BIRA Wines, el respeto por el origen

Se presentó formalmente el proyecto BIRA Wines, que busca integrar el espíritu de las viejas y las nuevas generaciones del vino argentino, combinando lo mejor de ambos mundos.

Los bárbaros

En “Los bárbaros”, el ensayista Alessandro Baricco dedica unos capítulos al vino y a cómo el Nuevo Mundo transformó la experiencia del consumidor.  Según el escritor, lo que él llama el “vino hollywoodiense” arruinó la tradición y la forma en que el mundo se vinculaba con el vino. Baricco se muestra tan reaccionario que divierte y, paradójicamente, son tan ciertos los grotescos ejemplos que describe que es agradable reconocer a winemakers que no se resignan a hacer un vino estandarizado.

“Si vais a ver a un viejo artesano del vino, uno de esos franceses o italianos que crecieron en familias en las que no ponían agua en la mesa, y que viven en la misma colina en la que desde hace tres generaciones su familia se va a dormir con el olor del mosto, y que conoce su tierra y sus uvas mejor que el contenido de sus calzoncillos; si vais a ver a un maestro en quien conviven una sabiduría secular y una intimidad absoluta con el gesto de hacer el vino; si vais a verle y le dais un vaso de vino hollywoodiense (quizá producido por él mismo) para que se lo beba y le preguntáis qué opina, ésta será su respuesta: bah”, escribe en una de sus páginas.

Para Baricco son vinos de impacto, que buscan una espectacularidad al estilo Broadway, con muchas luces y poco contenido.  Mucho alcohol, mucho color, mucha madurez y dulzura, todo envuelto en marketing y puntajes rimbombantes.  Los resume como “vinos sin alma” que parecen “disipar el sentido, la profundidad, la complejidad, la riqueza original, la nobleza, incluso la historia”.

Santiago Bernasconi y Federico Isgró

El vino une

Federico Isgró, mendocino, y Santiago Bernasconi, porteño, se conocieron trabajando en Río Negro.  Federico era el ingeniero agrónomo de Bodega Chacra y Santiago había fundado con otros socios Bodega Aniello, a escasos 3 km una de otra.  Ambos eran apasionados enófilos que nacieron distantes y se vincularon con el mundo del vino por caminos diferentes, pero que, como ellos dicen, el viento patagónico “amontonó”.

Algo más los unía, su vinculación con Italia.  Ambos eran descendientes de los inmigrantes que llegaron a nuestro país en la primera mitad del siglo XX y Federico Isgró había trabajado en el Venetto y se había especializado en Siena (Toscana).  Sin embargo ese mismo pasado italiano, tenía fuentes diferentes: uno era del sur y otro del norte de la bota.

Las distancias parecieran separarlos, pero el vino volvió a unirlos varios años después en el Valle de Uco.  Allí un parral de Sangiovese de 1975 los convenció de encarar un proyecto juntos, por amistad, por visión y porque ambos complementan su trabajo.  “No quería un socio que fuera un inversor, quería a alguien que entienda lo difícil de hacer vino y venderlo”, confesó Santiago Bernasconi en uno de los #EncuentrosAWB de Argentina Wine Bloggers.

En Italia se vinifica con variedad Sangiovese desde las épocas del Imperio Romano, donde se lo llamaba Sangue di Giove (Sangre de Júpiter).  Es una de las variedades más cultivadas y con la cual se producen algunos de los más afamados caldos italianos: Chianti, Brunello di Montalcino, Sangiovese di Romagna, etc.  Bernasconi nos explica que “en Argentina llegó a ser la quinta variedad más cultivada en algún momento”. Por eso salieron a la caza de viñedos antiguos y encontraron aquel parral que mencionábamos en Tupungato, en un viñedo que estaba siendo reconvertido en Bonarda.

Vinos inspirados en dos generaciones

En este proyecto, Federico Isgró pone en juego toda su capacidad combinando técnicas de elaboración y crianza de lo más variadas.  Considera que busca “privilegiar el vino para comer y no como objeto de culto”, algo que no significa perder calidad sino considerarlo como lo que es, un alimento con una fuerte impronta cultural.

Los vinos de BIRA (Bernasconi, Isgro, República Argentina) se dividen en dos líneas: Primera Generación y Segunda Generación, con la que buscan representar la esencia de nuestra tradición vitivinícola.

La Primera Generación representa a esos inmigrantes que trajeron a nuestro país sus formas, sus costumbres y sus cepas.  Se basa en la uva Sangiovese con pequeños aportes de Syrah y Merlot y consta de 3 tintos: Rosso d’Uco, Brunetto y Vin Otto.  El primero se compone de un 60% de Sangiovese, el segundo de 70% y el último de un 80% del varietal italiano.  Sin embargo, no es que simplemente se juega con la cantidad de esa uva sino que en cada uno hay una forma de vinificar diferente, a veces cofermentando cepas, algunos elaborados en concreto y siempre con diferentes tiempos y proporciones de crianza en barricas o toneles.  Cada uno busca sorprender en su individualidad.

De esta línea pude probar por botella (los otros fueron en feria) el Rosso d’Uco 2018.  Está elaborado con un 60% de Sangiovese, 25% de Syrah y 15% de Merlot, todo fermentado por separado en piletas de concreto.  Luego, el 30% del blend se guarda entre 8 y 10 meses en barricas de roble francés.  De entrada sus aromas mostraron ese toque de barrica, sin embargo a medida que pasan las evoluciones de la copa va dejando eso de lado y mostrando su lado “rosso”, con la fruta y las flores como protagonistas.  Es de paso fluido aunque con buena estructura y largo final.

El Sangiovesse no es tan productivo y no aporta tanto color, es una variedad de ciclo largo y pasarlo de maduración es fácil, y lo más seguro, lo difícil es cosechar justo. El Sangiovesse tiene una nota a té negro en hebras, y taninos de grano fino como ese té.

Santiago Bernasconi

La otra línea de vinos de BIRA se conoce como La Segunda Generación y representa a los hijos de los inmigrantes, esos que descubrieron y desarrollaron el Malbec en Argentina.  Obviamente, el principal componente es nuestra cepa tinta característica con pequeños porcentajes de otras variedades usadas en el proyecto para darle complejidad y no perder de vista una concepción del vino donde los cortes suman mucho.

Esta línea tiene dos vinos con el nombre que se les dio a aquellos inmigrantes y sus hijos en estas tierras: Tano y Tanito. Pude probar el Tanito 2018, elaborado con un 80% de Malbec de La Consulta, 15% de Sangiovese y 5% de Cabernet Franc de Gualtallary, con una crianza similar a la del Rosso d’Uco.

Cuentan que Federico Isgró no quería un Malbec, pero ante la insistencia de Bernasconi decidieron que debía ser un “Malbec despeinado”, es decir que no sea hollywoodiense.  Aunque de entrada parece mainstream con un poco de oxigenación muestra cómo la fruta del Malbec se complementa con notas herbales.  Como fiel exponente de nuestro país, necesitarás meterle asado a lo loco y una botella más.

BIRA Wines Tanito

Parole finali

Los vinos de BIRA tienen un aire clásico, pero a la vez moderno y con una frescura muy bien buscada.  El perfil italiano en los primeros 3 y argentino en los últimos, se nota claramente.  Sutiles, elegantes y con la fruta al frente, todo augura un buen potencial de guarda.

Fabricio Portelli los definió como que “remiten a una villa toscana pero con los Andes de fondo”, una imagen muy acertada para definir a la Primera Generación y la herencia que dejaron en la Segunda.  “Son vinos con inspiración italiana que valoran lo que tenemos acá. No queremos hacer un gran Brunello sino un gran vino argentino, inspirado en ese maravilloso lugar”, repitió Santiago.

“Corazón italiano, alma argentina”, es la mejor definición que les cabe.


Otros blogs escribieron sobre este proyecto:
Argentina y sus vinos
Nicolás Orsini
El ángel del vino
Logia Petit Verdot


Ariel Rodriguez

http://www.vinarquia.com.ar

Profesor de Literatura y entusiasta del vino, su cultura y la gastronomía. Llevo adelante este blog desde 2011 y colaboro con diversos medios online. Autodidacta, soñador.

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