¿Por qué brindamos con espumosos?

¿Alguna vez te preguntaste porque brindamos con bebidas burbujeantes? Las hipótesis son fascinantes.

Con la llegada del último mes del año se multiplican los brindis.  Además de las Fiestas, tenemos reuniones y festejos con amigos, compañeros del colegio, colegas, equipo de futbol y un largo etcétera que dependerá de lo amplio de nuestros lazos sociales.  En todas esas libaciones nunca faltará la botella de champagne, la sidra o alguna otra bebida con burbujas. 

Quizá alguna vez te preguntaste por qué brindamos con espumosos… o tal vez no… pero ya te planté la duda.

Hay varias hipótesis que intentan explicar el porqué de esta burbujeante elección.  La más difundida y aceptada es que la nobleza europea adoptó rápidamente el Champagne que perfeccionara Pierre Perignon en el siglo XVII.  La bebida se convirtió en sinónimo de lujo y gusto exquisito con justas razones.  Por un lado, producir un Champagne es más costoso que un vino tranquilo y por otro, lograr el equilibrio de sabores es un poco más difícil.  Si a esto añadimos la escasez de aquellos años, tenemos un cóctel para la exclusividad.

Los nobles de todos los puntos de Europa hacían sus pedidos a las casas de Champagne, incluso partidas únicas y botellas especiales para lucir en las fiestas galantes.  Los advenedizos, los que querían aparentar, los aduladores, imitaban todas las costumbres, en especial los consumos de la realeza.

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Otra hipótesis, que para nada contradice a la anterior y parece ser una continuación lógica, es la de Kolleen M. Guy, autora del libro When Champagne became french. “Después de la Revolución Francesa, el Champagne se volvió parte de los rituales seculares que reemplazaron a los rituales religiosos previos.  Podríamos bautizar un barco sin un sacerdote, por ejemplo, utilizando el ‘agua bendita’ del Champagne”, dice la autora.  Las bebidas alcohólicas, en especial las asociadas a las celebraciones, empezaron a cumplir un importante rol en los festejos seculares post Revolución Francesa: aniversarios, bautismos, bodas, etc.

Siguiendo el interesante análisis de Guy, “la realeza amaba la novedad de los espumosos.  Incluso se decía que tenía efectos positivos en la belleza de las mujeres y el ingenio de los hombres”.  En la sociedad secular, el Champagne adquirió un valor simbólico de celebración y abundancia que “incluso se percibe visualmente” en el torbellino de burbujas que aparece en nuestras copas.  Koleen Guy resalta este valor simbólico en los festejos de los atletas y corredores de carreras: “muchos de ellos se sirven del Champagne… pero no lo beben.  Por eso digo que es importante simbólicamente”.

Con el tiempo se volvió una costumbre y ya casi nadie se pregunta cuál podría ser su origen.

Al margen de estas hipótesis, cuando levantemos nuestras copas en estas fiestas, no importa tanto cuál es su contenido, lo importante es que estemos rodeados de gente que apreciemos y que (nos) brindemos con ellos.


Para seguir leyendo:

Ariel Rodriguez

http://www.vinarquia.com.ar

Profesor de Literatura y entusiasta del vino, su cultura y la gastronomía. Llevo adelante este blog desde 2011 y colaboro con diversos medios online. Autodidacta, soñador.

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