miércoles, 2 de octubre de 2019

Mendoza Tour 2019 – Día 2 – Catena Zapata

Para mí (y para muchos), decir Catena Zapata es decir la meca del vino argentino. Tiene un magnetismo propio por sus vinos, por su historia, por sus enólogos y la seguridad de que siempre son referentes. Cuando vi que el cronograma del viaje incluía visitar La Pirámide, me sentí fascinado por la idea de volver.
Nos recibió el enólogo Ernesto Nesti Bajda y tras la recorrida de reconocimiento nos fuimos directo al grano porque la jornada prometía ser extensa y jugosa. Mientras tanto en el Catena Institute, el centro de investigación y desarrollo de la bodega, nos esperaban Roy Urvieta y Fernando Buscema con copas, barricas y mucha información.


Catena Institute: las revoluciones del vino argentino

Algo que el Viejo Mundo le ha enrostrado al Nuevo Mundo es justamente lo que lo vuelve Viejo: los años de experiencia. Esos cientos de años elaborando vino no pueden compararse con los nuestros y merece todo el respeto. Sin embargo, el Nuevo Mundo trata de compensarlo con ciencia aplicada al estudio de su terruño y así lograr adquirir el conocimiento para estar en la cima del mundo. “No estamos aquí para enseñar, sino para aprender” dirá Fernando Buscema en la recorrida y explica en cierto modo el Catena Institute, un lugar de investigación.
Como hitos en la historia de la bodega, y también de la vinicultura argentina por su influencia, el Catena Institute reconoce tres revoluciones en el vino argentino. La primera revolución implica un trabajo en la bodega y los viñedos. Por un lado, Nicolás Catena le dio un vuelco a sus vinos al buscar seguir el estilo moderno/californiano donde la fruta predomina. Y la otra parte es conocida como los Catena cuttings. Laura Catena observó que no todas las parcelas del viñedo histórico Angélica Zapata se comportaban igual y que el Cuartel 18 era magnífico. Prestando atención a cómo se fueron implantando notaron que cada cuartel se componía de estacas de las mejores plantas de un viñedo anterior. Es decir, que el cuartel 18 provenía de las mejores plantas que fueron seleccionándose año tras año del cuartel 17, 16, 15, etc.
De esta selección natural también surgieron los primeros estudios del Malbec y notaron que menos quintales por hectárea no significan necesariamente mejor calidad y que tampoco todas las plantas son iguales. Como no es algo matemático, hay que buscar el balance y entender que hay muchas variables que influyen.


La segunda revolución se da cuando Jacques Lurton prueba los vinos de Catena y dice que le recuerdan a los de Languedoc (no considerados como de alta calidad) y que parecían provenir de una zona cálida. Allí comienza la búsqueda del frío del Doctor Catena quien se la juega por el viñedo Adrianna. Plantar en Gualtallary, a 1500 metros de altura, era una locura desaconsejada en aquella época. Iniciaron plantando Pinot Noir y Chardonnay, pensando en lo bien que les sienta ese clima, y Malbec, solo para experimentar. Lo increíble era que el Malbec maduraba y nadie podía explicarlo. La razón estaba en la intensidad solar de aquellas alturas extremas que compensaba el frío.
Para fines de los ’90 y principio de 2000, se tenía la impresión de que las 100 hectáreas del Viñedo Adrianna eran una pesadilla con diferentes suelos e inclinaciones. La primera decisión fue “homogeneizarlo”, volverlo parejo, algo común en aquella época. Sin embargo, el ojo científico de Laura prefirió estudiar por qué algunos sectores del viñedo eran diferentes. Así entendieron que había distintas composiciones geológicas, estilos de suelos, mayor o menor presencia de carbonato de calcio e, incluso, la presencia de microbiomas (bacterias que están en el suelo e interactúan con las plantas de forma casi simbiótica). Esta fue la tercera revolución, el origen del trabajo de parcelas que se hace con el viñedo Adrianna, “el más estudiado del mundo”, cuyos vinos están escapando a la varietalidad para ser la pura expresión de su terruño.
¿Cuál es la próxima revolución? Hay muchas investigaciones en proceso, desde mapear e identificar otras zonas, estudiar enfermedades y virus que afectan a las vides, y desarrollar el potencial de guarda de los vinos argentinos.


De la teoría a la práctica

De tanto hablar de vino nos dio sed así que para comprobar si todo lo que investigaron era cierto tuvimos que abrir algunas botellas.
Las nuevas añadas de los vinos de parcela demuestran lo que decía unas líneas más arriba: menos varietalidad, más terruño. Como ejemplo, valgan los White Stones y White Bones Chardonnay, que no tienen las notas típicas de la cepa; o sus Malbec, que van de lo más frutal a lo austero como el River Stones, hasta lo rugoso y estructurado como el Mundus Bacilus. La distancia entre unos y otros son algunos metros, pero en la copa son un mundo en sí mismo.
También pudimos hacer una vertical del afamado Malbec Argentino, catando las añadas 2006, 2010, 2013, 2015 y 2017. Me agradó ver un 2006 entero y reencontrarme con la añada 2010, mi primer Malbec Argentino, que siempre guardo en mi memoria porque fue uno de esos momentos que te hacen enamorarte del vino. Por su parte, la 2013 siempre hace notar por qué fue una gran cosecha y las últimas dos significan un cambio de estilo (y etiqueta) ya que ahora las uvas provienen de los viñedos Angélica y Nicasia. La búsqueda está orientada hacia la consistencia del producto a lo largo de los años y ganar en frescura.
Nesti Bajda y Fer Buscema no paraban de descorchar y, entre anécdota y anécdota, llegó la hora de brillar de Roy Urvieta, a cargo del nuevo proyecto de Laura Catena: Domaine Nico. Estos vinos son todo el conocimiento aplicado a la elaboración de pequeñas parcelas de Pinot Noir. Cada uno de ellos es un exponente de excelencia de la cepa y su lugar de origen, sin nada que envidiar a los mejores del mundo. Todos los tintos son magistrales, llenos de sutilezas y una elaboración meticulosa. Tienen toda la elegancia que disfrutamos los amantes del Pinot Noir, sin resignar modernidad. Hay una nota muy completa en el blog amigo Acercate al vino.
Al final, cuando pensaste que ya habías probado lo mejor, empiezan a aparecer las perlitas guardadas y esas que no saldrán nunca al mercado. Catena es así, siempre tiene algo más para sorprenderte y demostrar su solidez con los años: desde un glorioso Catena Alta Chardonnay 2001, hasta un clásico Catena Cabernet Sauvignon 1994 que soporta los años con dignidad.
Claramente, imbatibles. Una gran experiencia.



Nota en Cazavinos sobre la visita de los Argentina Wine Bloggers a Catena Zapata:



1 comentario:

  1. Hola Ariel: muy buenas la notas, como siempre. He perdido tu contacto, cuando puedas enviame un WS asì lo recupero y charlamos. Un gran abrazo.

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