jueves, 5 de diciembre de 2019

Domaine Bousquet: nacidos para ser elegantes



"Si volviera a empezar, te encontraría sin buscarte", Paul Eluàrd


Imaginate un paisaje de campiña francesa, una ciudad amurallada con castillo medieval incluído, una fuerte tradición vitivinícola, un paisaje maravilloso lleno del romanticismo de las postales turísticas. Ahora imaginate dejarlo todo por ir a vivir en medio de las montañas mendocinas, a un lugar apenas habitado y casi sin las comodidades modernas. Aunque suena un poco a locura, es lo que hizo Jean Bousquet en 1997. Dejó atrás la bella Carassonne y cuatro generaciones de historia ligada a los viñedos franceses para empezar nuevamente en Gualtallary. En 2002 pudieron disfrutar de su primera cosecha comercial y a partir de allí no pararon de crecer, enfocados en la exportación. Hoy Jean Bousquet sigue con una pequeña porción de viñedos donde elabora vinos con su nombre, pero las 240 hectáreas del viñedo original de Domaine Bousquet lo manejan su hija Anne Bousquet y su esposo Labid Ameri.
En una entrevista realizada por la Asociación Argentina de Sommeliers Anne Bousquet explicó que “en aquel entonces, Gualtallary era un territorio virgen: extensiones semi desiertas, sin plantaciones, sin agua, sin electricidad y al que solo se podía acceder por medio de un único camino de tierra. Los lugareños descartaron el área por considerarla demasiado fría para el cultivo de uvas. Jean, en cambio, sintió que había encontrado la perfecta combinación entre su patria francesa (con baja acidez y clima cálido) y el Nuevo Mundo (soleado, con elevada acidez natural y un gran potencial para vinos relativamente frutales).”

Anne Bousquet, Rodrigo Serrano Alou y Labid Ameri

Desde un comienzo decidieron trabajar con prácticas orgánicas y en 2005 obtuvieron la certificación internacional que los termina de avalar. Eso los convirtió en la mayor bodega orgánica de Argentina, en una época en que muy pocos consumidores se interesaban en el tema. Esta filosofía los llevó a plantar la huerta de la que se nutre su restaurante, a cuidar los recursos hídricos y sumarse a las políticas de fair trade con sus vendimiadores. Y también a explorar el terreno de los vinos sin sulfitos, un campo bastante poco desarrollado en nuestro país, pero que se expande en el mundo. Rodrigo Serrano Alou, Jefe de Enología de Domaine Bousquet dijo que “para elaborar Virgen tuvimos que tener un control más estricto en los análisis sanitarios, que en este caso fueron semanales para prevenir de reacciones innecesarias, ya que al no tener sulfitos, es un vino que está más desprotegido de los microorganismos que pueden encontrarse en bodega. Además, se cuidó mucho la temperatura de fermentación y conservación en tanques”. Domaine Bousquet Virgen es una nueva línea que muestra su compromiso con esta búsqueda de vinos naturales y lo mejor del caso es que son muy sabrosos, cosa que no siempre pasa.
El lema de Domaine Bousquet es “Vinos naturalmente elegantes”, sumando el abstracto concepto de la elegancia a su forma de producir. Y digo abstracto porque definir la elegancia es realmente algo difícil y subjetivo. Si elegante es la sutileza y la armonía entre las partes que componen un todo, entonces diría que efectivamente sus vinos cumplen con la premisa. Personalmente creo que con los años el balance entre madera y fruta se ha ido ajustando hasta lograr vinos de gran clase. Un claro ejemplo de esto es Ameri, uno de sus tintos ícono, que con el correr de las añadas va bajando los decibeles de la madera para lograr una expresión más limpia sin dejar de ser un terciopelo.


Para quienes su nombre se nos va haciendo más habitual, Gualtallary no es uno solo. Hay muchas expresiones de esta zona, algunas más extremas, de vinos filosos y minerales; otras más elegantes, de vinos fluidos; y un gran abanico difícil de reducir a unas pocas palabras. Cualquiera sea la búsqueda de la bodega, lo que siempre te entrega Gualta es personalidad, una calidad por sobre el promedio y una expresión de fruta fresca imposible de dejar de lado. En una cata reciente de la bodega pudimos notar como esto, que es muy claro en los vinos jóvenes, es un rasgo que no se pierde a medida que se suman los meses de crianza. En algunos casos es la pura fruta del Malbec, en otros la tipicidad del Cabernet Sauvignon o la frescura de los blancos de altura. Siempre es un detalle que aparece y te dice: aquí está el Nuevo Mundo acompañando el savoir faire europeo.
A pesar de haber probado en varias oportunidades sus vinos, puedo decir con seguridad que no los he probado todos. Siempre tienen algo nuevo, un estilo que se ajusta constantemente y que seguramente se adaptará a tu gusto o tu búsqueda. El giro hacia una fruta más nítida, la elaboración orgánica y hasta natural (sin sulfitos) son un plus para sus vinos que personalmente me gusta reconocerles. Y principalmente, las inquietas ganas de avanzar, de explorar, de perfeccionar.



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