lunes, 26 de agosto de 2019

Mendoza 2019 ¿la cosecha perfecta?

Vendimia 2019 en El Cepillo. Pinot Noir de Canopus para su Pintom

En nuestro país todavía hablar de añadas precisas suena a snobismo o tecnicismo. En gran parte debido a que tenemos la dicha de que el clima mendocino es bastante regular como para que, dentro de ciertos márgenes, las condiciones se repitan. ¡Vaya uno a encontrar esto en Europa!. Además, a fuerza de que cada vez haya un mayor conocimiento técnico (ergo, mejores vinos), podemos mejorar año a año y mantener una consistencia única. Sin embargo, los años no son todos iguales, hay cosechas mejores y peores en términos de volumen y calidad; o sencillamente diferentes, ni mejores ni peores. Es parte de la gracia del vino, que se niega a ser algo estandarizado.
En 2016 se habló de una añada muy difícil, llovió tanto que hubo poca uva y de calidad regular. Sin embargo, quien pudo seleccionar sus mejores racimos obtuvo vinos más ligeros y frutados que terminaron siendo una bocanada fresca que el mercado recibió con satisfacción. De estas uvas salió, por ejemplo, el Catena Zapata Adrianna Vineyard River Stones 2016 que obtuvo los prestigiosos 100 puntos Parker junto al Gran Enemigo Single Vineyard Gualtallary Cabernet Franc 2013, máximo representante de aquella otra gloriosa añada. Si tenemos en cuenta esto que venimos diciendo, entenderemos que más allá de los detalles técnicos tenemos que prestar atención al año. Aunque sea para tener un paneo general o saber qué podemos llegar a encontrarnos en una botella.
Después del ruido de la 2016, vinieron cosechas más normales y todo indicaba que la 2019 sería una cosecha tranquila. Poco se decía de ella con los vinos aún en fermentación, los que tienen varias vendimias a sus espaldas aventuraban algo más, pero por lo general se mostraron cautelosos. Hasta que ya con vinos algo más terminados se tiró la bomba en la feria de la distribuidora Umami que se realizó en mayo en Buenos Aires: la 2019 era la mejor cosecha de los últimos 25 años. ¿Quiénes lo aseguraban? Edgardo del Pópolo (Susana Balbo Wines), Gabriel Bloise (Chakana), Leonardo Puppato (Familia Schroeder), Leandro Azin (Casarena), Juan Carlos Muñoz y Fernando Losilla (Viña Las Perdices), Paco Puga (El Porvenir de Cafayate), Marcos Fernández (Doña Paula) y Bernarndo Bossi (Toneles). Algo saben estos pibes.

Cabernet Sauvignon de La Pirámide. Foto: Catena Zapata

Fue el punto de partida para un runrún de comentarios que coincidían con lo planteado en aquella cata. En líneas generales, se coincide en que en Mendoza y Patagonia el 2019 tuvo un invierno frío y una primavera fresca, mientras que el verano tuvo poquísimas lluvias (importante para que el grano no engorde demasiado y el viñedo no contraiga enfermedades provocadas por la humedad). La frescura general de este verano permitió una maduración lenta que dio granos de uva equilibrados y de gran calidad. El resultado será de vinos con mucha fruta, frescura y balanceados. “Consideramos que los vinos de 2019, si bien pueden beberse jóvenes, presentan un excelente potencial de añejamiento”, agregan desde Catena Zapata.
Germán Di Césare, enólogo de Trivento, asegura que el Malbec fue la tinta por excelencia de esta vendimia, “su tonalidad violácea se apreciará durante varios años en los vinos de alta gama”. Tanto en Valle de Uco como en Luján de Cuyo, la uva Malbec entregó fruta roja fresca y madura, un potencial alcohólico menor que 2018 y una acidez naturalmente elevada.
Con respecto a la acidez de este año se ha hablado bastante. Gabriel Bloise, Leonardo Puppato y Marcos Fernández, entre otros, resaltaron la mayor concentración de ácido málico en general, lo que nos dará blancos vibrantes y tintos frescos. “Los que cosecharon temprano no habrán notado diferencias, pero los que cosecharon tarde sí”, observó Edgardo del Pópolo, responsable de la línea Benmarco en Susana Balbo Wines. “Fue un año frío y seco. En un año cálido cosechar tarde te hace perder mucho y en un año lluvioso podés perderlo todo. En líneas generales, esta añada tiene lo mejor de la 2013 con lo mejor de la 2016”.
En cada consulta hay coincidencias y entusiasmo. Sebastián Zuccardi lo resume así: “ha sido muy muy buena. En cantidad fue una cosecha normal, un poco más chica que la 2018. Lo que tuvo de maravillosa para mí la 2019 es que fue frío y seco. Normalmente cuando son fríos, son húmedos; y cuando son secos, son calientes. Este año en particular que fue seco y fresco, es algo extraordinario, diferente. Lo que hay es un gran balance, los alcoholes no subieron tan rápido, hay frescura. Para el estilo de mis vinos es ideal, porque me gustan más frescos.”
Para algunos de los consultados la cosecha fue “normal”, una cosecha típica mendocina luego de unos años marcados por varios vaivenes climáticos. Incluso un famoso winemaker dijo off the record que le resultó aburrida, sin desafíos, aunque destacaba la calidad. En ese sentido, varios agrónomos coincidieron en que no hubo grandes sobresaltos y se “levantó” la uva con mucha calma, sin el apuro del granizo o la lluvia.

Último racimo de la vendimia 2019, por Pablo Ponce de The Big Wine Theory

Para Pepe Martínez Rosell, la mano maestra detrás de las burbujas de Rosell Boher, “el dueño de la verdad es el vino. No obstante, el asegurar una buena fruta, al momento de la vendimia nos anima a presagiar un mejor resultado y soñar con una excelente añada.” Sin embargo, en los espumosos es difícil presagiar el resultado final: “poder contar con excelente materia prima nos asegura calidad en los vinos "base". En nuestro caso, con elaboración tradicional y largo periodo de madurez sobre borras, sería muy pronto para asegurar o marcar diferencias notables”. Tendremos que esperar un poco más para disfrutar burbujas 2019, aunque por la excelente calidad de blancos que promete no es descabellado pensar en gratas sorpresas.
“La mejor cosecha es la próxima”, suele retrucarte la gente de la industria cuando preguntamos sobre cómo vienen los vinos de la añada actual. Hay algo de verdad en eso y también algo de presión, porque los vendedores suelen decir que la mejor añada es la que hay que vender. Sin embargo, y quizá alguien me tilde de naïf, noto mucho sinceramiento en los bodegueros con respecto a la información que brindan a los consumidores especializados o simplemente interesados en tener un producto de calidad. La información se agradece y a la vez nos llena de expectativas y ansiedad. Como dice un vinotequero amigo, estamos todos “manija” por empezar a probar los 2019 que ya empiezan a asomarse en las góndolas. Especialmente después de escuchar decir a Seba Zuccardi que “es quizá la mejor cosecha de mi vida”.



martes, 13 de agosto de 2019

¿Por qué López?


Han salido varias notas a lo largo de los años en este blog y también he escrito sobre Bodegas López en las redes sociales más de una vez. Quienes han seguido esos posteos sabrán que los apoyé siempre y los últimos vinos catados de la bodega me llevaron a reflexionar nuevamente.
Soy amigo de la diversidad, un caprichoso bebedor que un día quiere beber sin más vueltas y otras veces busca olisquear la copa y disfrutar de los aromas de las largas crianzas. Alguien que a veces busca lo divertido de las nuevas voces y otras veces la tranquilidad de los clásicos (la analogía musical no es casual). Por eso siempre le di un sí gigante a López. Representan un paradigma distinto, un paradigma que los expertos no dejan de exaltar y que el consumidor reconoce desde siempre en la mesa familiar. Como escribió Patricio Tapia en su última Descorchados, “se trata de una forma de ver el vino, una mirada de vieja escuela que (…) no solo aplaudimos, sino que admiramos”.
En una cata, Eduardo López nos dijo: "Nosotros nos quedamos con un estilo tradicional, con los toneles grandes, etc. Lo hacemos por convicción y porque nos fijamos seguir así y debemos mantenerlo. Buscamos el estilo de vinos bebibles, para acompañar comidas (...) nos quedamos con el mercado de las bodegas tradicionales, peleando contracorriente. Veinte años después de la aparición del nuevo estilo, hacemos el balance y los números dicen que hicimos buen negocio. Por eso moriremos con las botas puestas. (...) Fue una decisión tomada, no ocurrió por inacción. Podemos decir que hoy somos lo distinto". Épico.
Este año tuve la oportunidad de volver a probar todos sus vinos, en parte en su degustación anual “López de punta a punta” y en parte en casa, más tranquilo. Pude notar que varios vinos han cobrado un aire nuevo, una “refrescadita” que no les sienta nada mal. Para muestra, los clásicos tintos Chateau Vieux 2013 y Rincón Famoso 2016, con mayor carga de fruta y concentración sin perder su estilo de crianza en grandes toneles. Una clara muestra de cómo podés adaptarte al paladar del consumidor sin perder el alma en ello.


Los grandes toneles de roble de entre 5000 y 20000 litros, unas joyas de bosques que ya no existen como cuando fueron elaborados, marcan más su presencia en la línea Montchenot y en algunos varietales como el Casona López Cabernet Sauvignon 2014. Pero su magia reside en la capacidad de lograr fusionarse armónicamente con el vino, redondearlo y lograr algo que hoy es muy raro de encontrar.
Con los blancos pude ratificar algo que ya venía observando, la búsqueda de un estilo cada vez más fresco y frutal. De las nuevas cosechas recomiendo el Montchenot Blanco 2017, un 100% Chenin directo y herbal; el Chateau Vieux Blanco 2018, un Chardonnay agradable y expresivo; o el Casona López Chardonnay 2018, donde se busca respetar la expresión varietal sumando uvas de Tupungato.
Una vez más, ¿por qué López? Porque representa otra forma de concebir el vino, pero que para nada está peleada con el gusto del consumidor actual. Hoy que rescatamos formas ancestrales, que celebramos la diversidad, que volvemos los ojos sobre tierras olvidadas y uvas que no notábamos, el llamado “estilo López” está tan vivo como siempre y con un sentido nuevo.