viernes, 17 de abril de 2020

De Malbec, geografías y melodías ocultas


En ocasiones, cuando estoy girando mi copa, escudriñando su contenido y tratando de captar sus secretos me llega sobre el hombro el “todos los vinos son iguales” de algún maldito que te viene a pinchar la piñata antes de tiempo. Llega hiriente, casi lacerante diría, y trato de sacar mi lado zen para explicarle con paciencia que no, que no todos los vinos son iguales, que el terruño, que la cepa, que…
Cómo explicar todo lo que transmite una copa de vino a quien no quiere oírlo. O mejor dicho, cómo hacerles oír todo lo que un vino tiene para contar. Entre las gotas hay historia, conocimiento técnico, campo y un noséqué cautivante.

Si supieran cuánto aprendí de geografía, por ejemplo. Copa de por medio conocí las empinadas laderas de las Rías Baixas donde se recorren los viñedos en bote ; supe que Sudáfrica tiene montañas y que solo se cultiva la vid en una de sus laderas; sé dónde quedan Burdeos, Chablis, el río Duero, Oporto, Sonoma o Tokaj; que en la isla de Lanzarote la tierra es negra por su origen volcánico; que en algunas zonas se entierran las vides para que no las mate el frío extremo; en fin, creo que aprendí más geografía catando vinos que en toda la secundaria. Y con ello, mucho de geografía económica y mucho del funcionamiento de las plantas. El conocimiento te hace perder la mirada ingenua y hasta cuando vas a la verdulería te imaginás que no todas las papas pueden ser iguales.

Ahora que llega el Día Mundial del Malbec pienso cuánto de esto se aplica a nuestra cepa de bandera. Pensar que escucho decir más veces “todos los Malbec son iguales” que “todos los vinos son iguales”. Andá y poné sobre la mesa uno de Río Negro y uno de Valle de Uco (así, genérico) y decime si no se nota desde el color nomás. No importa cuál nos guste más o cuál venda más, uno será todo clásica delicadeza y fruta, mientras que el otro será color, flores y sabor intenso. Sírvanme un Malbec de Gualtallary en la copa y estaré esperando esa electricidad que bien o mal llamamos “mineral”. O decime si el ímpetu arrollador de los taninos y el color de Salta pueden disimularse atrás de la madera.

Amigos, no hay dos Malbec iguales. Por suerte, el “Malbec fotocopia” del que nos advirtiera el genial Miguel Brascó se está acabando o se acabó. Hoy, hasta en la cava más humilde puede haber uno del NOA que se banque los platos del invierno, uno de La Pampa que sorprenda a los invitados que creen haberlo visto todo o uno de Altamira que proponga una textura única.

Durante años con el Malbec intentamos seguir fórmulas exitosas y más de una vez le pifiamos feo porque no seguimos la mejor fórmula del viejo Viejo Mundo: respetar tu origen y tu identidad. Y disculpen si vuelvo a hablar de geografías, pero el paso que está dando el Malbec hoy es mostrar su lugar de origen. Los enólogos, que muchas veces tienen que quedarse a un lado para dejarlo ser, se han vuelto los traductores e intérpretes de una melodía oculta. Por suerte, cada vez les sale mejor.



6 comentarios:

  1. Excelente!!! Comparto cada letra de tu pensamiento!

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  2. Espectacular! Totalmente identificado. Felicitaciones Ariel

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  3. Si te gustan los vinos complejos y sorprendentes, SinFin te va a encantar. Es una bodega boutique ubicada en Maipú, Mendoza. Una verdadera joya oculta. Podés encontrar sus vinos en https://bodegasinfin.polargentina.com/home, o contactarte directamente a través del mail info@bodegasinfin.com con la bodega para pedir paquetes especiales con descuento.

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    1. Hola Agustina,
      sí, los conozco y he tomado en varias ocasiones. Me extraña que no haya ninguna nota en el blog, pero seguro que en mis redes sociales los he comentado.
      Saludos y gracias por comentar!

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