El señor de las burbujas

Lo había visto un par de veces medio de lejos.  Su historia, sus laureles, sus vinos, lo
precedían y no me animaba ni a saludarlo. 
Prefería mantenerlo así y no llevarme una desilusión.  Hasta que pude almorzar con él para hablar de
sus vinos y posteriormente asistir a una mini-clase.  Entonces me pude dar cuenta de cuán
equivocado estaba en no haberme acercado antes a hablar con Pedro Rosell.

Aunque su modestia lo haga negarlo y bromear sobre el hecho,
Pedro Rosell es quien más sabe de espumosos en Argentina.  Lo demuestra cada vez que descorchamos y a
través de su trabajo docente.  Hace unos
meses, su Cruzat Cuvée Réserve Rosé Extra Brut ganó uno de los International
Trophy
de la prestigiosa revista inglesa Decanter.  Ya no hablamos de una medalla de oro, sino de
un Trophy; y tampoco cualquier Trophy, sino un International, o sea que está
entre los mejores del mundo por menos de U$S25. 
Si necesita saber quién es Pedro Rosell, descorche uno de estos.
Invitados por Lo de Joaquín Alberdi, muy linda y surtida vinoteca
de Palermo, pudimos participar de una íntima charla con este maestro, que nos
dio una clase magistral sobre espumosos probando los vinos base y el producto
terminado.  El método champenoise (con el
que se producen los mejores vinos de este tipo) requiere de dos fermentaciones,
una en los tanques donde obtenemos un vino base y otra en la botella con el
agregado de levaduras.  Estos vinos base
son vinos muy chatos de aromas, bastante anodinos.  “La champañización exagera los aromas”,
explica don Pedro y critica a las bodegas que ante cualquier vino que no les
sale como quieren lo champañizan.  Un mal
vino base, dará un mal espumoso.
Probamos las bases de todos sus vinos y entendimos las
diferencias entre ellos.  Los Clásico
provienen de Luján de Cuyo  Tras la
fermentación inicial, permanecen un año en tanques de acero inoxidable en
contacto con levaduras.  Luego pasarán
otro año en botella sobre borras para la segunda fermentación.  La línea Clásico incluye un Rosé y un Extra
Brut, son vinos más simples, de aromas abundantes y, por lo mismo, compradores,
gustan a un público amplio.

Todos los vinos de Cruzat son cortes variables de Pinot Noir
y Chardonnay.  Como somos consumidores
inquietos y ávidos de novedades preguntamos por qué no de otras cepas.  Pedro Rosell nos contesta con una anécdota, como
hará durante toda la charla: en sus tiempos en Navarro Correas hizo
micro-pruebas con una decena de varietales y los puso a ciegas ante los
miembros de la bodega.  Dejando de lado
las muestras “infames”, las que más gustaron fueron las de Pinot Noir y
Chardonnay.  Son las que mejor se prestan
para esto y las que más aguantan las largas guardas y fermentaciones.  Caso cerrado para don Pedro.

Tiene 78 años recién cumplidos, viaja constantemente para presentar
sus vinos, sigue trabajando en los viñedos y en la bodega.  Posee una energía increíble y mantiene su
mente ágil a fuerza de buen humor y crucigramas (siempre tiene una revista en
el bolsillo).  Estudió con Emile Peynoud,
padre de la enología moderna, e incluso le preparaba algunos vinos de expedición
(son lo que se le agrega a los espumosos para darle el grado de azúcar final y
reponer lo que se pierde en el encorchado). 
Esto último creo que no lo podía decir, pero habla de lo que sabe de
enología.  No parábamos de preguntarle
cosas y él amablemente explicaba.  Por ejemplo,
que las levaduras seleccionadas de Champagne son más caras pero garantizan que
no se produzcan histaminas en el vino resultante, lo que nos daría dolor de
cabeza.  Así, cuidando todos los
detalles, hace su trabajo.
Finalmente probamos los Cuvée Réserve.  Sus uvas provienen de San José, cerca de
Tupungato en el Valle de Uco, y pasan casi dos años en tanques de acero
inoxidable y dos años sobre borras en botellas. 
Se diferencian de la otra línea en la complejidad, elegancia y acidez.  Son menos intensos, pero muy refinados.  “El Pinot Noir consigue complejidad a los
cuatro años” nos cuenta el maestro y tiene razón, no solo hay aromas de cereza
en su premiado Rosé sino también hojas de tomate y algo de flores.  La línea Cuvée es pura delicadeza.  Entre ellos, su Nature me gusta mucho, por su
complejidad, fruta tropical y sensaciones. 

Antes de irse nos deja otra lección.  Esta vez sobre defectos del vino.  Dejamos menos de 10 minutos una copa al
sol  a pesar de estar nublado.  El resultado, nuestro espumoso olía a cebolla
podrida.  Es la llamada “Enfermedad de la
luz”, hagan la prueba.

Ahora Pedro prepara el inminente lanzamiento de dos
Millésimé que viene guardando desde 2005 en las cavas de Cruzat. Por supuesto, esperamos
ansiosos poder probarlos.  Es el detalle
que necesitaba una trayectoria brillante, la de un hombre que todo el mundo
reconoce y aprecia.  Un maestro.
Mi selfie con Pedro Rosell, Inés González y Joaquín Alberdi

Ariel Rodriguez

http://www.vinarquia.com.ar

Profesor de Literatura y entusiasta del vino, su cultura y la gastronomía. Llevo adelante este blog desde 2011 y colaboro con diversos medios online. Autodidacta, soñador.

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4 Comments

  • Un groso Pedro!!

    • Tal cual. Me gustó mucho conocerlo.

      Abrazo

  • Como me perdí eso!!! que grosso Rosell, que decir de Joaquin, muy buena gente, humilde, generoso, otro grosso!!!

    • Hola Diego, gracias por leer y comentar.
      Los dos almuerzos con Pedro no fueron públicos sino que lo organizó Inés que maneja la parte de prensa de Cruzat.
      Coincido con tus apreciaciones.

      ¡Saludos!

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