sábado, 25 de enero de 2020

Finca Flichman presentó su línea de vinos importados

No sé a vos, pero a mí la gente que se la juega me cae bien. Me gusta escribir sobre el tipo que se fue a plantar al medio de la montaña o sobre aquel al que todos le dijeron que no y hoy triunfa. En ocasiones son luchas monumentales de esas a las que nadie se atreve y, en otros casos, más pequeñas, aunque igualmente valorables.
Finca Flichman, perteneciente al grupo de origen portugués Sogrape, se la jugó recientemente importando una selección de los vinos del grupo a nuestro país. Con un dólar prácticamente indomable (o al menos alto), con retenciones en contra y un mercado local que parece contraerse, decidieron jugársela con vinos para un nicho muy pequeño de entusiastas enófilos.
En 1991 Finca Flichman fue la primera bodega fuera de Portugal que adquirió el grupo Sogrape. Algo que luego complementó con otras en Nueva Zelanda, España y Chile hasta convertirse en uno de los grupos vitivinícolas más admirados y exitosos. En nuestro país, la bodega local está buscando afianzarse en el sector Premium del mercado con algunos retoques enológicos, de marketing, el relanzamiento de su línea Dedicado y la llegada de estos importados.


Los vinos
Una de las bodegas que más me entusiasmó que estuviera presente en esta selección que llega a nuestro país es Framingham. Es de esas bodegas modernas, llenas de actitud rockera, pero con algunas de la vides más antiguas de Marlborough, Nueva Zelanda. Están certificados como bodega sustentable y trabajan con muchas microvinificaciones para lograr vinos con el perfil deseado. El Nobody’s Hero Sauvignon Blanc 2017 no es la excepción y se elabora a partir de la microvinificación de cinco viñedos de Wairau Valley que aportan diferentes atributos. Estamos ante un Sauvignon Blanc intenso de aromas y sabor, donde predomina el pomelo, las notas herbales y un gustito a frutas tropicales. Cuando quiero probar un Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda, este es el perfil que se me viene inmediatamente. De esos blancos que impactan y enamoran.
El otro blanco que llega es un clásico de la D. O. Rías Baixas, Galicia: Santiago Ruíz. Santiago es conocido como el Padre del Albariño porque hacia la década del 80 mejoró las técnicas de vinificación para transformar un vino local en uno de clase mundial. Férreo defensor de las variedades autóctonas de O Rosal elabora este blanco compuesto en un 76% de Albariño, 11% de Loureiro, 5% de Treixadura, 4% de Godello y 4% de Caiño Blanco. Es de esos blancos que incialmente se muestra sencillo, pero con los minutos se abre y muestra un abanico de aromas a manzano, damasco, hierbas. Se lo siente con bastante volumen, cítrico y hasta con cierta delicadeza, aunque no creo que sea su búsqueda. Es la segunda vez que lo pruebo (la primera en 2013) y nuevamente logró cautivarme. Un vino que no necesita golpes de efecto.
España todavía tenía más para mostrar de la mano de Bodegas LAN, acrónimo de Logroño, Álava y Navarra, las tres provincias que forman parte de la D.O.Ca. Rioja. El grupo está trayendo dos vinos de la bodega: LAN Crianza 2016 y LAN Gran Reserva 2010, ambos elaborados con mayoría de Tempranillo y un pequeño porcentaje de Mazuelo. El Crianza tiene una guarda de 14 meses en barricas mixtas y el Gran Reserva de 24 meses, tal como indica la D.O.Ca. Rioja. Sorprendentemente se corren bastante del perfil de Rioja con la madera al frente y muestran más su lado frutado. Los dos tintos se van abriendo lentamente y mostrando capas de aromas, aunque en el Crianza estos son más simples y el Gran Reserva hace honor a su casta.
La otra pata latinoamericana del grupo está en Chile, representado por Viña Los Boldos, en el Valle de Cachapoal. Es una de las bodegas más antiguas de Chile (1850) y cuenta con más de 250 hectáreas de manejo sustentable. Desde 2016 la enología está a cargo de Víctor Arce Gatica y la consultoría del terroir a cargo del afamado Pedro Parra. Si bien la bodega tiene una veintena de etiquetas para seducir su variado público, a nuestro país está llegando el Chateau Los Boldos Gran Reserva Carménère 2017, uno de sus vinos top. Sus aromas son complejos donde abundan las especias y la fruta madura. Se lo siente intenso, con textura, unos taninos marcados y un cuerpo que le da cierta redondez. Sorprendió a más de uno en la mesa y junto a los españoles, les auguramos un largo potencial de guarda.


Para cerrar esta cata, probamos la gloria de Portugal y caballo de batalla del grupo, los Oportos de Sandeman. La casa Sandeman fue fundada en Londres en 1790 por George Sandeman, un joven escocés de Perth. En aquellas remotas épocas donde los vinos generosos eran una moda y una necesidad impuesta por los largos traslados, este joven decidió invertir 300 libras que le había prestado su padre para comercializar vinos de Oporto y de Jerez. Más de 220 años después, se compran un promedio de 21 botellas de Sandeman por minuto en 75 mercados.
Dicho sencillamente el Oporto es un vino fortificado, es decir un vino al que se le ha agregado un aguardiente antes de que lleguen a fermentar todos sus azúcares. De esta manera se obtiene un vino más dulce, por el azúcar no fermentado, y con mayor graduación alcohólica. Por lo general se lo consume como vino de postre, pero también puede utilizarse como entrada cuando son jóvenes. Maridan muy bien con quesos (Stilton, según la tradición británica), frutas o postres dulces o un buen tabaco.
En esta ocasión probamos Sandeman Porto Ruby (sin crianza en barricas, pero guardado entre 2 y 5 años en la bodega), Sandeman Porto Late Blottled Vintage 2014 (crianza de 4 años en grandes barricas llamados balseiros), Sandeman Porto Tawny 10 Years (crianza de entre 9 y 12 años en barricas para lograr un carácter de “10 años”) y Sandeman Porto Tawny 20 Years (blend de vinos de entre 15 y 40 años para lograr el carácter buscado). Este tipo de vinos es una maravilla llena de cultura y sabor. Un micromundo que no deja de sorprenderme y que con cada copa me obliga a detenerme para paladear cada sabor y captar cada aroma. No exagero si digo que entre las maravillas que puede ofrecernos el mundo del vino, el Oporto está muy arriba en el ranking. Su balance entre dulzor, oxidación y crianza se disfrutan por sí solos o invitan a maridajes que muy pocos vinos se animan a ofrecer.


Si bien son vinos bastante onerosos, especialmente los últimos comentados, creo que son una grata experiencia para aquellos que puedan pagarlos y una iniciativa digna de reconocimiento. Nos abren el paladar a nuevos horizontes y diversidades más allá de lo que estamos acostumbrados.



También escribió sobre esta presentación el blog amigo Ángel y Vino: aquí y aquí

PS: en la próxima nota haré un breve comentario sobre los vinos de Porto para entender claramente de qué hablamos






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