Variaciones Vigil

Alejandro Vigil, jefe de enología de Catena Zapata, no necesita presentaciones. Lo he visto un puñado de veces y a través de esos recuerdos fragmentados quiero contarles sobre él.

En el tabaco, en el café, en el vino,
al borde de la noche se levantan
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.

Los amigos, Julio Cortázar

I

Recuerdo mi emoción cuando iba a conocer al Loco, a la Bestia Vínica, al Ale, al Enemigo.  El hombre de las mil anécdotas y las mil leyendas, al que lo precede el mito. El que retoca el tostado de las barricas que le llegan, el que le da el toque de magia a los vinos de los amigos, el que entiende lo que otros no, el genio que Catena Zapata le sopló al INTA, el de los mil componentes para llegar a un solo vino final, el rockero.

Cuando estás frente a él, no hay poses, no hay divismos.  En algún momento vas a dudar sobre la veracidad de lo que te dice.  El tiempo me hizo entender que no hay mentiras en sus palabras.

II

Las indicaciones me llegaban por mensajes de audio al celular.  Conduciendo de noche por un camino que se internaba cada vez más profundamente entre los viñedos y la oscuridad.  “Es imposible perderse”, la voz del Flaco Gabrielli parecía certera y respondía a cada duda.  “En un momento vas a pensar que te pasaste, pero no.  Seguí derecho”.  Y era cierto, porque a mitad del camino paré para chequear no haberme pasado.  Tenía que seguir.  Aquello estaba en “la loma del Chachingo”, como dicen los mendocinos.

De alguna manera, llegar a un restaurante tan alejado guarda un sentido especial que solo los enófilos entendemos.  Es una peregrinación hasta la casa de una de las piezas clave de la enología argentina y vivir la realidad que la visión de Alejandro Vigil nos propone.

Gracias a su madre docente, la relación de Alejandro con la literatura es muy estrecha.  Se puede hablar horas de libros, en especial de uno que le dejó una fuerte impresión: la Divina Comedia.  Casa Vigil está inspirada en la obra inmortal de il sommo poeta.  El Infierno “chachinguero” está representado por una cava subterránea donde descansan barricas llenas de Malbec, obras de arte y rincones que deparan sorpresas.  No sé si es la historia, la quietud o el silencio de este sector lo que le impone un aire solemne, pero cuando uno sube las escaleras siente la purga necesaria para llegar al otro lado, al Paraíso donde la música y la mesa está servida.

La comida es estacional, cuidada, siempre rica.  Tiene un estilo gourmet, pero sin raras parafernalias ni imposturas.  Y siempre un detalle aquí o allá que hacen del lugar un espacio ecléctico y lleno de objetos bellos por descubrir.  Es toda esa suma la que le hizo valer una mención especial en la sección de viajes de la prestigiosa Guía Michelin.

Hablando con amigos que también fueron a Casa Vigil me terminó de confirmar esa sensación de íntima peregrinación.  Uno no va a comer, va a vivir una experiencia y, aunque sea un ratito, ver a su creador, compartir una copa y una historia.

III

La segunda vez que estuve en Casa Vigil había un aire de festejo.  Recientemente el vino Catena Zapata Fortuna Terrae 2012 había conseguido 100 puntos de la mano del crítico norteamericano James Suckling.  “Una vez me tenía que tocar”, decía un Alejandro Vigil que siempre arañaba la cifra mágica y nunca llegaba.

Después vendría una alegría tras otra, con más puntajes perfectos de Suckling y de Luis Gutiérrez para Robert Parker.  Ya no sería solo Malbec, también el Chardonnay y su nuevo niño mimado: el Cabernet Franc, que ocupa un lugar tatuado en su brazo junto a sus hijos y el Malbec.

A sus niños mimados los lleva en la piel.

Gran Enemigo Single Vineyard Agrelo 2016

IV

“Me acerqué al Cabernet Franc porque lo vi parecido al Malbec, no en sus aromas y sabores sino en su forma de trabajarlo y de entenderlo”, dijo en una charla por Zoom hace unas semanas donde presentó sus Gran Enemigo Single Vineyard.  Me dio la impresión de que eran esas cosas que se nos presentan más allá de las palabras, de esos conocimientos donde la experiencia, el conocimiento acumulado y una sensibilidad especial entran en juego para que hagamos algo que los otros no pueden.

Cuando uno prueba por primera vez los Gran Enemigo Cabernet Franc duda de si no está tomando algún Malbec.  Pero inmediatamente percibe que tienen algo más, que no son un Malbec, pero que también se corren del manual típico del Franc.

Sus aromas son profundos, con la madera integrada, la fruta en un punto de madurez exacto.  Casi una precisión de relojería para mostrar pequeños detalles que “traducen” un lugar y una variedad.  O, al menos, su forma de traducirlo.  Porque ese conocimiento técnico viene de la mano de una sensibilidad que hace que los consumidores elijamos y valoremos sus vinos.

Intuyo que cuando el primer día de trabajo Nicolás Catena le dijo “vaya y haga vino”, sabía lo que le decía.  No era una obviedad, le decía que haga Vino, con mayúsculas.

V

Alejandro Vigil es Ingeniero Agrónomo, aunque muchas veces lo presenten como winemaker o enólogo.  Cuenta que algo que se pierde con las responsabilidades del día a día es, paradójicamente, recorrer la viña.  Por eso elije la planta más lejana del viñedo, le pone nombre y se exige saludarla cada vez que va.

Es una manera de obligarse a caminar las vides y pinta de maravillas algo que dijo alguna vez en una entrevista: “me defino primero como agricultor y luego como viticultor”.

Alejandro Vigil

VI

De algún modo, Vigil es inabarcable.  Siempre hay algo nuevo en su universo: una feria, una cervecería, un local, un nuevo vino, un nuevo viñedo, un premio.  Por momentos me resulta imposible seguirle el ritmo, todo lo que genera a su alrededor es imparable.  “No me doy cuenta”, me confesó una vez. 

Pero siempre hay humildad ante nuestras palabras.  Siempre un agradecimiento a quienes lo acompañan y los que le permiten hacer todo lo que hace, siempre un recordar los orígenes, la familia y el sacrificio del trabajo honesto.  Como si constantemente repitiera el mantra de sus vinos: “al final del camino sólo recuerdas una batalla, la que libraste contigo mismo, el verdadero enemigo; la que te hizo único.”

VII

Alejandro Vigil es un cronopio. No tengo certezas, ni dudas de ello.


Ariel Rodriguez

http://www.vinarquia.com.ar

Profesor de Literatura y entusiasta del vino, su cultura y la gastronomía. Llevo adelante este blog desde 2011 y colaboro con diversos medios online. Autodidacta, soñador.

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