viernes, 11 de octubre de 2019

Dostoievski Gourmet


De adolescente viví una breve obsesión por la literatura rusa, especialmente la de Dostoievski. Crimen y castigo fue una obra que me llevó un buen tiempo terminar y mientras más me demoraba más me sentía identificado o persuadido por los planteos de Raskolnikov. Algo que me llamaba la atención de este personaje de Dostoievski era que tomaba constantemente té, incluso iba a tabernas donde lo pedía. Mucho tiempo después leí que el escritor era un peculiar caso gourmet.
Lyubov Fiódorovna, su segunda hija, cuenta que su padre tenía ciertas manías a la hora de preparar el té, bebida que consumía a grandes cantidades y con dos terrones de azúcar. “Primero lavaba la tetera con agua caliente, ponía tres cucharillas de té y vertía sólo un tercio de agua en el samovar y lo cerraba con una servilleta”, así empezaba el ritual dostoievskiano del té. “Unos minutos más tarde llenaba el samovar y también lo cubría. Cuando lo vertía siempre miraba el color del té.” Su obsesión por hacer una infusión perfecta lo llevaba en muchas ocasiones a tirar todo y volver a hacerlo. La clave parecía estar en el color. “Era habitual que llevase la taza a su gabinete y volviese de nuevo para servirse más agua o té”, continúa su hija y agrega una frase que su padre repetía a menudo: “Viertes el té, parece que el color es bueno y al llevarlo al gabinete, el color no sirve”.
Quien también comenta varias de sus curiosidades gastronómicas es Anna Grigórievna Dostoievskaia, la segunda mujer del escritor. En sus memorias comenta que tras comer pollo hervido le gustaba tomar leche caliente y antes del postre no faltaba media copa de Cognac. Sin embargo, sus elecciones culinarias fluctuaban según su humor: cuando estaba melancólico pedía una taza de caldo, escalope de ternera (básicamente una milanesa), té y vino. Y cuando estaba de buen humor prefería queso, nueces, naranjas, limón, hongos, caviar y mostaza francesa.


Además del té, al escritor de Los hermanos Karamazov le gustaba el alcohol, principalmente el Vodka. Un contemporáneo suyo comenta que no era raro encontrarlo desayunando con esta bebida y siguiendo uno de sus extraños rituales. Mijaíl Alexándrovich Alexándrov testimonia que llegó “una vez a casa de Fiódor Mijáilovich durante su desayuno y vi como tomaba vodka: mordía el pan negro y daba un pequeño sorbo a la copa del aguardiente. Masticaba entonces todo junto”. Según Dostoievski esta era la mejor y más sana manera de consumir Vodka.
Una manía más entre las que se cuentan del escritor ruso es que gustaba mucho de los dulces, que en esa época eran más del tipo de la fruta abrillantada. Sus favoritos eran los higos, dátiles, nueces, pasas, mermeladas y también las frutas frescas. Al igual que el té, los comía a toda hora y tenía la extraña costumbre de guardar dulces en los cajones de su escritorio y entre su biblioteca.
Afortunadamente mi obsesión por la literatura rusa se quedó en los libros, aunque algo se me ha pegado. Ocasionalmente cuando me hago un té recuerdo vagas tardes leyendo Crimen y castigo con una taza en la mano. Entonces voy a ese estante de mi biblioteca y disfruto algunas páginas de Gógol o de Maiakovski.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Opiná con libertad!
Voy a tratar de que tu comentario aparezca en la entrada cuanto antes
¡Gracias!