blanca más emblemática está La Puerta, una bodega que siempre ofrece buenos producto a precios ideales. Este vino abunda en frutas cítricas y notas de flores blancas como el azahar. Se lo siente equilibrado, agradable pero con carácter y un buen final. Es un vino muy versátil a la hora de comer (no me vengas con que los blancos son solo para piletear en verano), nosotros lo acompañamos con un pollo a las finas hierbas y un puré champ. $259


Viejas zonas, nuevos vinos
Astor’s Malbec 2018. Las uvas de este vino provienen de Alto Chapanay, departamento de San Martín, una de las zonas de mayor tradición y productividad del país, de la mano de Garvaglia Winery. Anteriormente hablé de los vinos de esta bodega (aquí y aquí), pero este tinto joven no estaba en su portfolio aún. “Es un segmento que no habíamos exploramos todavía, pero nos está yendo muy bien en Paraguay y Brazil. Pronto estará en Buenos Aires también”, me confió Sebastián Garavaglia. Se trata de un Malbec (apenas cortado con algo de Merlot) de estilo joven, sin madera: pura fruta y un estilo que invita a beber copa tras copa. $200


Malbec de Primera Zona
Cordero con piel de lobo Malbec 2018. Este Malbec proviene de viñedos de la llamada Primera Zona, la más tradicional de Mendoza: Perdriel, Luján de Cuyo y Barrancas. Es moderno, pero a la vez con esa sensación old school que le aporta la fruta madura de la zona y el breve contacto con madera que tiene una parte del vino. Si hay que caracterizarlo en breves palabras diría que es un vino de trago fácil, por lo menos en la cena familiar lo terminamos sin darnos cuenta. $260


Dulces burbujas para brindar
Deseado: cerramos esta cata imaginaria, con uno de los espumosos dulces mejor conocidos y exitosos del país. Elaborado en una sola fermentación con 100% Torrontés patagónico, conserva unos 65 gramos de azúcar por litro para el deleite de los dulceros y la acidez del nuestro sur que la equilibra. En casa es uno de esos pedidos recurrentes para el brindis y las “lady’s nights”, donde un par de botellas pueden volar fácilmente con sushi. $300

Las recomendaciones del resto de los AWB:
Argentina y sus Vinos
CazaVinos
El Vino del Mes
El Ángel del Vino